Comienza el cole: ¿cómo ayudar a nuestro hijos?

Nuestros hijos disfrutan de unas vacaciones escolares que son bastante largas, de ahí que a veces les sea difícil adaptarse al inicio de un curso que se aproxima de nuevo.  Es por ello que os recomendamos los siguiente puntos:
  • Entender que el periodo de adptación al cole lleva unos cuanto de días. Tanto para nuestros hijos como para los padres.
  • Preparar a nuestros hijos, y mucho más a los más pequeños para mentalizares de “la vuelta a cole” de una forma positiva (ej. reencuentro con sus amigos).
  • Hay que ir introduciendo de nuevo rutinas y horarios del curso con flexibilidad. Acompañar los padres, si puede ser a su primer día de clases. Y fomentar desde ahí su confianza y seguridad.
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Educación para ciudadania I

PAZ EN LAS AULAS Y AULAS PARA LA PAZ

La escuela tiene un singular papel para educar a los jóvenes y a los niños en los valores de la Paz. Todos deseamos centros educativos en los que haya paz en las aulas y aulas para la paz.
Por Mons. Agustín García Gasco

La paz en las aulas se consigue cuando se educa con claridad en que todos somos iguales, diferentes y complementarios. Son tres pasos ineludibles para comprender la paz verdadera. La igualdad de derechos entre todos los seres humanos es un principio básico de la convivencia, que responde a nuestra dignidad por ser personas. El lenguaje religioso y el anuncio cristiano explican que esa dignidad de todos los hombres y mujeres procede de nuestra condición de hijos amados por Dios.

En la práctica, sin embargo, la igualdad entre los seres humanos encuentra incomprensiones e incluso ideologías que pretenden negarla. Se preguntan si la diferencia entre el varón y la mujer, entre las razas, las culturas, las edades, las religiones, entre los modos de pensar y de vivir, hace imposible la igualdad real entre los seres humanos. Algunos, incluso, llegan a presentar las diferencias como si se trataran de contraposiciones, de enfrentamientos, y desarrollan ideologías para contenidos sexistas, machistas, racistas, fundamentalistas, nacionalistas exacerbados, sectarios, que niegan e intentan hacer imposible la convivencia armónica entre los seres humanos.

Resulta imprescindible comprender que los seres humanos somos iguales y distintos porque somos complementarios. No estamos hechos para la oposición, sino para la colaboración. Nadie es más en oposición al otro, sino que somos más cuando damos la vida por los otros. Negar el carácter complementario del ser humano siembra el germen de la violencia.

El sentido religioso del ser humano hace de la paz una necesidad. Dios quiere para los seres humanos la paz. Cristo nos invita a convivir a todos como hermanos. El cristianismo predica la paz desde todos los rincones del Evangelio.

La reflexión religiosa sobre la necesidad de la paz en el mundo y en cada hogar como algo ligado a la sustancia del ser humano es una enseñanza que no debe ser censurada. La enseñanza de la religión en las aulas es muy importante para todos los que creemos que el camino seguro para la paz está en la educación. Los niños y los jóvenes tienen derecho a que se les anuncie el sentido último de los valores, su articulación última. Los padres tienen derecho a que esta explicación se desarrolle de manera acorde al estilo educativo que están desarrollando en su familia. Y la Iglesia no quiere privilegios. Sólo quiere que se respete el derecho de los padres.

La opción por la asignatura de religión recogida en los planes de estudio es una opción legítima secundada mayoritariamente. No se trata de imponer nada a nadie. Se trata de que los padres católicos ejerzan su libertad religiosa, de la misma manera que puedan hacerlo los padres con otras confesiones, o los indiferentes, o agnósticos.

La asignatura de religión en la escuela amplía la libertad y el pluralismo en la educación. El mensaje cristiano del amor fortalece las relaciones basadas en el amor cuya consecuencia necesaria es la paz. La religión habla de la paz en las aulas y ayuda a que las aulas trabajen por la paz.

Los estudios sociológicos muestran que los niños y los jóvenes reciben excesivos mensajes violentos a través de algunos medios de comunicación y la difusión sin control de determinados videojuegos que hacen apología de la violencia. En un mundo donde los padres y madres se ven compelidos a delegar cada vez más la educación de sus hijos no podemos dar por supuesto que los menores conocen el sentido completo de la paz. Ellos, como nosotros, necesitan continuamente de una reflexión que erradique de sus vidas la tensión de la agresividad y la violencia para resolver sus inquietudes y problemas.

