EL GÉNERO Y LA EDUCACIÓN

Los chicos y las chicas tienen necesidades diferentes
Zenit
Quienes defienden la educación por separado de chicos y chicas han recibido el apoyo de un informe recientemente publicado en Inglaterra.

En diciembre, Ofsted, el servicio inglés de inspección para niños y estudiantes, publicaba el informe titulado, «2020 Vision». El documento consideraba lo que podría ser la enseñanza y el aprendizaje personalizado en las escuelas en los primeros 20 años del nuevo milenio.

El informe apoyaba la idea de que se debería enseñar a los chicos por separado para frenar sus peores resultados frente a las chicas, informaba el periódico Telegraph de Londres el 4 de enero.

El informe mismo contenía una sección comentando la «división por géneros» en los resultados educativos de chicos y chicas. Esta diferencia de resultados se ha visto que existe en muchos países. El informe PISA (Program for International Student Assessment), publicado en el año 2000, mostraba que las chicas tenían resultados significativamente mejores que los chicos en las pruebas de lectura en todos los países menos en uno. En las matemáticas también quedaba clara la división por géneros – a favor de los chicos – aunque era menor.

Las razones de estas diferencias son complejas, observaba el informe de Ofsted. Las investigaciones muestran que incluso a muy temprana edad los chicos tienden a ser mejores en matemáticas y en ciencias, y las chicas en lectura y arte. Las diferencias en los resultados, sin embargo, pueden cambiar según los métodos de enseñanza dirigidos específicamente a ayudar a los chicos a superar sus dificultades.

Moulsham High, por ejemplo, en Chelmsford, una población en el sureste de Inglaterra, ha separado a chicos y chicas en los primeros cinco años de estudios desde los años setenta. Y ha tenido éxito en los resultados tanto de chicos como de chicas, informaba el Telegraph en otro artículo el 4 de enero, como parte de una serie sobre colegios con separación por sexos.

«Sólo necesitas ver a un chico de 11 años para ver que es radicalmente diferente de una chica de la misma edad y necesita que se le trate así», comentaba al Telegraph Chris Nicholls, el director de estudios.

Moulsham separa los sexos cuando los alumnos llegan a la escuela a los 11 años. Una vez que cumplen los 14, se mezclan para algunas clases, pero se mantiene la separación en matemáticas, inglés y ciencias.

Desarrollar los talentos

El Chelmsford County High School para chicas es un colegio con un notable éxito en la educación con separación de sexos, informaba el Telegraph el 11 de enero.

El colegio, para chicas entre 11 y 18 años, que se encuentra en el condado de Essex, supera a cualquier otro colegio, según los resultados publicados el verano pasado.

Glynis Howland, la jefa de estudios del colegio, declaraba al periódico que la educación con separación de sexos resulta vital para que se dé a las chicas la mejor oportunidad de desarrollarse.

Su argumento sobre el desarrollo tiene un apoyo en un reciente informe que muestra que no sólo es una cuestión de resultados en los exámenes. Las chicas que acuden a colegios con separación por sexos ganarán más en el mundo laboral que aquellas que recibieron una educación mixta, aunque no les haya ido tan bien en los exámenes, informaba el Times de Londres el 22 de septiembre.

Los investigadores del Center for Longitudinal Studies en el Institute of Education estudiaron a 13.000 personas nacidas en 1958. Encontraron que, a los 16 años, las chicas educadas en colegios con separación de sexos era más probable que estudiasen materias que les gustaran y en las que fueran buenas, en vez de permitir que los estereotipos de sexo influyeran en su elección de materia.

Esta tendencia continuó en la universidad y en el trabajo, permitiendo a estas jóvenes mujeres, provenientes de colegios de sólo chicas, que entraran en áreas de empleo dominadas normalmente por los hombres, y en las que los salarios tendían a ser más altos.

«Los colegios con separación por sexos parecen animar más a los estudiantes a seguir carreras académicas según sus talentos en lugar de según su género, mientras que en los colegios con coeducación se hacen más elecciones según estereotipos de sexo», afirmaba Alice Sullivan, coautora del informe.

Se suavizan las cortapisas en Estados Unidos

El año pasado los resultados positivos de la educación por separado motivaron cambios en la legislación federal de Estados Unidos. El Departamento de Educación publicó una normativa, que entró en vigor el 24 de noviembre, que daba a los colegios públicos más libertad para separar en clase chicos y chicas, informaba el 24 de octubre Associated Press.

