Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?

Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?
Una teoría que es cada vez teoría y menos práctica…que en la vida no es importante tener, ni siquiera haber tenido, lo más importante es ser y no sólo ser, sino aspirar al BIEN y a ser auténtico, compartido y comprometido
 
Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?
Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?

Amor por contrato es una cinta que relata la llegada de unos nuevos vecinos a la ciudad. Kate y Steve podrían parecer un matrimonio y una familia normal, si no fuera porque apenas se instalan en su nuevo hogar, deslumbran a todo el vecindario con una vida llena de comodidades, lujos, una relación aparentemente perfecta y todo aquello que una sociedad de consumo pudiera desear.

No sólo Kate y Steve tienen una personalidad atractiva y amigable: sus hijos también se convierten inmediatamente en los más populares de la escuela. La nueva familia parece tener un “imán” que atrae y sorprende a todos los que conviven con ellos, haciéndolos sentir como si hubieran encontrado a los mejores amigos.

Pronto todos en el vecindario querrán poseer todo lo que esta familia consume sin saber que los Joneses, no son más que un experimento mercadológico para elevar las ventas de ciertos productos y precisamente han llegado a la ciudad a cumplir con ese objetivo.

Amor por contrato es una película que tiene un tono cómico, que en el fondo plantea con humor satírico la realidad dramática de una sociedad de consumo, que no aspira a otra cosa más que a tener y obtener todo lo que en “apariencia” le dará felicidad.

Una cinta que puede hacer reflexionar sobre el dramático vacío existencial que se genera en una sociedad que ha puesto todo su empeño en el tener, en el placer y en el exceso de límites o en la carencia de principios.

Entremezclando una dosis de humor, romanticismo y en cierta manera una crítica social, esta película retrata el absurdo mecanismo de vida, muy actual, basado en el hedonismo, consumismo y relativismo, del que muchas veces formamos parte inconscientemente, y que no puede llevar a otro destino más que al caos, el vacío y la autodestrucción.

Un relato que refleja de alguna manera el drama del vacío existencial de una sociedad que se deja llevar por el espejismo de creer que la felicidad depende del éxito, la fama o la popularidad que se tenga. De una sociedad en la que la verdad de las cosas depende de la conveniencia y de la utilidad que me aportan y que cifra en el placer y comodidad a toda costa, el ideal de vida.

Amor por contrato es un relato que podría parecer exagerado y absurdo, pero que no hace otra cosa que revelar el auténtico absurdo de la sociedad actual, en donde los valores y principios se subordinan al “capital político” de unos cuantos y la ley se acomoda a nuestro antojo y conveniencia. En donde las relaciones entre personas se miden por la competitividad y la popularidad y en la que el objetivo a alcanzar, es tener un auto a la moda, ropa de marca y realizar todo aquello que dé estatus, comodidad o placer.

Amor por contrato es una oportunidad para tomar conciencia de qué tanto estamos siendo cómplices de una propuesta social basada en el consumo y el placer, cuando cumplimos a nuestros hijos caprichos sin sentido y les compramos todo lo que anhelan tener. O cuando nosotros mismos nos vamos guiando por complacer ilimitadamente necesidades aparentes que no aportan un sentido real a nuestra vida.

Una película que también destaca el suicidio que se deriva de la autocomplacencia, de vivir según la ley del menor esfuerzo, de la permisividad y en el caso de los jóvenes, de acomodar las prioridades de la vida según se antoja, conviene o llena de bienestar.

Una teoría que es cada vez teoría y menos práctica…que en la vida no es importante tener, ni siquiera haber tenido, lo más importante es ser y no sólo ser, sino aspirar al BIEN y a ser auténtico, compartido y comprometido.

Autor: Olivia Núñez Orellana | Fuente: http://www.fluvium.org/

¿el matrimonio bien social o contrato basura?