Fuente:arvo.net

Criterios a tener en cuenta para la elección del centro escolar


Pablo Carreño Gomáriz – 11.02.2010

CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN
DEL CENTRO ESCOLAR

Ante este reto de facilitaros, de alguna manera, los criterios para elegir un colegio para la educación de los propios hijos, lo primero que tenemos que hacer es empezar con qué es un niño, qué es la educación. Después de tener claro esto, hablaremos de los cuatro fundamentos esenciales para mí a la hora de elegir un colegio.

¿Qué es un niño? Voy a ser muy empírico porque yo soy sociólogo. Supongamos que tenemos en esa silla a un niño, mejor dicho al que yo voy a describir ahora no estará sentado. Un niño es algo que al padre y a la madre le da el médico o la monja, recién nacido y le dice, aquí tiene padre feliz, aquí tiene tres kilos y medio de peso, absolutamente ignorante y absolutamente egocéntrico. Dicho de otra manera, tiene aquí un encantador cochino egoísta. El reto que se le pone al padre y a la madre cuando se le da ese niño es, aunque no lo veamos así, ahora usted tiene que convertirlo en 70 kilos de peso, si es varón, 45 si es chica, licenciado en derecho o en ingeniería de telecomunicaciones y que sea capaz de dar algo a los demás. Este es el reto.

La eduación consiste esencialmente en sacar al niño de sí mismo y hacerle ver que los demás existen y que no existen porque han venido aquí para utilizarlos él, para servirse de ellos, para amarlo porque me gusta o no me gusta. Han venido aquí con ellos que es otra cosa distinta. Conseguir que ese niño de tres kilos y medio de peso absolutamente ignorante y egocéntrico, ese adorable cochino egoísta, se convierta en alguien capaz de donar, de donarse, esa es la gran aventura de la educación. Luego, si el niño es licenciado en exactas o es ingeniero de caminos, o es albañil, eso es lo de menos, lo importante es que haya aprendido a ser y hacer feliz. Porque además, el que no es capaz de hacer feliz no es capaz de serlo. El que va por la vida buscando cosas no es capaz de dar nada.

Os lo voy a probar de una manera muy gráfica. Un vaso, como cualquier ser humano, tiene una capacidad. El vaso, aunque esté casi al borde, aunque tuviera de todo, y no debiera tener un motivo para quejarse de nada, la única manera de que este vaso dé algo es que se sienta lleno. Por eso, una pieza fundamental de la educación, y este es un criterio fundamental para la elección, es que el niño aprenda a ser feliz. Sin necesidad de depredar a los demás.

Dentro de este marco tenemos a este niño, un yo que acaba de nacer y que tiene un padre, una madre, una abuelita, un hermano y, a todos ellos, el niño los pone a su servicio con la herramienta que tiene, llorar. Este niño como un pedazo de madera o de piedra hay que convertirlo en alguien, para introducirlo en la sociedad 25 años después o los que sean, para que sea capaz de moverse, de salir de él, al menos en una determinada proporción. La educación no consiste en hacer un producto perfecto. Pero si consiste en hacer un producto lo suficientemente bueno para que tenga un porcentaje de salida hacia fuera, de instrumentalizarse él para otro, de darse, este es el proceso. Empezar con una materia prima y terminar con un producto capaz de introducirse en la sociedad sin que hayamos metido un habitante de la selva. Porque esta es la diferencia entre un habitante de la ciudad y uno de la selva. En la selva cada uno de ellos sale por la mañana con una mano a cada lado y mirándose, o son depredadores o depredan.

La única manera de que en éste que acaba de nacer puedan confiar los que hay alrededor de él, es que este niño merezca la confianza y desde luego si no le ha enseñado nadie no habrá manera de vivir al lado de él. Este es el proceso de la educación. En realidad, la ecuación para un sociólogo se llama algo mucho más amplio. Me gusta hablar de socialización. La socialización es precisamente el proceso que tienen en los grupos, en las organizaciones humanas de hacer civilizados, asequibles, confiables a sus ciudadanos nuevos.

Qué herramientas hay para hacer esto. Se hace a voleo, no. En toda actividad humana profesional hay unas herramientas, unos útiles. ¿Qué herramientas hay para esto? Aquí tenemos al cochino egoísta, adorable por supuesto, que no estaba dispuesto a ceder en nada, es un yo genético, con el que tenemos que hacer algo. El bloque de granito se transforma con tres herramientas: disciplina. Sin disciplina no saldrá nunca de ahí. Si este niño durante los siete primeros años de su recorrido de socialización ha podido hacer todo lo que le gusta y no ha tenido que hacer nada de lo que no le gusta, no hemos estado socializando un ser humano, hemos estado socializando un dios. Porque cuando llegue a los 18 años, este ser humano, se siente omnipotente. Y la omnipotencia es de Dios, no del ser humano. Hasta entonces todo lo que le gustaba ha podido hacerlo, con más o menos llanto o más o menos rabieta. Lo que no le gustaba no ha tenido necesidad de hacerlo. Tenemos un dios de 7 años. Ahora a los 7 años si tiene un hermano y lo tiene que depredar, lo hará.