«Algunos estudiantes pueden aprender mejor en ambientes educativos de un único sexo», afirmaba la Secretaria de Educación, Margaret Spellings. «Esta reglamentación final permite a las comunidades establecer colegios y clases por sexos como otro medio para salir al paso de las necesidades de los estudiantes».

Anteriormente, con la legislación en vigor desde 1975, las clases con separación de sexos sólo se permitían en casos limitados, como cursos de educación sexual o gimnasia. Ahora los colegios tienen la capacidad de ofrecer clases separadas si creen que esto tendrá beneficios educativos. La inscripción en estas clases será voluntaria.

Los cambios también harán más fácil instaurar colegios de un único sexo, siempre y cuando las autoridades locales puedan demostrar que también proporcionan al sexo excluido colegios paralelos con ventajas «sustancialmente iguales».

Siguiendo a los cambios legislativos, algunos reportajes en la prensa ponían de relieve el creciente apoyo a dar a los padres la opción de elegir educación separada para chicos y chicas.

Campbell Hall, un colegio privado mixto del norte de Hollywood, comenzó hace ocho años a separar chicos y chicas en matemáticas en séptimo y octavo grado, y resultó tan bien que ahora hacen lo mismo con ciencias, informaba el 20 de noviembre el Los Angeles Times.

El artículo observaba que la investigación ha sugerido desde hace tiempo que las chicas en establecimientos mixtos difieren de los chicos y reciben menos atención de los profesores. La idea de separar los sexos es, no obstante, criticada por algunos grupos, tales como la American Association of University Women y la Unión de Libertades Civiles Americana, observaba el Los Angeles Times.

Los resultados en Campbell Hall han sido, sin embargo, positivos. Tras separar los sexos para matemáticas, las chicas han logrado mejores resultados en matemáticas en el instituto y participan más en clase.

En la Costa Este, la Smith Leadership Academy de Dorchester, Massachussets, es un colegio a la carta para cerca de 200 alumnos de sexto a octavo grado, y es la única escuela pública en la que el estado es consciente que se enseña a chicos y a chicas por separado, informaba el Boston Globe el 27 de noviembre.

Anteriormente era un colegio católico, pero desde que se dio la oportunidad de elegir hace tres años tiene clases separadas para chicos y chicas.

En DeLand, Florida, el colegio elemental Woodward Avenue es otra historia de éxito en la educación con separación de sexos, afirmaba el 18 de noviembre el editorial del Chicago Tribune.

Enfrentado al hecho de unas notas inferiores de los chicos, hace tres años el colegio dio la oportunidad a los padres de elegir inscribir a sus hijos en clases de un único sexo. Los resultados de los exámenes desde el primer año mostraron progresos significativos en los alumnos de las clases separadas por sexos, observaba el Chicago Tribune.

Apoyando los últimos cambios en la legislación federal, el editorial sostenía: «La clave aquí es la elección». No todos los niños son iguales, pero para que esté disponible la opción de la educación por separado de chicos y chicas los padres deben ser capaces de elegir el método que mejor funcione para sus hijos.

Otro experimento de educación por separado, esta vez en Canadá, también dio resultados positivos. El colegio elemental Glenmerry ha mejorado sus resultados en los exámenes tras separar los sexos, informaba el Vancouver Sun el 16 de noviembre.

Tras tener separados a los chicos de las chicas, los alumnos y alumnas de séptimo grado han logrado las mejores puntuaciones jamás logradas, incluso superiores a la media en la región y en la provincia. Además, los resultados han mejorado tanto para chicos como para chicas.

Lorraine Garnett Ward, en un artículo de opinión publicado por el Boston Globe el 30 de octubre, afirmaba que lo que debemos asegurar es que tanto chicos como chicas desarrollen su pleno potencial moral e intelectual.

Profesora de inglés actualmente en excedencia, sostenía que los colegios y las clases de un único sexo permiten a los jóvenes liberarse del peso de aprender las diferencias entre los sexos, y les da la oportunidad de desarrollar su potencial. Un argumento que cada vez gana más fuerza.

fuente:/www.acapsi.com

El embarazo adolescente: ¿Problema o síntoma? (II)

¿Qué dice la ciencia?

Los estudios científicos y las cifras estadísticas coinciden en que este enfoque viene fracasando. Alrededor del 80% de las muertes maternas en países pobres se evitarían mejorando las condiciones sanitarias en los partos. El embarazo adolescente, sostiene la Dra. Chireau, se previene mejorando el entorno familiar y social de los adolescentes, con educación. En países donde se ha implementado el enfoque con anticonceptivos, como en Inglaterra, el embarazo adolescente no ha disminuido sino ha aumentado.

