Los daños que causa sobreproteger a los hijos

 

a intención de un padre nunca es hacerle daño a sus hijos, sin embargo, cuando se les sobreprotege se crea un efecto negativo en la vida de los chicos.

La sobreprotección es el exceso de cuidado y resguardo de los padres hacia los hijos. Este tipo de padres no permiten que el hijo se desenvuelva libremente, experimente por sí solo y crezca al ritmo natural de la vida.

¿Por qué se da la sobreprotección?

Se da con mayor frecuencia en los padres primerizos por su falta de experiencia y práctica. Asimismo, es más común que se presente en las mamás, debido al vínculo que ellas tienen con sus hijos, lo cual no quiere decir que los hombres no la padezcan.

La razón principal de este modo de ser de los padres, es el temor que ellos sienten a que su hijo crezca, se independice y cada vez necesite menos de su cuidado. No obstante, en algunas ocasiones el problema va más allá. Ciertos traumas o miedos experimentados durante su niñez o juventud, pueden provocar este tipo de comportamiento, los cuales son transmitidos años después en la educación de sus hijos.

Hay otros casos especiales en que las situaciones adversas incitan a que los padres se excedan en los cuidados, como por ejemplo cuando el niño tiene alguna enfermedad grave, o es un hijo adoptado que durante años lo ansiaban tener, o existe un entorno familiar difícil, etc.

Para los padres sobreprotectores, todo absolutamente todo, representa un peligro para sus hijos, y normalmente se producen expresiones como: “no juegues con eso que te aporreas”, “te vas a caer y te vas a quebrar”, “¡cuidado! te ensucias”, “eso es muy peligroso, no lo hagas”. Hacen hasta lo imposible por impedirles los problemas y se extralimitan para solucionarlos, con tal de evitarles frustraciones y sufrimientos, aunque sean insignificantes situaciones.

Este comportamiento imposibilita que los chicos exploren el mundo y se siembren en ellos ciertas inseguridades que dejarán una marca en su personalidad para el resto de la vida.

Ejemplos de sobreprotección

Desde los primeros meses de vida se dan muestras de excesiva protección, algunos ejemplos:

Cuando a los bebés no les dan alimentos sólidos para evitar que se atoren.

Cuando los niños se tardan en caminar para evitar caídas y aporreones.

Dificultad en el desarrollo del lenguaje, debido a que los padres les adivinan los balbuceos y señales a los niños, lo cual hace que ellos no sientan la necesidad de hablar.

Niños de seis o siete años que aún hay que bañarlos, vestirlos, darles la comida, etc.

Hacerles las tareas a los hijos para que ellos no se cansen, así como excusarlos ante el colegio por una ausencia injustificada.

Organizarles su habitación, útiles escolares y hacerles las labores del hogar cuando los chicos ya están en capacidad de ejecutarlas.

Llevarle los caprichos de la comida dándoles lo que desean y no lo que deben comer. Entre otros…

Efectos nocivos de la sobreprotección

Los padres sobreprotectores piensan que a mayor cantidad de cuidados, mayor es el amor que le dan a sus hijos. ¡Gran error! Esta conducta les dificulta el desarrollo de su personalidad.

Cuando los padres acostumbran a los hijos a hacerles todo, los niños se acostumbran a no hacer nada. Para la mamá puede ser más rápido y cómodo porque se asegura que las cosas quedan bien hechas -según ella-, pero es necesario irle traspasando responsabilidades al niño de a poco, dejarlo que se equivoque. Sólo con la práctica va a poder desarrollar habilidades y adquirir hábitos.

Proteger más de la cuenta a los hijos causa en ellos efectos perjudiciales que no tendrían por qué existir como son: inseguridad, dependencia, debilidad, nerviosismo, timidez, poca tolerancia al fracaso, escasa capacidad de adaptación… Además, se dificulta su crecimiento y desarrollo en entornos diferentes al de su casa. Así como afirma Catalina Suárez Melo de ABC del Bebé “es importante que los padres tengan claro que se les debe proteger mas no crear a su alrededor una ‘burbuja’ que los aleje del mundo”.

¿Qué hacer para evitarlo?

Para evitar la sobreprotección debe primar la disciplina, la autoridad asertiva y el amor. Algunas tácticas:

Enseñarles las responsabilidades para que vayan adquiriendo autonomía.

Exigirles de acuerdo a la edad.

Darles pequeños encargos a medida que van creciendo.

Permitirles “ser” ellos, partiendo de la seguridad y el amor.

Darles las herramientas para superar los obstáculos, no hacer las cosas por ellos.

Proyectarles seguridad, entusiasmo, autoestima; recuerde que los hijos son los reflejos de los padres.

Estimularlos para que investiguen y socialicen. Hablarles claro para que se relacionen con los demás seguros de sí mismo.

Permitirles que exploren su entorno pero con supervisión. Lo ideal es que los padres los acompañen en esa exploración para que puedan aprender con seguridad y se creen lazos más fuertes.

Fuentes: ABC del bebé, encuentra.com

Imágenes: Getty Images

LA PRÁCTICA DE LA MALA EDUCACIÓN

Aveces por desconocimiento o falta de tiempo cometemos una serie de errores educativos que más tarde nos pasarán factura como padres y madres, no obstante, lo que resulta más importante es que incidirán en el desarrollo personal de nuestro hijo, ya que provocaremos que llegue a unas malas conclusiones o errores cognitivos, que le harán ver las relaciones de una forma diferente a como la mayoría de las personas las ven. Esto no sucede por otro motivo que no sea que el papel de los padres y madres es y será siempre el más importante en el desarrollo de sus hijos.

Ante esto, aquí os presento una serie de situaciones que se dan y que las podemos considerar unas malas prácticas educativas y que conviene evitar; aquí van unas cuantas:

1. Comprarle todo aquello que nos pida.

2. Darle siempre la razón cuando tenga un problema.

3. Dejarle que hable mal, tod@s sus amig@s lo hacen.

4. Ponerle un televisor y/o un ordenador en su habitación (con acceso ilimitado a internet por supuesto y si puede ser con la play station)

5. Avergonzarnos cuando tiene una rabieta.

6. No darle abrazos ni besos, ni decirle lo importante que es para nosotros.

7. No exigirle en relación a la escuela ni en las tareas de la escuela.

8. No castigarle ni llamarle la atención sobre su conducta nunca.

9. Castigarle cada día.

10. Que la madre le diga que no a una cosa y el padre la consienta o viceversa.

11. Chillarle o estresarnos cada día para que haga lo que le exigimos.

12. No jugar ni hablar tranquilamente nunca con él o ella.

13. No establecer ni unos horarios ni unas reglas del juego mínimas.

14. No pedirle que colabore con la casa en las cosas que están a su alcance.

15. Permitirle las mismas cosas que a sus hermanos mayores, o prohibirles a estos porque sino el pequeño se enfada o hace una rabieta.

16. No enseñarle unas normas y/o valores, sean del tipo que sean.

17. Creer que nuestr@ hij@ siempre nos miente: acabará haciéndolo.

18. Creer que nuestro hijo es malo: acabará siéndolo.

19. No hacer lo que les decimos a ellos que deben hacer ( No predicar con el ejemplo).

Puede parecer mentira pero a veces no nos damos cuenta y podemos estar haciendo alguna de estas conductas “educativas”, las cuales evidentemente resultan malos amigos de cara al buen desarrollo y equilibrio emocional de l@s niñ@s. Es importante tener en cuenta que estos ejemplos no nos los inventamos, sino que se desprenden de diferentes trabajos que hemos realizado con familias.

MARC GINER LLENAS. Psicopedagogo y Logopeda.