El papel de los padres

Son educadores de los hijos toda la familia, los abuelos, también los hermanos. Pero sobre todo los padres, los dos: la pareja, padre y madre. No uno sólo, ni cada uno por su lado, con opiniones y criterios contradictorios, sino los dos conjuntamente. Debe haber entre ellos un diálogo y una cuidadosa cooperación en la educación dirigida al bien de los hijos. El papel de los padres es el de formar y guiar a cada hijo partiendo de lo que es en la realidad, para conducirlos, a través de las diversas etapas de su desarrollo.

Su labor se extiende, naturalmente, a todas las formas de crecimiento: físico, intelectual, moral, psico-afectivo, etc. Los padres participan del descubrimiento de la identidad personal de los hijos, pues deben acompañarlos y oriéntalos en ese camino y no proyectar sus propios deseos o someterlos a una particular forma de programación personal, haciendo de los hijos aquello que ellos no pudieron ser en el pasado. Los padres deben saber que son únicos, irrepetibles e irremplazables. Los hijos son un don y no una elección propia, los padres han de protegerlos, y valorarlos asumiendo una misión.

Padres por separado

Por otro lado es muy distinto contemplar el oficio de ser padres por separado. La paternidad y maternidad son complementarias, no opuestas. Lo mismo biológicamente que psíquicamente ninguna es autosuficiente. Sin el concurso de parte masculina y femenina no se constituye un nuevo ser, y en el plano psicológico ocurre algo parecido: se necesita la acción de los dos, padre y madre, para que el hijo crezca y se desarrolle de manera plena y armónica. Para ello es preciso que el padre actúe como varón, es decir, masculinamente y que la madre lo haga como mujer, es decir, femeninamente.

La maternidad

La madre es la que concibe, gesta, alumbra y alimenta al hijo recién nacido. Ella ha sacado adelante la nueva vida del hijo y cubre todas sus necesidades desde la unión física con él, primero en su interior por la gestación y por el cordón umbilical; y unión también en el exterior por el amamantamiento y por la estrechez del contacto con el hijo recién nacido. Lo propio de la relación madre-hijo es la unión. Pero la unión madre-hijo va más allá de esa unión física para ser comunión con el hijo. Desde que tiene noticia de que alberga una nueva vida en su seno, posee conciencia clara de que se trata de otra persona, pero sabe también que la nueva vida depende por entero de ella.

La paternidad

La figura del padre aparece como la de un tercero que irrumpe en la comunión madre-hijo no para deshacerla, sino para dar identidad a cada uno de ellos.

a) Primera función del padre: el aporte de identidad. Dar identidad a otro no solo consiste en decirle quién eres tú, sino decirle qué eres tú: un hombre como papá, o una mujer como mamá. Quiere esto decir que dar identidad supone necesariamente dar identidad sexual. El padre da a los hijos su masculinidad siendo él el prototipo de hombre y confirma a las hijas en su feminidad remitiéndolas a la madre.

b) Segunda función del padre: el aporte de seguridad. El hijo, al verse amado por su padre descubre que no tiene nada que temer de él, más aún, se da cuenta por su propia experiencia sostenida en el tiempo que esa presencia en principio amenazadora no solo no le hace daño, sino que lo ama, lo cuida y lo protege, y no solo a él sino a su madre.

c) Tercera función del padre: la introducción del hijo en la realidad. El padre, propicia la salida del hijo del ambiente materno facilitando así su inserción en la realidad externa., en el dinamismo de la vida.

  Dualidad de género

Es pues de reconocer que los padres son los principales educadores de sus hijos y que en ellos la dualidad de género enriquecerá dicha educación. Es el mismo mensaje que se recoge en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio: “Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos”.

María del Carmen González Rivas
Psicóloga

Centro de Atención Psicológica y Familiar Vínculos

http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com/

Cuando llega el primer hijo (II)

 Puede ocurrir que cuando la pareja espera el nacimiento de su primer bebé, las familias de uno y otro respectivamente (familias de origen) quieran implicarse demasiado, de manera que si en este punto los miembros de la pareja no han dialogado juntos y puesto los limites necesarios a sus familias de origen, las intromisiones pueden resultar muy variadas, pudiendo alterar la propia relación de pareja y de ahí influir sobre su misión como padres, tanto que a veces ante fuertes crisis la pareja decide separarse por este motivo.

 Diferente percepción

Por otro lado esa espera del hijo permite que la vivencia de la maternidad y paternidad sean vividas de distinta forma: la madre va tener un íntimo contacto con su bebé durante todo el embarazo, sin embargo, el padre no va tener esa vivencia tan directa hasta que no pueda ver a su hijo. Aunque previamente se iniciará en la percepción de la realidad del hijo entorno a los 4-5 meses de gestación, cuando lo vea a través de monitor de la ecografía, y así mismo cuando su mujer le avise para que ponga delicadamente su mano sobre su vientre y perciba los movimientos fetales.