Este egocentrismo se convierte en egoísta en la medida en que cuando llega aquí no ha tenido ninguna necesidad de reprimirse. El ser humano para llegar a convertirse en un auténtico ser humano necesita disciplina, necesitan que le digan que no. Aunque eso, al que más trabajo le cueste sea a su entrenador, ya sea su padre o su madre, los entrenadores están en el sitio en el que están no para decir que sí, que eso lo puede hacer cualquiera, el entrenador está para decir que no. La disciplina, la disciplina sensata, consiste en decir pocas veces que no, cuando se dice que no en un tema importante, y hacérselo ver.

Este es mi ideal de la disciplina. La disciplina consiste sencillamente en no abusar de la autoridad. Porque tan abuso de la autoridad es pasarse como quedarse corto. No somos dioses, por lo tanto, toda extremosidad, todo reduccionismo, es una manera de salirse del tiesto. Sin disciplina no hacemos hada. Cuando el niño se nos da pequeñito es 100% disciplina y 0% instrumento, autonomía y libertad. Autonomía y libertad que no se puede entender como, haga usted lo que quiera, sino como, decida usted y sea responsable de lo que usted ha decidido. Libertad sin responsabilidad es arbitrariedad. La libertad no consiste en que yo hago lo que me gusta. El hombre está continuamente entre un cruce de camino entre el me gusta o no me gusta y debe o no debe. Tal vez el debo o no debo coincida con el gusta o no gusta, y hay veces que no coincide. Aquel que cuando no coincide nunca opta por el debo o no debo, no es todavía un hombre ni una mujer aunque tenga 80 años. Y esto va evolucionando en la medida que el niño va respondiendo hasta que los 18, a los 22, depende de cada niño, llega un momento que es 0% disciplina y 100% autonomía. Qué pena el que cae en esa estupidez provinciana de cuando sea mayor ya haré. Eso es absurdo, si el primer proceso, la primera fase de la educación es “domesticarle”, antes de que conozca los afluentes del Danubio, con mucho amor, pero “domesticarle”. Este ser maravilloso hay que “domesticarlo”. Para que lo pueda “dejar suelto” con su hermanito y con su vecino sin que quiera “bebérselo” o utilizarlos.

Este es el proceso. ¿Criterio para elegir un colegio? Este es uno. Tenemos tres herramientas: disciplina, autonomía y amor. Autonomía y disciplina de acuerdo con la realidad, no se trata de idealismos ni de izquierdas ni de derechas, ni totalitario ni permisivo. Se trata que en función de lo que tenga delante, depende del niño, depende de la edad pero siempre sabiendo que estas dos herramientas tienen que estar utilizadas empezando por el 100% 0% y, en cuanto se pueda, ya que este proceso es largo. Es curioso que muchas veces no sabemos y pretendemos dejarlo para luego y con el niño o la niña casados es cuando intentamos meternos con su vida, cuando ya nos han hecho abuelos. Es un proceso. Empezamos con un niño de tres kilos, egocéntrico e ignorante y lo tenemos que dejar en alguien con quien se pueda vivir sin necesidad de que tenga que mirar a su espalda.

Los hombres tienen que aprender de nuevas, No aprenden de generación en generación. Los seres humanos pensamos todos que venimos a este mundo a inventarlo. Pero no, hemos venido a descubrir cómo funciona. Esta información se la pedimos a la gente que ya ha pasado por allí. Entonces, que es lo que pasa. Pues pasa que hay zonas periódicamente de máxima vida civilizada y hay otras zonas periódicamente de vida salvaje. ¿Y en que se diferencian estas dos cosas? La diferencia está esencialmente, en que lo civilizado está fundamentalmente en que las relaciones entre los seres se basan en el respeto. Cuando no hay respeto en las relaciones no hay vida civilizada. Y el respeto genera el amor. Pero sin respeto, sin una dosis suficiente en la relación, no hay posibilidad, se rompe todo. Cuando el respeto se pierde, lo que amanece en las relaciones entre los hombres es el desprecio. La frontera que marca la vida civilizada y la vida selvática es un índice de confianza suficiente como para darle la espalda al que tengo al lado. Cuando baja el respeto, el índice de respeto, baja el índice de confianza. Estas situaciones conllevan casi siempre una degeneración moral.

Así, tenemos otro criterio. ¿El colegio debe infundir respeto, confianza o competitividad? Ya nadie sensato piensa que la competitividad tenga ningún porvenir.

