Gran parte de los matrimonios están casados a medias

Autor: Maru Ruano

Es casi general ver tristeza o preocupación en los rostros de los matrimonios que tienen algunos años de casados

Gran parte de los matrimonios están casados a medias
Es casi general ver tristeza o preocupación en los rostros de los matrimonios que tienen algunos años de casados.
Pareciera que cuando están juntos o salen en pareja no demuestran ninguna alegría. Se aceptan, conviven con cara de pocos amigos.

Es cierto que no somos responsables de la cara que tenemos, pero si de la cara que ponemos.
Y la cara que pongo es reflejo de lo que siento y es reflejo de lo que
en mi interior, hay .

¿Estamos nosotros en esta situación?
Si así fuera, deberíamos reflexionar seriamente sobre dos preguntas que tienen que ser claves para aquellos que han decidido hacer de su vida un solo camino.

¿Entre nosotros hay encuentro, sabemos encontrarnos?
¿Entre nosotros hay amistad? ¿Sabemos mantener esa relación profunda y abierta de todas nuestras cosas?

Gran parte de los matrimonios están casados a medias.
¿Qué quiere decir, estar casados a medias?
Se encuentran sus cuerpos pero no se encuentran sus almas.
Se usan, se desahogan pero no crecen en espíritu.
No crecen en ser persona en unidad con el otro.

Y cuando esto ocurre, aparece en su vivir el egoísmo, el encerrarse en un montón de actitudes.
¿Dónde quedó aquel inicio tan hermoso, dónde quedó aquella luna de miel que eran nuestros primeros años de casados?

La luna de miel se acaba cuando chocan los dos egoísmos.
La luna de miel continúa cuando me preocupo por lo que quiere el otro.
Hay que aprender a vivir con el otro ser humano.
Hay que aprender sus vicios, sus virtudes, sus defectos y caprichos, sus alegrías y sus malos humores.
Sus días de mala luna, como se dice por ahí.

La vida de un hombre y una mujer está hecha de pequeños momentos cotidianos, está hecha de pequeñas incomprensiones, olvidos, gestos dulces y amargos, diálogos cálidos y también enojosos.

La vida de los esposos, hay que entenderlo bien, es la historia de su vida compartida, hecha en la responsabilidad común. Cada uno aceptando al otro. Y al hacerlo harán crecer su ser personal y el del otro.

Eso si, la comunión entre varones y mujeres no puede hacerse en un instante, en un momento. Se necesita de su tiempo.
Por creer esto fracasa muchas veces la experiencia de la pareja.
No se puede amar a otra persona sin tener en cuenta su propia historia, cuyo conocimiento iremos descubriendo poco a poco.
La comunión se edifica día a día, compartiendo, dando, recibiendo.

Lo justo en esto de vivir juntos sería –si no pueden evitar los malos momentos– que cada uno de los cónyuges tuviese por turno riguroso sus días de mal humor.
Por desgracia, sucede a veces, que uno de los dos detenta el monopolio del mal humor.
En tal caso………en tal caso al otro no le queda más remedio que armarse de valor y tratar de tener otro monopolio: ¡el monopolio de la paciencia!

En toda vida de a dos hay y habrá obstáculos. Veamos algunos:
“nuestro pobre corazón” tan versátil e imprevisible.

El cónyuge prudente sabe que es preciso mantenerlo bajo control.
A veces, sin embargo, hay quien se engaña.
Cree poder descuidar un tanto la vigilancia y permitirse alguna distracción.
La tan común llamada “cañita al aire”
La familia se fue de vacaciones, uno va los fines de semana y de lunes a viernes es fácil la tentación. Estoy sólo, sabré controlarme.

Y se dice: ¡es solo un momento! ¡No saldré de mis limites!
El momento se convierte en una hora y la hora en traición.
Dice San Francisco de Sales: nadie despierta voluntariamente el amor sin hacerse su prisionero.