Una vez que el embarazo ha discurrido con normalidad y se produce el momento del parto o alumbramiento, los padres pueden contemplar a su hijo, sobre el que habían ya fantaseado previamente. Esas fantasías y sueños poco apoco tendrán que irlas elaborando los padres ya que la aceptación total del hijo se basa en la gratuidad, y no valerse de él en ningún momento, ya que así por ejemplo el bebé no es una forma de “salvar” nunca una relación poco sólida.

Al considerar al hijo no como una propiedad y sí como un don se obviarán muchas rivalidades ente ambos cónyuges, ya que el marido irá comprendiendo que aunque puede sentirse desplazado durante los primeros meses, el amor de su esposa ahora se encuentra dividido entre él y el hijo, de esta manera la madre se manejará con menos angustia y ansiedad al no poder compatibilizar ambos amores con la misma intensidad y estará más relajada durante la lactancia materna (muy recomendada por los pediatras).

Importantes cambios

 Por todo ello si de algo estamos seguros es que la llegada de un hijo supone importantes cambios de hábitos en el matrimonio. Sin embargo, lo que para muchos puede ser recibido como “explosión de alegría y felicidad” para otros representa una influencia negativa para la propia pareja, entorpeciendo o llevando a la ruptura su relación. Si no se está atento a esto y no se sabe que estas dificultades añadidas se pueden dar y a veces prevenir, podría significar que la decisión libre de la pareja de afrontar una maternidad y paternidad juntos se ha truncado. Por todo ello la experiencia aconseja que los progenitores deben estar preparados para superar todos estos inconvenientes y futuros problemas asociados a la llegada de este nuevo ser a la familia.

Sólo así podrán darse cuenta cómo los hijos posibilitan que la relación de pareja suponga ocasión de crecimiento.

María del Carmen González Rivas
Psicóloga

Centro de Atención Psicológica y Familiar Vínculos

http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com/

Cuando llega el primer hijo (I)

 Las personas que pasan de la relación de pareja a la paternidad coinciden que, cuando los hijos vienen, todo cambia. Esto hace poquito pude comprobarlo de cerca, pues una amiga tuvo su primer hijo “Pablo”. Su marido Alberto, nos comentaba cómo sus valores habían cambiado, siendo ahora lo primordial en su vida su mujer y su hijo. “Vivo para ellos, hasta los hecho de menos cuando no estoy a su lado”. Por su parte a mi amiga Pilar se la veía también radiante y feliz, comentaba que todo es más fácil de lo que parece, “la maternidad es algo instintivo, te sale sola”.

Este momento, como vemos, cambia la vida de la pareja. Antes vivían para ellos y ahora viven para un tercero. Es una nueva forma de estar juntos, ya que estar junto a los hijos no es estar separados sino es estar juntos de otra forma. Como vemos la paternidad parece poseer un poder extraordinario para hacer que los padres crezcan, para unirlos como pareja y desarrollar la relación. Siendo así el hijo representará siempre el vínculo entre sus padres.

Cambios

Sin embargo no obviemos que la llegada de una nueva figura en la familia, va a implicar una serie de cambios a los cuales los cónyuges tienen que adaptarse y acomodarse previamente. Algo esencial que tiene que comprender la pareja a la hora de plantearse tener un hijo es que la paternidad y la maternidad, son opciones libres propias de un amor confirmado (en la gran mayoría de las ocasiones); “todos podemos escoger si queremos ser padres”, sin embargo no escogemos ser hijos.

Los cambios que se producen pues en la familia, van a influir propiamente sobre su estructura, de ser dos (pareja) pasan a tres (trío) y a su vez un cambio cualitativo importante: pasar de pareja a padres. Así nos lo comenta Paulino Castells: “Se producen dos nacimientos en la familia. El ser que acaba de nacer necesita que la pareja conyugal le haga un sitio, y a la vez hay que encontrar un nuevo lugar para la pareja parental que también acaba de nacer”.

¿Cómo influye en la pareja?

Pues bien ¿Cómo influye en la pareja el nacimiento del primer hijo?

Desde que la mujer confirma que esta embarazada, ya todo entre la pareja va a ir cambiando, sin embargo ésta va a contar con un tiempo de espera natural, para recibir a su bebé. Este tiempo de espera va a ser el idóneo para que ambos puedan valerse de él y asumir interiormente el significado de “ser padres” y cómo influirá sobre su relación de pareja. Es esencial el aprovechamiento de este tiempo ya que dejarlo pasar, dejarlo en manos de terceros o propiamente al azar significaría que las bases para la nueva familia no quedarían fijadas sólidamente. Sí es significativo que los padres preparan lo más material para la llegada de su primer hijo: una habitación, la ropa, que nombre le pondrán, etc. Cuánto más necesario es que la propia pareja se prepare para ello dialogando y acompañándose mutuamente desde el embarazo al parto, la visitas al ginecólogo, las clases de preparación al parto, etc. Es comprensible que sean ambos los que se impliquen, ya que se trata de una nueva familia que están fundando.

María del Carmen González Rivas
Psicóloga
Centro de Atención psicológica y familiar Vínculos

http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com/