Timidez: claves para vencerla

Quienes se consideran tímidos, saben que este rasgo de la personalidad le puede agregar trabas al desempeño social, laboral y hasta familiar, lo que no resulta agradable en lo absoluto, ¿cómo impedir entonces que la timidez haga de las suyas?

Hasta los más extrovertidos pueden llegar a sentir vergüenza en algún momento, nadie está exento de ello. La cuestión se convierte en problema cuando la timidez es un aspecto predominante del carácter que además le lleva a vivir fracasos o dificultades, los cuales entorpecen el acontecer de la vida diaria. Sin embargo, la timidez se puede superar; es cuestión de armarse de valor, esfuerzo y persistencia, puesto que no se logra de la noche a la mañana.

Indagar sobre el origen

Descubrir el origen que despierta la timidez es el punto de partida para poder superarla. Según los especialistas, la timidez puede estar determinada por el tipo de personalidad, la información genética hereditaria, el contexto educativo en el que tuvo lugar la formación de la persona y/o la vivencia de experiencias traumáticas.

“La timidez puede tener su raíz en un excesivo proteccionismo en la infancia, en algún defecto o limitación —habitualmente con poca trascendencia objetiva— mal asumida, o en una educación que no ha logrado contrarrestar suficientemente el amor propio… y a veces responde directamente a la timidez de los propios padres.” Explica Alfonso Aguiló Pastrana, autor de numerosas publicaciones sobre educación.

Adicionalmente, hay dos elementos categóricos asociados a la timidez: la autoestima y la autoconfianza. El concepto de uno mismo, influye de manera directa en el desenvolvimiento característico del día a día. Quien desconfía de sus capacidades, es probable que se muestre inseguro ante los demás, sacando a la luz destellos de timidez. Del mismo modo, el complejo de inferioridad que suele sentir una persona tímida, muchas veces está fundamentado en falsas creencias y no en defectos reales, lo que hace perder aún más la objetividad.

¿Cómo vencerla?

A parte de ser una decisión personal, hay varias ayudas que pueden facilitar el proceso, como es la orientación de un profesional y las claves que se revelan a continuación:

Pensar en uno mismo: por lo general, el sujeto que es tímido se preocupa demasiado por la opinión de los demás, tanto así que ha olvidado sus propios gustos, fortalezas y habilidades. Habrá que establecer de nuevo el listado de prioridades, dándole los primeros puestos a los propósitos personales.
Redescubrir los puntos fuertes: es lo que comúnmente se denomina “empoderamiento”. Hace referencia a que todos tenemos debilidades pero también muchas fortalezas, estas son las que hay que potencializar en lugar de subrayar aquellos aspectos no tan favorables. Sentirse fuerte en algunos puntos, proveerá la fortaleza y seguridad interior para afrontar las situaciones desafiantes.
Mejorar el nivel de autoestima: es una necesidad que el tímido se sienta bien consigo mismo, para ello deberá tomar medidas correctivas que le ayuden a volcar el auto concepto hacia un terreno positivo. Surge efecto en muchas personas, realizar algunos cambios en el estilo de vida, en el aspecto físico o en el elemento generador de la timidez.
No aislarse: es un error en el que frecuentemente caen este tipo de personas, lo que empeora las condiciones. Aunque cueste dificultad, la persona tímida debe hacerse perteneciente a un grupo que le permita la interacción humana. “Hay quienes huyen a la soledad para olvidar, y sólo logran acrecentar sus recuerdos, revolver en sus vagabundeos mentales una y otra vez, o rumiar obsesivamente los fracasos y las heridas de la vida.” Señala el autor citado anteriormente.
Así pues, la timidez es una faceta que muchas personas aseveran tener, pero no debería significar sufrimiento ni angustia, los defectos deben ser oportunidades de mejora y no opciones de derrota. Vencer la timidez es posible, siempre y cuando se elimine como precedente el fracaso o el miedo al ridículo.

Fuente:lafamilia.info

Educar el carácter en familia

Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú.

Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú.

Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú.

Sé tú el que aparta la piedra del camino.

Gabriela Mistral

En el interior de un chico o una chica de trece a dieciocho años late un desarrollo casi imposible de medir. Es como una primavera de la vida que fluye con una riqueza extraordinaria. Quienes no tratan con gente joven —o lo hacen con lejanía— no sospechan siquiera cuántas dudas, cuántas tempestades, cuántos afanes apasionados lleva consigo la transformación del espíritu adolescente.

Para los padres, ayudar a sus hijos en la formación del carácter y la personalidad —para los que estas edades constituyen una etapa clave— ha de resultar un deber ineludible y al tiempo una satisfacción inmensa.

-—Pero ya sabes aquel dicho universitario de que qui natura non dat, Salamanca non prestat: lo que la naturaleza no da, no siempre se puede suplir con educación, por muy buena que sea.