En este juego, el que atrapa es atrapado.
El fuego del amor es más activo y poderoso de lo que parece; uno cree que le ha tocado solamente una chispa y uno se queda estupefacto viendo que, como un rayo, se ha incendiado el corazón, reduciendo a cenizas aquel propósito y en humo nuestra reputación, nuestra fidelidad.

Conocemos los grandes navegantes de la mitología griega. Estos prometían a sus amigas y amantes volver a casa, después de algún tiempo de aventuras y trabajos, pero nunca volvían. En el mar, escuchaban los cantos de las sirenas, quedaban fascinados y cambiaban de rumbo para estar con ellas. Las mujeres no los veían nunca más.
Pero hubo uno -Ulises- que previó el peligro. Quiso que sus compañeros le ataran al mástil de la nave. Cuando pasaron por la isla de las sirenas, también él escuchó su canto maravilloso, también él se quedó fascinado, pero no podía seguir las voces y los cantos de las sirenas, ya que estaba atado. Así, las sirenas no pudieron seducirle. Fue el único que volvió a casa.
Ser precavido como Ulises da buenos resultados
Toda persona -incluso el más acérrimo crítico del matrimonio- anhela, si es sincero consigo mismo, tener alguien en quien poder abandonarse completamente, alguien que siempre esté con él, pase lo que pase, que confíe en él también cuando todo está en contra suya; también cuando sufre fracasos y enfermedades, cuando se hace mayor y más débil.
“La edad no protege contra el amor, más el amor, en cierta medida, protege contra la edad” (Jeanne Moreau)

Los celos son también un obstáculo que aparece en algunos matrimonios.
Los celos no ennoblecen el amor –como a veces se dice y se cree– sino que lo humillan y corrompen.
Los celos son ciertamente indicio de la fuerza del afecto, pero no de su calidad, ni de su pureza y perfección.

Quién está celoso, duda de la fidelidad de la persona amada, duda de la fidelidad del otro.
Los celos terminan por destrozar la sustancia del amor, porque producen disputas y discrepancias.
Disputas y discrepancias no son tierra fértil para que el amor crezca.

Jutta Burggraf piensa que el humor, el reírse o al menos sonreírse es importante para un buen clima hogareño.
La mejor educación es la convivencia familiar alegre y armónica.

“Cuando hayas estado un día entero sin reír, habrás perdido totalmente ese día”. Este lema es muy importante precisamente para la vida cotidiana de la familia. Las personas carentes de humor e incapaces de reír llevan una vida poco atractiva. Los matrimonios y las familias, que han dejado de reír, están perdidas.

En cambio, el que tiene sentido del humor, puede olvidarse de sí mismo, y de este modo está libre para los demás. Todos tendemos a veces a plantearnos problemas existenciales por cosas insignificantes, y esto afecta a las relaciones entre los hombres. Debemos esforzarnos por no contemplar las múltiples cosas pequeñas de la vida cotidiana desde su aspecto negativo. Cada cosa, como es sabido, tiene dos caras, y vale la pena centrar la vista en aquella cara de la que podemos reírnos a gusto, o al menos sonreír.

Pablo Neruda escribió: Podrán cortar todas las flores, pero nada impedirá la llegada de la primavera.
Igual sucede en los que se aman.
Habrá obstáculos, habrá discrepancias, habrá malos momentos, podrá haber infidelidades, pero el amarse hace posible que siempre llegue una primavera.

Que siempre llegue un nuevo brotar, una nueva primavera en nuestra vida.
Simplemente porque se aman.
Y en toda primavera si algo se necesita, si algo sobra es el amor
Y desde el amor todo es superable.

Si no existiera el amor no habría primavera. ¡Existen primaveras! en la vida de todos, porque es amando que uno llena en profundidad toda su vida si somos capaces de volver amar
Salvador Casadevall
salvadorcasadevall@yahoo.com.ar
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REFLEXIONES DESDE LA FAMILIA………..para acompañar a vivir
Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2007 Programa “Día Internacional de la Mujer”
Galardonado con la Rosa de Plata-Buenos Aires 2007 Programa “Navidad”
Galardonado con la Gaviota de Oro-Mar del Plata 2006 Programa “Día del Niño”
Mención especial Premio Magnificat-Buenos Aires 2005 Programa “Adultos Mayores”

Los cuatro primeros libros sobre estas Reflexiones están disponibles y son vendidos por correo certificado de entrega.

fuente:catholic.net

¿Que puedo esperar de ti?