Otro criterio es la organización familiar. La organización familiar es un criterio que marca. La organización familiar es una organización que por naturaleza es bicéfala. Lo dirigen dos personas, padre y madre. Ahora, esta organización para funcionar necesita convertirse, aunque sea intermitentemente, en monarquía. Es decir, necesita decidir quien de ellos dos dice la última palabra y en qué temas. Si no se hace así y se vive el mito, de tenemos que estar siempre los dos de acuerdo, se pueden dar las cosas más paradójicas del mundo. Nos ponemos de acuerdo en que tú seas quien diga la última palabra en este campo. Y esto evitará una de las grandes tragedias en la educación, que es los conflictos más o menos latentes, a base de repartir previamente las funciones. Este es otro criterio para elegir colegio. ¿Quién tiene que elegir?

En la organización familiar lo que buscamos es la satisfacción máxima de tres. Buscamos sentirnos más admirados dentro que fuera. Porque los que tienen problemas con su familia son huérfanos. Después según el sexo o la edad hay más o menos hambre de una u otra cosa. Segundo valor, ternura. Vamos a la organización familiar a sentirnos tratados con mayor dedicación y ternura. Es incuestionable que la mujer pide más ternura. Pero todos tienen que dar el máximo de ternura a los demás. Y el tercer valor, es la seguridad. Entramos, cerramos la puerta, y decimos, aquí sí estamos a gusto. Necesitamos todos, esa seguridad. Si esa organización familiar no nos ofrece esto es una chapuza.

Sintetizando todo esto. Tenemos que tener en cuenta que el colegio hay que elegirlo con realismo, que sea un colegio que no esté anclado en el futuro ni en el pasado, sino ahora. Que impere el sentido existencialista. Tiene que ser un colegio que tenga los mismos ideales que tenga tu familia sino al niño le vamos a destrozar, le vamos a hacer un esquizofrénico, con una doble vida. Cuidado con criterios bastardos: elegirlo porque se puede conocer a personas importantes o porque se puede aprender mucho inglés. Eso son asuntos residuales, a considerar después de. El criterio tiene que hacerse teniendo en cuenta que estamos en una sociedad con un criterio declive del respeto y pasando esa frontera de la confianza de forma acelerada. Habrá que buscar un colegio que tenga criterio y que sepa despertar criterio y libertad en el alumno. La mayor libertad que podemos buscar para nuestro hijo no es que haga cosas o que diga cosas sino que piense. En este momento, el mayor peligro no es que no tengamos libertad para hacer o para decir, sino libertad para pensar. La instrumentalización que se puede hacer en la libertad, según el mundo en el que vivimos, es impresionante.

El último gran criterio para elegir un colegio, es que se busca siempre para algo. Hay tres maneras de buscar el colegio. Yo puedo educar con Dios, hablando del absoluto real.

fuente:vivirenfamilia.net

El arte de ayudar con las tareas

Las tareas pueden ser vistas por los chicos como un ‘mal’ inevitable del que es difícil librarse. Pero para cambiar esta percepción negativa, los padres juegan un papel muy importante.

Hay padres que creen ayudar a sus hijos haciéndoles directamente las tareas, mientras que otros tan sólo preguntan de vez en cuando “¿Hoy tienes tareas?” Lo cierto es que hay que evitar ambos extremos .

Los deberes son un complemento del programa escolar. Lo ideal es ayudarle al niño a aceptar libremente sus responsabilidades y a concebir el aprendizaje como un objetivo del que puede apropiarse para su propio provecho. Pero, ¿como lograrlo?

A continuación le damos algunas ideas para que sus hijos saquen el máximo provecho a ese rato dedicado al estudio desde casa:

- Propicie un ambiente agradable de estudio: Si se puede, asígnele un escritorio propio con silla cómoda en un lugar sin ruido y con buena luz.

- Dele al niño la oportunidad de descansar y alimentarse antes de que se siente a hacer tareas. El estómago vacío y la fatiga le impedirán concentrarse.

- Antes de comenzar las tareas, es buena idea sentarse con el niño diez minutos y preguntarle cuáles son las tareas del día y si sabe cómo hacerlas. Una vez aclaradas las dudas, déjelo solo para que se concentre.

- No lo deje abandonado. Es muy probable que requiera alguna indicación o unas palabras de ánimo, y necesite que alguien esté disponible. No es bueno que se le atosigue, pero sí agradecerá alguna oportuna y aislada visita de vez en cuando para preguntarle cómo va.

- Establezca un horario fijo o rutina: merienda, un poco de charla, estudio y cena. Es positivo que el niño sea consciente de que hay un momento para cada cosa y que las tareas no se deben dejar a la mitad. Hay que acabarlas.

