Mujeres y hombres que huyen al matrimonio: ¿qué les genera el miedo?

Si bien es cierto que tomar la decisión de casarse puede generar un temor natural, en algunos casos, este paso cuesta más dificultad de lo normal y hasta se podría hablar de ciertas patologías al respecto. ¿Qué orígenes tiene el miedo al compromiso matrimonial?

Es comprensible la mezcla de sentimientos que se producen frente al matrimonio. Por un lado, hay una “separación” con la familia de origen, y por otro, se concentran una serie de incertidumbres y expectativas sobre la nueva forma de vida, a pesar que el amor es un ingrediente existente entre la pareja. Pero de ahí, a pasar a un grado mayor de nerviosismo exagerado hasta el punto de perder a la persona amada por no ser capaz de adoptar un compromiso, es ya un nivel superior de miedo que debe superarse antes de que surjan daños en las personas implicadas.

Detectar el origen

Para lograr superar esta dificultad, se debe hallar el porqué del miedo, alguna circunstancia interna debe ser el elemento generador. Bajo la premisa que el amor no es el causante del temor, las siguientes podrían ser algunas raíces:

  • Modelos cercanos:es cuando la persona se crió bajo un hogar desunido lleno de conflictos, de padres separados o ausentes, que la hacen pensar que todos los matrimonios son como ese modelo que vivió de cerca y no quisiera repetirlo. También pueden ser comentarios constantes de amigos que fracasaron en su relación matrimonial.
  • Experiencias pasadas: cuando se han presentado noviazgos previos conflictivos o traumáticos, es posible que se haya cimentado una aversión a las relaciones formales de pareja.
  • Inseguridades: por lo general, las personas que se les dificulta tomar decisiones -cualquiera que sea-, tienen baja autoestima, no reconocen sus capacidades y permiten ser dominados por las inseguridades, volviéndose más frágiles y débiles ante situaciones que generen compromiso. Por eso es común que este tipo de personas huyan o eviten responsabilidades, como es el matrimonio, la familia, una oferta laboral, proyectos de vida, ayudas económicas, etc.
  • Egoísmo: en el matrimonio hay que ceder a las propias apetencias para dejar a un lado el “yo” y construir un “nosotros”. Indudablemente es un trabajo de negociación delicado de los cónyuges, pero no es irrealizable. Sin embargo, estas personas que temen en extremo al matrimonio, no se sienten capaces de renunciar a sus gustos, exigencias y preferencias que se requieren en la convivencia, y ponen en primer lugar su bienestar negando la posibilidad de compartir con otros.
  • Apego a la familia de origen: puede ocurrir que exista una relación de apego con los padres que haga más complicada la conformación del nuevo hogar. Muchas veces esta presión por no abandonar a los padres, es ejercida por ellos mismos de manera inconciente. O también se pueden presentar factores adicionales dificultosos que afectan el panorama del novio(a), como son los casos de enfermedades de los padres, aprieto económico o viudez, los cuales aumentan trabas a la decisión.
  • Incapacidad de asumir compromisos: especialmente si son para toda la vida. Algunas personas temen comprometer el futuro en una decisión de hoy.

¿Cómo superar este miedo?

Depende de la raíz que ocasione el problema. El acompañamiento de un sicólogo sería recomendable para casos más graves, para otros sin embargo, basta con seguir las sugerencias que se proponen a continuación:

