Palabras de Jorge Bucay

Quiero que me oigas sin juzgarme

Quiero que opines sin aconsejarme

Quiero que confíes en mí sin exigirme

Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí

Quiero que me cuides sin anularme

Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí

Quiero que me abraces sin asfixiarme

Quiero que me animes sin empujarme

Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí

Quiero que me protejas sin mentiras

Quiero que te acerques sin invadirme

Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgustan

Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas

Quiero que sepas que HOY cuentas conmigo…  Sin condiciones.

Cuando digo que te amo

En la relación matrimonial es habitual decir: “te quiero”. Más en los primeros tiempos de matrimonio; menos con el paso del tiempo. Se tiende a darlo por supuesto. Especialmente lo varones son proclives a darlo por descontado; las esposas se suelen lamentar de la falta de esta expresión. Y lo reclaman. Y lo valoran.
Y es que la identidad más profunda del ser humano es la capacidad de recibir y dar amor. En el fondo de cada persona hay una fuente de amor; es su misterio más hondo. La persona es fruto de un diseño de amor que se encarna en el amor de los padres. Todas las personas están dentro de esa gran historia de amor que es nuestra historia humana. El hecho de existir es ya haber sido elegido para el milagro de la vida.

Para poder vivir en relación de amor, la persona previamente ha sido amada. Y se ama a sí misma. Existe aquí una proporción: me amo a mi mismo como he sido amado; amo a los demás como me amo a mi mismo. Cuanto más me amo a mí mismo, más amo a los demás. Hablo el lenguaje del amor que han hablado conmigo. Puedo estar convencido de que “obras son amores”. Puedo estarlo de que “palabras son amores”. ¿Por qué es tan importante decir: “te quiero”? ¿Qué quiero decir cuando digo que te quiero?

Al menos estas cuatro cosas:

1.- Te veo

No me pasas desapercibida, no eres invisible para mi; caigo en la cuenta de tu presencia o de tu ausencia. Estoy atento a tus gestos, a tus palabras, observo tu rostro, tu expresión. Veo tu alegría o tu cansancio; el brillo de tu mirada o su tristeza. Te contemplo incluso cuando tú no te das cuenta. Me fijo en lo mejor de ti misma. No miro tus limitaciones, sino la verdad de tu corazón.

2.- Te conozco

Conozco tus cualidades. Me asombra tu corazón: tu capacidad de amar, tu generosidad, tu gratuidad. Me asombra la belleza de tu vida interior. Tus ganas de vivir me contagian. Tu capacidad de amarme y aceptarme me sorprende. Tu inquietud y tu afán de comunicación son un estímulo para mí. Tu afecto despierta lo capacidades dormidas en mi mismo. Se que puedes sorprenderme cada momento. Tú quiebras las etiquetas con las que mi rutina quiere fijarte. Me queda mucho por conocer y descubrir en ti.

3.- Te reconozco

Te expreso el aprecio que siento por ti. Te comparto toda la belleza que descubro en ti. Te contemplo con ojos de amor y reconozco tus dones. Caigo en la cuenta del poder que tienes sobre mí. Tienes la capacidad de hacerme feliz o desdichado. En ti encuentro un techo emocional para mis sentimientos de soledad y frustración. Te necesito. Tu realización personal es importante para mí. Me alegro de tus éxitos. Te felicito por ellos. Tu crecimiento personal es bendición para mi propio crecimiento. Quiero ayudarte a ser fiel a ti misma.

4.- Te agradezco

Me siento agradecido a tus decisiones. Desde el fondo de mi corazón disfruto de tu libertad, la respecto. Deseo que seas feliz. Te agradezco que lo seas. Confío en ti y quiero ayudarte a que vivas con gozo, a que seas tú misma. Puedes contar conmigo.

Decir “te quiero” es una buena noticia para el cónyuge. No es una mera convención o una rutina. Brota del fondo del alma. “Todo el que ama conoce a Dios”, ha nacido de Dios. Todo el que ama es una gran buena noticia.

 Bonifacio Fernandez . Cmf