Otro estudio publicado recientemente, financiado por el gobierno federal y dirigido por el Dr. John Jemmott y un equipo de investigadores de la Universidad de Pensilvania, encontró que los programas de educación en la abstinencia obtienen resultados notoriamente superiores en el retraso de la actividad sexual de los adolescentes. Se realizó sobre una población de 662 estudiantes afroamericanos en edad escolar, mayormente de 12 años. Estos fueron divididos en 3 programas: un programa de sólo abstinencia dirigido a reducir las relaciones sexuales, un programa de sólo “sexo seguro” dirigido al uso del preservativo y un programa de estudio más largo combinando abstinencia y “sexo seguro”.

En los dos años siguientes, el 52% de los niños en el programa de “sexo seguro” se había convertido en sexualmente activo, seguido por el 42% de aquellos en el programa combinado, y solamente el 33% de los de educación en sólo abstinencia habían tenido actividad sexual.

El Instituto Guttmacher, entusiasmado con la nueva Oficina de Salud del Adolescente de Obama y la iniciativa de los US$ 114.5 millones de dólares para incrementar la educación sexual y el uso del preservativo, tomó muy a la ligera la evidencia hallada en el estudio de Jemmont y se limitó a decir que “los resultados de esta prueba no deberían tomarse en el sentido que todas las intervenciones de sólo abstinencia son eficaces”.

“El 90% de los padres quieren que sus hijos aprendan a abstenerse de la sexualidad,” dijo la Dra. Miriam Grossman, autora de “Unprotected” (“Sin Protección”) en su presentación durante la Comisión sobre el Status de la Mujer-CSW. Miriam Grossman, psiquiatra del Centro de Salud Estudiantil de la Universidad de California, explica en este libro que la noción de “sexo seguro” provee a los estudiantes de una falsa seguridad que promueve las relaciones sexuales casuales. Y esto es lo que pone en peligro su salud emocional y física.

Esta noción no es una idea aislada sino que es corroborada en otros ámbitos. Por ejemplo, el periódico “Investor’s Business Daily” informa que “los adolescentes que practican la abstinencia rinden mejores resultados académicos y tienen casi el doble de probabilidad de graduarse de la universidad.”

El embarazo en adolescentes aumentó en casi todos los años desde que los programas de educación sexual fueron implementados en las escuelas públicas y privadas. Sólo disminuyeron durante el inicio de los 90’s cuando se aplicaron programas de educación en la abstinencia en un significativo sector de la población. Las tasas de embarazo en adolescentes tuvieron una significativa y constante disminución a partir del 41% en que alcanzaron un pico en el año 1990 hasta alcanzar los mínimos históricos entre el 2000 y el 2005. ¿Más claro? Imposible.

Sin embargo, algunas afirmaciones del Instituto Guttmacher van en un sentido contrario, sin ningún sustento en la realidad. Ellos sostienen que “el descenso significativo en las tasas de embarazo en adolescentes en la década de los 90’s fueron el resultado abrumador de un mayor y mejor uso de los anticonceptivos entre los adolescentes sexualmente activos”. Pero no citó ninguna prueba de esta afirmación. Seguramente porque no tenían ningún resultado de reducción de embarazos en adolescentes que mostrar en ninguno de los 35 estados que declinaron participar en los programas de educación en la abstinencia de la presidencia anterior.

Llamado a ser coherentes con los hallazgos científicos

La Dra. Chireau pidió a las Naciones Unidas que adopten un nuevo paradigma en la prevención del embarazo adolescente. Particularmente expresó su deseo de que el gobierno de los Estados Unidos se ocupe efectivamente del embarazo del adolescente tratando las causas principales de la decadencia de la sociedad, la pobreza, la inseguridad en la adolescencia, la depresión, las violaciones y los hogares rotos. Alentó el fortalecimiento de programas sociales que reintegren a la sociedad a los adolescentes con problemas. Pidió un mayor apoyo a toda instancia social a favor de la responsabilidad en la crianza de los hijos, la promoción de las familias estables y la educación en la abstinencia. En relación a la cooperación internacional hacia los países en vías de desarrollo, opinó que deben tener un fuerte énfasis en el mejoramiento de la asistencia sanitaria básica.