Causa Plan de acción
Modelos cercanos Identificar si los temores son propios o adquiridos, es decir, si se originan por experiencias personales vividas de cerca o provienen únicamente de comentarios de agentes externos. En el primer caso, hay que tener presente que cada matrimonio es diferente, el hecho que los padres o familiares cercanos, hayan tenido dificultades en su relación conyugal, no quiere decir que se tenga que repetir la historia; “cada uno se labra su propio destino”. En el segundo caso, elija entre las personas que tiene a su alrededor, un referente de matrimonio que admire y desearía que el suyo fuera así; estos patrones positivos, sirven de inspiración y ejemplo para su propia vida.
Experiencias pasadas Hay que sanar primero las situaciones pasadas para comenzar una nueva etapa. Tampoco se puede generalizar, las personas y circunstancias son distintas.
Inseguridades Hay que recuperar la autoestima, potencializar las fortalezas y ejercitar la toma de decisiones en la vida diaria. Proponerse metas, medirlas y cumplirlas, no importa el propósito (hacer ejercicio, llevar una dieta saludable, ser más paciente, organizar los papeles pendientes, etc.), lo importante es llevarla a cabo.
Egoísmo Cambiar de un día para otro y más cuando es un hábito adquirido quizá desde la infancia, no es viable, hay que comenzar un proceso e ir de a poco. En cuanto al egoísmo, hay que comenzar a ceder ante algunas circunstancias cotidianas, por ejemplo, acceder a realizar una actividad que la pareja quiera, ver el programa de televisión que todos deseen ver en lugar de irse para la habitación, compartir con personas necesitadas tiempo, víveres o dinero.
Apego a la familia de origen No hay que escoger entre el uno o el otro, ambos, familia y cónyuge, pueden simpatizar al mismo tiempo. Los papás seguirán siéndolo hasta la eternidad, así que por ese lado hay un parte de tranquilidad. Si existiesen algunas dificultades adicionales, es importante continuar con el rol de hijo(a) y apoyarlos en lo que más se pueda, pero tampoco renunciar a los propios proyectos de vida. De igual forma, el hijo(a) no va a solucionar el problema si vive bajo el mismo techo o no con su familia de origen.
Incapacidad de asumir compromisos Es probable que no se haya desarrollado la madurez y el grado de responsabilidad que se requiere para asumir compromisos serios. Habrá que iniciar todo un proceso de cambio.

Por último, hablar con la pareja, expresarle sus miedos, planear su vida futura, y crecer juntos, puede resultar más efectivo que cualquier otro tratamiento sicológico

LA SOMBRA: La dificultad de amar y ser esposos La crisis de la fidelidad.

 

Son muchas las heridas que dejan las tragedias familiares. Asistimos a un dramático incremento de los divorcios, de la violencia en las relaciones humanas, de la debilidad y del miedo al compromiso.

Uno de los motivos principales de la crisis actual de la comprensión del matrimonio como entrega, reside en el olvido en muchos cristianos de la vocación bautismal, y de aquí procede el hecho de no entender el matrimonio como un auténtico camino de santidad. Desgajado del bautismo como elección primera y radical de Dios, todo se centra en la elección humana que pasa a considerarse la medida del matrimonio. Según esta concepción, el matrimonio sería una institución simplemente “natural”, en todo caso, ajena a lo genuinamente cristiano. Es como si se hubiera querido bendecir el matrimonio “desde fuera” como si necesitara un permiso divino para ser aceptable.

Es un caso paradigmático de la separación entre fe y vida que afecta a tantos cristianos con efectos desastrosos para la fe (VS, 88).

Fijémonos en un aspecto concreto de esta dificultad de amar:

La crisis de la fidelidad. Esta crisis se presenta como la incapacidad de dar continuidad en el tiempo a lo que implicó en su vida el acontecimiento gozoso del afecto; cada vez es más raro encontrar un amor capaz de durar en el tiempo, de construirse un hogar y una morada habitable. Aquí tiene cabida la llamada interpretación romántica del amor, cuya verdad propia se mide exclusivamente por su intensidad, lo que interesa es el estado afectivo del momento, perdiendo su valor en cuanto promesa de una comunión. Se pone el acento en el propio estado de ánimo y no en la construcción de una vida.

Esta crisis de la fidelidad es la conclusión lógica de un individualismo, donde predomina el egoísmo, el “yo” y el “yo”, en el que la persona es incapaz de encontrarse y de darse al otro; es por eso una crisis del amor.

