¿Es tu relación de pareja tu producto estrella?

Hace unos años David Suriol y Miguel Janer publicaron un pequeño libro: Marketing de pareja aplicando las estrategias de marketing a la relación de pareja.
Estos autores recomiendan un buen análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades)te atreves a realizarlo? Aquí te dejamos unas pistas

1. Debilidades. Entendidas como aspectos que sabemos que son frágiles en mi relación de pareja. Así por ejemplo: Si yo que cuando llego a casa cansado/a no me gusta que nada mas abrir la puerta me comenten problemas, voy a decirlo para no hacer de esa entrada en el hogar solo un lugar en donde den cabida los problemas.

2. Amenazas. Son aquellos factores que precipitan que haya una mayor inestabilidad en la pareja. Así por ejemplo, si cuando hay algún tema dentro de la pareja que no me gusta tratar y yo lo esquivo continuamente; puede producir la sensación de no prestar atención a algo que es importante para la relación de pareja. Con lo cual podríamos acordar que determinados temas que nos agobian en lo que respecta a la pareja podemos plantearlos de forma abierta, en un momento concreto y después no volverlo a tocar una vez resuelto.

3. Fortalezas. Son aquellos aspectos que ambos sabemos que benefician a nuestra relación. Así por ejemplo: tanto a mi marido o a mi mujer o viceversa nos gusta hacer una actividad juntos y es lo que echamos de menos. Podríamos dedicarnos a recuperar eso que antes nos gustaba tanto.

4. Oportunidades. Son aquellos momentos que a veces se nos presentan y podemos servirnos de ellos para ver cómo va nuestra relación. Pues a veces dentro de mi relación de pareja considero que se me presentan ciertos momentos que desaprovecho. Así por ejemplo: cuando tenemos un rato juntos sin que estén nuestros hijos, u otras personas podemos charlar de nosotros, de lo que afecta a nuestra pareja en términos positivos.

Todo esto mantenido en tiempo, junto con sorpresas o momentos extraordinarios que podamos aprovechar es lo que enriquece la relación de pareja.

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¿Cómo afrontar las crisis conyugales?

En toda relación de pareja se viven en determinados momentos las llamadas “crisis” es cierto que estos momentos son difíciles en ocasiones, conseguiremos superarlas si en la medida de nuestras posibilidades nos ayudamos de pequeños consejos como los siguientes:

 Encontrar espacios para la comunicación en la pareja.
 Mantener actitudes de respeto y admiración mutuas.
 No rehuir de las dificultades y no insistir en las diferencias
 Dedicarse tiempo, paciencia y ternura.
 Cuidar la vida sexual en la pareja. Es necesario para el matrimonio pues es una dimensión que les une como pareja. Es propio también matizar que cada pareja vive distintos momentos evolutivos, en los cuales ambos tendrán que ir adaptándose.
 Establecer y respetar los “espacios personales”. En el matrimonio ambos son “una sola carne” pero no entendido esto como una fusión, sino que ambos se encaminan hacia un proyecto común pero que necesitan mantener sus distancias personales.
 Mantener un reparto equilibrado y flexible de tareas y roles. Los cónyuges atendiendo a sus cualidades es importante que distribuyan sus funciones.
 Fomentar la complicidad. Es muy importante abrirse a la intimidad aprender a ser compañeros de vida.

“La pareja no está constituida para restar; está para multiplicar en lugar de dividir, para tener más en cuenta lo que les une que lo que les separa” A. Polaino

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Las mentiras de Antonio

Antonio es un chico de 14 años, estudia 2º ESO, desde hace un tiempo a esta parte está siendo bastante mentiroso, no solo en el Instituto, también en casa los padres están bastan disgustados porque no saben muy bien qué hacer.

Cuando viene un caso como este lo más lógico es echarle la culpa al chico por su comportamiento. Sin embargo según lo que se va viendo en la terapia con la familia. Nos vamos dando cuenta cómo hay un castigo continuado sobre Antonio, su padre le da frecuentemente voces, y en alguna ocasión comenta que le llama “mariquita”.
Además Antonio tiene un hermano más pequeño de 4 años, que está en una edad que requiere mucha atención. Y así es según la madre, que opina que de alguna manera su hijo tiene celos de su hermano porque su padre pasa demasiado tiempo con él. Por otra parte en alguna ocasiones la madre y el padre tienen riñas entre ambos, la madre en ocasiones le desautoriza al padre y todo ello es en presencia de sus hijos
La situación familiar nos da entender que no es Antonio solo quien tiene un problemas, más que nada el es el portador de que algo está ocurriendo en casa para llamar la atención con sus mentiras.

