¡La familia, sí, la familia! (II)

 

En la primera parte de este artículo nos referíamos a la necesidad de un plan de actuación, de unos criterios compartidos en la familia que faciliten el desarrollo de valores humanos. A ello añadimos que este plan, estos criterios, deben ser tomados desde el profundo convencimiento de que todo este bagaje básico, fundamental y fundante, o se recibe en la familia o no se recibe en ningún otro sitio. Ni los colegios de élites, ni las academias de baile o yudo, ni el tercer idioma, ni las estancias carísimas en el extranjero; nada de eso pueden suplir la aportación familiar al crecimiento de nuestros niños y jóvenes.

Muchos padres y muchos políticos echan en cara a la Escuela los desvaríos, a veces dramáticos, de muchos de nuestros jóvenes. Piden que Ella asuma la función de educar en todo: en el control de la bebida o de las drogas, en una educación sexual sana, en la educación vial, en el fomento de la solidaridad, en el tiempo de ocio…, y se le señala como chivo expiatorio de muchos males de nuestra sociedad. No es justo. Simplemente, no es justo.

En casa o en ningún sitio

Las bases de esos valores o se siembran en casa o no crecerán nunca. La Escuela será un estupendo banco de prueba, por su rica aportación en la relación social, pero nada más. Como resumía de una manera simple aquel maestro ya maduro y con una gran experiencia, cuando se le pedía que asumiera la responsabilidad en la educación de algunos ámbitos referidos. Contestaba: me parece estupendo, pero ¿cuándo enseño matemáticas, cuándo les ayudo a perfeccionar su lenguaje, cuándo aprenden nuestra cultura, cuándo les explico el medio social y cultural?

Por todo esto, me resultó muy sugerente el título de un reciente artículo: ¡la Familia, idiota, la familia! El contenido estaba muy claro. No busques más soluciones. No les des más vuelta a esos asuntos que te llegan a angustiar. “El problema -seguía diciendo la autora del artículo- es el fracaso escolar, la falta de seguridad en las aulas, las rupturas matrimoniales y las enfermedades psíquicas. El problema es la violencia de género, las adicciones y el futuro del sistema de pensiones español. El problema es que hay una generación que no quiere trabajar, los llamados ni-ni, y otra que no encuentra trabajo”, ese es el problema. Pero la solución, la verdadera solución, es la familia.

Verdadera columna

Es verdad lo que el Estado británico dice en su informe del 2010: “Las familias fuertes y estables son la columna vertebral de nuestra sociedad. La familia provee a nuestros niños del amor y seguridad que necesitan para crecer y para explorar el mundo. Les dan la guía moral y la inspiración necesarias para conseguir su máximo potencial y para ser ciudadanos ejemplares”. Como es verdad, refiriéndolo también a nuestra patria, aquellas palabras de Dorothy Height, luchadora audaz por los derechos humanos de los afroamericanos en Estados Unidos, presidenta emérita del Consejo Nacional de Mujeres afroamericanas y estrecha colaboradora de Martin Luther King: “No somos un pueblo problema, somos un pueblo con problemas. Pero tenemos fortaleza histórica, hemos sobrevivido gracias a la familia”.

Mateo Blanco Cotano
Sacerdote. Doctor en Teología y Pedagogía