LA LUZ: Ser esposo: encontrar de nuevo la capacidad del don de sí.

Todos podemos reconocer en nuestra misma experiencia las conocidas palabras de Juan Pablo II al referirse que nadie puede vivir sin amor. Nuestros jóvenes sólo llegarán a comprender lo que son y a descubrir un sentido para su vida cuando se les revele el amor, cuando se encuentren con él, cuando lo experimenten y lo hagan propio, cuando participen en él vivamente.

Pero centrémonos ahora no en el amor recibido que hemos analizado antes, sino en el amor que se entrega: Ser esposos.

Hay algo más que me constituye que el ser hijo, la identidad humana no se agota en este primer hecho. El sentido de mi propia identidad me proyecta a una plenitud que no sólo recibo, sino que también construyo. La plenitud de la propia vida no se descubre verdaderamente sino en un don de sí, en una entrega personal.
“El hombre que es la única criatura en la tierra que Dios ha querido por sí misma, no puede encontrarse plenamente a sí mismo, sino en el sincero don de sí” (Gaudium es spes, 24).

Hemos de ir ofreciéndoles las “herramientas” necesarias para que vayan construyendo y alcanzando su propia plenitud en la unidad de dos. En esta “unidad de los dos”, los esposos estamos llamados desde el principio no sólo a existir “uno al lado del otro”, o simplemente “juntos”, sino que lo somos a crear una comunión de personas llegando a ser una sola carne. Aquel amor recibido ahora quiere ser entregado mediante el “ser para”, en el sentido de la entrega y no sólo de la elección de un proyecto.

Ramon Acosta Peso – Master CC Matrimonio y Familia – 3 hijas

fuente: bpf.laiconet.es

Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?

Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?
Una teoría que es cada vez teoría y menos práctica…que en la vida no es importante tener, ni siquiera haber tenido, lo más importante es ser y no sólo ser, sino aspirar al BIEN y a ser auténtico, compartido y comprometido
 
Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?
Amor por contrato: lo más importante es ser… ¿Ser quién?

Amor por contrato es una cinta que relata la llegada de unos nuevos vecinos a la ciudad. Kate y Steve podrían parecer un matrimonio y una familia normal, si no fuera porque apenas se instalan en su nuevo hogar, deslumbran a todo el vecindario con una vida llena de comodidades, lujos, una relación aparentemente perfecta y todo aquello que una sociedad de consumo pudiera desear.

No sólo Kate y Steve tienen una personalidad atractiva y amigable: sus hijos también se convierten inmediatamente en los más populares de la escuela. La nueva familia parece tener un “imán” que atrae y sorprende a todos los que conviven con ellos, haciéndolos sentir como si hubieran encontrado a los mejores amigos.

Pronto todos en el vecindario querrán poseer todo lo que esta familia consume sin saber que los Joneses, no son más que un experimento mercadológico para elevar las ventas de ciertos productos y precisamente han llegado a la ciudad a cumplir con ese objetivo.

Amor por contrato es una película que tiene un tono cómico, que en el fondo plantea con humor satírico la realidad dramática de una sociedad de consumo, que no aspira a otra cosa más que a tener y obtener todo lo que en “apariencia” le dará felicidad.

Una cinta que puede hacer reflexionar sobre el dramático vacío existencial que se genera en una sociedad que ha puesto todo su empeño en el tener, en el placer y en el exceso de límites o en la carencia de principios.

Entremezclando una dosis de humor, romanticismo y en cierta manera una crítica social, esta película retrata el absurdo mecanismo de vida, muy actual, basado en el hedonismo, consumismo y relativismo, del que muchas veces formamos parte inconscientemente, y que no puede llevar a otro destino más que al caos, el vacío y la autodestrucción.