Cuando el niño acabe de hacer las tareas, pídale que le muestre lo que hizo. Dé un vistazo a cada una de ellas y pídale que repita lo que no está bien hecho. Esta es un forma de enseñarle a terminar lo que empieza y a hacerlo bien. Aconséjele que ofrezca a Dios esa tarea.

Es muy importante elogiarlo por lo que hace bien, pero no le dé regalos por hacer algo que es parte de su deber. Esto sería darle mensajes equivocados.

Por último, recuerde que las comparaciones son odiosas. Evítelas entre hijos, primos o vecinos. Lo importante es que el niño sepa lo qué debe hacer para lograr buenas notas, y que se le inculque el esfuerzo por hacer las cosas bien.

fuente:lafamilia.info

LA PÉRDIDA DE LA FE EN LOS ADOLESCENTES (II)

María Olabarri

Aunque en el artículo anterior, me atrevo a señalar que, según mi experiencia, la principal causa de la perdida de la fe de los jóvenes que reciben una educación cristiana en el colegio, es la falta de práctica religiosa de los padres, es indudable que también jóvenes de familias seriamente cristianas tiene problemas de fe o se abandonan en su vida espiritual.

Para esos padres preocupados por ayudar a sus hijos a superar esta crisis, escribo algunos consejos:

-Es importante no dramatizar esta situación ya que es normal que personas inteligentes al llegar la adolescencia se planteen dudas de fe. Es lógico que quién empieza a pensar de forma crítica tenga inquietudes sobre verdades que no están al alcance de su inteligencia o sobre criterios morales que no coinciden con lo que hoy día se considera políticamente correcto.

-La religión no debe ser un tema tabú en el ambiente familiar. Con naturalidad conviene hablar con los hijos de Dios, de las noticias que ofrecen los medios de comunicación sobre la Iglesia. Los padres no tienen porque ser “neutros”, ni deben sentirse invasores de la intimidad o de la conciencia de sus hijos cuando les transmiten valores cristianos. ¿Quién mejor que un padre o una madre para proporcionar a su hijo una educación moral y religiosa que considera segura y valiosa?

-La labor de educar en la fe a los jóvenes requiere por parte de los adultos mucha formación. De la misma manera que hemos dedicado varios años a prepararnos para desarrollar nuestra profesión, no es exagerado que nos preocupemos por formarnos para dar siempre una respuesta razonada y competente a los que se interesan por nuestra fe.

-Para eso existen magníficos recursos. Tantas páginas de Internet (www.arguments.es que utilizan tantos profesores y catequistas) o libros inteligentes y sencillos como el que estoy leyendo actualmente “La fe es razonable” de Scott Hahn, un converso estadounidense, del que se publican muchas obras en español en los últimos años.

-Hay que tener en cuenta que con frecuencia el origen de la falta de fe, está en una vida alejada de Dios y de los sacramentos. Cuando se pierde la amistad con Dios y se difiere el recibir su gracia, es fácil que la inteligencia quede algo velada y encuentre dificultades para entender verdades sobrenaturales o el porqué de algunos mandamientos.

-Es razonable, no es un atentado contra la libertad, exigir a los hijos menores de edad que asistan a la Misa del domingo o a la clase de religión del colegio. Mientras los hijos son menores, los padres tienen la grave responsabilidad de proporcionarles la formación integral que consideran necesaria para su desarrollo personal.

-Aunque los padres no sean capaces de dar respuesta a todas las dudas de sus hijos y no consigan “convencerles” de la certeza de las verdades de fe, es importante hacer ver que la fe es un acto de confianza en Dios. Creer siempre supone dar un salto en el vacío y atreverse a saltar no es propio de personas poco racionales. Pretender entender todas las verdades religiosas con nuestra capacidad humana, supone pensar que Dios cuenta con una inteligencia tan limitada como la nuestra. Si no somos capaces de comprender los descubrimientos de tantos científicos, resulta imposible que desentrañemos con nuestro entendimiento la esencia de Dios o sus planes.

Un último consejo: la mayor luz que podemos aportar a la fe de nuestros hijos es nuestra oración –arma imbatible- y el testimonio de nuestra propia vida. Como nos enseñó Pablo VI “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio” y Juan Pablo II añade “Por consiguiente, hoy son decisivos los signos de la santidad: ésta es un requisito previo esencial para una auténtica evangelización capaz de dar de nuevo esperanza”. (1)

Este es el mayor y más importante reto que se nos plantea a la hora de transmitir nuestra fe a las nuevas generaciones.

(1) Exhortación apostólica La Iglesia en Europa. Juan Pablo II

fuente:sontushijos.org

LA PÉRDIDA DE LA FE EN LOS ADOLESCENTES (I)

María Olabarri.

