5 Retos de los matrimonios del siglo XXI

5 Retos de los matrimonios del siglo XXI

Si bien en la relación conyugal se presentan dificultades que no están determinadas por la época y serán las mismas a pesar del tiempo, es evidente que en nuestros días existen más desafíos que en los tiempos pasados. En palabras de la experta Jutta Burggraf: “El matrimonio no es anacrónico en absoluto. Pero es un reto -hoy más que nunca- mantenerse unidos uno al otro”; ¿por qué? es lo que se analiza a continuación.

El siglo XXI ha triado consigo una serie de cambios –sociales, políticos, educativos, científicos, tecnológicos…- algunos de ellos favorables, como otros que han hecho mella en la institución matrimonial y por consiguiente en la familia. Por tanto, se convierte en una necesidad básica que los esposos construyan bases sólidas además de decisiones fehacientes, las cuales deberán permanecer firmes pese a las influencias negativas ofrecidas en el ambiente circundante. He aquí una descripción a nuestro modo de ver, de los cinco retos principales que deben enfrentar los matrimonios de estos tiempos:

Infidelidad y sexualidad: la opinión pública, al que igual que varios medios de comunicación actuales, no protegen ni promocionan el matrimonio, incluso se podría decir que se hace propaganda a la infidelidad. Asimismo, hay que tener especial cuidado con la tergiversada sexualidad, es decir, aquella que parte de una concepción utilitarista, la cual carece de su carácter humano y afectivo-emocional, en donde el único objetivo es satisfacer los impulsos, los sentidos, la gratificación física. Cuando la sexualidad ha perdido su norte, se dan todas las condiciones para caer en la infidelidad, pues es una búsqueda de goce inmediato, que no mide las consecuencias que ello conlleva.
Relación trabajo-familia: se hace más patente en la actualidad que en las épocas pasadas, la distribución desequilibrada del tiempo a favor del trabajo y en contra de la familia. Jutta Burggraf, autora citada al comienzo, escribe en un artículo publicado en almudi.org: “Muchas veces los esposos tienen distintos campos de acción, ya sea en la familia, en la profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas del día. Sin embargo, tienen contacto con otras personas, hombres y mujeres, y con ellos comparten sus intereses y planes profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes y esto genera una distancia entre los esposos.”

No obstante, también hay que reconocer que es un problema de parte y parte, pues falta conciencia de ciertas empresas para propiciar horarios justos y flexibles, como también es preciso que los trabajadores aprendan a delimitar los espacios y reclamen respeto hacia sus prioridades familiares.

El manejo de las nuevas tecnologías: existe una frase coloquial de autoría desconocida que expresa: “la tecnología es aquello que acerca a los desconocidos y aleja a los conocidos”. En la actualidad, muchos reprochan de sus cónyuges el mal uso de los dispositivos móviles, computadores, celulares, entre otros, pues pareciera que desplazan a la familia o a su propia pareja. Es un verdadero reto para los matrimonios jóvenes, establecer los límites de las nuevas posibilidades comunicativas que brindan los avances tecnológicos.
Las crisis matrimoniales y la actitud ante las dificultades: algunas corrientes modernas pretenden vender la ideal del “matrimonio desechable”, el cual promulga que ante la primera dificultad que se presenta, se acuda al divorcio como la primera opción de una supuesta solución. La intolerancia e incapacidad para afrontar las crisis naturales de toda relación, ha hecho que el matrimonio pierda su seriedad, compromiso, responsabilidad y respeto frente a una institución sagrada.
La mujer ayer y hoy: no es para nada reprochable que la mujer haya alcanzado niveles tan altos en los espacios empresariales, como los hombres. No obstante, esta circunstancia propia de los últimos años, ha hecho que el concepto de liberación femenina se haya ido por otros caminos; como resultado: hogares desprovistos de una esposa y madre, quien se ocupa mayoritariamente en conquistar los terrenos laborales.

La reflexión anterior puede tener algo de certeza, pero si de allí no se pasa a la acción, entonces no habremos logrado nada. Vale la pena que los cónyuges le echen un vistazo a estos cinco retos y emprendan un plan con tareas concretas para evitar naufragar en estas circunstancias.