Un relato que refleja de alguna manera el drama del vacío existencial de una sociedad que se deja llevar por el espejismo de creer que la felicidad depende del éxito, la fama o la popularidad que se tenga. De una sociedad en la que la verdad de las cosas depende de la conveniencia y de la utilidad que me aportan y que cifra en el placer y comodidad a toda costa, el ideal de vida.

Amor por contrato es un relato que podría parecer exagerado y absurdo, pero que no hace otra cosa que revelar el auténtico absurdo de la sociedad actual, en donde los valores y principios se subordinan al “capital político” de unos cuantos y la ley se acomoda a nuestro antojo y conveniencia. En donde las relaciones entre personas se miden por la competitividad y la popularidad y en la que el objetivo a alcanzar, es tener un auto a la moda, ropa de marca y realizar todo aquello que dé estatus, comodidad o placer.

Amor por contrato es una oportunidad para tomar conciencia de qué tanto estamos siendo cómplices de una propuesta social basada en el consumo y el placer, cuando cumplimos a nuestros hijos caprichos sin sentido y les compramos todo lo que anhelan tener. O cuando nosotros mismos nos vamos guiando por complacer ilimitadamente necesidades aparentes que no aportan un sentido real a nuestra vida.

Una película que también destaca el suicidio que se deriva de la autocomplacencia, de vivir según la ley del menor esfuerzo, de la permisividad y en el caso de los jóvenes, de acomodar las prioridades de la vida según se antoja, conviene o llena de bienestar.

Una teoría que es cada vez teoría y menos práctica…que en la vida no es importante tener, ni siquiera haber tenido, lo más importante es ser y no sólo ser, sino aspirar al BIEN y a ser auténtico, compartido y comprometido.

Autor: Olivia Núñez Orellana | Fuente: http://www.fluvium.org/

¿Cómo hacer que tu noviazgo dure?

Las parejas modernas están fundadas sobre el enamoramiento, la atracción de dos que lo que más les gusta es estar juntos. La persona que amas es la única que deseas en el mundo y tú eres la única persona en el mundo que ella desea, los enamorados son por eso espontáneamente fieles. Al menos al principio.
Para que el amor perdure en el tiempo se requiere de la intervención de la voluntad. Los enamorados forjan entre ellos una especie de “compromiso de fidelidad” que les liga, aunque no se diga expresamente, se sobreentiende que por este compromiso dejarán de buscar a otros y cuidarán las ocasiones para no enamorarse de nadie más. Por lo tanto la fidelidad tiene dos caras: una espontánea, fundada sobre el deseo y otra de compromiso, fundada sobre la voluntad.
La fidelidad es un deber que se debe practicar. Ser fiel es respetar a los demás, no serlo es ser corrupto o deshonesto. No se trata de algo insignificante, esto define a la persona: como una persona de bien o como una persona “corrompida” o “dañada”. Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza.
Una relación de noviazgo se debe cuidar. Y lo mejor es fundarla sobre bases comunes, que permitan que la relación dure en el tiempo y que los dos tengan un maravillo recuerdo el uno del otro y no terminen peleados o como enemigos.
Te recomendamos ocho temas que tienen como fin prevenir la infidelidad y proteger la relación de enamorados, háblalos con tu pareja y que sea un compromiso desde el inicio:

1.Saber Elegir: Si no está tu pareja evita pasar tiempo innecesario con alguien de tu sexo opuesto, en especial si es a solas. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, o alguien para estudiar un examen es mejor elegir a alguien de tu mismo sexo.

2.Comparte Sabiamente: Si un día te das cuenta que está compartiendo con alguien secretos e intimidades tuyos o de tu pareja que no has compartido antes o que no lo haría, eso es una señal de alerta. Un lío emocional con alguien, también puede hacer mucho daño a la relación.

3.Deja el sexo para el matrimonio: Muchas veces las cosas van bien, pero el sexo termina por volver la relación demasiado física y los encuentros con tu pareja cambian de valoración. Es mucho más fácil que terminen rompiendo.

