Fortaleciendo el matrimonio

¿Qué es el amor?

¿Qué nos acerca como pareja?

Recomendaciones prácticas para pasar tiempo juntos

El valor de la fidelidad

Comprendiendo a mi pareja

Tiempo de calidad

La fidelidad en el matrimonio

La fidelidad no pasa de moda

Honrando a la persona amada

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Recomendaciones prácticas para pasar tiempo juntos

Por Laura Álvarez, MPsc.

Psicóloga Clínica

*Aparten tiempo al menos una vez por semana, para compartir, conversar.

*Mantengan una actitud positiva. Hablen, hagan bromas.

*Las peleas y los desacuerdos pueden ser inevitables, pero el enojo y el resentimiento es evitable. No deje que pase un solo día sin haber recurrido a la reconciliación y al perdón.

*Comparta sus necesidades. La falta de comunicación nos lleva a expectativas no realizadas.

*Guarde los desacuerdos y contradicciones hasta llegar a casa. No lo haga en público.

*La pareja debe apoyarse cuando uno de los dos establece límites a los hijos. No permitan que los hijos vean el desacuerdo entre los padres en cuanto a su educación y disciplina. Para esto, hablen con antelación y lleguen a consensos.

*Halague a su cónyuge con regularidad.

*Reconozca que su pareja es un complemento, pero que también tiene defectos y limitantes como cualquier ser humano.

*Las expresiones de cariño y amor son necesarias para la pareja y los hijos.

*El matrimonio es de dos, la casa y los hijos también, por lo que debería ser responsabilidad de los dos mantenerlos y cuidarlos, como un equipo de trabajo.

*Realicen proyectos en común.

*Respete la individualidad del cónyuge y de sus hijos.

Pastor Daniel Catarisano
Enfoque a la Familia U.S.A.

Resolución de conflictos familiares

Tanya M. Brizuela Henríquez

Antropóloga

Procurar resolver los conflictos que se nos presentan en la vida de forma constructiva es controlar nuestras reacciones instintivas de enojo, ira, imposición, irrespeto y agresividad; y sustituirlas por acciones razonadas que nos ayuden en la búsqueda de una solución positiva para todos. De ahí que, adquirir habilidades adecuadas para solventar de manera apropiada un enfrentamiento, es un ejercicio que se debe practicar concientemente, y así, establecer mejores formas de conducir nuestra vida y por ende las relaciones interpersonales.

Ahora bien, para mejorar nuestra forma de manejar los conflictos dentro del seno familiar, es necesario determinar cuáles comportamientos no colaboran en el buen manejo del conflicto, sea éste con un miembro de la familia. Algunas prácticas inadecuadas en las que podríamos incurrir son, por ejemplo, endosarle la culpa al otro del desacuerdo. Tomar esta actitud, en lugar de tratar de de buscar acuerdos, lo que podría provocar es una discusión cuyo objetivo es dejar bien claro quién tiene razón y quién está equivocado en lugar de limar las diferencias. De esta forma, la cuestión se torna en un pleito acusatorio, que lejos de buscar una solución para ambos, se enfrasca en designar un ganador y un perdedor. Este tipo de confrontaciones podría generar baches en la relación, independientemente de quién haya iniciado el problema, la relación sale perdiendo y la interacción familiar también se verá negativamente afectada (De Mézerville. 2007).

Otra forma inadecuada de proceder es minimizar o menospreciar los sentimientos de la persona con la que se tiene el desacuerdo. Una frase que regularmente se usa en estos casos es “No es para tanto”, y aunque puede parecer pequeña e insignificante, crea una sensación de incomprensión que entorpece la comunicación, elevando la cuota de molestia sentida por la otra persona. Por lo tanto, para evitar este resultado, se debe tomar en cuenta que aunque no estemos de acuerdo con el pensamiento del otro, siempre es necesario que intentemos ponernos en su lugar y entender su punto de vista a pesar de que difiramos con él o ella, y a partir de ahí, busquemos juntos una solución y así buscar el beneficio común (De Mézerville. 2007).

De igual forma, buscar solamente los intereses individuales dejando de lado los del otro no es una buena forma de manejar un enfrentamiento, sino más bien deberían ser apreciados como oportunidades para crecer en el arte de las relaciones humanas. Sin embargo, para que esto se dé, es necesario que las personas envueltas en el conflicto, estén en la disposición de buscar consenso a través de la negociación, de ser posible, o bien buscar la solución que mejor convenga (o perjudique menos) a todos los interesados.