Fuentes: sontushijos.org; almudi.org; libro “Mujer y hombre frente a los nuevos desafíos de la vida en común” de Jutta Burggraf, Ediciones Universidad de Navarra – España 1999.

* Jutta Burggraf, Doctora en Pedagogía, Doctora en Teología y profesora de Teología dogmática y Ecumenismo en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Fuente:lafamilia.info

Adolescentes: cuando el diálogo es imposible


El silencio, la rebeldía y las discusiones suelen ser un indicio de que los chavales reclaman que dejemos de tratarlos como a niños necesitados de protección.

La familia

Es un sistema formado por varias personas que tienen una relación duradera y que, a su vez, reciben influencias del entorno. Cada persona es un mundo y cada familia es un universo de relaciones entre mundos, por lo que es fácil que surjan conflictos.

¿Qué le está ocurriendo a su hijo y cómo está afectando a toda la familia?

Su hijo está en la ADOLESCENCIA. En esta etapa de la vida, se producen múltiples y profundos cambios en la persona, biológicos, psicológicos y del entorno social. Su hijo ha cambiado. Ya no es el niño que era, está en un proceso de maduración y de separación del entorno familiar, de ahí que su grupo de amigos sea tan importante para él en este momento.
Ustedes se preocupan por él, intentan hablarle, pero lo hacen utilizando las mismas pautas que han usado siempre y él se siente controlado, “salta” con mayor facilidad, se va de casa por más tiempo, habla menos con ustedes y muestra más rebeldía. Su preocupación aumenta y se repite la situación. Están metidos en un círculo vicioso del que no son capaces de salir.

¿Cómo pueden solucionar esta situación de crisis?

Lo que desea es volver a ser una familia feliz, es decir, superar esta crisis que están pasando y recuperar el equilibrio familiar. Para ello, antes de pasar a la acción, será necesario que reflexionen sobre:

¿Qué puede estar comunicando el comportamiento de su hijo?

Necesita desarrollarse individualmente, aprender a pensar y funcionar por sí mismo sobre las bases de sus propios valores y creencias.
Necesita la seguridad familiar pero desea tener mayor autonomía.
Necesita que determinadas normas, límites, pautas de actuación y creencias familiares cambien, se renueven.
Su hijo está pidiendo un cambio en las relaciones familiares pero, como no sabe cómo hacerlo, las cosas no cambian, se siente frustrado y expresa ese sentimiento actuando de manera agresiva o dejándoles de hablar.

¿Qué está comunicando el comportamiento de los padres?

Piense en las razones que los llevan a comportarse con su hijo del mismo modo que cuando era un niño:

– Puede que sea porque le sigan viendo como a un niño que necesita su protección.
– Puede que tengan miedo a la futura separación de su hijo.
– Puede que lo que les suceda sea que sienten inseguridad ante los “peligros” con los que se puede encontrar en la vida y estén ejerciendo un control mediante la utilización de normas rígidas.
– También es posible que se sigan comportando con su hijo de la misma forma que cuando era un niño porque no saben cómo hacerlo de otro modo.

ROMPER EL CÍRCULO

Podrán romper el círculo en el que están metidos cambiando su forma de comportarse con él. No pierdan más energía pensando que su hijo tiene que cambiar y sean ustedes los que cambien la dinámica familiar. ¿Cómo?

1 Para empezar, han de tener en cuenta que el cambio ha de producirse poco a poco.
2 No se dejen llevar por la ansiedad que les produce esta situación.
3 Cambien la forma de comunicarse con él.
4 Denle confianza.
5 Respeten sus espacios de intimidad.
6 No le hieran con palabras negativas.
7 Sean tolerantes con las nuevas formas de ver la vida, las nuevas creencias, los nuevos valores, las nuevas amistades que su hijo vaya teniendo.
8 Ustedes desean acercarse a su hijo. Háganlo compartiendo parte de su tiempo de ocio.
9 Si estos nuevos comportamientos no solucionan el problema, lo más recomendable sería que acudieran a una terapia familiar.

Julia Silva García. Psicóloga

Fuente: www.conmishijos.com

Antídotos contra el estrés en la 3ra edad

 

El envejecimiento por sí mismo no tiene que provocar estrés a pesar de que esta etapa, como evento vital evolutivo, trae consigo una serie de cambios biológicos, psicológicos y sociales que implican esfuerzos de ajustes.