4.Conoce a fondo a tu pareja: ¿Como piensa? ¿Qué le gusta? ¿Qué es lo que más le atrae de ti? No pienses en los fallos, ni te centres solo en defectos o reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga si sólo vez lo negativo de tu pareja. Hablen con claridad y dile no a las críticas.

5.Haz planes interesantes: es importante tener un poco de creatividad. Ocasiones para conocerse más y crecer como personas. Muchas parejas no alcanzan la intimidad durante el no-viazgo. Están demasiado ocupadas besándose y abrazándose cuando tendrían que estar hablando de los profundos sentimientos de sus corazones.

6.No ahogues la relación: no se llamen a toda hora y no pasen todo el tiempo juntos. Es importante que tengan tiempos privados para crecer. Si no dejas ese espacio te terminarás hartando o aburrirás a tu pareja. Coordinen para no llamarse ni escribirse ni verse uno o varios días cada semana.

A primera vista podría parecer que la fidelidad así vivida, no es amor y que la lealtad se convierte en pura obligación. Pero nada más falso. Las personas que respetan su compromiso de fidelidad son las que han dado importancia a la lealtad espontánea que brota de un amor apasionado. Se han enamorado y quieren amar de verdad, para eso están dispuestas hacer otros pequeños sacrificios, que no se presentan como obstáculos insuperables sino como una necesidad de cuidar lo más valioso que tienen.

Permanecer fiel al amor es un compromiso, no una renuncia. Son los que viven así los que logran que su amor no se pierda, los que incrementan ese amor, los que se quieren más cada día más. Han pasado del simple enamoramiento al amor estable y sereno que es el ideal que todo hombre, que toda mujer buscan en su vida.

AUTOR: Daniel Vallmer (daniel@valoralamor.com)
FUENTE: www.valoralamor.com

La santidad de los esposos

La búsqueda del equilibrio en el matrimonio


Basta observar las parejas que le rodean, inclusive la propia, para darse cuenta que por lo general uno de los cónyuges tiene unas habilidades que el otro no tiene. Cuando las habilidades de ambos cónyuges se integran se producen unos beneficios maravillosos.

Los seres humanos nacimos para vivir en colectividad, somos seres sociales, lo llevamos en nuestra naturaleza, nos necesitamos los unos a los otros y además cada ser diferente, no hay nadie elaborado con el mismo molde. Estas diferencias, como nos pueden alejar, también nos pueden complementar y enriquecer, es más, son necesarias; el mismo problema visto desde diferentes ángulos, tiene mejores soluciones.

La familia, producto de la unión de un hombre y una mujer, es una pequeña sociedad, que necesita de estas diferencias para buscar un equilibrio. Los extremos son dañinos y perjudican las relaciones, pero gracias a los defectos de uno y las fortalezas del otro, el matrimonio se puede convertir en una sociedad armónica y efectiva.

Cómo sacar ventaja de las diferencias entre los esposos

El matrimonio es una pequeña empresa, que necesita de varias habilidades humanas para que tenga permanencia en el tiempo, crezca diariamente, se mantenga unida, fortalecida y además genere ganancias. Como el ser humano está en la permanente búsqueda de su desarrollo personal, tenemos las limitaciones propias de nuestra condición humana. Pero en el matrimonio éstas se pueden convertir en fortalezas cuando se complementan unas y otras.

Mientras que una persona es cautelosa en los gastos, la otra es derrochadora; mientras que uno es muy nervioso, el otro es más ecuánime; mientras que uno es drástico y autoritario con los hijos, el otro es más flexible; mientras que uno es desordenado, el otro es cuidadoso del orden; mientras que uno es realista, el otro es un eterno soñador; mientras que uno es lento e indeciso para tomar decisiones, el otro es seguro y decidido; mientras que a uno le cuesta socializar, el otro es extrovertido; mientras que uno es bueno para las finanzas familiares, el otro es bueno para la búsqueda de planes vacacionales… Dependiendo de la situación, serán necesarias ambas posturas de la vida para lograr un objetivo determinado. Aquí las diferencias tienen un aire distinto, si son asumidas como un auxilio y no como un impedimento.

