Adolescentes y contexto de recepción de contravalores

 

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100408/53902790110.html

Susana Quadrado

Ahora no se viven riesgos morales educativos mayores que antes: es más fácil culpar a la televisión o a internet que asumir compromisos

Los casos de niños que agreden a sus iguales son tan poco frecuentes como reales. Sólo el 5% de los delitos de menores son graves, aunque cuando ocurren golpean conciencias. Ya no matan sólo los marginados. A la lista de rafitas,carcaños y demás canallas precoces se incorpora ahora la presunta agresora de Cristina Martín, protagonista del último drama adolescente que ha saltado a las portadas estos días, relegando a un segundo plano otros asesinatos, diarios, como los de la violencia de género. Son crímenes de niños dignos de estudio, rodeados de circunstancias que los hacen excepcionales. A la hora de analizar qué se esconde detrás, busquemos un problema de socialización, pero, por favor, no caigamos en los tópicos ni en las generalizaciones.

No podemos simplificar las cosas aduciendo que la adolescencia está hecha unos zorros, que todos son iguales…, ¡encendamos las alarmas porque está creciendo una manada de monstruos asesinos, en el peor de los casos, ode tarambanas estúpidos, en el mejor! Este catastrofismo militante respecto a la adolescencia no aporta nada y distorsiona la realidad. Quizás sí que sea el momento de preguntarnos si el edificio moral que estamos construyendo para los jóvenes tiene una base lo bastante sólida como para resistir las embestidas propias de la adolescencia. No es el momento, sin embargo, para abatir sobre la cabeza de los niños la responsabilidad de todos los males de esta edad. A veces pienso que a algunos habría que recordarles que la adolescencia no es un invento cultural moderno, sino un fenómeno biológico presente en el reino animal, y que nosotros – ustedes y yo-también fuimos odiosos, insoportables y difíciles.

Tampoco creo que ahora se vivan riesgos morales educativos mayores que antes.

Es más fácil señalar como chivo expiatorio a la televisión, los videojuegos o internet que asumir los compromisos. Que si banalizan la violencia, que si trivializan las relaciones sexuales, que si legitiman el consumo de drogas… Es cierto que algo de todo eso hay en algunos contenidos televisivos que se dedican a exaltar la estupidez y el borreguismo. Aunque de ahí a establecer un paralelismo directo entre la cultura de masas y la conducta de los niños hay un gran trecho. Ni es la primera vez que se ha escrito esta frase ni es mía: en lo que se refiere a los contenidos morales, lo que importa es el contexto de recepción. Dicho con otras palabras, si nos desentendemos de nuestros hijos, si estamos ausentes en su vida, apechuguemos luego con las consecuencias y no nos lamentemos.

Los sociólogos que han estudiado la respuesta de los menores violentos ante situaciones que no digieren yque resuelven con la violencia advierten que la mayoría de ellos dio señales previas de alarma. A unos niños les faltaron los mecanismos psicológicos para controlarse; otros tenían un trastorno de base. Pero en todos los casos su problema pasó inadvertido a sus padres.