“La educación sexual y la salud reproductiva”, concluyó la Dra. Chireau, “ha demostrado que como metodología no resuelve el problema del embarazo adolescente. No se debería seguir insistiendo en lo mismo. Especialmente en países donde un dólar gastado en “salud reproductiva” significa un dólar no invertido en asistencia médica primaria”.

– Joan Claire Robinson es Asistenta del Editor de Population Research Institute.

– Steve Mosher es el Presidente del Instituto de Investigación en Población (Population Research Institute), una organización sin fines de lucro dedicada a desmontar la falacia de la sobrepoblación en el mundo.

Steven W. Mosher Presidente

Dra. Monique Chireau

Fuente: http://www.sinsida.com/analisis/montador.php?tipo=noticia&categoria=analisis&fichero=Emba9-5-10

Autor: Foro de la familia

Trastornos alimentarios: “lo fundamental es pedir ayuda”

 

Candela Marcos – La Nueva España, 11 de julio 2010.

Así explica Marina, gijonesa de 27 años, el inicio de su bulimia, con la que lleva conviviendo una década. Su aspecto es alegre, vital, extrovertido, el propio de quien no parece tener ningún problema. Sin embargo, lleva desde la adolescencia luchando contra un trastorno alimentario.

Marina habla de “inseguridades”. ¿Quién no sufre algún tipo de inseguridad? Está claro que cuando algo pasa, cuando se tiene un mal día, la autoestima baja y de repente uno ya no se siente tan bien consigo mismo. Ella lo sabe. Ha experimentado que “cuando te sientes bien estás segura de ti misma y tienes menos posibilidades de caer, pero cuando te sientes mal, insegura, es cuando llegan el atracón y el vómito”.

Recapitula su historia. Marina comenzó con los vómitos en la adolescencia, en esa época confusa en la que no acabas de encontrarte a ti misma y no tienes una personalidad muy definida. Peleó en solitario durante mucho tiempo. Un fracaso tras otro. Hasta que hace un año pidió ayuda por primera vez. Llamó a la puerta de Acbaner (Asociación Contra la Bulimia y la Anorexia Nerviosa). Desde entonces, otras personas en situaciones similares a la suya comparten sus problemas. “Estaba cansada de que mi relación con la comida fuera anómala, y llega un momento en que quieres ser una persona normal”, explica Marina.

Nunca se engañó: desde un primer momento supo que lo que le sucedía no era saludable. “Ya me sentía mal en los primeros vómitos”. Sin embargo, no calibró la gravedad de la situación hasta que vio que el problema “era más continuo”. Marina relata que en su vida ha tenido etapas mejores y peores. Incluso en algún momento su enfermedad llegó a quedar en segundo plano por otras dificultades. Sin embargo, el dichoso trastorno “siempre estuvo ahí”. Pero sólo se decidió a salir de sí misma “cuando llegué a verme muy mal y me convencí de que sola no podía”.

Marina ha optado por compartir su drama con muy pocas personas. “Normalmente, y salvo que los efectos físicos sean muy evidentes, tu familia y tu entorno no se enteran”. Sus padres aún no saben nada. Por eso le resultaba más fácil vomitar después de los atracones, porque “mi madre no sabe que tiene que ir conmigo después de cada comida, pues no conoce mi problema y asume que soy mayor y una persona responsable”. Su única confidente al inicio fue “una amiga, que creo que ahora piensa que ya estoy curada”. A día de hoy, las únicas personas a las que tiene al corriente de sus progresos son “una hermana mía y una compañera de piso”.

Marina nunca tuvo una alimentación descuidada. “En mi casa siempre se comió muy sano y variado”. Sin embargo, cuando comenzó a vivir sola volvió de nuevo su problema. “Intenté cuidar la alimentación mucho y comer muy estrictamente, pero cuando llevas tres días reprimiendo las ganas de comerte un Donuts, no te comes uno, te comes el paquete y, claro, ahí vienen la culpabilidad y los vómitos”.

La promoción de las comidas en familia puede convertirse en factor protector

– ¿Con qué otras alteraciones está asociada la ingesta excesiva de comida? Se ha identificado un mayor número de problemas emocionales y de conducta entre los adolescentes que tienen atracones. Entre ellos, síntomas depresivos, ansiedad, quejas somáticas, conducta delictiva, búsqueda de atención y aislamiento social.

– ¿Cómo afrontan su problema de salud? Los adolescentes que protagonizan episodios de atracones tienden a ignorar los problemas, a autoculparse, a buscar formas de evasión (por ejemplo, el consumo de sustancias o alcohol), a reservar los problemas para sí mismos y a no pedir ayuda a los demás. Por otro lado, utilizan con menos frecuencia formas constructivas de afrontar o resolver los problemas en comparación con los adolescentes sin atracones.