Algunas cosas prácticas que nos valdrían son:

  • Favorecer que el padre tenga un acercamiento más afectivo con su hijo Antonio, que pueda hacer alguna actividad con él que les guste a ambos. Y ayudar al padre para reconocer a su hijo y mejorar su comunicación con él.
  • Por otro lado con la madre, ayudarle a que no desautorice al padre en presencia del hijo.
  • Y con el hijo ayudarle a estar más cerca de su padre. Fomentar su seguridad y reconocimiento.

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“Mi hijo ha llegado bebido”

Ante este tipo de situaciones es normal que cómo padres nos asustemos y pongamos el grito en el cielo cuando en alguna ocasión nuestro hijo llega bebido. ¿Qué hacer ante esto? ¿Existen soluciones o recetas como nos pide esta madre?

En primer lugar hemos de reconocer que la adolescencia marca un periodo evolutivo en donde nuestros hijos tienden a desmarcarse de los padres y no porque pretendan hacernos algún mal,  sino porque necesitan madurar su propia personalidad y comenzar a establecer relaciones con su mundo externo, en donde se encuentran principalmente sus amigos. Generalmente hoy muchos  adolescentes y jóvenes eligen como forma de diversión lugares a los que va todo el mundo o en donde uno se lo pasa “de miedo”. Estos lugares bien pueden ser discotecas light, bien que no lo sean, bien botellones, el caso es que lo padres no pueden controlar de una manera exhaustiva a donde van sus hijos aunque estos les comenten ha donde han ido, y después puedan mentirles o decirles cualquier cosa para que no se enfaden con ellos o les calmen. Ante todo eso como padres les queda la confianza. Este es el pilar fundamental en donde se asientan las relaciones entre padres e hijos. Los padres que han fortalecido su confianza, que les han dando seguridad, comprensión, etc., son padres
que ya tienen mucho trabajo hecho por delante.

A veces esta desconfianza del adolescente puede venir porque los padres no han ido “sembrando” o puede surgir como decíamos por tratarse de un cambio de etapa de la niñez a la adolescencia, que es lo más normal del mundo.

Pues bien el caso que nos presenta esta madre puede venir por algo relacionado con lo que estamos diciendo. Muchas veces el problema de drogas y alcohol no es el problema en si; ya decían los terapeutas sistémicos de que la manifestación de un problema en alguno de los miembros de la familia era signo evidente de algo más que tenía que ver con las pautas de relación familiar.

De esta manera comentar lo siguiente. Al parecer los criterios o límites con su hijo en cuanto al tema de la hora han sido vulnerados; así establecer las 12h como hora de llegada y no cumplirlo, hace pensar que su hijo primero esta vulnerando la norma, no obtiene ningún tipo de consecuencias por incumplir la norma y encima la norma la esta estableciendo él al volver cada día más tarde.

Por todo ello hablamos de que es esencial fijar y establecer normas entre padres e hijos que permitan sobre todo al adolescente obtener un marco de referencia interno al que a tenerse, fomentar su responsabilidad que tiene que ir adquiriendo como propio de la edad. Los límites a estas edades pueden ser por supuesto dialogados, flexibles pero que una vez pautados se cumplan para logran una coherencia y consistencia. Evitar en estas edades castigos infantiles, si
se pautan cómo decíamos las consecuencias que se obtendrán por incumplir las normas mejor que mejor, para obligar a reparar un daño o las consecuencias de los actos propiamente dicho para que el adolescente interiorice todo esto y no actue conforme a un posible castigo como si de un niño pudiera tratarse. Por lo cual la tarea consiste en alejarse del miedo de las amenazas para situarse en el plano de la comunicación.

Comenta esta madre lo de razonar… este vocablo a veces se menciona una y otra vez  entre los padres “es que no entra en razón “, “Es que no se puede con él “,… si partimos de esta premisa cerramos las vías de comunicación con nuestros hijos. Es mejor alentar a la comunicación positiva, escoger los momentos apropiados, escuchar que le ha sucedido, porque ha bebido más de la cuenta, (por curiosidad, presión, dificultades personales, etc). De esta forma les estamos permitiendo que se sientan escuchados y además  les ayudamos a reflexionar sobre lo sucedido.
Todo este tipo de preguntas no intentan juzgar a la primera de cambio y nos  ayudan a entender que también ellos pueden equivocarse perfectamente por las causas que fueren.