La tercera edad está acompañada de eventos que la persona puede evaluar como causantes de estrés: muerte de contemporáneos, jubilación, nido vacío, pérdida de algunas capacidades sensoriales etc. No obstante la reacción ante dichos eventos depende de cada individuo y de otros factores moduladores del estrés como las características de su personalidad, el sentimiento de control sobre su vida, el grado de independencia, la percepción sobre la disponibilidad de apoyo social y en general su sistema de actividades.

Según el Dr. Dionisio Félix Zaldívar, especialista cubano en Psicología Clínica, el enfrentamiento del estrés y su prevención en la tercera edad, requieren en primer lugar la disposición de la persona para implicarse en procesos de captación de información y reflexión que le permitan el desarrollo de un proyecto de vida, para mantenerse activo y desarrollar un sistema de acciones que le posibiliten mejorar su bienestar y calidad de vida.

“La ausencia de un proyecto de vida adecuadamente estructurado, la pérdida de contactos sociales, un bajo nivel de actividad física y social y la falta de motivación para desarrollar nuevos intereses, resultan factores de riesgo a controlar y evitar” afirma el especialista.

Acciones de prevención y control

La primera acción para prevenir y controlar el estrés en la edad dorada es capacitar a las personas para que reconozcan los factores estresores más importantes que suelen aparecer en esta etapa de la vida y sus efectos sobre la salud. En segundo lugar, el especialista aconseja un adiestramiento para que se controlen las situaciones estresantes y se desarrollen habilidades personales para cambiar las estrategias con las que se abordan los problemas de estrés.

El doctor Zaldívar recomienda estos cuatro tipos de estrategias:

1 Estrategias generales, cuyos objetivos son el mantenimiento y la promoción de un adecuado estado físico (realización de ejercicios, dieta balanceada y apropiada a la edad), red de apoyo social y la implicación en actividades para el disfrute del ocio y la distracción.

2 Estrategias cognitivas, dirigidas al desarrollo de una visión optimista, a la modificación y control de pensamientos deformados e ideas irracionales, y el control de estados emocionales negativos (ansiedad, depresión, ira).

3 Estrategias fisiológicas, encaminadas a la prevención y control de los estados de activación psicofisiológica como la relajación física, el control de la respiración, o la meditación.

4 Estrategias conductuales, como el entrenamiento asertivo, la solución de problemas, el auto-control, o la gestión del tiempo, cuya finalidad será la toma de decisiones y el enfrentamiento a situaciones conflictivas.

Fuente: saludparalavida.sld.cu

INESTABILIDAD AFECTIVA EN LA ADOLESCENCIA

10 consejos para ayudar a nuestro hijo

La adolescencia no es una enfermedad aunque muchas veces padres y educadores la temamos más que a una pandemia. La adolescencia es una etapa de cambio, pero de cambio “hacia mejor”. Adolescente no significa etimológicamente “el que adolece” sino “el que está creciendo”. Y como toda época de crecimiento, de cambio es una época de inestabilidad.

¿Cómo podemos ayudar a nuestro hijo en este tiempo de inestabilidad afectiva?

Cuando un niño comienza a andar, los padres procuran estar cerca y no moverle la alfombra. De la misma manera debemos procurarle a nuestro inseguro adolescente un entorno estable y unos padres-rodrigón que ahí están aportando seguridad, para cuando la necesite.

El adolescente está inseguro. Debemos facilitarle que este estado sea transitorio y no se convierta en una característica permanente de su forma de ser. Los padres tienen que aportar seguridad para facilitar que él también la alcance. Pero no la equivocada seguridad de quien cree saber cómo ha de ser su hijo, a dónde tiene que llegar. El adolescente tiene que construir su vida para llegar a ser un adulto, “el que ha crecido”, no “al que le han crecido”. Tenemos que procurar colaborar con el adolescente en construir una vida con grados de autonomía cada vez mayores. Difícil tarea esta de edificar la libertad en el cauce revuelto del río de la adolescencia.

El marco de seguridad que deben aportar los padres requiere, entre otras cosas:

1.- Tener una idea clara y segura de lo que construye y destruye al hombre. No es fácil orientar si no se sabe dónde está el norte.

