La separación matrimonial y sus problemas psico-afectivos

Los problemas que acompañan a una separación matrimonial pueden llegar a ser muy graves. La separación matrimonial dicta mucho de ser la simple rescisión de un contrato, es algo muy profundo y existencial.

Toda separación matrimonial conlleva un drama: el drama del fracaso personal, porque cuando una mujer y un hombre se declaran su mutuo amor, apuestan libremente por entregarse y aceptarse en una comunidad estable.

El matrimonio es aquella opción de vida en la que el hombre y la mujer ponen toda su ilusión en formar una familia, ilusión de una vida en común. El matrimonio es la opción de vida en que la pareja hace y a la vez recibe el mayor regalo que entre dos personas puede existir: su propio ser, supone el darse, entregarse y a la vez recibir al otro, y ello recíprocamente. Si esta opción de vida fracasa, se rompe, no resulta difícil comprender el porqué se dice que el divorcio es la segunda causa más dolorosa después de la muerte.

No quedan solo aquí las repercusiones negativas de todo divorcio. La sociedad actual quiere hacer ver que la separación y el divorcio es la forma más adecuada de solucionar los problemas entre la pareja y, ello está llevando a un gran número de parejas a separarse, sin pensar en las graves consecuencias que en muchas ocasiones acarrea no sólo para la misma, sino también para los hijos.

Nadie en su sano juicio puede estar a favor de la ruptura matrimonial. No quiero decir que pase lo que pase hay que vivir juntos toda la vida, no. Sabemos que existen circunstancias y situaciones en que es aconsejable la separación.

Lo que yo quiero decir aquí es que luchar por salvar nuestro matrimonio, merece la pena. Hay que intentar resolver las crisis matrimoniales y no acudir al divorcio express sin haber intentado poner todo de nuestra parte. Intentemos resolver la o las crisis mediante nuestro dialogo conyugal, y en el caso de que se escape el problema de nuestras manos acudamos al especialista, nunca a los familiares y amigos más cercanos, pues es difícil que ellos sean imparciales. Sí aún así, llegamos a la separación, nos quedará la tranquilidad de haber luchado.

fuente: bpf.laiconet.es