Y por último, esta madre comenta de si consultárselo a su marido. A veces la mentalidad de una madre tiende más a la protección, pensar que es mejor ocultar determinadas cosas a los padres porque sus reacciones pueden ser peores. Sin embargo no hay nada más nocivo para la propia pareja que nos aliemos con nuestros hijos. Y es que antes que padres, hay que tener claro que se es
pareja.
Ante lo cual visto lo visto es imprescindible que ambos padres estén compenetrados y compartan ciertos criterios educativos con sus hijos.
Y entre ellos lo dialoguen y lleguen acuerdos y que ante cualquier dificultad siempre lo hablen a solas y no se desautoricen en presencia de sus hijos u oculten cierta información sobre ellos.

 

Medidas que nos ayudan a prevenir el consumo de sustancias y alcohol:

- Ignorar la situación, o minimizarla
- Tomar una posición catastrofista y de temor que no aliente a la comunicación positiva con nuestros hijos.
- Tomar una actitud de confianza y diálogo frente a una constante vigilancia ante comportamientos de nuestros hijos
- Dialogar con él y ofrecerle información adecuada sobre el consumo del alcohol y otras drogas así como los efectos que estos producen. Resulta más eficaz hablarle de estos temas antes de que se detecte su uso. Como decíamosla adolescencia pide la búsqueda de nuevas sensaciones, aventura, etc y todoeste mundo asociado  a esto lo posibilita por lo cual después será más difícil intervenir.
- Proponerle alternativas de ocio saludable.
- Y ante todo fomentar la confianza en nuestros hijos. Mostrarles nuestro apoyo y cercanía.  Mantener siempre abiertas las vías de la comunicación.

 

 

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Noviazgo adolescente: ¿Qué hacer?

En el desarrollo evolutivo de los hijos, los padres sienten dificultades, asi lo es el caso de la adolescencia, pero no solo eso les preocupa ¿Que debo hacer cuando mi hijo o mi hija comienza  salir con alguien?

 

Tengo una hija de 17 años y quiere tener novio,incluso creo que ya lo tiene, yo no vivo con ellos porque estoy divorciado de la mama de ella. No me considero alcaguete pero creo que ella merece una oportunidad, doy gracias a Dios por mi hija porque es muy buena e incluso hace el papel de mama por que tiene que cuidar los hermanos mientras la mama siempre anda en la calle con el novio. incluso hasta altas horas de la noche. la mama le prohibe el novio, no por celos, sino porque terndria que estar en la casa los dias de visita. que puedo hacer no quiero que mi hija se revele porque ya escuche un comentario que cuando tenga 18 se va de la casa.. su ayuda es muy importante gracias… los felicito que manera de ayudar a las personas por medio de internet… reciban bendiciones

¿Qué podemos hacer? Los casos son muy distintos, pero algo nos puede servir lo que le contestamos a este lector.

Primeramente felicitarte porque se ve de tu preocupación como padre. Considero que es una situación difícil el relacionarte de la mejor forma posible con tu hija. Es algo común dentro de la adolescencia el sacar algo de rebeldía en casa, propio de alguien que esta formando su identidad. Cuando ocurre esto es normal que los padres se alarmen y con ello, que se relacionen con sus hijos desde el castigo y la negatividad. Lo primordial es que pueda hablar con su hija, escucharla, abrir la vias de comunicación utilizando un espacio apropiado en donde pueda confiarle sus preocupaciones. De alguna manera ella esta viviendo algo que es complicado para su edad, demasiada responsabilidad y negatividad en casa.

 

Si te preocupa este tema: envíanos tus preguntas a mcarmengr@psicovinculos.es

 

“Me he enamorado de una antigua novia”

 

Antonio era un chico de 35 años, estaba casado con María y hacía poquito que habían tenido su primer hijo, acudió a la consulta de psicología por problemas de ansiedad, por no encontrarse bien ni personalmente ni profesionalmente. Su historia podría ser algo común hasta aquí. Pero comenzó a contarnos como estaba viviendo un malestar con su mujer en la relación de pareja, porque se había enamorado de una chica con la que mantuvo hace unos años atrás una relación de pareja. Esta última no quedo cerrada y por lo cual se reactivo cuando un día puntual sus vidas se volvieron a encontrar.
Antonio estaba sintiendo con mucha intensidad sentimientos de enamoramiento que tienen que ver con las primeras etapas de una relación de pareja. Ya que cuando uno sigue hacia delante con ella, los sentimientos pueden ser menos intensos y aparecen otras claves que nos ayudan a desarrollar una madurez en el Amor.
Su caso resultaba complicado porque no puedes convencer durante la terapia a una persona de algo que no ve. Fue más que nada un proceso de acompañamiento y de favorecer unas claves para que ambos vieran como había algo dentro de su matrimonio que estaban olvidando, que no era exclusivamente un problema de Antonio o de María su mujer, sino de ambos. Estaban descuidando una parte que tiene que ver con el cuidado de su pareja, y a su vez quizás estaban entrando en una etapa nueva, que le señalaba su paternidad y necesitaban hacer algunos reajustes en sus vidas. Estaban viviendo unos cambios que son evolutivos pero con dificultad.
Finalmente pudieron volver juntos.