Estas disparidades también se pueden convertir en un instrumento para crecer juntos, pues la idea es que el cónyuge con determinada carencia, sea instruido y apoyado por su pareja.

Puede suceder también que ambos esposos tengan las mismas debilidades, y en este caso es muy probable que se presenten dificultades, lo importante es reconocer que los dos requieren mejorar en algún aspecto y unidos superar este impase.

Esta estrategia funciona bastante bien, se puede sacar provecho de las diferencias y en lugar de estar lamentándose y criticar las faltas del cónyuge, sacar partido de ello buscando el beneficio personal, matrimonial y familiar.

lafamilia.info

El valor de la fidelidad matrimonial

 

La fidelidad conyugal es un valor que se halla actualmente cuestionado. Entre las múltiples causas de tal fenómeno, deben subrayarse diversos malentendidos

D. Alfonso López Quintás, catedrático emérito de filosofía en la Universidad Complutense (Madrid) y miembro de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas, ha resaltado en varias de sus obras el carácter creativo de la fidelidad. Queremos rogarle que clarifique un poco la idea de fidelidad, que juega un papel decisivo en nuestra vida de interrelación.

-¿Es la fidelidad actualmente un valor en crisis? ¿A qué se debe el declive actual de la actitud fiel?

-A juzgar por el número de separaciones matrimoniales que se producen, la fidelidad conyugal es un valor que se halla actualmente cuestionado. Entre las múltiples causas de tal fenómeno, deben subrayarse diversos malentendidos.

Se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante.

Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condición propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho más elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un día, prometió crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una persona, se requiere soberanía de espíritu, capacidad de ser fiel a lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos que uno pueda tener en una situación determinada.

Para una persona fiel, lo importante no es cambiar, sino realizar en la vida el ideal de la unidad en virtud del cual decidió casarse con una persona. Pero hoy se glorifica el cambio, término que adquirió últimamente condición de “talismán”: parece albergar tal riqueza que nadie osa ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificación del cambio, debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.

Si uno adopta una actitud hedonista y vive para acumular sensaciones placenteras, debe cambiar incesantemente para mantener cierto nivel de excitación, ya que la sensibilidad se embota gradualmente.

Esta actitud lleva a confundir el amor personal -que pide de por sí estabilidad y firmeza- con la mera pasión, que presenta una condición efímera.

De ahí el temor a comprometerse de por vida, pues tal compromiso impide el cambio. Se olvida que, al hablar de un matrimonio indisoluble, se alude ante todo a la calidad de la unión. El matrimonio que es auténtico perdura por su interna calidad y valor. La fidelidad es nutrida por el amor a lo valioso, a la riqueza interna de la unidad conyugal. Obligarse a dicho valor significa renunciar en parte a la libertad de maniobra -libertad de decisión arbitraria- a fin de promover la auténtica libertad humana, que es la libertad para ser creativo.

La psicóloga norteamericana Maggie Gallagher indica, en su libro Enemies of Eros, que millones de jóvenes compatriotas rehúyen casarse por pensar que no hay garantía alguna de que el amor perdure. Dentro de los reducidos límites de seguridad que admite la vida humana, podemos decir que el amor tiene altas probabilidades de perdurar si presenta la debida calidad. El buen paño perdura. El amor que no se reduce a mera pasión o mera apetencia, antes implica la fundación constante de un auténtico estado de encuentro, supera, en buena medida, los riesgos de ruptura provocados por los vaivenes del sentimiento.

-Si la fidelidad se halla por encima del afán hedonista de acumular gratificaciones, ¿qué secreto impulso nos lleva a ser fieles?