– ¿Cómo influyen en ellos los hábitos de alimentación de sus familias? Un mayor porcentaje de adolescentes con atracones informó de una menor frecuencia de comidas en familia (almuerzo y cena) y un peor ambiente en las comidas en comparación con los adolescentes sin atracones.

– ¿Cómo reaccionan ante la ingesta desmedida de alimentos? Las mujeres están más preocupadas por el peso que los varones. Por eso es más alta -con diferencias estadísticamente significativas- la tasa de chicas que admiten que se sienten mal o muy mal después de los atracones. También se han observado disparidades apreciables -superiores igualmente en las mujeres- en el recurso a conductas compensatorias para evitar la ganancia de peso tras los atracones.

– ¿Qué medidas preventivas sugieren los expertos? Según Susana Sierra, un modo de prevenir los atracones podría centrarse en las estrategias de afrontamiento de los adolescentes. Dicho de otro modo: potenciar y desarrollar formas eficaces de abordar los problemas para así evitar el establecimiento de patrones de conducta que puedan a la larga contribuir al desarrollo de patologías alimentarias. La psicóloga también subraya que la promoción de las comidas en familia podría ser un factor protector contra el desarrollo de conductas alimentarias desordenadas entre los adolescentes.

Anorexia, la herencia no deseada

 

Un 6% de las madres de estas pacientes tiene antecedentes de la enfermedad

PATRICIA MATEY

MADRID.- Son madre e hija y víctimas de la misma enfermedad: la anorexia nerviosa. Sus testimonios desvelan el impacto que tiene esta patología en quienes la sufren, y en todos los que les rodean. Pero, sobre todo, nos ‘hablan’ de cómo la han vivido dos generaciones distintas.

“Cuando la anorexia volvió a mi vida con mi hija Pilar pensé que no iba a resistir pasar de nuevo por lo mismo. Otra vez la obsesión por la comida se colaba en mi casa”, relata Consuelo Durandez, de 50 años. La enfermedad atravesó sus primeros años de matrimonio. “Cuando era jovencita, como sucede en la mayoría de los casos. A diferencia de Pilar, a mí me daba por darme atracones de comida de vez en cuando (anorexia bulímica)”. Hoy está curada.

“Entonces no se decía nada, ni se iba al médico y mucho menos a un psicólogo o a un psiquiatra. Estaba mal visto. Yo la pasé solita y la superé solita también. Curiosamente, al final he acudido a terapia de grupo no por mi enfermedad, sino por las consecuencias que ha tenido la anorexia de mi hija en nuestras vidas”, añade.

Tal y como le ha sucedido a Consuelo, existe un buen número de padres y madres con antecedentes de trastornos de la alimentación (anorexia o bulimia) cuyas hijas han ‘heredado’ dichas patologías. Así se deduce de un estudio llevado a cabo con 100 familias españolas. El trabajo, realizado por Íñigo Ochoa, de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco y publicado en ‘Clínica y Salud’ [revista editada por el Colegio Oficial de Médicos de Madrid], refleja que un 6% de las madres con hijas anoréxicas poseía antecedentes de la enfermedad y un 3% de bulimia. Además, un 21,4% había padecido obesidad y un 34% siguió alguna dieta.

Pero, como en el caso de Consuelo, la mayoría de ellos ha convivido en silencio con estos trastornos. Sin apoyo social o sanitario. De hecho, no fue hasta 1992 cuando el psiquiatra Gonzalo Morandé inauguró la primera Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de España en el hospital madrileño Niño Jesús. El año pasado este centro sanitario registró 174 altas por este tipo de enfermedades y realizó 9.282 sesiones terapéuticas.

Tampoco en los años de la enfermedad de Consuelo existía la posibilidad de descolgar un teléfono y recibir asistencia psicológica. Un ejemplo, la línea telefónica gratuita de anorexia [900 60 50 40] de la Comunidad de Madrid ha recibido más de 3.000 llamadas desde su puesta en marcha en marzo de 2003.

‘¿Que eres anoréxica? ¡Pues come!’