Efectivamente, y por eso no podrás pretender que tus hijos que sean unos genios, porque les puede faltar el sustrato natural necesario para serlo. Pero hay otros aspectos, como el carácter, que dependen menos de la naturaleza y más de la educación que cada uno recibe y de las cosas que uno hace: nuestro carácter —decía Aristóteles— es el resultado de nuestra conducta.

El carácter no es como un apellido de alta alcurnia que se hereda sin trabajo. El carácter viene a ser como el resultado de una contienda singular que cada uno libra consigo mismo y de la que depende en mucho el acierto en el vivir. Una lucha que comienza a edades muy tempranas y que queda ya casi decidida al final de la etapa que nos ocupa.

Tanto si eres padre o eres madre, como si eres, querido lector, un adolescente a quien le preocupa mejorar su carácter, no quieras dejar esa tarea para más adelante. Fíjate, para mejorar, en este año. No pienses en dos ni en cinco. No lo dejes para cuando vengan esas circunstancias favorables que luego nunca llegan, o que cuando llegan resultan no serlo tanto. Piensa, para esto, en el presente y en el futuro inmediato. Después, quizá sea ya tarde.

-—A mí, la educación del carácter me parece bastante difícil porque es algo que se fragua muy en el interior del chico o de la chica, y además es una cuestión personalísima de cada uno. Tanto es así, que pienso que no debe ser fácil siquiera definir en qué consiste ser una persona de carácter.

Sí que es difícil, y es quizá uno de los primeros aspectos que debemos abordar en este libro: ver qué aspectos contribuyen a mejorar el carácter, para después apuntar algunos posibles caminos —de entre los infinitos que habrá— para lograrlo.

-—Pero es el chico o la chica quien tiene que lograrlo, no yo.

Es verdad, pero el éxito en la forja de su carácter depende en mucho de que él o ella se convenzan de que les interesa mejorarlo, y estas ideas pueden servirte para hacerles reflexionar.

Precisamente por esa razón, a veces a lo largo de estas páginas no es fácil distinguir cuándo me dirijo a los padres y cuándo a los hijos. Cuando te parezca que estoy hablando para otros, piensa si te es útil también a ti para ponerte en su lugar, o para comentarlo con ellos. Procura buscar el momento oportuno. Pronto comprobarás que todo el tiempo empleado en hablar —con ganas de entenderse, claro— es tiempo ganado.

-—Bien, pero a muchos adolescentes les gustaría cambiar, superarse en el defecto que sea, y no lo consiguen porque les falta fuerza de voluntad. Por ejemplo, a la mayoría de los estudiantes que suspenden les gustaría sacar buenas notas y no le faltan razones para convencerse de ello. No es todo cuestión de razones.

Ciertamente, además del entendimiento está también la voluntad, y los sentimientos, pero unos y otros se pueden educar.

-—Pero la educación no lo es todo, pues está también aquello que le viene a uno dado de nacimiento, y luego está la libertad.

Pero lo que vino dado de nacimiento es algo que pertenece al pasado y no puedes cambiar. Y con la educación se busca precisamente que aprenda a hacer un buen uso de su libertad.

La educación, sin serlo todo, es muy importante a la hora de forjar la forma de ser de cada uno y, en definitiva, el carácter y la personalidad. Lo que los padres son, lo que hacen y lo que dicen, va calando día a día en el carácter de los hijos.

Piensa que, desde su nacimiento, está en el niño el germen de su porvenir; pero, también desde el primer momento, los hijos son testigos inexorables de la vida de los padres. Por eso decía Ackerman que la familia hace o rompe la personalidad. Las influencias positivas de la familia sobre el desarrollo de la personalidad del niño se transforman en negativas si los padres fallan al darles una respuesta adecuada.

fuente:interrogantes.net

Psicoterapia y conversion

Rudolf Allers

En la escuela adleriana, la psicoterapia es en el fondo pedagogía. Se trata de reeducar el carácter para que se conforme con los fines reales de la naturaleza humana.

Allers lo asume pero “desde lo alto”, a partir de una visión más profunda del ser humano, dada por la antropología cristiana.

Proceso de transformación del carácter neurótico, la curación es considerado como una conversión, metánoia, un cambio de la mente.

La transformación interior que lleva a la salud, comienza por la humildad, que vence a la soberbia, la voluntad de poder que es el motor oculto del carácter neurótico. Esto no se puede hacer sin ser movidos por el amor auténtico. Junto a éstos coloca la verdad; el lema de su labor terapéutica era “La verdad os hará libres”.

El papel del psicoterapeuta es secundario y auxiliar. Se trata de quitar los impedimentos al desarrollo de estas fuerzas curativas en el interior de la persona, a través del amor.