En este caso las claves que sirvieron en la terapia fueron:

  • Las habilidades sociales como terapeuta: la escucha, la empatía y la aceptación incondicional.
  • Favorecer no tomar decisiones premeditadas: “En tiempos de desolación no hacer mudanza”.
  • Hablar con los dos miembros de la pareja por separado al principio y después juntos.
  • El acompañamiento terapéutico para ayudarles en la reflexión sobre las dificultades. Una película que se le les recomendó fue “aprueba de fuego”. (os incluimos un video sobre ella).

 

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Sí, hablemos de sexo


La táctica del silencio en estos temas es siempre deplorable.

El hecho de que se plantee una cuestión es señal de que está ya en edad de contestarle.

Deben acertar a captar ahora, cuando todavía no está despierto en ellos con toda su fuerza el instinto sexual, la naturaleza de ese amor humano.

Los niños ya desde pequeños muestran curiosidad por las cosas relacionadas con el origen de la vida y suelen hacer preguntas en este sentido. Y son los mayores quienes a veces pueden proyectar lo turbio de su propia sexualidad en la pregunta del niño o la niña, en la que no hay sino curiosidad sencilla, pasmo, sorpresa o, como mucho, ligera picardía.

Si los mayores no obran con naturalidad, los chicos cazan al vuelo que en su pregunta hay algo raro, que no se les contesta de la misma manera que otras veces, e incluso que no se les contesta. Entonces la curiosidad aumenta, y como ven que en sus padres no van a encontrar respuesta adecuada, preguntan por otro sitio. Y les llega el descubrimiento a través de otras personas que, casi siempre, lo hacen de forma torcida, maliciosa, causándoles una impresión que será difícil borrar y que, en muchos casos, puede influir negativamente en su futura vida afectiva y moral.

¿Cómo se logra la naturalidad?

La educación sexual es algo que debe darse fundamentalmente en casa, que compete en primer lugar a los padres. Una tarea en la que –se trate de un chico o de una chica– ni el padre ni la madre deben desentenderse.

No importa que no seas un gran orador ni un gran experto. Eres su padre, o su madre, y eso es lo importante, porque a los padres corresponde dar una respuesta –clara y a tiempo– en esas cuestiones. Además, no es tan difícil. Hay que documentarse un poco, quizá leer algo sobre el tema, pedir consejo, y… lanzarse. Te saldrá mejor de lo que imaginas.

Lógicamente, será mucho más fácil si has sabido ganarte la amistad y confianza de tu hijo. De todas formas, si no estás muy satisfecho a este respecto, quizá sea ésta una buena ocasión para empezar a resolverlo, porque hablándole de cosas serias, que le interesan, aumentará tu confianza con él o con ella. Puede ser un paso importante en ese afianzamiento de vuestra amistad.

Ponerse a su nivel

Hay que saber ponerse a su nivel, contestar a todas sus preguntas, y facilitarles que hablen con confianza. A esta edad están muy receptivos ante estas cosas, y muy interesados. No rehuirán –al contrario– una conversación orientadora al respecto.

Como se trata de algo muy vinculado al mundo afectivo de cada persona, es preferible tratarlo de modo individual. Y cuando hay que entrar en más detalle, nadie mejor que papá para explicar todo al chico, con palabras que entienda, y mamá a las niñas. De uno en uno, a la edad adecuada y con naturalidad.

No seas ingenuo: es mayor de lo que parece

Es curioso observar con qué facilidad algunos padres olvidan su propia infancia y consideran a sus hijos almas cándidas e ingenuas, libres de todo peligro o tropiezo. Son quizá poco conscientes del desarrollo sexual de sus hijos y de cómo han cambiado las cosas en los últimos años.

No hay que olvidar que se ha pasado en poco tiempo de una época en la que se daba muy escasa información sexual, al extremo contrario, en el que es raro encontrar un chico o una chica de esta edad que no haya contemplado en la televisión o por la calle escenas que sin duda le habrán impresionado bastante y le habrán abierto muchos interrogantes.

Hay que lograr que pregunten, y que se lancen a hablar con claridad. No hay miedo de que pregunten algo inconveniente: sienten curiosidad y se plantean preguntas precisamente sobre los temas que conviene aclararle a cada edad.

Ojo a la terminología

Un primer problema es que puedes emplear palabras que ellos no entiendan. Háblale con precisión, sin evadirte, y sin faltar a la verdad.