-La fidelidad, bien entendida, brota del amor a lo valioso, lo que se hace valer por su interna riqueza y se nos aparece como fiable, como algo en lo que tenemos fe y a lo que nos podemos confiar. Recordemos que las palabras fiable, fe, confiar en alguien, confiarse a alguien… están emparentadas entre sí, por derivarse de una misma raíz latina: fid.

El que descubre el elevado valor del amor conyugal, visto en toda su riqueza, cobra confianza en él, adivina que puede apostar fuerte por él, poner la vida a esa carta y prometer a otra persona crear una vida de hogar. Prometer llevar a cabo este tipo de actividad es una acción tan excelsa que parece en principio insensata. Prometo hoy para cumplir en días y años sucesivos, incluso cuando mis sentimientos sean distintos de los que hoy me inspiran tal promesa.

Prometer crear un hogar en todas las circunstancias, favorables o adversas, implica elevación de espíritu, capacidad de asumir las riendas de la propia vida y estar dispuestos a regirla no por sentimientos cambiantes sino por el valor de la unidad, que consideramos supremo en nuestra vida y ejerce para nosotros la función de ideal.

-Según lo dicho, no parece tener sentido confundir la fidelidad con la intransigencia…

-Ciertamente. El que es fiel a una promesa no debe ser considerado como terco, sino como tenaz, es decir, perseverante en la vinculación a lo valioso, lo que nos ofrece posibilidades para vivir plenamente, creando relaciones relevantes. Ser fiel no significa sólo mantener una relación a lo largo del tiempo, pues no es únicamente cuestión de tiempo sino de calidad. Lo decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue indefinidamente, sino que sea auténtico ,merced a su valor interno.

Por eso la actitud de fidelidad se nutre de la admiración ante lo valioso. El que malentiende el amor conyugal, que es generoso y oblativo, y lo confunde con una atracción interesada no recibe la fuerza que nos otorga lo valioso y no es capaz de mantenerse por encima de las oscilaciones y avatares del sentimiento. Será esclavo de los apetitos que lo acucian en cada momento. No tendrá la libertad interior necesaria para ser auténticamente fiel, es decir, creativo, capaz de cumplir la promesa de crear en todo instante una relación estable de encuentro.

Así entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energía interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armonía y, por tanto, belleza.

-En Iberoamérica y en España parece concederse todavía bastante importancia a la fidelidad conyugal. ¿Cómo se conjuga esto con la crisis del valor de la fidelidad?

-En estos países todavía se conserva en alguna medida la concepción del matrimonio como un tipo de unidad valiosa que debe crearse incesantemente entre los cónyuges. De ahí el sentimiento de frustración que produce la deslealtad de uno de ellos. Esto no impide que muchas personas se dejen arrastrar por el prestigio del término cambio, utilizado profusamente de forma manipuladora en el momento actual.

-¿Puede decirse que lo que está en crisis actualmente son las instituciones a las que se debiera tener fidelidad?

-Exige menos esfuerzo entender el matrimonio como una forma de unión que podemos disolver en un momento determinado que como un modo de unidad que merece un respeto incondicional por parte de los mismos que han contribuido a crearla. Este tipo de realidades pertenecen a un nivel de realidad muy superior al de los objetos. Hoy día vivimos en una sociedad utilitarista, afanosa de dominar y poseer, y tendemos a pensar que podemos disponer arbitrariamente de todos los seres que tratamos, como si fueran meros objetos.

Esta actitud nos impide dar a los distintos aspectos de nuestra vida el valor que les corresponde. Nos hallamos ante un proceso de empobrecimiento alarmante de nuestra existencia.

Por eso urge realizar una labor de análisis serio de los modos de realidad que, debido a su alto rango, no deben ser objeto de posesión y dominio sino de participación, que es una actividad creadora.