En general, todas las relaciones en las que nos vemos implicados se verían beneficiadas si en algunas ocasiones estuviéramos dispuestos a “ceder un poco” y de manera razonable. Por ejemplo, en aquellas ocasiones en el que el motivo de diferencia es un aspecto de poca trascendencia para nosotros pero de suma importancia para él o ella. Por otro lado, si se asume una actitud intransigente, la interacción entre ambas personas disgustadas empezará a sufrir paulatinos pero graves daños a nivel familiar (De Mézerville. 2007).

Además de lo mencionado anteriormente, para llegar a la resolución respetuosa de un conflicto es elemental una adecuada comunicación. Aunque un buen diálogo es clave para el buen manejo de las relaciones, lograrlo no es algo sencillo. Entre los aspectos que se requieren para un diálogo fructífero se encuentran no sólo la apropiada expresión de ideas, sino también un buen par de oídos que estén anuentes a escuchar lo que el otro tiene que decir. El propósito es prestar real atención y que así, se refleje nuestro respeto hacia el otro y una buena actitud, sin importar que lo escuchado no sea de nuestro agrado.

Por otro lado, es importante añadir que se debe evitar a toda costa el perder los estribos y que esto lleve a una discusión violenta. La agresividad y la imposición no son una solución edificante, dañan las relaciones familiares y lo que causan es miedo, maltrato y agresión en el otro. En caso de sufrir dificultades para manejar la ira de manera adecuada, es recomendable buscar ayuda profesional. De lo contrario, la situación podría empeorar llevándonos a situaciones más complejas de resolver como agresiones físicas, psicológicas o verbales. Las consecuencias de tales situaciones podrían incluir daños emocionales y psicológicos graves, e inclusive el desencadenamiento de acciones criminales.

Finalmente, algunas recomendaciones que nos pueden ayudar a enfrentar de forma constructiva una situación de conflicto en la familia son las siguientes:

Tengamos siempre consideración, respeto y tolerancia.

Identifiquemos y focalicemos el problema.

Busquemos el lugar y momento oportunos.

Aprendamos a estar en desacuerdo sin pelear.

No busquemos culpables.
No pretendamos ganar siempre y acudamos a un profesional si el problema se sale de nuestras manos.

Bibliografía

Calderón, Helena (2008): ¿Cómo resolver conflictos? Enfoque a la Familia. Artículo publicado en prensa. Creciendo en Familia II, Fascículo III. San José, Costa Rica. 03 de octubre, 2008

De Mézerville, Claire (2007): Cómo resolver los conflictos en el matrimonio. Enfoque a la familia. Artículo publicado en prensa. San José, Costa Rica. 23 de octubre, 2007

Terapia de Pareja: Cuándo consultar

Las parejas están acudiendo a terapia con mayor frecuencia que antes. En esta época las expectativas (muchas veces irracionales) son muy altas y los vínculos son muy frágiles. Dada la nueva ética de la necesidad a ultranza de felicidad y, como han ido desapareciendo las amarras externas, actualmente el único adhesivo que las hace permanecer unidas es lo interno: amor, satisfacción, gratificación y apoyo mutuo.

Cabe señalar que, casi todas las parejas discuten, se distancian, la pasan mal juntos o han pensado en separarse. Así que no hay que salir corriendo a terapia si de vez en cuando se presentan estas dificultades. Las crisis o impasses seriales no serían patológicos. Por su misma naturaleza, las relaciones de pareja están cargadas de dificultades y vulnerabilidades.

Hecha esta aclaración, tampoco se trata de esperar excesivamente antes de consultar: “ a nadie se le ocurre llevar un cadáver al médico para que lo cure”. Las investigaciones muestran que, cuanto menor sea el tiempo de evolución de la queja, mejor será el pronóstico y que la terapia de parejas es generalmente más exitosa que la individual. Sin embargo, incluso si han decidido separarse, una terapia puede ser útil para el futuro bienestar emocional de todos los implicados, ayudándolos a elaborar dicho doloroso proceso. Y, en ese sentido, nunca es demasiado tarde para consultar.

Una de las razones que llevan a posponer el inicio de una terapia es la renuencia de uno de ellos. Si bien lo ideal es que ambos participen, no es una condición indispensable. Si consideramos que la pareja es un sistema, el cambio en uno de ellos indefectiblemente producirá cambios en el otro y, por ende, en la interacción.

