Buscando refugio

Crecer feliz: necesidades psicológicas

Es conocido que todos los problemas que tenemos los hombres los podríamos refundir en uno solo porque todos los deseos y anhelos de la humanidad se centran en “La búsqueda de la felicidad”; así el niño quiere ser feliz con sus juguetes, el adolescente con su pandilla de amigos, el joven con su novia, el esposo con su esposa, los padres con sus hijos ó los abuelos con sus nietos… Y es que la felicidad, que no es fácil encontrarla porque nuestros deseos y apetencias son ilimitados y a lo peor la buscamos donde no está, deberíamos irla consiguiendo en los múltiples y pequeños detalles que la vida nos va ofreciendo. Es como ese “ideal de altura” que nos hemos propuesto y que vamos llegando a él a partir de pequeños listones que superamos y que nos llenan de esperanza, de gratitud y de paz al haberlos conseguido. Por eso, la felicidad, creo que también se puede definir como esa tranquilidad del alma que te sosiega, te alienta y te sostiene al haber realizado un bien para ti mismo o para los demás.

Más allá de lo fisiológico

Hace ya casi 10 años, la psicóloga del Servicio de Orientación Escolar, Dª. Amparo Alcón, en una sesión que nos impartió en la Escuela de Padres de “Nuestra Señora de Gracia” de Badajoz, nos hablaba a los padres sobre la urgencia en aprender y enseñar a nuestros hijos a ser felices desde su más tierna infancia si queríamos conseguir en el futuro una sociedad más amable, más solidaria y más justa. Ella nos decía que las necesidades fisiológicas básicas como alimentación, vestido, higiene, asistencia sanitaria y la creación de un ambiente físico adecuado para nuestros hijos se suelen hacer bien en general. El problema se origina en cuanto se refiere a las necesidades psicológicas básicas como aprender a ser persona, a convivir con los demás, a comprender el mundo de la vida, a la tolerancia sin sectarismos, a la flexibilidad mental y no a la rigidez mental. Por ello, no basta con ayudar a nuestros hijos a “hacer los deberes”, sino que se hace preciso orientar también sus necesidades emocionales/sociales como el afecto, la autoestima, la confianza en sí mismo, el valor de las normas y preceptos, etc… que les ayudaran a crecer feliz y hacer feliz a esas personas que le rodean.

Hay algunos aspectos a considerar con mayor profundidad como es el apego y el contacto del niño con su madre que se hace muy necesario para generar seguridad en el hijo; este cariño tiene que ser incondicional porque si no, crea inseguridad; la persona que no es querida no puede querer a los demás y, como consecuencia, viene la agresividad.

Cuidar la autoestima

Otro aspecto a destacar para que el niño crezca feliz es el de la autoestima; nos aconsejaba la psicóloga referida que debíamos tener gran cuidado con el insulto o la comparación entre otros hijos o compañeros pues pueden fácilmente hacer caer al niño en la “baja autoestima” y que no crezca como una persona positiva en su vida. Ciertamente que el profesor influye también poderosamente en la autoestima, los valores que el niño aprende es el que ve en los mayores; el niño quiere las “normas” porque ellas le dan seguridad. De ahí el interés que siempre pongo en la buena relación que debe existir entre los padres y los profesores tutores de sus hijos. Ambos, corresponsablemente, llevarán a buen término la educación de los hijos y éstos se sentirán satisfechos y felices.

Venimos pues al mundo con esas cuatro necesidades psicológicas básicas que hay que satisfacer si queremos crecer felices tanto nosotros como las personas que de nosotros dependen. “La necesidad de amar y de ser amado”, pues la familia es el lugar donde han de nutrirse los afectos y sentimientos, “la necesidad de ser válidos”, pues todos necesitamos que se valore nuestro esfuerzo y nuestro trabajo, “la necesidad de ser autónomos” e ir dejando espacios de responsabilidad, incluso a los más pequeños que también necesitan, a su nivel, su autonomía personal y “la necesidad de vivir en pertenencia” porque la familia, como grupo, al sentirnos incluidos en ella, nos da seguridad.

Hay familias que no cuidan este núcleo familiar y los hijos de hoy sienten que pertenecen más a los abuelos o a su profesor que a los padres, pues éstos, suelen pertenecer más a su trabajo -madre y padre- que los absorbe y carecen del tiempo necesario para este espacio. Estemos, pues, atentos en este verano para convivir más con nuestra familia y creceremos en felicidad, paz y tranquilidad. ¡Buen verano y que Dios nos ayude! En ello estamos.

Francisco L. Bobadilla Guzmán
Maestro y Coordinador de Escuela de Padres