2.- Ser capaces de saber llamar bien al bien y mal al mal. Llamar bien al mal por evitarle o evitarnos disgustos llevará a que nuestro hijo deje de considerarnos “punto fiable de referencia”, por nuestra falta de autenticidad. No hace falta decir que llamar al pan, pan y al vino vino no significa tirar el pan y el vino a la cabeza de nuestro hijo.

3.- Ejercer adecuadamente la autoridad, cualidad necesaria en toda sociedad, y la familia lo es. En el entorno familiar la autoridad son los padres que han de ejercerla de forma coordinada, reforzando la autoridad del otro cónyuge. Por la brechas de la autoridad se cuela la inseguridad que en nada ayuda a nuestro hijo adolescente.

4.- Mantener criterios estables en la aplicación de las normas, de los premios y de los castigos. La estabilidad de criterio en la vida familiar ayuda al adolescente a saber a qué atenerse. Las normas no deben cambiar según varíe nuestro estado de ánimo. La aplicación compartida, por el padre y la madre, de las normas ayuda a minimizar los riesgos de las variaciones de nuestras emociones.

5.- No actuar por miedo. No es infrecuente que uno adolescente tenga más dinero del necesario “por miedo” a que se quede sin él y pase vergüenza ante los amigos; o que no le exijamos conductas inexcusables porque ha amenazado con irse de casa. Si el miedo condiciona nuestra conducta, fácilmente convertiremos a nuestro hijo en un chantajista.

El adolescente también suele estar impulsivo, precipitado y, con frecuencia, caprichoso, manifestaciones contrarias a la de una voluntad constante. Para ayudarles a superar este estadio, el adolescente necesita:

1.- Aprender a esperar. Los adolescentes quieren las cosas “ya”. Es bueno que se habitúe a que pase un tiempo entre pedir algo y conseguirlo.

2.- Aprender que las cosas (tiempo, dinero, esfuerzo) cuestan. Es conveniente que tengan que aportar algo de “lo suyo”: les hará conscientes de que las cosas cuestan y les llevará a forjar la capacidad de esforzarse.

3.- Aprender a controlarse. Es frecuente que el adolescente no controle su carácter, de contestaciones o tenga conductas impropias. Muchas veces será más eficaz mandarle al cuarto que enzarzarse con él en una pelea dialéctica. Como el chico sabe que aquello no estuvo bien, no le extrañará que le recriminemos o castiguemos. Si no, repetirá la conducta.

4.- Aprender a mantener las decisiones tomadas. El chico tiene que saber que los comportamientos “veletas” crean hombre “veletas”. Es bueno que no le dejemos fácilmente abandonar decisiones tomadas, más aún si implican a otras personas o si han generado gastos. Habrá que dificultarle el que abandone un equipo de deporte porque “ya no le apetece”, o que no vaya a un plan con los amigos porque “ha salido mal día”, o deje de lado una afición para la que le hemos comprado material.

5.- Aprender a no tomar decisiones precipitadas, motivadas más por el corazón (pasiones, emociones, sentimientos) que por la razón. Los sentimientos en la adolescencia son muy fuertes y provocan en ellos respuestas desproporcionadas ante estímulos que, a juicio de los adultos, son ordinarios. Tenemos que entender la fuerza de sus sentimientos y, desde está comprensión, enseñarles una norma básica para tomar decisiones: esperar a que la intensidad de los sentimientos descienda y pedir consejo en especial si la decisiones son de cierto calado.

¡Ah¡, y no olvidemos que los resultados no los obtendremos inmediato, que habrá que aportar mucho “de lo nuestro” para educarle a él, que tendremos que controlar nuestro humor muchas veces y que las decisiones tomadas las tenemos que mantener, sin ser inconstantes ni inconsecuentes.

Seguro que, aunque no veamos su mejora, veremos la nuestra. ¡Algo es algo!

Iñaki Iraola

Licenciado en Filosofía y Letras.

Ha conjugada la tarea docente en ESO y Bachiller, con tarea directivas y de innovación educativa.

Fue impulsor del Instituto de Técnicas Educativas C.E.C.E.-Navarra y pionero en la implantación de modelos de calidad en la enseñanza.

Durante 8 años ha sido director del programa “Escuela de Padres” en Radio Navarra y Cadena COPE-Navarra.