Entonces, ¿Cuándo consultar?. En términos específicos, existen ciertos indicadores de un potencial proceso de deterioro y que ameritarían una terapia. Para detallarlos es muy útil guiarse por el trípode que sustenta a una relación de pareja: amor, pasión y compromiso.

Intimidad (Amor):

A esta categoría pertenecen no solo la afectividad, sino que también la comunicación y la intimidad emocional. El sentimiento de amor (no el enamoramiento), se demora tanto tiempo en crearse como en extinguirse e incluye el apego, demostraciones de cariño, amar y sentirse amado (aunque no sea de la forma que preferiríamos). No obstante, con el amor no basta para hacer viable una relación. Los recursos emocionales son una condición necesaria, pero no suficiente. Una marcada disminución de las muestras de afecto y del interés por el otro; frialdad y distanciamiento de larga data; sentirse rechazados, solos, vacíos, sin trascendencia ni identidad y vivir la relación más bien como un sistema administrativo, serán obviamente condiciones negativas.

Por otro lado, si bien una adecuada comunicación es un importante indicador de bienestar y su déficit se correlaciona con insatisfacción (sobre todo para la mujer), ha sido sobrevalorada. Las parejas afirman que “lo que nos pasa es que tenemos una mala comunicación”, “nos amamos mucho, pero vivimos discutiendo”.

La comunicación se encuentra implicada en la validación del otro (respeto, aceptación, admiración), en el humor, distribución del poder, capacidad de negociar y de resolver problemas. Por tanto, serán señales negativas el sentirse incomprendidos, descalificados, desvalorizados; compartir en forma escasa e insatisfactoria; eludir las crisis en vez de enfrentarlas o desgastarse infructuosamente en intentos de solución; hostilidad, repetidas discusiones y riesgo de violencia física o psicológica. Mención aparte merece el manejo del poder, el que se ha convertido en una de las áreas más frecuentes y fundamentales de conflicto.

A diferencia de la comunicación, el factor de intimidad emocional es poco conocido, a pesar de su relevancia. Apunta a la delicada danza de cercanía-alejamiento, a la comprensión y empatía, al confiar como para mostrarnos tal cual somos, especialmente nuestros miedos y falencias. Aquellos que se quejan de “no logramos entendernos”, deberían tener claro que la comprensión pasa por la aceptación de la individualidad y peculiaridad del otro como persona.

Pasión:

Se refiere al aspecto sexual de la relación e influye en la motivación general. Satisface la necesidad de contacto, de caricias físicas y de intimidad sexual. Como la respuesta sexual humana es altamente sensible a un gran número de estímulos aversivos, muchas parejas presentan algún problema en esta área, manifestándose en desavenencias en torno a la iniciativa, condiciones previas, horario, frecuencia y forma de expresión. Asimismo se quejan de que las relaciones sexuales son rutinarias y predecibles, que ha disminuido el contacto físico en general – no solo el coito – que la pasión ha ido desapareciendo y que parecen hermanos. En efecto, entre las disfunciones sexuales, el Deseo Sexual Inhibido en mujeres y hombres, es una de las más frecuentes en el grupo etario que bordea los treinta años.

Compromiso:

Sería el aspecto formal de la relación y se encuentra asociado a la necesidad de seguridad y apego. Incluye la decisión de formar una pareja, explicitada al otro y públicamente; proyectar una estabilidad a futuro; disposición a enfrentar juntos las situaciones adversas sin poner en cuestión la relación ante cada dificultad. Ejemplos tradicionales eran el casarse por “las dos leyes”, tener hijos, comprar bienes en conjunto. Actualmente el compromiso puede adquirir formas muy diversas. Indicios negativos se reflejan en proyectos de vida sin elementos en común e incluso divergentes; dudas en dar el próximo paso de compromiso; discrepancias en el deseo de mantener la unión; pensar con frecuencia en separarse, fuera de las amenazas abiertas de separación.

A modo de resumen y conclusión, en términos muy generales, sería aconsejable acudir a terapia cuando predominen notoriamente bajas tasas de conductas gratificantes y/o altas tasas de intercambios desagradables; o bien cuando, ya sea uno o ambos miembros de la pareja, subjetivamente han sentido – con cierta intensidad y por un tiempo determinado – insatisfacción, malestar o sufrimiento; o cuando han alcanzado un grado tal de infelicidad que ellos mismos se consideran incapacitados para realizar un análisis objetivo del conflicto y de encontrar soluciones alternativas.

