El arte de rehacerse

“Resiliencia” es una palabra nueva en psicología, es la capacidad de resistir ante las contrariedades y rehacerse, adaptarse a las situaciones sin romperse, para mantenerse, y luego volver a la situación estable, óptima. Las personas tienen la posibilidad de sobreponerse a las crisis, y construir positivamente sobre ellas, aprovecharlas para hacer palanca sobre lo positivo que hay en algo malo, y moverlo. La “resiliencia” se aplicaba hasta hace poco a los cuerpos físicos como metales, para indicar la cualidad por la que se doblaban sin romperse y volvían a la situación original. Es la cualidad de las personas para resistir y rehacerse ante situaciones traumáticas o de pérdida. “Se ha definido como la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves” (Héctor Lamas). Recuerdo una película que muestra el re-hacerse de los pueblos de Irán después del terremoto de 1992, se titula “Y la vida continúa”. Bonito título.

Esto, como se ve, tiene interés para explicar cómo hay que resistir y hacer frente a las adversidades de la vida, desgracias de todo tipo, sin rompernos, “pues aunque nos doblemos al principio, después somos capaces de asumir los traumas padecidos y desarrollar recursos internos latentes de los que ni siquiera éramos conscientes (…) el mismo hecho desolador (una pérdida traumática y repentina de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad grave, un terrible revés económico) a unos les afecta de tal manera que no logran reponerse en meses y en años y les sume en una profunda depresión, llevándoles al abandono de sí mismos y al deterioro físico y psíquico, mientras que otros, pasados los primeros días, todo lo superan y no quedan afectados. Es más, algunos se sienten fortalecidos tras la superación del trauma y afirman que les ha servido como lección y experiencia práctica de cara al futuro” (Bernabé Tierno). No son tanto los hechos objetivos, sino la interpretación que sobre ellos se hace, lo que influye. En el estudio llevado a cabo por Fredrickson y colaboradores a partir de los atentados de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, se encontró que la relación entre resiliencia y ajuste tras los atentados estaba mediada por la experimentación de emociones positivas. Así, se afirma que las emociones positivas protegerían a las personas contra la depresión e impulsarían su ajuste funcional. Se está hablando mucho de lo bien que va a la salud del alma y cuerpo la experimentación recurrente de emociones positivas, y que provocan a su vez emociones positivas en los demás, de forma que las redes de apoyo social se ven fortalecidas.

Las emociones son como respuestas subjetivas a lo que pasa, y esto influye en el organismo, donde más se refleja es en la expresión del rostro. Es un procesamiento y evaluación de la información recibida. Por eso pienso que se equivoca la psicología positiva cuando quiere reprimir todo sentimiento negativo. Simplemente hay que integrarlos, y educarlos para que no se desmadren. Pienso que la tendencia a la tristeza no es algo inhumano, y por tanto no hay que obviarlo, pues así como el dolor es la respuesta a un mal físico, o el remordimiento un síntoma de un mal moral, así también cuando el cuerpo no puede hacer frente a un dolor excesivo se desmaya, o el alma se deprime. La huida de la realidad es una solución pasajera, que tiene diversas formas: una es no pensar en el trauma, y esto lo aletarga en el tiempo, otras huidas son químicas como las pastillas, el alcohol o las drogas, pero también puede ser el sexo o el sentimentalismo de las telenovelas, pero para llegar a la solución, la forma de intervención no ha de ser la huida sino enfrentar al sufriente con su dolor, en cuanto le sea posible es decir cuando tenga los medios para poder superar aquello. Las madres dicen que a cada fiebre el hijo crece, también crecemos con el dolor y nos estamos reconduciendo, es por tanto humano el sufrimiento… Si bien es cierto que los traumas considerables nos hacen más vulnerables a infecciones, enfermedades cardiovasculares, estrés y depresiones, también lo es que una actitud de capacidad de encajar estos golpes hará que como las abejas extraen miel del tomillo, las personas sensibles suelen sacar ventajas y provecho de las circunstancias más adversas. A la larga, transforman las dificultades en oportunidades. No dependen de las circunstancias, sino que sean las que sean también en las experiencias de su infancia, etc., son arquitectos de su propio destino. Su optimismo vital les hace crecer ante el desafío cuando otros se achican y pierden el equilibrio interior, de los limones (amarguras de la vida) saben hacer limonada, están abiertos a la esperanza.

La resiliencia no es absoluta ni se adquiere de una vez para siempre, es una capacidad que resulta de un proceso dinámico y evolutivo que varía según las circunstancias, se sitúa en este contexto de psicología positiva. La gente agradecida valora lo que tiene, lo sabe valorar y es feliz aunque tenga menos, muchas veces el que tiene más cosas no vive, pensando en las que aún le “faltan”…

Además, si uno tiene fe, sabe que Dios nos ama y que no permitiría nada malo si no sabe sacar de aquello algo mejor, que todo es para bien, en el sentido de que Dios reconduce todo hacia nuestro bien, entonces, al saber que lo mejor siempre está por llegar, se puede luchar de manera mucho más profunda en este sentido positivo de la vida, y concretarlo en el aprendizaje de la resiliencia.

Llucià Pou Sabaté

 Centro de Orientación Familiar Capif

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