Es frecuente en colegios donde se imparte formación cristiana que un buen número de alumnos, cuando llega la adolescencia, dejen de practicar su fe.

Mi experiencia de casi 30 años como tutora de alumnas de Bachillerato me ha enseñado que el origen de este abandono no está principalmente en el ambiente que rodea a los jóvenes o en la influencia de los medios de comunicación. La causa fundamental son los propios padres de estos adolescentes.

Aunque siempre hay excepciones, observo año tras año lo siguiente:

1.- Generalmente, dejan de practicar los hijos de los padres que no practican. (1)

2.- La fe suele estar bien arraigada en aquellas alumnas cuyos padres son coherentes con su fe y se han implicado en la transmisión de la vida cristiana.

Quizá no merezca la pena añadir nada más a este artículo y dejar que quién lea reflexione sobre estos datos desnudos que ofrece la experiencia. Si son padres de Educación Infantil quizá se animen a tomar algunas decisiones.

Nota a pie de página

(1) Normalmente son matrimonios que conservan la fe y han buscado para sus hijos colegios católicos pero el ambiente familiar es demasiado neutro: apenas se habla de Dios que no forma parte con naturalidad del entorno de esa familia.

A los padres compete en primer lugar la transmisión en la fe y se comprueba que delegar en otros agentes como el colegio no da resultados satisfactorios . El colegio colabora pero es incapaz de suplir la labor de los padres.

Es imposible que un niño crea que es importante ir a Misa el domingo o recibir los sacramentos cuando ve que sus padres no ponen interés en ello.

Los niños oyen en los colegios: “Esto es muy importante”.

Los niños ven en sus casas aunque nadie lo dice explícitamente: “Esto realmente no es importante”.

Los niños concluyen: “En el colegio me enseñan la teoría pero no todo lo que aprendo es necesario practicarlo”

fuente: sontushijos.org

¿Qué hacer cuando el niño no quiere estudiar?

Prueba de amor: Hora de postular al colegio

Escrito por María Ester Roblero / Nº 137
Jueves 24 de Mayo de 2007
Elegir un colegio para el hijo, imponer la propia elección por sobre la del cónyuge, esforzarse en dar una buena impresión y evitar los “papelones” pueden transformarse en una fuente de conflicto matrimonial.
La entrada del primer hijo al colegio marca un gran cambio para el matrimonio. Implica la llegada de un nuevo personaje en su vida familiar: “la institución escolar”.

Es verdad que el colegio acompañará a los padres en un largo periodo de la vida de sus hijos, desde la infancia hasta la juventud, pasando por la pubertad y la adolescencia. Es verdad que en este lugar el hijo hará amistades, compartirá con otras familias, se relacionará en un contexto cultural, social y valórico determinado…

Pero es mentira que, llegado el momento, la elección del establecimiento mismo sea lo más importante. Lo más importante, de ahí en adelante, es la actitud que asumen los padres ante su hijo y ante el rendimiento de éste. Los mensajes conscientes o inconscientes que transmiten los padres influyen mucho más sobre la vocación, motivación y autoestima de los hijos, que los mismos profesores.

En momentos en que muchos padres están viviendo el proceso de postulación, les entregamos algunos consejos.

No transformar el proceso en una lucha de poder
A la hora de discutir sobre la elección del colegio para los hijos, se pueden decir cosas muy hirientes, que involucran no sólo al cónyuge sino a toda su familia. En este error fatal caen creyentes y no creyentes, muy cultos y poco cultos. Hay que recordar algo elemental: si no hay acuerdo en qué colegio queremos que vayan los hijos es porque hay diferencias entre los cónyuges. Y esas diferencias debieran estar aceptadas y digeridas desde antes. Si las diferencias son muy grandes -como suele ser el tema de la orientación religiosa de un colegio- es importante que uno ceda, pero siempre pensando en el bien del hijo. Es más, ésta puede ser una excelente ocasión para conversar profundamente de esas diferencias, sopesar en qué medida los distancia y en qué medida se pueden ir acercando en el futuro. La “guerra santa” en este caso no es “meter finalmente al hijo a ese colegio” sino crecer como familia, siendo ejemplares en el mensaje de unidad, mutua aceptación y respeto que existe entre los padres.

No proyectar los propios temores en el hijo
No siempre es fácil ponerse de acuerdo en el colegio que queremos para un hijo. Afloran los deseos personales más profundos (“me habría gustado ser más deportista”) y surgen los temores (“el mundo será cada vez más competitivo”). Reconocer esos deseos y temores es un buen punto de partida para entender que no podemos proyectar frustraciones ni inseguridades personales en los hijos.

