¡Quiero que mi hijo tenga voluntad!

Muchos padres constatan, es verdad, que no es un problema de falta de capacidades intelectuales o sociales, ni es la falta de información lo que les lleva al fracaso, sino que es sencillamente un problema de voluntad.

En otros casos, esa denominada “falta de voluntad”, lleva a situaciones de mayor gravedad, poniendo en peligro incluso el propio proyecto de vida, como puede ser la progresiva adicción a la droga. Y es que, en el ambiente social en que se mueven nuestros hijos, es muy fácil caer en alguna de estas u otras esclavitudes si no tienen una voluntad entrenada y fuerte.

Es significativo que, a medida que aumentan en nuestra sociedad los problemas que sobrevienen del fracaso escolar, de la drogadicción, del alcoholismo o de la violencia, entre otros que podíamos citar, se incrementan las campañas publicitarias en las que se les pide, especialmente a nuestros jóvenes, que digan ¡NO! Un no a estas sugestivas invitaciones que ponen en grave peligro sus vidas y que, en muchos casos, convierten el ambiente familiar en un verdadero infierno. Pero, para decir que ¡No! a estos reclamos, hace falta que cada chico, cada chica, cada persona adulta sea capaz de negarse, es decir, tenga fuerza en su voluntad.

¿Resignación?

Cuando esto no sucede, es decir, cuando no hay fuerza de voluntad para decir que no, aparece en muchos padres una actitud de resignación, que convierte el problema de “falta de voluntad” en una enfermedad crónica e incurable, porque esta carencia no la cura el tiempo, sólo la disimula. Junto a chicos y chicas jóvenes no faltan adultos a los que su “falta de voluntad” les convierte en unos fracasados e infelices.

Es el momento de afirmar, con rotundidad, que la llamada “falta de voluntad” no es como una enfermedad incurable, tiene remedio. Con más éxito cuanto más a tiempo se ponen los medios.

La solución no es la resignación, que resulta necesaria ante otro tipo de carencias irrecuperables. La solución es tener claro que la voluntad está ahí, aunque esté débil, apática, o enfermiza. La solución es gritar ¡levántate y anda! Eso es lo que se hace en la educación de la voluntad. Esta es, por tanto, una formación necesaria y prioritaria en el proceso docente que ha de llevarse a cabo en la familia y en la escuela. Por este orden. A este respecto, dice Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría que “la educación de la voluntad es una asignatura pendiente en nuestra sociedad“.

En estos tiempos, los jóvenes cuentan con todo tipo de medios y recursos, que les proporcionan una amplia cultura en todos los campos del saber. Sin embargo, constatamos que esto no es suficiente para triunfar en la vida, si no va acompañado de una voluntad recia. La investigación actual, en el campo de la educación, aporta datos concluyentes para afirmar, por ejemplo, que “querer estudiar“ o, de otra forma, tener fuerza de voluntad para estudiar es más importante, de cara al rendimiento escolar, que una gran capacidad intelectual.

¿ Qué es la voluntad ?

La voluntad es la potencia o facultad capaz de impulsar la conducta del ser humano y de dirigirla hacia un objetivo determinado. Cuando uno quiere conseguir algo, es la voluntad la que aporta la fuerza necesaria que nos conduce a ese fin. Son muy clarificadoras, a este respecto, las palabras autorizadas del gran científico Einstein: “hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

Junto con la inteligencia y la memoria, la voluntad es la primera de las potencias espirituales del hombre frente a la razón. El filósofo medieval Duns Scoto, afirmaba que la voluntad es superior al entendimiento y la esencia de la voluntad es la libertad.

Esta capacidad de todo ser humano nos mueve a hacer cosas de manera intencionada por encima de las dificultades, los contratiempos y el estado de ánimo. Lógicamente, se apoya en la inteligencia para descubrir los hábitos, valores y virtudes. Por esto se dice, en lenguaje coloquial, que la voluntad es una potencia ciega que actúa a impulsos de lo que la inteligencia le muestra como bueno; y que pone el mismo empeño en conseguir el bien como en conseguir el mal, si éste se le ofrece como bueno. Una voluntad sana tiende de manera natural a alcanzar la belleza, la verdad y el bien.

Soporte de la libertad

La voluntad es además el mayor soporte en el que se apoya el ejercicio de la verdadera libertad personal. Cualquier acto plenamente humano se caracteriza por una interacción de la inteligencia y la voluntad.

Con todo esto, resulta patente que la voluntad es un ingrediente necesario e imprescindible para la adquisición de los valores.

Muy difícil, por no decir imposible, resultará la adquisición de valores humanos y sobrenaturales si no se pone en ejercicio la voluntad. Ella precede y acompaña a la conquista de los valores que hacen valioso al ser humano. Una empresa apasionante es, como educadores, educar nuestra voluntad y ayudar a que crezca robusta en nuestros hijos y alumnos. Pero, de esto hablaremos en otra ocasión.

Manuel Caballero
Padre de familia y orientador familiar