Empieza por traducirle el argot a términos más correctos y todo irá mejor. Procura emplear desde el principio las palabras que se emplean en anatomía y fisiología para determinar los miembros y actos relacionados con el sexo. Cuando lea u oiga hablar sobre estas cuestiones, le alegrará comprobar que desde el principio ha sabido bien las cosas, que no le han ocultado nada y ya lo sabía todo, incluso con las mismas palabras.

El síndrome del manual de instrucciones

Hemos dicho que hay que hablarles con verdad, a fondo, y empleando los términos más exactos que sea posible. Pero no es cuestión sólo de explicarle todo de modo aséptico, como si fuera una información técnica, haciendo las veces de una enciclopedia.

Tan grave sería el angelismo de las explicaciones irreales e ingenuas, como el error opuesto, que se limita a un biologismo puramente científico, como quien hablara de la síntesis de la glucosa en el hígado o de la circulación de la sangre: es evidente que estos temas requieren un tratamiento distinto.

No podemos reducir la formación afectivo-sexual a leerle un manual de instrucciones sobre la facultad generadora. Para eso hace falta poco ingenio. Hay que hacerlo –por supuesto–, pero reducirse a eso sería olvidarse de la trascendencia de su maduración afectiva, por la que llegará a ser dueño de sí y aprenderá a comportarse correctamente en sus relaciones con los demás. Lo que requiere arte y tiempo es formar correctamente, no simplemente informar.

Visión de futuro

Tampoco está de más pensar ya en prepararle para el amor matrimonial. Quizá al lector parezca extraña semejante afirmación. ¿Hablar ahora del amor matrimonial a un chico o una chica que no ha llegado siquiera a los doce años? La razón es la misma de siempre: aunque es algo que concierne de modo más directo a edades superiores, un tratamiento excesivamente tardío o ingenuo de estas cuestiones tendría luego difícil arreglo.

PARA PENSAR:

No es recomendable recurrir a la fábula –hablar de cigüeñas, de que los niños vienen de París, o historias semejantes– para escapar de las dificultades que lleva consigo la educación sexual. La naturaleza humana aspira a la verdad y el niño o la niña, por pequeños que sean, tienen derecho a ella.

No podemos reducir la formación afectivo–sexual de los niños a una instrucción sobre el comportamiento fisiológico de los órganos sexuales, como si se tratara de una simple información biológica sobre el aparato sexual masculino y femenino y de su funcionamiento, y de cómo se origina el ser humano, o cómo nace.

Debe prestarse una gran atención a la educación de la afectividad, de modo que –a pesar de su corta edad– puedan ir intuyendo la naturaleza del amor humano: cómo dos seres humanos dan y reciben amor, y cómo el sexo pertenece a la intimidad humana y que debe ejercerse en el marco de una donación personal.

Y ACTUAR:

¿Cuándo? Hay que aprovechar las ocasiones más favorables, que de ordinario se presentan cuando hace preguntas sobre estos temas. Siempre hace preguntas que pueden dar lugar a entrar en materia, salvo que le retraigas de hacerlas por culpa de la parquedad de tus respuestas o por el aire de misterio que pones. Busca la ocasión oportuna. Y si parece que la ocasión oportuna nunca llega, ten en cuenta que se puede crear la oportunidad.

Fuente: Interrogantes.com

7 Principios para educar a los hijos en el uso de las nuevas tecnologías


Los adultos de hoy no tuvieron que recibir charlas de sus padres acerca de los peligros que podían encontrar en la web, o de los virus que allí circulan, o del comportamiento que hay que asumir frente a las redes sociales, o del peligro de entablar conversaciones virtuales con extraños. Pero los papás de hoy se ven cada día más obligados a prepararse mejor, a actualizarse y a estar informados sobre las múltiples realidades que se viven en el entorno de sus hijos para brindarles las lecciones adecuadas.

Las nuevas generaciones han nacido junto a la tecnología, acceden muy pronto a la web, a las redes sociales, a los chats, a los juegos on-line. También avanzan al ritmo vertiginoso con que lo hace el mundo tecnológico; indudablemente aprenden con mayor facilidad. Estamos hablando entonces de niños que están expuestos a un universo sin fronteras a tempranas edades, que tienen el mundo a sus pies con sólo un clic; lo cual representa una gran cantidad de beneficios, pero al mismo tiempo, algunos riesgos que hacen perentoria la orientación de los padres.

Para ello hemos recopilado en estos siete puntos, los principios a los que deben recurrir los padres para facultar a sus hijos en el buen uso y manejo de las diferentes posibilidades que ofrece la web.