¿QUÉ PUEDO ESPERAR DE TI?

Nos casamos buscando la felicidad y de hecho podemos encontrar muchas alegrías en el matrimonio. Pero también nos casamos llenos de ilusiones, sobre nuestra pareja, sobre nosotros mismos y sobre lo que realmente pasa cuando dos seres humanos deciden unirlo todo.
Dios nos ha creado -nadie más lo hará- y nosotros con su ayuda vamos perfeccionándonos, pero siempre vivimos con cierto grado de insatisfacción. El matrimonio necesita una extensión espiritual en la que respirar.
La otra persona nos podrá ayudar o incluso nos podrá hundir todavía más.

¿Qué puedo esperar razonablemente de mi pareja?

1.- No puedo esperar que mi pareja supla todas nuestras necesidades, incluyendo algunas importantes.
Las personas somos diferentes y tenemos necesidades diferentes. No puedo exigirle al otro que tenga mis mismos puntos de vista u opiniones.
Tengo que tener amigos y amigas con los cuales puedo compartir aspectos que quizá con mi esposo/a no llego a realizarlo.
Tenemos que ver como algo normal que suceda que nuestra pareja no comparte nuestros intereses e inquietudes. Ambos necesitamos vivir en mundos más amplios de los que podemos constituir entre los dos.

2.- Es razonable esperar que nuestra pareja cometa errores, fracase y peque y que estas cosas no nos resultarán agradables.
No solamente es distinto a ti sino que también se equivoca y peca como lo haces tú.
El amor humano siempre es un amor hacia un pecador y necesita fidelidad, paciencia, sufrimiento.
Tenemos que reconocer que nuestra pareja es imperfecta, pero nosotros también lo somos.

3.- Es razonable que nuestra pareja no sea nuestro mejor amigo.
Puede ser que nuestra pareja no sea la persona más cercana o con la que compartamos nuestras inquietudes más profundas.
Las amistades entre hombres suelen basarse en la realización de actividades conjuntas, mientras que en el caso de las mujeres, normalmente se fundamentan en el intercambio de intimidades. Las mujeres y los hombres experimentan y expresan de forma diferente sus necesidades de intimidad.
Es bueno tener amigos y amigas fuera del matrimonio siempre y cuando esa amistad no deje en segundo plano nuestro matrimonio. Si la amistad con una persona determinada es mucho más importante que nuestro cónyuge algo está fallando por algún lado.
Lógicamente no tenemos que llegar con nuestros amigos o amigas a la intimidad sexual ya que esto supondría muchísima mayor tensión en nuestro matrimonio.

4.- Es razonable esperar que nuestro matrimonio pasará por ciertos períodos de crisis.
Una crisis son los malos tragos, los malos momentos que pueden hacer peligrar la relación. Esos malos momentos son muchas veces procesos de adaptación a las nuevas cosas que viven juntos. Tenemos que ser conscientes que pasaremos por momentos críticos y que también esto es normal en el matrimonio.
No tenemos que esperar demasiado del otro sino ser consciente que el otro está creciendo.

Feunte:buzoncatolico.es

La familia del cónyuge

Primeros años de casados: Una de las situaciones que pueden provocar las primeras escaramuzas matrimoniales es el lugar que las respectivas familias de origen ocuparán en sus vidas.

Cuando un hombre y una mujer se enamoran, lo lógico y lo natural es que quieran unir sus destinos “hasta que la muerte los separe”. Desde ese momento, las dos personas sienten que, de ahí en adelante, la vida no tendría sentido para cada uno sin el otro. Y así comienzan a hacer planes para compartir su futuro y deciden formalizar para siempre sus sueños y esperanzas con vistas a una vida en común.