Asimismo se aconseja consultar si sienten que no logran lidiar con algunas situaciones puntuales o si presentan varias al mismo tiempo, tales como: celos, infidelidad, desadaptación frente a fases evolutivas (p. e. la llegada de los hijos); conflictos con las familias políticas y de origen, con los hijos, económicos, síntomas psicosomáticos o psíquicos de cierta recurrencia; problemas sexuales y si no pueden vivir “ni con ni sin el otro”.

No hay que olvidar que las parejas en conflicto tienen una menor expectativa de vida, mayor riesgo de enfermar y cuadros depresivos más frecuentes. Las parejas armoniosas se diferencias de las conflictivas en: la capacidad de afrontar y resolver problemas de una forma aceptable para ambos; en la flexibilidad para efectuar los cambios deseables; en que ambos asumen su parte de responsabilidad sin buscar que el otro sea el que cambie; y en la alta motivación si deciden iniciar una terapia.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-02-21

Enseñar a educar

La familia digital

¡CRECE, SUPÉRATE!

Tenemos que ser personas ASERTIVAS para crecer y superarnos en la vida.

¿Qué es la asertividad?
Es la capacidad personal de:
- ser claro acerca de tus sentimientos, elecciones y actividades.
- pedir lo que quieres.
- asumir la responsabilidad de tus sentimientos y tu conducta.

- SÉ UNA PERSONA CLARA
Di sí cuando quieras decir sí, no cuando quieras decir no y quizás cuando quieras decir quizás. La asertividad significa ser claro, no necesariamente estar seguro.
Muestra abiertamente tus sentimientos, tus elecciones, y tus planes.
Revisa tus fantasías, dudas, miedos e intuiciones con aquéllos a quienes les conciernen.
Di a la gente que no es aceptable que te juzguen, hieran o culpabilicen.

- PIDE LO QUE TÚ DESEES
Mensajes claros a los demás.
Reconoce tus sentimientos.
Cariño, aprecio, y crítica constructiva.

- ASUME LA RESPONSABILIDAD
Acepta el derecho de los demás a ser asertivos contigo.
Pregunta a los otros acerca de sus sentimientos hacia ti.
Reconoce la responsabilidad de tus sentimientos.
Termina tus asuntos emocionales inacabados directamente con la gente implicada o acompañado por tu terapeuta.
Admite tus errores, descuidos y ofensas y rectifica.

No hay que confundir asertividad con agresividad.

LA AGRESIVIDAD ES…
Intentar controlar o manipular a los otros.
Menospreciar a los otros mediante insultos o culpabilizaciones. Esto incluye el sarcasmo, incluso entre amigos, o las bromas.
Hacer por los otros lo que pueden hacer por sí mismos. Esto les victimiza e infantiliza y te da dominio sobre ellos.
Violencia física o emocional.
Competitividad e intento de demostrar que la gente está equivocada.
Actuar con despecho o venganza hacia la gente que maleducada o hiriente contigo.

LA PERSONA ASERTIVA
La asertividad es afirmar tu propia verdad y recibir la verdad de los demás.
Pides lo que quieres y respetas la respuesta.
Comparte lo que sientes y aceptas lo que los demás sienten.
Eres responsable de verdad, por lo tanto, actúas en consecuencia y pides a los demás que hagan lo mismo.

Fuente:buzoncatolico.org

el valor de la sonrisa

Empezar cuanto antes

Muchos padres se lamentan de que les resulta muy dificil, a veces imposible, hablar con sus hijos. Lamentablemente en muchos hogares la poca comunicación que hay se limita a monosílabos, recriminaciones, enfrentamientos…. Lo peor es que en numerosas ocasiones he tratado con padres que creen que esto es lo normal, sobre todo durante la adolescencia.

Resulta un lugar común afirmar que la adolescencia es en sí misma una etapa de enfrentamientos, de “malos rollos” y quedarse tan tranquilo. Si bien es cierto que se trata de una etapa de transición, y como tal sujeta a crisis, no lo es que deba ser el enfrentamiento lo que la defina.

Para que esto no ocurra hay que empezar pronto, cuanto antes, creando un ambiente de tranquilidad y aceptación en el hogar. Esforzandose por defender momentos de tertulia familiar, por ejemplo las sobremesas; por escuchar a cada hijo cuando lo necesitan, elevando nuestra casa a la categoría de hogar donde cada uno es y se siente importante.

Todo esto es incompatible con las prisas, los cansancios y los egoísmos. No es fácil, claro que no; pero la solución no pasa por considerarlo normal si no por comenzar cuanto antes, aunque parezca tarde ya. Que luego las cosas pueden salir mal es obvio, lo que hace falta es que no sea por no haber puesto los medios. Y sin perder nunca la esperanza de que si se siembra se recoge.

