Una educación de calidad

En los tiempos que vivimos, oímos hablar por todas partes de la necesidad de una Educación de calidad, de la calidad de la Educación, etc. Etc. Realmente, hace ya tiempo que en Educación dejamos de hablar de cantidad, ya que están prácticamente escolarizados el cien por cien de los alumnos en el tramo de los tres a dieciséis años, y empezamos a buscar una calidad en la Educación o una Educación de calidad. De hecho, la mayoría de Centros Educativos Concertados, se han implicado en la obtención de Certificaciones de Calidad que le den un mayor prestigio ante la sociedad, a base de mucho esfuerzo y dinero por parte tanto de los profesionales, como de la Titularidad del Centro.

Hoy quisiera compartir con ustedes algunas reflexiones en torno a esta calidad en la Educación que buscamos toda la comunidad Educativa, padres, profesores y alumnos.

Genéricamente, la Educación es responsabilidad de la familia, quien debe preocuparse de que sus hijos accedan a la Sociedad en las mejores condiciones posibles. La Educación, que empieza en casa y continúa en casa hasta la mayoría de edad, no sería completa sin la escuela y el entorno. Sin embargo, la familia, célula básica de la Sociedad o expresión mínima de ésta, no está capacitada para transmitir los conocimientos necesarios que definen la formación integral de la persona. Erróneamente, muchos padres y madres han creído cumplida su obligación, delegan en la escuela su parcela haciendo dejación de este derecho fundamental y exigen de la escuela competencias que les pertenecen, que suplante nuestra obligación y, además, que lo haga bien. Padres y madres hemos consentido que sean la escuela y la calle quien eduque a nuestros hijos e hijas y, además, hacemos responsables a profesores y maestros de nuestros fallos como primeros educadores. No se puede castigar a la escuela con toda la culpa y, si bien, el profesor es un factor importante en la calidad de la educación, ve negativamente esa cesión de responsabilidades por parte de los padres y su exigencia de hacerlo bien.

En el estudio La familia española ante la educación de sus hijos del equipo de Víctor García Díaz, financiado por la Fundación La Caixa hay un capítulo dedicado a Los padres como responsables de la educación de sus hijos y sus expectativas. El 78% de los encuestados responde que la responsabilidad corresponde a las familias y sólo el 6,5% hace caer esta responsabilidad en el profesorado. Un 54% opina que de acuerdo a sus recuerdos y experiencias, ellos  se ocupan más de la educación de sus hijos de lo que lo hicieron sus padres. Es curioso el juicio que merecen los deberes. El 58% piensa que son los adecuados, siendo similar el porcentaje tanto en la escuela pública como en la concertada (57/56). También se deduce que influye la implicación de los padres en el rendimiento escolar. Me inclino a pensar que el centro puede ser una buena fuente de información del comportamiento familiar. Los estudiantes tienen un nivel de comunicación en la escuela muy superior al que tienen en casa, en la mayoría de los casos. El profesorado puede tomar nota de de sus observaciones, haciéndolas servir para atar cabos acerca de posibles razones sobre desviaciones en el rendimiento educativo. 

La educación es un asunto muy complejo. Los alumnos dicen que son ellos quienes dan vida a la escuela. Somos padres y madres quienes realmente damos vida a la Escuela. Sin nosotros no habría sistema educativo. Sin nuestra participación, habría algo similar a una escuela – granja con todos los problemas que esto conlleva. Como mantenemos viva la Escuela, que por otra parte el 95% elegimos libremente, debemos preocuparnos por ella.

Fco. Javier López de Lerma Entonado
Ex presidente de CONCAPA Extremadura

Colaboración padres-escuela

Hemos elegido un tipo concreto de escuela, con un proyecto y un ideario que aceptamos y que ha de ser compartido entre familia y escuela. También debemos perder el pudor de ir a las reuniones escolares en cuanto nuestros adolescentes cumplen 12 años. Una escuela primaria lo suficientemente buena no sería suficiente para que los padres nos olvidáramos de ella. Un alumno o alumna de doce años no es un adolescente rebelde, es un púber, que está descubriendo su cuerpo y las transformaciones que las hormonas están efectuando en él.

Padres y madres tendemos a sobreproteger a nuestros hijos e hijas, aunque también queremos darles autonomía en ciertas cosas. Lo uno no es incompatible con lo otro. Pero no debemos equivocar momentos y temas. Por eso, no lamentemos unos resultados escolares deficientes, cuando hay medios para corregirlos en un estado incipiente. Existe la igualdad de oportunidades porque salvo quien presenta algún déficit genético, todos nacemos con las mismas capacidades.

¿Rebeldes en infantil?

A edad temprana, todos somos como esponjas, absorbemos absolutamente todo. Por eso cuando algún docente me dice que no, que hay niños y niñas rebeldes en las aulas de infantil, hay que llamar inmediatamente a los padres y tratar de solucionar el problema. Vivir en Sociedad y vivir democráticamente, exige respetar las reglas y ser consciente de que si se traspasan o llegan a trasgredirse, hay que responder por ello. No hablo de castigar al niño, me refiero a buscar la solución entre los componentes de la Comunidad Educativa.

Está claro que educar incluye el enseñar a poner límites, pero ¿para qué enviamos a nuestros hijos e hijas a la Escuela? Aparte de para que reciban unos conocimientos, para que aprendan a vivir en sociedad. La Escuela debe enseñar a convivir socialmente, lo que significa adquirir todos esos valores que distinguen al ser humano de los irracionales.

La escuela y la familia deben de coordinar los esfuerzos en el hecho educativo, el niño recibe en el seno familiar calor y cariño, muy importantes para su crecimiento emocional, así como comportamiento, generosidad, etc, que luego se irán completando en la escuela, que a la vez que enseña materias también lo hará llevando a la práctica los citados valores. La tarea de educar es una apuesta a largo plazo y requiere una mirada lúcida hacia el futuro y mucha paciencia.

Creo no equivocarme si digo que incrementar la participación de los padres en la escuela está en el ánimo de todos los componentes de la Comunidad Educativa. Padres y madres debemos dejar de ver la escuela como ese coto al que enviamos a nuestros hijos e hijas, porque no nos queda más remedio.

Clientes de la escuela

El siguiente paso es dejar de ver la escuela como si fuéramos clientes del Sistema Educativo, y que, como clientes, siempre tenemos razón. No nos cortamos ni un ápice, despotricando por que una vecina nos ha dicho que en el centro al que van nuestros hijos, se ha cometido una tropelía. Creemos a la vecina, y no nos preocupamos de ir al centro a comprobar. Tampoco titubeamos cuando insultamos a nuestros colegas, maestros y maestras, en presencia de nuestros hijos e hijas. Consideramos cumplida nuestra obligación con nuestro exabrupto, hasta dirán algunos “para eso cobran”.

Esta postura de los padres ha hecho que la desidia en el trato con la escuela haya podido con las pocas ganas de cooperación y participación. Sin embargo creo que deberíamos reflexionar acerca de la necesidad de incrementar y mejorar tanto la cooperación como la participación.

Muchas AMPAs no quisieron entrar en los matices políticos que presenta la LOE. Está claro que eso deberá ser defendido por quienes tengan responsabilidad política, y si les invaden competencias, les apoyaremos en la defensa de su posición.

Fco. Javier López de Lerma Entonado

Ex-presidente de CONCAPA Extremadura

lopezdelerma2@terra.es