De ahí en adelante, lápiz en mano, hacer un listado en conjunto, padre y madre, de los aspectos de fondo que sí nos importan para nuestro hijo. Un buen consejo dado por el educador norteamericano William Bennett es el siguiente: todos queremos que nuestros hijos sean buenos, felices y exitosos. Pero la prioridad que le damos a cada una de esas tres categorías determina nuestras decisiones.

No traicionar al otro por dar una buena impresión
Hay casos en que el marido o la esposa no se sentirá jamás cómodo en determinada comunidad escolar. Y eso se nota desde el primer minuto: no cuaja. Y no es raro que uno de los dos presione al otro, criticándole su falta de asertividad a la hora de hablar, de dar buena impresión, de participar. Incluso tras la entrevista personal de los padres con el director de un colegio surgen recriminaciones explícitas -“Siempre metes la pata” o “Tú, dale con hablar leseras”- y lo peor, pensamientos muy dañinos: “Me da vergüenza que él no sea muy inteligente”, “el resto de la gente la encuentra frívola”… Hagan todos los esfuerzos posibles por corregir esas actitudes porque son nefastas.

El colegio debe facilitar la vida familiar
Dicen que muchas veces las personas somos “constructoras” de nuestras propias cruces. Por más grandes y comprensibles que sean nuestras ganas de darle la mejor educación a los hijos, no podemos elegir un colegio mucho más caro de lo que la prudencia nos aconseja pagar, tan lejos de la casa que nos volvamos esclavos del transporte del niño, o con una comunidad escolar diametralmente opuesta en su estilo de vida a la propia. Son factores concretos que terminan por impedirnos gozar del tiempo libre, desarrollar con naturalidad el propio estilo de vida familiar o cultivar pasatiempos familiares igualmente educativos y formativos para los hijos.

Los padres siempre son los primeros educadores
Por bueno que sea un colegio, su efecto educativo será siempre inferior al de la familia. Es muy difícil que un niño sea buen alumno si en su casa no hay ambiente favorable al estudio; es muy difícil que un hijo tenga ricos intereses si en su casa no le despiertan el gusto por la vida y el mundo; es muy difícil que un niño crezca en autoestima y seguridad para salir a “comerse” el mundo si en su casa no le refuerzan la identidad y engruesan sus raíces. Por eso el colegio será siempre un segundo lugar de crecimiento, jamás el primero ni el principal.

fuente: www.hacerfamilia.net

¿PARA QUÉ Y CÓMO ESTUDIAR?

Objetivo:

Dar a conocer el verdadero valor del estudio con una dimensión en la fe como compromiso social ante Dios y encontrar un método efectivo para estudiar.

¿Qué es el estudio? Tres objetivos del mismo quehacer.

Sócrates, filósofo griego, pasaba junto al templo en construcción. Se acercó a tres obreros que por igual labraban piedras.

¿Qué haces?, preguntó a cada uno de ellos por separado.

- Estoy labrando esta piedra, respondió el primero.
- Estoy haciendo algo que me gusta y además gano el pan de mis hijos, dijo el segundo.
- Estoy construyendo un templo, dijo con orgullo el tercero mostrando satisfecho la piedra que labraba.

Y tú, ¿para qué estudias?

Se hace una pequeña lluvia de ideas sobre lo que les dejó la historia.

El estudio verdadero es:

- El que se hace con concentración.
- El que exige toda tu atención sin dejar tiempo de acordarse del reloj ni de otras ocupaciones.
- El que provoca cansancio real y lleva, después de un tiempo, a la necesidad de descansar.
- El que produce resultados que se pueden apreciar.
- El que se hace en cierta soledad y tranquilidad.
- El que se prepara adecuadamente y se puede evaluar una vez terminado.
- El que se hace con decisión, con firmeza y con plena entrega.
- El que sólo se consigue cuando uno se ha decidido y entrenado para hacerlo.

¿Para qué estudiar?

Gracias al estudio:

- Crece tu capacidad de ciencia y sabiduría.
- Ejerces tu voluntad y la fortificas.
- Te capacitas como hombre más libre y dueño de tus decisiones.
- Ejerces tu derecho a la educación, al crecimiento como persona.
- Desarrollas tu ingenio, tu creatividad, tu iniciativa.
- Ordenas tu mente y clarificas tu pensamiento.
- Robusteces tu personalidad, tu disciplina, tu constancia, tu resistencia.
- Vives más tu vocación como Rey de la creación y como imagen viva de Dios.
- Te capacitas para descubrir con mayor claridad tu propia vocación al servicio.