Participar en el reparto de una tarta podemos hacerlo con una actitud pasiva. Estamos en el nivel 1 de conducta. Participar en la interpretación de una obra musical compromete nuestra capacidad creativa. Este compromiso activo se da en el nivel 2. Para ser fieles a una persona o a una institución, debemos participar activamente en su vida, crear con ella una relación fecunda de encuentro -nivel 2-.

Esta participación nos permite descubrir su riqueza interior y comprender, así, que nuestra vida se enriquece cuando nos encontramos con tales realidades y se empobrece cuando queremos dominarlas y servirnos de ellas, rebajándolas a condición de medios para un fin.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-09-19

Matrimonio vs. “Vivir juntos”

 

ay enormes diferencias entre ser esposo o esposa y ser “un compañero”, “un amigo”, o un “compañero sentimental”; enormes diferencias entre un compromiso legal y una asociación voluntaria; entre levantarse ante la sociedad y anunciar públicamente tu compromiso y el vivir, simplemente, junto a otro.

El autor de este artículo, Dennis Prager, afirma que al asistir a las bodas de dos de sus hijos vio estas diferencias con más claridad y por eso quiere compartirlas con sus lectores. Ellas son:

Primera diferencia:

Desde que te casas, ves la relación con más seriedad. No importa lo que pensabas cuando cohabitabas; en el momento que uno se casa la relación con el otro cambia. Ahora se ha hecho un compromiso con el otro como esposo o esposa delante de casi toda la gente importante de tu vida. Ahora se verán el uno al otro con una luz diferente y más seria.

Segunda diferencia: las palabras sí importan

Las palabras nos afectan profundamente. Vivir con tu “novio” no es lo mismo que con tu “esposo”. Y vivir con tu “amiga” o cualquier otro título que le des no es lo mismo que hacer un hogar con tu “esposa”. Cuando presentas a esa persona como tu esposo o esposa, estás haciendo una afirmación más importante sobre el papel de esa persona en tu vida que con cualquier otro título.

Tercera diferencia: la legalidad sí importa

Estar legalmente atado y ser responsable por otra persona es algo que importa. Es un anuncio para él/ella y para ti de que toman esta relación con la máxima seriedad. Ninguna palabra de afecto, promesas de compromiso, etc… no importa lo sinceras que sean, pueden igualar la seriedad de un compromiso legal.

Cuarta diferencia: jamás reunirás a tanta gente que te importa

Para ver lo importante que es el matrimonio para la inmensa mayoría de la gente que te importa, piensa en esto: no hay ningún acontecimiento, ninguna ocasión, ningún momento en tu vida en el que tanta gente que te importa se reunirá en un lugar como en tu boda.

Ni el nacimiento de ninguno de tus hijos, ni un cumpleaños importante… Sólo hay otro momento en que se reunirá en un lugar la mayoría de las personas que aprecias y que te aprecian: es en tu funeral. Pero, a menos que mueras joven, para entonces casi todas las personas que amas mayores que tú ya habrán muerto. Así que tu boda es la mayor concentración de seres amados de tu vida. Y eso es por una razón: es el momento más grande de tu vida. Un momento así no sucederá jamás si no tienes una boda.

Quinta diferencia: sólo el matrimonio convierte ajenos en familia

Sólo mediante el matrimonio la familia de tu hombre o tu mujer será tu familia. La boda transforma a la mujer que estaba en la vida de mi hijo en mi nuera, y transforma al hombre de la vida de mi hija en mi yerno. E instantáneamente las bodas me convierten en suegro, cuando antes era sólo “el padre de su novio/a”. Fue la idea que más me impactó. Con el matrimonio me convierto en pariente de las parejas de mis hijos. Sus parientes y padres se convierten en familia. Nada comparable sucede cuando dos personas cohabitan sin casarse.

Por Dennis Prager

Fuente Conoze.com

McDonald’s – Baby

El matrimonio