Fuente: anibalcuevas.blogs.com

APRENDER A CONVERSAR

Por Antonio Orozco-Delclós
En ESCRITOS ARVO

“Con-versar” equivale a versar juntos sobre un mismo tema, asunto o argumento. La conversación -el diálogo- es de dos, o más. Pero juntos y sobre una misma cosa. Si hay dos o más hablando de cosas distintas ya no estamos en una conversación ni en un diálogo, sino quizá en una olla de grillos, o tal vez, más probablemente, como con su habitual buen humor señala José Luis Olaizola, estemos metidos en una tertulia de españoles.

En estos tiempos que corren suele suceder que o reúnes o te reúnen. La reunión es un deber frecuente. Y esto es muy bueno cuando de veras la reunión es lo que su nombre parece indicar: “re-unir”, unir de nuevo -es de suponer- para estar más unidos que antes. No siempre, sin embargo, se incrementa la unidad en las reuniones, incluso las pensadas para estrechar vínculos, enriquecer ideas, comprender un poco más a los otros, cooperar al bien común de la sociedad.

¿Por qué esos fracasos, al menos aparentes? No siempre, o casi nunca se debe a complejidad de los problemas que se debaten. Tengo para mí que casi siempre o muchas veces se debe a la complejidad de las conciencias.

El orgullo fue la causa de la confusión que se produjo en Babel. Juan Pablo II afirma que estamos en una civilización babélica. A menudo no nos entendemos, aun exponiendo ideas muy simples. Oscar Wilde decía -muy suyamente- que a ingleses y norteamericanos una misma lengua los separaba. Hablamos en el mismo idioma de cosas sencillas, y sin embargo a veces no nos entendemos. ¿Por qué?

En su divertido -pero serio- libro “Lo malo de lo bueno”, Paul Watzlawick aporta una posible respuesta: precisamente la misma lengua produce la impresión de que el otro tiene que ver la realidad evidentemente “tal como es, es decir, tal como yo la veo”. Y si sucede que no lo ve así, entonces es que está loco o es un malévolo.

También ofrece Watzlawick el ejemplo histórico contado por John Locke en su “Ensayo sobre el entendimiento humano”: En una reunión de médicos ingleses muy eruditos se discutió durante largo tiempo si en el sistema nervioso fluye algún “liquor”. Las opiniones divergían, se pusieron los argumentos más diversos y parecía imposible de todo punto llegar a un consenso. Entonces Locke pidió la palabra y preguntó si todos sabían con exactitud lo que entendían por la palabra “liquor”. La primera impresión fue de sorpresa: ninguno de los asistentes creía no saber en detalle lo que se estaba debatiendo y tomaron la pregunta de Locke casi por frívola. Pero al fin se aceptó la propuesta, se entretuvieron en fijar la definición del término, y pronto cayeron en la cuenta de que el debate había pasado a versar sobre el significado de la palabra. Unos entendían por “liquor” un líquido real (como agua o sangre) y por esto negaban que en los nervios fluyera algo así. Otros interpretaban la palabra en el sentido de fluido (de una energía, cosa parecida a la electricidad) y en consecuencia estaban convencidos de que por los nervios fluye un “liquor”. Se explicaron las dos definiciones, convinieron en elegir la segunda y en breve tiempo finalizó el debate con un acuerdo unánime.

También Paul Watzlawick recuerda la técnica de Anatol Raport para solucionar problemas: en caso de conflicto, en vez de que cada partido dé su propia definición del problema, el partido “A” debe exponer de un modo exacto y detallado la opinión del partido “B”, hasta que éste (B) acepte la exposición y la declare correcta. Después, el partido “B” ha de definir la opinión de “A” de un modo que resulte satisfactorio a éste (A). Dice Watzlawick que aplicando esta técnica sucede no pocas veces que una de las dos partes en litigio diga asombrada a la otra: “Nunca hubiese pensado que usted pensara que yo pienso así”.

El método quizá parezca lento. Pero ¿es más eficaz discutir sin saber exactamente cuál es el objeto del que se está hablando? ¿No convendría reimplantar los antiguos estudios de Dialéctica, en el sentido clásico de la palabra, como arte de discurrir o argumentar correctamente?