Además por el estudio:

- Te preparas para desempeñar una profesión y cumplir positivamente una función en la sociedad.
- Te capacitas para que Dios mismo, a través de ti, ayude, sirva, promueva. Haga felices a muchas personas.
- Participas en la construcción de una sociedad libre y responsable.
- Colaboras en la lucha contra el dolor humano, contra las injusticias, y a favor de todo aquello que promueve la dignidad de la persona humana.
- En definitiva, serás más libre y colaborarás para que otros sean también más libres: porque el analfabetismo y la incultura, son grandes enemigos de la democracia, de la convivencia y de la libertad de una nación.

¿Cómo estudias tú?

Realicemos un auto-examen de nuestro desempeño escolar:

- ¿Cómo es tu rendimiento escolar? ¿Crees que tiene que ver con el tiempo que dedicas a estudiar?
- ¿Descuidas tus estudios por actividades sociales o familiares?
- ¿Te la pasas leyendo revistas, viendo TV, platicado, etc. cuando deberías estar estudiando?
- ¿Dejas para el último tus tareas o trabajos?
- ¿Crees que el sueño o el cansancio te impiden estudiar bien?
- ¿Acostumbras estudiar recostado en la cama o en un asiento cómodo?
- ¿Tienes un lugar específico para estudiar? ¿En éste hay distracciones?
- ¿Te interrumpen tus hermanitos u otras personas?
- ¿Estudias con la TV o la música prendida?
- ¿Mientras estudias estás pendiente de otras cosas al mismo tiempo?
- ¿Tienes incompletos tus apuntes, materiales o libros que utilizarás?

Responsabilidad social del estudio

Dios nos ha confiado este mundo, para que en su nombre lo administremos.

Leer Mt 25, 14-30

En esta parábola llamada de los talentos (Mt 25,14-30) Jesús nos insiste en la responsabilidad que tenemos frente a los bienes de este mundo y entre ellos, el estudio.

Canto: “Los Dones” o “Somos administradores”

¿Cómo mejorar mi aprovechamiento?

Existen muchos métodos de estudio que te permitirán mejorar tu desempeño académico, te sugerimos el método ROLILEPA por ser el más sencillo y en muchos de los casos efectivo.

Este método te permite:

- Aprender la información necesaria de cada materia.
- Evitar que olvides lo aprendido.
- Aumenta la capacidad de concentración en todo lo que haces.
- Permite organizar tu trabajo en forma eficiente.

PASO 1 (R) – REVISIÓN

a) Del propósito que tienes: resolver un ejercicio, hacer una tarea, preparar un examen.
b) Del material que necesitas. Prevéelo y consíguelo.
c) De lo que vas a estudiar. Revisa todo el conjunto.

PASO 2 (O) – ORGANIZACIÓN

Basado en lo anterior, divide tu lectura en partes pequeñas: 1, 2 ó 3 páginas o párrafos.

PASO 3 (L) – LECTURA COMPLETA

Da una lectura rápida a todo el tema para enterarte del contenido total.

PASO 4 (I) – INTERÉS PERSONAL

Durante la lectura anterior procura convertir en preguntas las partes más importantes. Piensa y reflexiona lo que lees.

PASO 5 (L) – LECTURA DETALLADA

Lee detenidamente desde el principio, respondiendo a preguntas que tú te haces.

PASO 6 (E) – EXPRESA

Sigue cualquiera (o todos) de los siguientes ejercicios:
- Elabora por escrito las preguntas y actividades que se te solicitan o que te parecen importantes.
- Haz resúmenes.
- Di lo que aprendiste con tus propias palabras.

PASO 7 (P) – PREGUNTA

Repite preguntas y responde con lo que sabes para que compruebes el dominio que tienes del tema hasta el momento.

PASO 8 (A) – APRENDE

Repite una y varias veces lo que has aprendido. Hazlo de nuevo horas más tarde.

Importante: No esperes llegar a dominar el sistema ROLILEPA en poco tiempo. Es necesario que practiques mucho, con constancia y esfuerzo. Ánimo.

Oración final: María guardaba todo en su corazón.

María, Madre nuestra:
Tú que escuchaste y guardaste todo en tu corazón.
Tú que estudiaste y aprendiste con esmero la palabra de Dios.
Tú sabes que muchas veces en nuestra vida hemos sentido la exigencia de Dios: unas veces en grandes cosas, otras en pequeños detalles. Te pedimos que nos ayudes a tener siempre como tú, un SÍ grande y generoso preparado para Dios.

Sí al estudio, Sí al esfuerzo y a la constancia.
Sí al compromiso a superarnos siempre.
Madre, enséñanos a decir SÍ con valentía.

Dame Señor, Agudeza para entender. Capacidad para retener. Método y facultad para aprender. Sutileza para interpretar. Gracia y abundancia para hablar.

Dame Señor, Acierto al empezar. Dirección al progresar. Y perfección al acabar.
AMÉN.

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Fuente:
Pastoral Juvenil Coyuca.

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