Indudablemente, y sobre todo al principio de la vida matrimonial, las cosas suelen deslizarse sin mayores tropiezos porque ambos cónyuges están tratando de descubrirse mutuamente, aprendiendo a conocerse en la nueva situación, apreciando las virtudes del otro y tratando de aceptar o comprender sus defectos, conquistándose mutuamente y hasta estableciendo reglas de juego con respecto a la vida en común.

Esta primera etapa en la vida matrimonial puede ser clave para la solidez de la pareja dependiendo de las decisiones que se tomen porque, según sean, dependerán muchas cosas en el futuro. Una de las situaciones que pueden depender de estas primeras escaramuzas matrimoniales es el lugar que las respectivas familias de origen ocuparán en sus vidas. Este punto puede llegar a ser crucial en algunos momentos especiales y, por lo tanto, tal vez convenga tenerlo resuelto – o por lo menos, hablado – de antemano para evitar desencuentros futuros.

Hay un dicho popular que dice que, cuando uno se casa, también se casa con la familia del otro. La vida matrimonial ya tiene sus propias preocupaciones y, por lo tanto, es prudente evitar posibles problemas con las respectivas familias. Cada pareja verá cómo resuelve este punto según las circunstancias de cada uno, pero cualquiera sea la decisión que se tome a este respecto, ésta debe pasar inevitablemente por el mutuo respeto, la mutua comprensión, la mutua confianza y la mutua buena voluntad.

Como decía una sabia mamá de 10 hijos: ”ninguno de los dos esposos nació de un hongo” sino que procede de una familia que lo crió y lo educó de acuerdo a sus propias circunstancias, que no por ser distintas, son mejores ni peores. Esto quiere decir que cada uno de los cónyuges vendrá con un bagaje propio de costumbres, ideas, valores y actitudes según las haya recibido de su familia de sangre que nunca hay que juzgar sino que debemos respetar y aceptar si queremos, a nuestra vez, ser respetados y aceptados.

Al querer de veras a nuestro cónyuge, por extensión y por amor a él o a ella querremos a su familia porque, después de todo, ella o él es lo que es porque su familia lo hizo así y, por eso mismo, me enamoré.

20-julio-07
fuente:sembrarfamilia.org

¿Sentimientos en crisis?

¿SENTIMIENTOS EN CRISIS?

Se detectan rasgos deshumanizadores en la sociedad actual, que hacen peligrar la autenticidad de un sentimiento tan esencial para la convivencia de las gentes, como es la amistad. ¿Qué obstáculos encuentra la amistad para desarrollarse en un clima masificado?

Por Gerardo Castillo

Amar a otro por ser quien es, de forma desinteresada, y no en función de la utilidad o del placer que me puede proporcionar, es algo propio de la amistad verdadera. Se estima al amigo por sus cualidades individuales. Para estimarle es preciso conocerle antes a través del trato personal. El deseo mutuo del bien va precedido así del conocimiento mutuo adquirido en situaciones de convivencia.

Este tipo de relación humana basada en la comunicación personal desinteresada y sincera ¿está vigente en la sociedad actual o, por el contrario, es más propio de épocas anteriores? ¿Tenemos hoy una vida social con relaciones personales o con relaciones impersonales?

De la respuesta que se de a estas preguntas depende el que seamos optimistas o pesimistas con respecto al futuro de esa peculiar relación de convivencia que llamamos amistad. Y no faltan datos y razones para pensar que hoy la amistad está en crisis. Tampoco falta quien sospecha que tal crisis pone de manifiesto que hoy la amistad es menos necesaria que en el pasado.

La tiranía de los «colectivos»

Los intereses económicos y el afán de poder que dominan el mundo de los negocios y de la política limitan bastante el espacio necesario para las relaciones personales desinteresadas y sinceras. En estos ambientes no se valora a las personas por lo que son, sino por lo que tienen, es decir, por las ventajas materiales que se pueden conseguir de ellas o a través de ellas. Tener «amigos» es así, con cierta frecuencia, tener más posibilidad de obtener privilegios y recomendaciones para saltarse las normas establecidas.