1. Tomar parte activa

Es frecuente encontrar que algunos padres se consideren “invalidados” en estos temas de tecnología y se escuden en pretextos facilistas como por ejemplo que nacieron en otra época o que nunca podrán lograr el conocimiento que tienen los chicos de hoy. Esta actitud pasiva puede conducir a riesgos inevitables que lamentarán más tarde, pues dejar solos a los hijos en este camino, es un gran error.

Urge que los padres se empapen de todo este universo virtual, que conozcan en cabeza propia qué es un chat, una red social, un correo sospechoso, un juego on-line que parece confiable pero que lleva a insinuaciones nocivas, una página web pornográfica que aparece en medio de una sana búsqueda de una tarea escolar. Recordemos que hay tantos peligros en las calles, como en las computadoras. Por eso no está de más actualizarnos en el uso de filtros y bloqueos que garanticen que nuestros hijos no tengan acceso a determinadas páginas.

2. Llegar a tiempo

Los padres sabemos que hay temas “obligados” en la formación de los hijos (educación sexual, drogas, alcohol, amigos, proyecto de vida, etc.) en los cuales somos los primeros educadores. Pero el uso de las nuevas tecnologías también ha tomado un lugar en este grupo de conversaciones que requieren abordarse a tiempo.

No es la intención demonizar ni tachar de maléficas las herramientas tecnológicas, pues queramos o no, éstas hacen parte de su vida y en la actualidad, también de la nuestra, con todos los beneficios que esto representa. Lo que se debe hacer, es presentar a los hijos el repertorio de situaciones con las que pueden toparse en la web y ponerlos en situación de “pensar” qué podrían hacer o como deberían actuar, para juntos establecer pautas. Lo anterior es saludable porque no sólo los entrena gradualmente en la toma de decisiones y de postura crítica frente al ambiente, sino que les hace saber que no están solos, que los padres estamos ahí para acompañarlos, antes de que ellos se vean envueltos en situaciones que no tienen la madurez para resolver.

3. Mejor educar que prohibir

Lo prohibido se convierte en tentación; es una realidad irrefutable. Además sería ilógico y contraproducente prohibir el uso de la computadora a un niño en pleno siglo XXI, cuando son tan estupendas las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías.

Lo anterior saca de nuevo a relucir la importancia de “educar” en el uso de estos medios, de brindarles a los hijos el acompañamiento y los instrumentos necesarios para hacer de la tecnología una aliada de la formación y del sano esparcimiento.

4. Lo bueno y lo malo en el mundo real, también lo es en el mundo virtual

Esto es obvio, porque el internet al ser una invención humana tiene todo lo bueno y lo malo que ha producido la humanidad. En este punto podemos apoyarnos en una de las armas educativas más poderosas que tenemos y que tienen nuestros hijos, que es la conciencia. Esa voz interior que nos dice que algo está bien o mal.

La privacidad y el derecho a la intimidad por ejemplo, son válidos en lo real y en lo digital. ¡Internet sí que tiene memoria! Todos sabemos que difícilmente se borra lo que allí queda consignado sobre una persona.

El mismo criterio se aplica a la correcta expresión de nuestras ideas y a todo lo que tenga que ver con nuestra libertad personal. Al igual que en el mundo real, las apariencias en la red pueden ser engañosas, aunque más difíciles de desenmascarar. Hay que explicar a los hijos que muchas veces creemos que el mundo virtual ofrece libertades personales que no se pueden tener en el mundo real, como es mentir acerca de la identidad, pero en últimas, al igual que en la vida real… ¿Quién engaña a quien? ¿Son esas las relaciones personales que gratifican y que te hacen mejor persona?

5. Enseñar el concepto de privacidad y el cuidado de sí mismo

Además de tomar medidas en casa para controlar el uso del computador, y de no ubicar estos aparatos dentro de las habitaciones de los niños, se debe educar en valores y virtudes que harán de los hijos personas maduras y autónomas, pues está claro que los padres no pueden estar controlando qué hacen sus hijos en todo momento. Un claro concepto de la privacidad, del pudor y del cuidado de sí mismo, son claves para que los hijos aprendan a desarrollar su criterio propio.

La meta es lograr que los hijos puedan identificar cuándo hay una situación de riesgo y el momento de abandonar esa conversación o esa acción perjudicial.

6. Promover la autoestima

Estimular en los niños la autoestima, les ayuda a tomar decisiones asertivas, a desenvolverse con seguridad, a expresar adecuadamente sus sentimientos, a tener el valor suficiente para enfrentar dificultades; todo esto hace que disminuyan las probabilidades de caer en circunstancias adversas.

La seguridad en sí mismo y la propia valoración se logran entre otras, gracias al ambiente familiar positivo y sólido en el que se desarrollen los seres humanos.

