SEXUALIDAD EN LA ESCUELA: “EDUCAR PARA EL CONDÓN O PARA EL AMOR”

Tras leer un artículo de Isis Barajas sobre la sexualidad en la escuela y echar un vistazo a los programas de sexualidad que se están diseñando en algunas comunidades autónomas, me he visto animada a que entre todos hagamos una breve reflexión.

Tanto las instituciones públicas como la UNESCO están lanzando una serie de directrices y programas en educación sexual plagadas de una promoción del aborto, una sexualidad de usar y tirar, y una búsqueda desaforada de placer. La sexualidad en estos programas, basada exclusivamente en la satisfacción del deseo inmediato, queda reducida a mera genitalidad, y nuestros adolescentes reducidos a ser víctimas de sus impulsos sexuales. Estos programas, que se pretenden impartir en los colegios a través de la asignatura de Educación par la Ciudadanía, abordan la sexualidad como algo totalmente desvinculado de la afectividad y de cualquier valoración moral, e incitan a los adolescentes a las relaciones sexuales ocasionales y tempranas, explicándoles pormenorizadamente todos los métodos posibles y zonas del cuerpo que producen mayor placer, y así dejar en sus manos la decisión de usar y manipular su vida sexual. A su vez se estimula al profesorado a promover entre los alumnos diferentes roles sexuales para que cada uno pueda “descubrir” y elegir su identidad sexual. En resumen, nada de capacidad de autodominio, nada de capacidad de autodonación, nada de capacidad de amar, nada de capacidad de sacrificio, cuando sabemos que son valores sin los cuales es imposible alcanzar ninguna meta humana valiosa en la vida en ningún campo, y menos poder llevar una afectividad y sexualidad sana, plena y feliz.

Año tras año, el Ministerio de Sanidad y Política Social invierten grandes sumas de dinero en “campañas de prevención” para disminuir las ETS y los embarazos imprevistos. Estas campañas, que centran su atención únicamente en el uso del preservativo y no en educar en la responsabilidad, no sólo no dan resultado como los números y estadísticas anuales reflejan, sino que normalizan una serie de conductas sexuales vendiendo “sexo seguro” a los adolescentes y provocan que los números de enfermedades sexuales y embarazos imprevistos vaya desbocadamente multiplicándose. En cualquier proceso de calidad, ahora que estamos todos tan inmersos en este tipo de cultura, el responsable/s de proceso podrían concluir que con este tipo de campañas no se están alcanzando los objetivos previstos por lo que habría que reforzar con otra serie de actividades como áreas de mejora, pero como bien dice el refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver” por muchas estadísticas que se le presenten.

Se diría pues que la única razón para no querer ver ni querer informar de ello a los jóvenes y a la sociedad son motivos puramente políticos y económicos… Y entre tanto, las víctimas de estas campañas, muchas de ellas mortales tanto biológica como afectivamente, siguen siendo principalmente nuestros adolescentes…

Elizabete Bengoetxea Kortazar
www.sontushijos.org