En tales condiciones la amistad se desnaturaliza. Deja de ser una virtud para convertirse en una fuente de injusticias.

Otro obstáculo importante lo constituye la «sociedad masificada»: «a la sociedad de hoy le falta vida y le sobra cohesión, señala Vázquez de Prada. Sufre una unidad impuesta, una aglutinación forzada y violenta. Masas y masas apelmazadas por el imperio de la ley, por necesidades técnicas, por exigencias materiales».

La vida del hombre de hoy transcurre en su mayor parte en el ámbito de grandes grupos de tipo profesional, ideológico, económico, o de vecindad. Dentro de estos «colectivos» el hombre es un simple elemento o pieza del conjunto total. Existe una conducta grupal que hace innecesaria la conducta individual; la mera coexistencia sustituye a la convivencia. Al integrarse en el grupo artificial, en la, masa, el hombre deja de ser él mismo para adoptar un modo de vida uniforme y gregario. El hombre, en definitiva, no tiene oportunidades ni estímulo para concentrarse en su ser personal y se limita a adoptar pasivamente el comportamiento que dicta el colectivo.

La sociedad masificada, por consiguiente, despersonaliza al hombre: éste, progresivamente, deja de actuar como un ser singular, libre, creativo, y pierde el hábito para la relación personal íntima, bien sea en el ámbito de la familia o en el de la amistad: «muchos hombres son por completo o casi por completo producto de las influencias sociales ambientales y construyen su ser con las aportaciones que de lo exterior y colectivo les llegan, afirma García Morente. Son los hombres de tipo medio, vulgar y mostrenco (…); hombres que carecen de soledad y huyen de la soledad, porque al hallarse solos perciben algo así como el vacío de su ser, que está compuesto exclusivamente de tópicos comunes (…); hombres gregarios, de masa, que repiten como autómatas lo aprendido y que, tras el caudal de formas abstractas recibidas, no alimentan ninguna ilusión personal, ninguna convicción verdaderamente propia».

La invasión de lo privado por lo publico

Esta colectivización de la vida no obedece simplemente a circunstancias de tipo social y económico, como, por ejemplo, la concentración urbana o la sociedad de consumo. Hoy existe, sobre todo, un proceso de exaltación de lo colectivo y de descalificación de lo privado. El profesor García Morente hablaba ya en 1945 de un creciente predominio de la vida pública sobre la vida privada e incluso de una invasión de lo público en la intimidad de la relación privada:
«Nuestro vivir de hoy es un vivir extravertido, lanzado fuera de sí mismo, al aire libre de la publicidad. Y, paralelamente, como fenómeno de recíproca penetración, la publicidad, la exterioridad invaden nuestros más íntimos recintos personales por mil agujeros que a propósito hemos abierto en ellos. Dijérase que nos avergonzamos de estar solos o con pocos; o que nos sentimos acobardados ante la perspectiva de habérnoslas con nosotros mismos y ajustarnos nuestras propias cuentas».

La invasión de lo privado (la vida familiar y de amistad) por lo colectivo está favorecida por la complicidad de muchas personas que, por simple afán de seguridad o de comodidad, se refugian en el fácil abrigo del grupo construido por otros. Y es que el hombre es un ser contradictorio: acepta la dictadura del colectivo al mismo tiempo que desea diferenciarse de los demás (lo que se observa, por ejemplo, en la conducta gregaria dentro de las pandas de adolescentes).

Para García Morente la relación pública es abstracta y anónima, ya que en ella no entran en contacto dos personas (yo y tú) sino dos conceptos abstractos: el ciudadano y el funcionario; el cliente y el profesional… En cambio, en la relación privada «se conocen una a otra (..). Ya no son dos abstracciones las que se hallan en presencia, sino dos vidas reales, dos individualidades inconfundibles, dos personas verdaderas. Por debajo de la costra que lo colectivo, lo social, lo profesional, lo político han criado en torno de la auténtica personalidad, despunta ahora algo al menos del yo íntimo, de lo que cada uno verdaderamente es, siente y quiere; algo al menos de la peculiar e intransferible vida».