7. Generar confianza y vías de comunicación

Para finalizar, uno de los principios cardinales en la educación: el diálogo. Nada más fructuoso que una relación de confianza entre padres e hijos, que goce de líneas abiertas de comunicación, de forma que cuando algo ocurra, los hijos tengan pleno acceso a sus padres.

Cuando los niños callan, puede deberse a la falta de confianza que hay en la relación con sus padres o al temor de recibir reproches, en lugar de amor y comprensión.
fuente: lafamilia.info

EN LA PAREJA SE PUEDE NEGOCIAR

Todos los días tienes que elegir, te ves en la necesidad de coger algo y dejar algo; te ves en la necesidad de ponerte de acuerdo, de coordinar con quiénes compartes la vida, ya sea en asuntos importantes como en cosas que no lo son tanto. El hecho es que vives en función de acuerdos tácitos y pactos de convivencia, muchas veces imperceptibles, pero concretos. Y si bien el término “negociar” no goza de muy buena prensa, aprender a hacerlo es la clave para llevarse bien y garantizar relaciones más satisfactorias, en todos los aspectos.

(Cuento con que se parte de la base que uno está convencido de querer vivir en pareja, de que se quiere aprender a vivir en pareja.)

¿Es verdaderamente necesario hacer una larga lista de renuncias para asegurar una relación duradera? ¿Implica que tengas que posponer indefinidamente tus deseos?. ¿Es cierto que para llevarse bien, tienes que dejar pasar una y otra vez todo lo que te molesta de tu pareja o de tus hijos? 

El tema es que si es perfectamente esperable que tú te ocupes de las personas queridas, también sucede que también eres tú quien siempre deja de lado sus necesidades o el/la que siempre se calla la boca para evitar una discusión, a la larga terminarás por no sentirte bien, por experimentar un gran amargor de boca, un mal sabor que te llevará a cuestionarte asuntos que hasta el momento creías incuestionables. Un buen día se te “ llenará la copa” y buscarás cambiar de posición y plantearás todo tipo de reproches y discusiones; es tan fácil como ver que vas a ¡EXPLOTAR!

Existe una forma más efectiva para conseguir que todos los vínculos sean más satisfactorios y equitativos y se llama negociación y tiene sus secretos. 

Negociar, es un proceso de conversaciones mediante el cual las partes involucradas intentan lograr acuerdos cuando surgen intereses opuestos y deseos que no convergen en intereses. También es una elaboración, por lo que lleva su trabajo y esfuerzo personal no carente de, al mismo tiempo, una gran dosis de voluntad individual.
(Todo lo que merece la pena se consigue con grandes dosis de esfuerzo)
La infinidad de intereses que tiene cada persona genera diferencias que tienen que ser resueltas de algún modo para poder convivir. Sin embargo, no existe ninguna situación que no pueda remediarse. La experiencia clínica me ha demostrado que ante verdaderos problemas de comunicación que eran “casi irreparables”, y si aún existe el amor (recordemos que como sentimiento puede cambiar y extinguirse) era cuestión de que básicamente se creara el propósito de querer aprender a plantear lo que realmente quieres.

CLAVES: 
· Ponte a la misma altura que el otro. Entiende que tú eres tan valioso como los demás. Defiende tus deseos. Para poder ocuparte de los demás, primero tienes que encargarte de ti mismo/a (esto no es egoismo)
· Abandona a tiempo la discusión. Saber emprender correctamente la retirada no es un signo de debilidad sino de fortaleza. 
· Visualiza alternativas y sugiérelas. En la medida de lo posible trata de ser amable: “¿qué pasaría si…?”; “me gustaría que…”, estas frases permiten abrir el diálogo y el intercambio de opiniones (la agresividad genera agresividad)
· Acepta el no. El hecho de hacer un reclamo no significa que será atendido inmediatamente. Sin embargo, eso no debe ser una excusa para dejar de plantear lo que tú necesitas. Poder comunicar lo que deseas es un paso vital para aprender a negociar. 
· Escucha sin interrumpir. De este modo le permitirás al otro expresarse y también podrás exigir ser escuchado/a si interrupciones.
· No amenaces ni desacredites a los demás. No olvides que tu objetivo no es destruir al otro, sino ejercer un derecho legítimo. Y no olvides que las acusaciones cierran las puertas. 
· Evita el chantaje. La extorsión afectiva es la estrategia de los débiles. Establece cuáles son tus derechos.
· No des nada por sentado. Descarta pensamientos como:” él debería saber que…”; “ya sé lo que va a responder…”, ” yo estoy segura de que él…”. (Normalmente el curso de adivino aún no está disponible, creo)
· Conversa sobre un tema puntual. Si uno se va por las ramas, no centra el dialogo sobre lo que le interesa, genera dispersión y gran malestar.
· No quieras tener siempre la razón. No hay nada más desagradable que tener a una persona testaruda enfrente de uno. 
· No pases facturas. No lleves las cuentas de cada cosa buena que tú haces o de los errores que él comete.

