Abuelos canguro (II)

 

Tras lo comentado la semana pasada, en un segundo lugar, me parece digno de reflexión el hecho de que formar, educar, entretener a un bebé o a un pequeño que ya empieza a caminar, exige unas cualidades a los que los abuelos por propia naturaleza ya no están obligados. Con esta situación estamos exigiéndoles a unas personas, que ya no están dotadas de forma natural, unas condiciones que seguramente desarrollaron en su momento con los padres de estos pequeños a los que se ven obligados a cuidar. Me estoy refiriendo a la paciencia, la exigencia (horarios, comidas, orden), mayor agilidad y aguante físico (ya quisieran ellos), etc.

Trato intergeneracional

 

Pero, ¿acaso esto significa que los abuelos deben desentenderse de sus nietos? En absoluto. Privaríamos a unos y a otros, entonces, del necesario y conveniente trato entre ambas generaciones. Una conexión altamente enriquecedora dotada de ingredientes no aportables por la generación intermedia: los padres. Pero en ningún modo acepto que esta relación se convierta en algo obligatorio y esclavizante. Llegado a este punto me gustaría salir en defensa de los abuelos que, a veces, por un equivocado sentido del deber, se olvidan del tipo de vida que ya se merecen vivir, para convertirse en “padres” de sus nietos.

Cuando les ha llegado el momento del descanso con mayúsculas, cuando por fin gozan de eso que han echado en falta toda su vida: tiempo para ellos, tiempo para compartir con los demás, poder salir y entrar, conocer sitios nuevos, moverse con mayor libertad, dedicarse a sus aficiones, etc, les vienen unas responsabilidades que no les competen de forma natural. Realmente me parece una descomunal injusticia. Otra vez les toca esperar “mejores tiempos”.

Es necesaria la convivencia de los nietos con sus abuelos. Esto les ayuda a ir comprendiendo la evolución lógica de la vida. Que sientan como sus padres quieren, respetan y cuidan a su vez de sus padres. Que valoren la experiencia personal de sus abuelos. Que aprecien la relación entre las generaciones porque así valorarán la institución familiar como “correa de transmisión” entre las mismas, que proporciona a la sociedad la continuidad que ésta precisa.

Nido vacío

 

Bien es cierto que con frecuencia la situación antes descrita y que bajo mi opinión no es deseable, es suscitada o “permitida” por los propios abuelos. Pues con el paso de los años llega el momento en que el hogar se convierte en un “nido vacío”. No obstante, por este miedo a la soledad y a la nostalgia, ahora se torna el “hogar lleno”; sólo que en él conviven de forma simultánea varias generaciones, eso sí, todas ellas a expensas en buena parte, de la disponibilidad, entrega y abnegación de los más mayores.

Es muy recomendable, por tanto, que los matrimonios mayores se vayan mentalizando de que esta época de “vuelo” de los hijos ha de suceder cuando sea natural que suceda; lo que en modo alguno asegura que no aparezcan otros problemas. El primero de ellos es el de afrontar el propio vacío. Ese silencio denso y espeso que invade el hogar cuando todos los hijos se han marchado de modo definitivo. Esto suscita una profunda añoranza en los padres. También a estos sentimientos hay que hacer frente. Y se afrontan cuando se acepta la realidad tal y como es, y el presente y el futuro no son devorados por el pasado.

Si no se afronta con energía, es muy posible que los cónyuges, ya mayores, vivan como rehenes de las biografías de sus hijos ausentes, en las que tal vez deseen ellos mismos proyectarse. Esta pérdida de sentido en la vida de los abuelos facilita que se dé la situación de convertirse en abuelos canguro por no se sabe cuánto tiempo.

A modo de conclusión siento necesario mencionar que para los hijos, los verdaderos modelos educativos han de ser sus padres. Ellos son insustituibles por naturaleza. Esto es así a pesar de progresismos o ideas altamente renovadoras. Bien es cierto también que hay aportaciones personales que sólo los abuelos pueden proporcionar. Aunque me atrevería a decir que quedan relegadas a un segundo plano en lo que se refiere al ámbito formador de la persona.

“Despersonificación”

 

No obstante la nueva situación que se viene dando de forma creciente desde hace años, de la existencia de abuelos cuidadores de sus nietos, nos viene a mostrar un peldaño más de la escalera de errores y fracasos que supone una sociedad cada vez más despersonalizada. Una sociedad incapaz de aportar soluciones en el campo laboral, de desarrollo integral de la persona, de política familiar, con ayudas reales a la madre trabajadora.

En una sociedad en la que tener hijos se recompensara de manera seria, no con un aperitivo inicial e irrisorio, y además se cuidara el hecho de que el bebé pudiera estar más tiempo con su madre en el primer año de vida, u otras medidas en esta línea, seguro que no se producirían este tipo de situaciones como los “abuelos canguro”, por mucho que los abuelos amen infinitamente a sus nietos; que me consta que lo hacen.

 

Julio de la Barrera Lebrato
Profesor