En la sociedad actual hay una clara tendencia a las relaciones impersonales. Está disminuyendo el protagonismo de la persona en beneficio de1 protagonismo de los colectivos. Falta, por tanto, base suficiente para la convivencia y la amistad. Habrá que admitir, entonces, que la vida de amistad no es fácil hoy, pero ello no significa que esté en duda su continuación o que sea innecesaria.

Los argumentos de los filósofos griegos a favor de la necesidad de la amistad son válidos no sólo para su época sino para todas las épocas. La necesidad de compartir la propia intimidad, de comunicar a otros lo más propio y peculiar de nuestro ser y de nuestra vida, de ser amado por lo que uno es, no es algo exclusivo de este o aquel hombre, sino que es algo común a todos los hombres, de cualquier tiempo y condición. Quiero decir que son necesidades básicas de la persona.

Y precisamente porque en la vida social de hoy existe menos espacio para este tipo de relación entre personas es por lo que urge cultivar la amistad, educar a las nuevas generaciones para la vida de amistad. De este modo no sólo mejorarán las personas una a una, sino que también mejorará la propia sociedad. Esto es así porque la amistad es germen y raíz de la vida social humana, pero no de una vida social impersonal, según patronos abstractos, como impera en nuestra sociedad masificada, sino de una vida social personal, íntima, vital, creadora.

El necesario cultivo de la amistad

Está bastante extendida la falsa idea de que la vida de amistad se da en todas las personas de un modo necesario y puramente espontáneo. La amistad sería así como una planta que crece por sí misma, sin necesidad de ningún cultivo. Sin embargo, los hechos contradicen, con frecuencia, esa suposición: muchas «amistades» son solamente relaciones superficiales y de simple conveniencia; los padres se quejan de que sus hijos no tienen amigos o de que tienen malos amigos; los amigos de los hijos suelen ser uno de los factores principales de los conflictos entre padres e hijos adolescentes… Parece razonable pensar que estos problemas pueden evitarse o, al menos, reducirse, si existe algún propósito previo para el ejercicio o cultivo de la verdadera amistad durante la infancia y adolescencia.

Conviene saber, en este sentido, que la conducta amistosa ni se improvisa ni se desarrolla sin esfuerzo. Supone desarrollar capacidades muy diversas como, por ejemplo la capacidad de apertura hacia los demás, que implica aprender a dar y aprender a recibir. Para ello es preciso descubrir el valor de las otras personas y superar actitudes egocéntricas. El comportamiento altruista requiere contrariar muchas inclinaciones y apetencias personales. Exige, con frecuencia, prescindir de lo que me gusta o apetece para hacer aquello que necesita de mí el amigo.

Un rasgo propio del hombre primario, no evolucionado, inmaduro, es permanecer encerrado en sí mismo. Pero la actitud contraria —la apertura generosa hacia los otros— no se logra en pocos días. Las personas maduran a lo largo de muchos años y modifican sus actitudes por medio de un aprendizaje exigente. Las actitudes, por otra parte, se desarrollan con mayor dificultad en las personas introvertidas e inseguras.

La amistad no es tanto una idea o una teoría cuanto una actividad práctica. Por ello, solamente se puede adquirir ejercitándola. Pero hay que precisar que no basta el ejercicio espontáneo y autosuficiente: se necesita además una orientación para que los hijos puedan descubrir la verdadera amistad y sepan distinguirla de los muchos sucedáneos que existen actualmente. La ayuda educativa en el tema de la amistad es necesaria, por tanto, porque se trata de una virtud o conjunto de virtudes. Los verdaderos amigos son sinceros, leales, respetuosos y generosos entre sí. Pero estos hábitos operativos buenos no se desarrollan en la infancia y adolescencia sin el estímulo, la exigencia y el buen ejemplo de los padres y de los profesores.

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Publicado en el nº 384 de Nuestro Tiempo
Edición autorizada de arvo.net