Ninguna pareja, por más enamorada que se sienta, está libre de discusiones y problemas. La clave para salir airosos está en la capacidad para abordar, resolver y negociar sus conflictos. ¡Y se puede! 
Se puede tener afinidad en valores, abrazar objetivos de vida compartidos, compatibilidad sexual y provenir de familias relativamente similares; pero si a la hora de discutir, desafiando la convivencia, la pareja no es capaz de asumir con madurez las dificultades ni tiene capacidad de llegar acuerdos, probablemente estén destinados al fracaso.
Esto se vuelve fundamental, sobre todo, en períodos críticos como la etapa de organización del matrimonio y en el tiempo de recién casados en que comienza el “ajuste” a esa nueva vida, pues marcará la pauta de cómo se relacionarán y trabajarán el tema a futuro. Tampoco olvidemos que en los ciclos evolutivos de la pareja existen luces y sombras y es en estas situaciones cuando es conveniente sacar los recursos que cada uno tiene, aprendiendo asertividad, empatía y respeto. Un Orientador familiar, un terapeuta, puede conduciros por este camino para que se consiga estabilizar la relación que tal vez solos no se sea capaz de afrontar.

Una observación tan importante como las anteriores es dejar de lado algo tan peligroso como el rencor. Se hace necesario, pues, en las primeras sesiones de orientación, “bajar la intensidad emocional” de los clientes. ¡Ahora podemos comenzar!

Juan Jose López Nicolás
ASOCIACION CONVIVENCIA FAMILIAR RINCON DE SECA
http://terapiayfamilia.blogspot.com

La familia de origen

Si nos fijamos, en realidad todos somos, hemos sido, y seguimos siendo hijos; da igual la familia en la que nos ha tocado vivir que nadie nos dijo como realmente teníamos que ejercer nuestra profesión de hijos. Siempre vendremos de un origen no nacemos de la nada, y nuestras familias nos van marcando una serie de pautas, nos gusten más o menos. La cosa se complica cuando como hijos somos padres; total que no era ya difícil el asunto como para liarlo aún más.

Siendo esto así, se ve en demasiadas ocasiones en terapia de pareja como las dificultades en su relación se le suma las de las familias de origen. Siempre que una nueva pareja se funda se suele insistir mucho que es necesario y fundamental que ésta cree su propia comunidad, su propia familia.

Por otro lado las respectivas familias de origen deben saber que a la pareja ha de concedérsele prioridad. Cada uno viene de familias distintas y cada familia tira de un hijo en muchas ocasiones tomando parte en sus problemas. En esos momentos no es que las familias respectivas se mantengan al margen sino que tienen que considerar que la mejor ayuda o apoyo no es tomar parte en sus decisiones o resoluciones, hablar airadamente de uno o de otro, porque su hijo es su hijo y el otro miembro de la pareja siempre será el responsable de sus problemas. Considerarlo de esa manera significara un embrollo familiar en donde por una lado la familia no este ayudando de esta manera a la nueva pareja para constituir su propia familia y por otro lado los hijos no hayan resuelto sus propias complicaciones con sus respectivas familias de origen y así construir una nueva base familiar. Y es que en palabras de una terapeuta de familia “las crisis de pareja tienen que ver muchas veces, con no haber podido resolver los cónyuges sus dificultades en sus propias familias extensas y repetir patrones disfuncionales en ellas” (Pérez- Díaz Flor, 1994).

Pero también rechazar a la familia de origen o no tratarla de forma adecuada no conduce a nada o mejor dicho sí que conlleva a un gesto de desavenencia dentro los miembros de la pareja: “por que tu hermano me dijo…” “tu padre está equivocado…” estos comentarios nos dañan como hijos, porque no olvidemos que son nuestra familia, y la defenderemos a ultranza a pesar de que no nos guste lo que vemos, pero han sido y serán nuestra base, en donde nos hemos criado.

Por eso mismo las relaciones con la familia extensa, suegros, cuñados, etc. sí que deben ser cuidadas y bien gestionadas, porque por desgracia son muchas las parejas que tropiezan en esta materia. Ayudarse mutuamente la pareja a facilitar un buen trato con los suyos, revierte en más felicidad para su relación. Es fundamental saber que son amores muy distintos y perfectamente compatibles. Y por eso mismo ambos amores merecen reconocerse y recibir un buen trato.

Mª Del Carmen González Rivas

Centro de Atención psicológica y familiar vínculos

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