Consuelo mira con buenos ojos el ‘despliegue’ de todos estos recursos y defiende “la gran evolución que ha experimentado la anorexia en materia de prevención, diagnóstico y atención a sus víctimas y a sus familias”, pero se queja de que sigue siendo insuficiente. “Las enfermas necesitan acudir a terapia durante muchos años y la demanda de atención es mayor que la oferta. No todas las familias pueden pagar una consulta semanal a un mínimo de 60 euros la hora. Tampoco se entiende que, a sabiendas de la influencia que tienen la publicidad y los medios de comunicación en el desarrollo de la patología, todavía sigamos asistiendo al bombardeo continuo de cuerpos perfectos”.

Su hija, que ahora tiene 19 años y estudia segundo de Filosofía, va más lejos. “En todo este tiempo lo que me ha dolido profundamente ha sido la falta de comprensión. Los demás no se ponen en tu lugar. Recuerdo especialmente que una de mis profesoras me dijo: ‘¿Que eres anoréxica? ¡Pues come!’ A ella la hubiera tenido yo 21 días sin probar bocado para que supiera qué se siente. Queda todavía mucha gente que piensa que no comemos porque no nos da la gana, como si la anorexia fuera un capricho y no una maldita enfermedad”.

Por si a alguien le queda alguna duda de lo grave que es la anorexia, Consuelo rememora lo que le ha costado sacar a su hija adelante. “No ingresó en el hospital, pero los médicos le indicaron el ingreso domiciliario durante un mes y medio. Las dos, cara a cara con la comida sin salir de casa. La lucha en todo este tiempo para que siguiera una dieta normal, con un aumento cada día del tamaño de las raciones, fue tremenda… El ‘bicho’ (como llamamos nosotras a la anorexia) hacía que ella se revolviera contra mí. Sólo quería que le tuviera desprecio porque se sentía mal consigo misma por estar enferma. Tuve que dejar el trabajo y acabé acudiendo a terapia de grupo familiar porque me estaba hundiendo”, comenta Consuelo.

El ‘coro’ de amigas

Pilar no recuerda aquel calvario. “Me lo cuenta mi madre, parece como si yo lo hubiera borrado de mi memoria”. En cambio, sí sabe a ciencia cierta cuándo empezó a dejarse vencer por la anorexia. “Tenía 12 años e ir al colegio era una penitencia. Me llamaban gorda y se metían mucho conmigo, me hacían ‘bullying’ constantemente… Acudí a un campamento y aquello me sirvió para reafirmarme en mi obsesión por la comida y por los chicos. Por aquella época estaba tan obsesionada con la delgadez como con el sexo”.

El ‘coro’ de amigas ayudó al resto. “Venían a casa y la verdad es que ninguna comía nada. Daba igual lo que les ofrecieras para merendar, que a todo decían que no. Todas las chicas están obsesionadas con el peso”, aclara su madre.

Aunque la anorexia y la bulimia han estado ahí siempre, la llegada de la cultura de la delgadez las ha convertido en epidemia. “En mi época no había tanta obsesión con el cuerpo. Hasta en nuestro centro de salud hay revistas sobre cómo adelgazar. Tuve que comentar que si no sabían lo grave que es la anorexia como para dejar visibles en un centro médico publicaciones que incitan a hacer dieta”, denuncia Consuelo.

Los trastornos de la alimentación han aumentado vertiginosamente en los últimos 30 años. Hoy afectan a entre el 4% y el 5% de los adolescentes y jóvenes de nuestro país y a un 6% de los universitarios. “La edad media de inicio de la enfermedad sigue estando entre los 10 y los 12 años en el caso de la anorexia y entre los 16 y los 20 para la bulimia. No obstante, y al igual que en los últimos años nos hemos encontrado con un aumento de los casos masculinos, también está creciendo el número de mujeres adultas (a partir de los 30 años) que están cayendo en la enfermedad”, aclara Enrique Berbel, psicólogo clínico en ADANER-Madrid (Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia).

Consuelo acude durante una hora y media a las terapias de grupo que el doctor Berbel organiza cada 15 días en el Hospital Niño Jesús. “Intentamos que los padres entiendan la enfermedad, lo que va a ocurrir, que habrá días buenos y malos, que el proceso de recuperación es muy lento. Les proporcionamos estrategias para que sepan cómo pueden ayudar a sus hijos, pero sobre todo es importante que no se sientan solos y tengan una red social de apoyo”, apunta el doctor Berbel.

“Me he quedado sin infancia, con menos cabello, sin menstruación… Estoy tomando la píldora anticonceptiva para tener menstruaciones, pero no son naturales. Tengo mucho miedo de no poder tener hijos. Eso sí, si algún día tengo alguno lucharé para que la anorexia no me lo robe”.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2009-09-18