Aprendiendo el comportamiento de los niños a través de la creatividad

Estoy firmemente convencida de que nunca vamos a poder atender correctamente una complicación en la educación de los hijos si no somos capaces de comprender el punto de vista del niño. ¿Qué está pasando por su mente? ¿Cómo estamos actuando? ¿Qué circunstancias personales y materiales tiene a su alrededor? ¿Cómo estamos atendiendo a sus necesidades psicológicas y afectivas?

La educación en los niños demanda mucha creatividad. Y en la sociedad actual no se fomenta ese tipo de inteligencia precisamente. Si nos fijamos, a lo largo de nuestros años escolares nos hemos acostumbrado a que nos den todas las pautas de lo que debemos hacer, con un canon previamente establecido del procedimiento a seguir. Nos cuesta ser capaces de pensar alternativas, salvo mentes brillantemente creativas que consiguen esquivar la tendencia casi única.

Este es uno de los motivos por los que considero que es difícil la educación de los niños, porque no tenemos imaginación, porque no damos rienda suelta a la creatividad y por supuesto porque no tenemos tiempo para fomentarla.

Aún con todos los inconvenientes expuestos, merece la pena intentarlo. Vamos a pensar en el mundo de los niños. Empecemos por ver la película de Descubriendo Nunca Jamás. Sigamos por involucrarnos plenamente en uno de sus juegos favoritos (sin contar con la play station ni la televisión) Después leamos el desarrollo evolutivo del niño en la edad en que se encuentra, para saber lo que suele ocurrir emocional e intelectualmente en el momento específico de su desarrollo. Y por último hablemos con él lo suficiente como para saber qué siente y que piensa sobre lo que le rodea (no sobre lo que nos interesa saber a nosotros, sino sobre lo que le interesa a él o ella) Nos daremos cuenta de la diferencia tan grande entre nuestro punto de vista y el de ellos. Ese es el primer paso.

Una vez observemos esa diferencia, el siguiente paso es marcar nuestros objetivos educativos prioritarios, coherentemente con la etapa evolutiva del niño, sin miedo a exigir ni a apuntar alto en sus posibilidades, pues muchas veces pensamos que son capaces de menos de lo que en realidad pueden alcanzar, pero a la vez restringiendo las metas a las esenciales (que se puedan contar con los dedos de las manos)

El último paso consistirá en pensar maneras variadas para conseguir dichos objetivos, procurando ser originales, desatando los límites de lo pre-establecido, pensando más allá de lo que nuestros padres hacían con nosotros, olvidándonos de lo que dirá o no dirá la gente de nuestro alrededor. Puede servir de gran utilidad hacer una tormenta de ideas entre los dos padres, apuntando todas las ideas por disparatadas que resulten, la crítica ya llegará después, a la hora de seleccionar las actuaciones que escojamos. Con este ejercicio el abanico de acción será grande y nuestra mente se abrirá a nuevas salidas en momentos de tensión. El resultado será divertido, efectivo, original y en definitiva espectacular, eso por descontado, salvo los casos específicos en que sea necesario una intervención personalizada para solucionar un problema de fondo.

Cristina Gómez García de Paredes

gabineteforesta.com