El matrimonio puede ser visto como un contrato o como una alianza

Autor: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net

Los que creemos que el matrimonio es una alianza, creemos que las alianzas no se pueden romper

El matrimonio puede ser visto como un contrato o como una alianza

Los contratos son revocables, se hacen a medida de la conveniencia de las partes. Vemos con frecuencia que los famosos que cambian con ligereza de cónyuge que ya fijan lo que le corresponderá a cada uno a la hora de separarse. Ya fijan de ante mano lo que cada uno se va a llevar: esto es un contrato.

Son dos personas se conocieron, se juntaron y convinieron algo.

Y el día que una de las partes o las dos por pura conveniencia, pueden decidir romper esta unión, a igual que se hace con cualquier contrato de cualquier índole.

Los que creemos que el matrimonio es una alianza, creemos que las alianzas no se pueden romper así como así.

Esto significa que cuando uno se casa no formula un contrato a medida, sino que entra en una institución. La institución del matrimonio.

Así como hubo una alianza entre el pueblo hebreo y Dios, entre Cristo y su Iglesia también la hay entre un hombre y una mujer, cuando deciden hacer un solo camino.

El mismo camino que emprendió el pueblo judío y la nueva Iglesia cristiana.

Un camino de hombre lleno de infidelidades.

Infidelidades, que si duelen pueden ser perdonadas.

Y en realidad, toda vida de hombre es un camino lleno de infidelidades perdonadas.

Hoy la prolongación de la vida lleva que uno, al casarse entre los 25 y 35 años, tenga por delante 50 años de vida conyugal.

A lo largo de esos años habrá muchas etapas, algunas quizás hasta programadas o esperadas o pensadas, pero también muchas imprevistas.

Cada cambio es etapa de una crisis.

Bienvenidas las crisis si son para crecer.

Crisis no significa necesariamente que se ponga en juego la estabilidad del matrimonio, sino la ocasión para repensar, reformular y reorganizar afectivamente una vida donde han ido ingresando los hijos: esos hijos crecen y llega un momento en que se van. Y volvemos a encontrarnos solos como el día que empezamos.

En el medio habremos tenido que practicar la humildad para perdonar y pedir perdón.

Dado que hoy se habla tanto del matrimonio como una alianza de amor, la gran pregunta que nos podemos formular es: ¿Qué es el amor?

Es un sentimiento, ciertamente, pero no es sólo un sentimiento.

Es una voluntad, ciertamente, pero no es solamente voluntad.

El amor es la fuente donde puede brotar un proyecto de vida en común, como cualquier proyecto de entrega incondicional, es el deseo con voluntad de amar que anida en el corazón.

Sólo cuando se llega al corazón, de donde nacen las decisiones más profundas que hacen a la vida, se palpa la realidad del amor desde el corazón.

Amor recibido y devuelto, o amor dado que nos viene de vuelta en un ir y venir que nunca se sabe el cómo empezó. Amé y recibí, fue y volvió.

Es entender que cuando uno está dispuesto y desea amar, está dispuesto a aceptar los lazos del amor: saber que cuando yo contraigo matrimonio me enlazo con alguien, cuando engendro hijos me hago servidor de ellos. Responsable de ellos.

El eje de la felicidad de los hijos pasa por tener un papa y una mama que se quieren y que los quieran y los cuiden.

La peor de las carencias es la ignorancia. Es la ignorancia de saber esto.

Comprender tarde es no comprender.

Hay muchos tipos de amor, pero todos hilvanados por un mismo hilo conductor.

Decirle a alguien “te amo” no es lo mismo que pensar “te deseo” o “me siento atraído por ti” aunque el deseo y la atracción existan.

El verdadero camino del amor inteligente es el que desde un enamoramiento inicial se profundiza y crece para lograr la convivencia de a dos..

En el hacer un sólo camino hay un verdadero enjambre de estados de ánimo; sentirse absorbido, estar encantado, dudar, tener celos, desear físicamente, percibir las dificultades de entendimiento, decepcionarse, volver a entusiasmarse, volver a reconciliarse, volver a querer, volver a empezar.