Quizá sea verdadero todavía el diagóstico de Eugenio d”Ors: “la más grande limitación de la gente hispana estriba en algo vergonzoso, en algo que es, por definición, un vicio de esclavo: en la incapacidad específica para el ejercicio de la amistad”. A ella se le añade un corolario -que de la misma enfermedad se deriva- y que llama “una suerte de trágica ineptitud para el diálogo”.

Vale la pena no arrojar la toalla y cultivar sin desmayos “el santo diálogo, hijo de las nupcias de la inteligencia con la cordialidad”. A mi me sirve de examen de conciencia el también d”orsiano “Decálogo para todo dialogante”:

I. Escucha a todos, sobre todas las cosas.
II. Honrarás la educación que has recibido.
III. No desearás atropellar la palabra de tu prójimo
IV. No te acalorarás.
V. No equivocarás.
VI. No pronunciarás palabras agresivas.
VII. No desearás tu monólogo frente al prójimo.
VIII.Celebrarás la inteligencia de los demás.
IX. No dialogarás en vano.
X. Vence en el diálogo, pero convence.

UN EJEMPLO A IMITAR (SUCEDIDO EN LA CARCEL MODELO DE MADRID)

Por contrarse con nuestro ancestral proceder, es significativo el episodio sucedido entre los años 1932 y 1933 en la Cárcel Modelo de Madrid. Allá habían ido a parar jóvenes “rebeldes” del intento de sublevación militar del 1º de agosto de 1932, protagonizada en Sevilla por el general Sanjurjo. En enero de 1933 fueron ingresados en la misma cárcel algunos anarcosindicalistas pertenecientes a unos grupos que habían asesinado a varios guardiaciviles.

A unos y a otros les hicieron compartir el mismo patio, cosa que disgustó profundamente a los primeros, que mantuvieron con los recién llegados una agresiva distancia. Cuenta Peter Berglar, en su interesante biografía “Opus Dei. Vida y obra del Fundador Josemaría Escrivá de Balaguer” (pp. 133-134), que el beato Josemaría iba a visitar con frecuencia a aquellos jóvenes -sin que le preocupara “significarse” y ser fichado por la policía-; conversaba con ellos, en grupos o más personalmente y en el sacramento de la penitencia, siempre a través de la reja del locutorio de presos políticos, sin hacer distinción entre personas “de derechas” y “de izquierdas”. “En contra de las tendencias reinantes -dice el historiador- que pretendían obligar “en conciencia” a todos los católicos a apoyar un determinado partido, ponía de relieve que también los católicos tienen derecho a la libertad política, siempre y cuando permanezcan fieles a la doctrina de la Iglesia” (Ibid., p. 134)

Pues bien, como consecuencia de estas conversaciones, unos y otros decidideron jugar al fútbol juntos, en equipos “mixtos”, “y jugar con ilusión y con corrección, lo que, desde el punto de vista humano, daría mejores resultados que largas discusiones en un ambiente de disputa” (Ibid., p. 134).

Era vivir a la letra el punto 953 de Forja: “Cuando el cristiano comprende y vive la catolicidad, cuando advierte la urgencia de anunciar la Buen Nueva de salvación a todas las criaturas, sabe que -como enseña el Apóstol- ha de hacerse “todo para todos, para salvarlos a todos”".

“La propaganda cristiana no necesita provocar antagonismos, ni maltratar a los que no conocen nuestra doctrina. Si se procede con caridad -”caritas omnia suffert!”, el amor lo soporta todo-, quien era contrario, defraudado de su error, sincera y delicadamente puede acabar comprometiéndose. -Sin embargo, no caben cesiones en el dogma, en nombre de una ingenua “amplitud de criterio”, porque, quien así actuara, se expondría a quedarse fuera de la Iglesia: y, en lugar de lograr el bien para otros, se haría daño a sí mismo” (Surco 939). “No se puede ceder en lo que es de fe: pero no olvides que, para decir la verdad, no hace falta maltratar a nadie” (Forja 959). “El error no sólo oscurece la inteligencia, sino que divide las voluntades. -En cambio, “veritas liberabit vos” -la verdad os librará de las banderías que agostan la caridad” (Surco 842).

Los defectos nunca son un timbre de gloria o una manifestación de “personalidad”. Al revés, son manifestación de una personalidad defectuosa o deficiente. Por eso me parece que ganamos mucho cuando vamos desprendiéndonos de la arrogancia de postura o de la intemperancia de lengua, que si bien nos han llegado con la herencia, podemos vencer con nuestra personal libertad y la ayuda de Dios, que nunca falta.

Fuente: arvo.net

La importancia de los abuelos