¿Existe alguna diferencia entre casarse y convivir en pareja?

                Siempre he creído que algún día me casaría con la persona con la que quisiera compartir mi vida, pero cuando hablo con mis amigos veo como muchos de ellos han decidido optar por convivir  en pareja. Y si a eso le sumo que el panorama social que nos rodea aporta la idea de que el matrimonio es muy difícil, y en la mayor parte de las ocasiones  se rompe, me siento un poco rara y a veces no se si seré yo la equivocada en mi manera de pensar.

           

 Eva es una chica de 28 años, ha comenzado recientemente a salir con un chico del que se siente muy enamorada y a gusto. Es bastante comunicativa y expresa abiertamente en su relación lo que piensa  y espera de una relación de pareja. Tanto que vive muy ilusionada con esta relación. Y aunque es pronto para plantearse un futuro con él. Quiere aclarar sus dudas entorno a casarse o una convivencia en pareja en un futuro, y es por eso que necesita que alguien le ayude a resolverlas.

            En nuestros días los pensamientos de Eva son algo muy común, aunque lo que es más quizás es no plantearse ni si quiera la duda y ver ambas situaciones como idénticas, optando por la que implica menores riesgos: convivir en pareja, como periodo previo para después casarse o para quedarse en ese estado.

            Entonces  ¿qué diferencias existen, si es que las hay?, ¿Cómo afecta a la relación una u otra opción?

En primer lugar creo que antes de referirnos de que se trata una u otra cosa, es importante que fundamentemos el concepto del amor en la relación de pareja.  Y es que más allá de ser solo un sentimiento es algo más: una actitud, aquella que me mueve interiormente a buscar lo mejor hacia la persona que quiero, y por ese motivo algo que requiere mi esfuerzo y dedicación. Muy lejos de dejarlo todo en manos de la suerte, del tiempo o de cualquier circunstancia ajena a la persona. Pues bien dicho lo dicho, si con el querer al otro estoy buscando promocionarle y así mismo sacar de el todo lo mejor, darle seguridad y protección. La relación entre  los dos tiene que buscar lo mismo por ambas partes.

Ahora bien, pues ¿qué significa casarse y que es lo que aporta a una relación y que lo diferencia de  una convivencia en pareja?

El matrimonio es la decisión libre consentida de formar un nosotros, el amor entre un hombre y una mujer que quieren comprometerse, y que quieren que ese amor sea exclusivo: tu para mi y yo para ti; pero no un amor cerrado sino todo lo contrario con apertura a la vida, entendida esta como crecimiento y bien para la sociedad. Y todo ello entorno a una promesa de fidelidad en un para siempre, que supone la aceptación mutua y un vivir contigo pase lo que pase.

Lejos de todo esto, la convivencia en pareja supone privatizar su unión, dando lugar a que en la mayoría de las ocasiones no se encuentra nombre a su relación, no hay compromiso público, ante la cual no hay pretensión de fidelidad o exclusividad, y lo más importante hay reservas en la unión con esa persona, ya que el vínculo que se mantiene con ella es inestable, generando a veces confusión y malestar en muchas parejas que a veces son atendidas psicológicamente. 

Como vemos las principales diferencias se encuentran entorno a lo que supone el valor de compromiso y la fidelidad. Si el otro no me aporta una nueva significación en mi vida puede que prefiramos vivir vidas paralelas pero no unidas. Fundamentar las uniones será tarea de una buena educación afectivo-sexual que intente despejar las dudas y falsos prejuicios hacia lo que supone la libertad y la responsabilidad en las decisiones que competen a las personas.

Orientaciones que nos ayudaran a madurar nuestra decisiones para decantarnos por una u otra opción.

-Tener un buen autoconcepto, es decir madurar en nuestro propio conocimiento, fundamentado en la verdad y la realidad.

– Actuar con libertad, actuando con libertad en lo que uno piensa y necesita, y absteniéndose de tomar decisiones no consensuadas o bajo presiones externas, bien sea por el otro miembro de la pareja o personas ajenas a la relación. Además actuar con libertad supone hacerlo sin ningún tipo de temor o pérdida porque la otra persona nos pueda dejar. Y por lo tanto hacernos responsables de la elección que realizamos.

– Saber que se espera de una relación de pareja, lo que yo quiero en ella y estoy dispuesto a dar. Y así mismo comunicarlo al otro dentro de la relación de pareja.

– Estar dispuesto a crecer en el amor de pareja, a permitirse desarrollar el arte de amar, y por ello esforzarse desde la voluntad superando dificultades y aprendiendo a disfrutar de las alegrías, y en este sentido compartirlas.

– Estar dispuesto a entregar y recibir, abiertos a la complementariedad y desde lo que yo puedo aportar al otro y el otro me puede aportar a mí.

       – La aceptación del otro miembro de la pareja, en su historia pasada, presente y futura, contemplándolo en su diferencia y viendo en ella reconocimiento y riqueza.

Mª Del Carmen González Rivas

Psicóloga- Centro de atención psicológica Familiar Vínculos

http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com