Recuerdo que una vez le pregunté a mi amigo Monseñor Domingo Castagna que debía hacer uno cuando el amor se acaba. Y él con su cara de santo, los amigos ya lo hemos santificado, me contestó sonriendo: Salvador, hay que volver a empezar, hay que volver a amar.

Ya lo saben, cada vez que haya un distanciamiento, hay que volver a empezar.

El hombre, como animal que es, es un permanentemente descontento, a veces se calma, pero la más de las veces, siempre quiere más.

Por eso el conocimiento del amor le conduce poco a poco hacía lo mejor,

El amor es lo más importante de la vida. Mueve todo.

Aprender a amar con la razón es recuperarse del primer deslumbramiento.

Es pasar de un puro sentimiento, a un caminar con el otro, creando y viviendo una historia propia.

Sentimiento y razonamiento irán juntos para siempre.

Ambas cosas ayudaran a entender y superar sus diferencias, ya que están decididos a convivir.

Ya que están decididos en hacer un sólo camino.

Dos formas personales de ser, pero un sólo camino.

Cada uno seguirá siendo como es, pero irán tomados de la mano haciendo un solo camino.

Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

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¿Un matrimonio puede ser anulado por la Iglesia?

Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

En algunos casos en el momento de celebrarse el contrato matrimonial pueden haber fallado algunos elementos esenciales para que el matrimonio sea válido

¿Un matrimonio puede ser anulado por la Iglesia?

¿Un matrimonio puede ser anulado por la Iglesia?. ¿Cómo se puede obtener un permiso de ésta para casarse otra vez por la Iglesia?

La Iglesia no anula un matrimonio válidamente realizado y consumado (es decir cuando después de la ceremonia matrimonial ha sido consumado por el acto conyugal); en tal caso el matrimonio es absolutamente indisoluble. Sucede, sin embargo, que en algunos casos en el momento de celebrarse el contrato matrimonial pueden haber fallado algunos elementos esenciales para que el matrimonio sea válido (conocimiento de los requisitos esenciales, inmadurez para asumir las responsabilidades matrimoniales, exclusión positiva de algunos de los elementos esenciales, etc.) y por tal razón el matrimonio fue, desde el primer momento, inválido, o sea: nunca hubo matrimonio verdadero entre ese hombre y esa mujer. En tales casos, y después de una delicada investigación, la Iglesia puede declarar que “nunca hubo matrimonio”.

El Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: “El consentimiento debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o de temor grave externo. Ningún poder humano puede reemplazar este consentimiento. Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido. Por esta razón (o por otras razones que hacen nulo e inválido el matrimonio); la Iglesia, tras examinar la situación por el tribunal eclesiástico competente, puede declarar ‘la nulidad del matrimonio’, es decir, que el matrimonio no ha existido. En este caso, los contrayentes quedan libres para casarse, aunque deben cumplir las obligaciones naturales nacidas de una unión precedente anterior” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1627-1628).

¿Cuáles son las causas de nulidad de un matrimonio?

Las causas se distribuyen en tres capítulos:

1) En razón de un impedimento canónico invalidante, que no fue dispensado, o que no podía serlo: edad, impotencia, ligamen, disparidad de culto, orden, voto, rapto, crimen, consanguinidad, afinidad, pública honestidad, adopción.

2) Por causa de un vicio o defecto del consentimiento matrimonial: carencia de suficiente uso de razón, grave defecto de discreción de juicio, incapacidad para asumir obligaciones esenciales, ignorancia de la naturaleza del matrimonio, error acerca de la persona o de una cualidad, dolo o engaño, error que determina a la voluntad, consentimiento simulado, consentimiento condicionado, violencia o miedo grave, ausencia de los contrayentes, falta de exteriorización del consentimiento, incapacidad legal del procurador.

3) Por falta de forma canónica requerida para la validez del matrimonio.

Cada una de estas causas se explican en el Código de Derecho Canónico en los cánones 1073-1123.