VÍKTOR E. FRANKL, UN PSICÓLOGO EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN

¿Cómo incidía la vida diaria de un campo de concentración en la mente del prisionero medio?

 

  

David Amado
Profesor de la Universitat Abat Oliba CEU

 Víktor Frankl, además de por sus importantes contribuciones en el campo de la psiquiatría, es mundialmente conocido por un pequeño libro en el que narra su experiencia en los campos de concentración nazis. Varios supervivientes del genocidio han narrado su experiencia en los campos de concentración y exterminio. No todos lo han hecho con la misma intención. Algunos, como Primo Lévi, en Si esto es un hombre, han actuado movidos por el deseo de que aquella tragedia no fuera olvidada y más, porque nadie podía devolver lo que se había perdido ni compensar tantos sufrimientos. En la misma línea se encuentran los escritos de Jean Améry (Hans Maier), y de otros. La escritura tenía para ellos algo de catártico, mezcla de denuncia y de deseo de que una Europa afecta a la amnesia no olvidara la gran tragedia. En otro sentido, y a pesar del genero elegido por Imre Kerstez, su Sin destino es una magnífica novela en la que se une la lúcida reflexión no lejana al nihilismo con la experiencia de vida en los lager.

Sin duda es una de las grandes obras del siglo XX. Eugen Kogon, por su parte, en El estado de las SS, que parte de un informe para el mando aliado que también recoge su experiencia, intentó una descripción objetiva de la maquinaria de aniquilación.

Aún pasados por el tamiz de la subjetividad todas esas obras muestran la realidad de un régimen que Joseph Roth no dudó en calificar como “la filial del infierno en la tierra”. Y eso que ese autor, fallecido en 1939, sólo llegó a conocer los primeros campos de refugiados.

Algunos prisioneros del campo de concentración traspasaron las barreras de la moral y perdieron de vista la distinción entre el bien y el mal mientras que otros, depuesta toda esperanza, se lanzaron contra las alambradas. Pero quienes han elegido ser “dignos de su sufrimiento” nos muestran como el hombre es capaz de elevarse por encima de su aparente destino.

El testimonio de Viktor E. Frankl tiene, sin embargo, un carácter singular. A diferencia de las obras citadas anteriormente, y de otras que se podrían traer aquí, Frankl combina el relato de los hechos con el análisis psicológico. Originalmente se publicó con el título Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager. Pero a partir de la edición americana (Man’s Search for Meaning) se divulgó en España con el título El hombre en busca de sentido. La misma división de la obra indica el interés científico del autor. Las tres secciones se caracterizan como fases: Internamiento en el campo; La vida en el campo; Después de la liberación. El autor relata tanto lo que vio como su percepción clínica. Viktor Frankl ingresó en el campo con 37 años y, para entonces, ya había publicado algunos trabajos sobre el análisis existencial.

Como él mismo indica no se ocupa tanto de la descripción prolija de los horrores, que puede encontrarse en otros libros, sino que está escrito respondiendo a una pregunta: “¿Cómo incidía la vida diaria de un campo de concentración en la mente del prisionero medio?”

Pero el libro no se reduce a esa pregunta, sino que a partir de la experiencia en el lager, el autor reflexiona tanto sobre los prisioneros como sobre sus verdugos. Y no hace falta un gran esfuerzo para descubrir, más allá del contexto de la obra, una reflexión sobre el hombre.

Las características de este artículo no permiten un estudio pormenorizado de la obra, así que me parece que lo mejor es citar tres fragmentos en los que se percibe bien el pensamiento del autor. Al inicio de la obra señala Frankl: “Los que hemos vuelto de allí gracias a multitud de casualidades fortuitas o milagros –como cada cual prefiera llamarlos- lo sabemos bien: los mejores de entre nosotros no regresaron”.

Hacia la mitad de la narración, después de describir el estado de los prisioneros, desde el inicial estado de shock hasta lo que denomina existencia desnuda, cuando ya habían sido desprovisto de todo, incluso del vello del cuerpo y no tenían ningún nexo material con la existencia anterior, señala refiriéndose a la libertad interior: “Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino”.

El tercer texto son las palabras finales del segundo capítulo, que sintetizan la realidad del corazón humano y el sentido profundo de la libertad. Escribe nuestro autor: “Nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer al hombre quizás mejor que ninguna otra generación. ¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración”.

Los datos que conocemos de los que pasaron por la experiencia de los campos nos revelan reacciones distintas. Los hay que entraron ateos y salieron igual y quienes llegaron a dar la vida, como el Padre Kolbe, para salvar a otros. Algunos traspasaron las barreras de la moral y perdieron de vista la distinción entre el bien y el mal mientras que otros, depuesta toda esperanza, se lanzaron contra las alambradas. El interior de cada hombre permanece como un misterio impenetrable en el que no podemos entrar. Pero quienes han elegido ser “dignos de su sufrimiento” nos muestran cómo el hombre es capaz de elevarse por encima de su aparente destino.

En su breve relato Frankl toca uno de los temas más difíciles e insoportables para el hombre de hoy. Algo que casi se considera un tabú: el sentido del sufrimiento. Quizás por ello, más allá del atractivo que pueda suscitar el tema de los campos de concentración, esta obra no deja de ser reeditada en diferentes idiomas y leída por muchas personas que extraen de ella preciosas enseñanzas.Víktor E. Frankl, un psicólogo en un campo de concentración

Fuente: www.equipoagora.es