Esto implica un cierto grado de desarrollo moral y espiritual por parte del terapeuta que muy a menudo es tomado como ejemplo por quien necesita ayuda.

En la perspectiva “desde lo alto”, psicoterapia y dirección espiritual no sólo no se contraponen, sino que convergen.

“El psicólogo no puede menos de reconocer con modestia los límites de sus posibilidades y respetar la individualidad del hombre sobre el que ha de pronunciar un juicio; deberá esforzarse por percibir en todo hombre el plan divino y ayudar a desarrollarse en la medida de lo posible”.

Fuente: Resumen hecho por la Asociación Católica de Psicología. Martín Echavarría. Rudolf Allers, psicólogo católico. Revista VE #57. Enero-Abril de 2004, Año 20. Lima, Perú. 152pp Comentarios Imprimir

¿Qué carácter tienen sus hijos?


Muchas veces el fracaso de la educación, es debido, en buena parte, a no saber cómo es la persona que debemos educar. Conocer la personalidad y el carácter de quien se quiere educar, es fundamental para saberle llegar y lograr nuestro objetivo.

En la medida que el conocimiento de nuestros hijos sea acertado y profundo, se podrán hacer planes de formación adecuados; es decir, estaremos en condiciones de formar.

¿Cómo conocer el carácter?

Los padres tienen un primerísimo papel en el “modelado” del carácter de los hijos. Ellos son los que en los primeros años pueden comenzar una obra de arte que, más adelante, completará el niño cuando llegue a la adolescencia y a la madurez.

Para que usted descubra el carácter de sus hijos, se han definido los rasgos fundamentales de cada uno de los ocho tipos que suelen darse. El sistema es un juego entretenido. Grupo por grupo, vaya sumando los rasgos que coinciden con los del niño. El grupo que obtenga mayor puntuación es el que define el carácter del niño.

A continuación se incluye a las características principales de la persona humana desde la infancia hasta la adolescencia.

Nervioso

Tiende a dejar sus obligaciones para más tarde.
Suele hacer muchos proyectos y planes, pero se cansa de ellos y los abandona.
Es muy irregular en sus estudios y poco exigente consigo mismo.
Es incapaz de estar quieto un momento. Se mueve continuamente.
Es violento y susceptible. Se rebela y protesta con facilidad.
Es poco objetivo y exagerado. Tiende a decir mentiras.
Se cansa pronto de todo: juguetes, amigos. Le gusta la novedad y el cambio.
Actúa sin pensar, es impulsivo.
Sus estados de ánimo fluctúan con facilidad.
Se consuela fácilmente. Perdona y se reconcilia enseguida.
Es fácil de convencer y dirigir si se le sabe llevar.
No le gusta estar solo.
Tiene buen carácter, es alegre y suele estar risueño.
Es presumido y vanidoso, le gusta estar bien vestido.
Le gusta llamar la atención.
Es charlatán, comunicativo.
Es incapaz de guardar un secreto.
Le cuesta expresar sus conocimientos con claridad y orden.
Es mal observador, sobre todo para lo que no tiene un interés efectivo para él.
Sentimental

Es indeciso.
Aplaza sus trabajos, dando preferencia a los que están más de acuerdo con su forma de ser.
Le falta sentido práctico.
Se desanima con facilidad. Tiende al pesimismo y la melancolía.
Su humor oscila, pero no con brusquedad.
Muy sensible. Se ofende fácilmente, pero no suele manifestar sus disgustos.
Le gusta la naturaleza.
Tiene un sentimiento religioso muy vivo.
Muy apegado a sus costumbres y amigos. Se muestra incómodo ante personas desconocidas y situaciones nuevas.
Rumia las cosas durante mucho tiempo en su interior. Conserva fielmente los recuerdos.
Es difícil hacerle cambiar de opinión.
Le gusta la soledad.
Es tímido, retraído, poco comunicativo.
Individualista.
Serio, con seriedad atractiva.
Verás y honrado.
No le gusta presumir de sus cualidades.
En los trabajos escolares es más agudo que riguroso.
Su pensamiento es lento.
No es buen observador.
Colérico

Muy atractivo. Siempre está ocupado en algo. No aplaza sus obligaciones.
Decidido, dinámico, entusiasta. Tiene iniciativas.
Tiene gran sentido práctico.
Tiene mucha vitalidad, nunca se cansa.
Poco reflexivo y metódico en su trabajo.
Violento: se acalora, levanta la voz.
Exagerado. Tiende a la mentira.
A veces, afectuosos y tierno. Otras, violento y rebelde.
Hace las paces enseguida.
Le gustan las novedades y cambios.
Desconoce los remordimientos y complejos.
Es muy espontáneo. Manifiesta fácilmente sus ideas y gustos y los defiende con calor.
Le gusta mandar y organizar.
Es alegre y optimista. Tiene confianza en sí mismo y en los demás.
Independiente. Hace poco caso de reglas y mandatos.
Generoso, compasivo, servicial.
De palabra fácil, locuaz. Tiene siempre la réplica adecuada.
Bastante glotón.
Le interesa todo.
Es un poco superficial.
Apasionado

Se entrega por completo a sus ocupaciones: estudio, juegos, etc.
Decidido, rápido, práctico y desenvuelto.
Siempre está ocupado.
Buen alumno: trabajador, reflexivo, tenaz y perseverante.
Poco valiente en momentos de peligro.
Su sentimiento religioso es vivo y firme.
Muy apegado a su colegio, sus profesores y su clase.
Le gustan los animales.
Conserva mucho tiempo sus recuerdos: alegrías, penas, amigos.
Poco aficionado a ejercicios físicos y deportes. Prefiere los entretenimientos complicados.
Prefiere trabajar solo que en grupo.
Es honrado y digno de confianza.
Ordenado, limpio, puntual.
Objetivo y conciso.
Se manifiesta tal como es, sin preocuparle mucho la opinión de los demás.
Tiene capacidad de mando.
Su inteligencia es rápida y sólida.
Tiene buena memoria.
Es buen observador.
Le gusta mucho leer y asimila lo que lee.
Sanguíneo

Tiene gran sentido práctico. Es desenvuelto.
Trabajador. No suele aplazar sus trabajos.
Le gusta el esfuerzo.
Muy aficionado a los ejercicios físicos, sobre todo si son violentos.
Siempre está ocupado, también en los ratos de ocio.
Valiente en los momentos de peligro.
Se le ofende difícilmente.
Bastante egoísta. Quiere a los demás, sobre todo, por lo que le dan.
Vive en el momento presente, sin preocuparle el antes o el después.
Se consuela pronto cuando tiene alguna pena.
Se reconcilia fácilmente.
Todo lo nuevo le interesa.
Es alegre y optimista.
Tiene confianza en sí mismo.
Muy extrovertido. Le gusta estar con los demás; los necesita.
Le gusta la buena vida.
Es tolerante, cortés y elegante.
Buen observador.
Tiene una inteligencia rápida.
Flemático

Muy puntual y exacto en sus trabajos.
Raramente se encuentra desocupado.
Ordenado u metódico. Disciplinado.
Prefiere los juegos individuales y complicados.
Frío, calmoso, paciente.
No es efusivo y le molestan las efusiones.
De humor poco cambiante.
Reflexivo y constante.
Se aísla muy gustosamente de los demás.
Poco hablador, retraído, objetivo en sus relatos.
Franco, sencillo, natural, digno de confianza.
Se adapta con facilidad a las distintas personas y ambiente.
No le gusta llamar la atención ni destacar.
Es querido por sus compañeros y confían en él.
Optimista.
Bien dotado para la observación.
Inteligencia sosegada, con curiosidad por todo.
Pensamiento lento.
Le gusta comer, y lo hace despacio.
Muy apegado a sus costumbres.
Amorfo

Perezoso para todo
El juego no le interesa demasiado, pero participa en él con sus compañeros.
No tiene sentido práctico, es poco hábil de movimiento.
Nada perseverante.
Muy indeciso. Hay que empujarle a todo.
Insensible a los estímulos afectivos.
Frío y objetivo.
Valiente.
Se desanima con facilidad ante las dificultades.
Muy influenciable por sus compañeros.
Indiferente. Las cosas parece que no dejan huella en él.
Muy poco puntual.
Le gusta comer y lo hace despacio.
Cuesta levantarle de la cama.
Muy poco cuidadoso en su aspecto personal. Desordenado.
Le gustan los deportes colectivos.
Muy sociable.
Despilfarrador
Bastante egoísta.
Le gusta divertirse, es optimista y feliz.
Apático

Muy lento en ponerse a trabajar.
Está muchas veces desocupado, es pasivo.
No le gustan los esfuerzos físicos, los deportes ni los juegos violentos.
Casi nunca se ríe.
Su humor es constante.
Tranquilo, frío, objetivo.
Propenso a la tristeza y la melancolía.
No le interesan los animales.
Es bastante pesimista.
Adquiere hábitos con facilidad.
Bastante terco.
Cuesta trabajo convencerle y dirigirle.
Tampoco se deja arrastrar por sus compañeros.
Le gusta estar solo.
Es poco hablador. Responde parcamente cuando se le pregunta algo.
A menudo es envidioso.
Se somete fácilmente a la disciplina.
Tiene gran sentido de posesión: le cuesta dejar las cosas.
Su memoria es confusa y débil.
Demuestra interés por muy pocas cosas.

fuente:lafamilia.info