¿QUÉ ES EL MALTRATO ENTRE IGUALES?

 

Uno de los grandes problemas que suscita este fenómeno es la grave dificultad que tenemos para detectar las agresiones que pueda estar padeciendo un adolescente por parte de sus compañeros. A menudo este fenómeno pasa desapercibido o es mal interpretado por los adultos. De ahí que debamos observar atentamente para descubrir el proceso de victimización, basándonos a veces sólo en indicios poco claros o en rumores.

El maltrato entre compañeros puede aparecer de formas muy diversas. No solamente se manifiesta a través de peleas o agresiones físicas, sino que con frecuencia se nutre de un conjunto de intimidaciones de diferente índole que dejan al agredido sin respuesta. Veamos algunas:

•Intimidaciones verbales (insultos, motes, hablar mal de alguien, sembrar rumores,…)

•Intimidaciones psicológicas (amenazas para provocar miedo, para lograr algún objeto o dinero, o simplemente para obligar a la víctima a hacer cosas que no quiere ni debe hacer)

•Agresiones físicas, tanto directas (peleas, palizas o simplemente “collejas”) como indirectas (destrozo de materiales personales, pequeños hurtos,…)

•Aislamiento social, bien impidiendo al joven participar, bien ignorando su presencia y no contando con él/ella en las actividades normales entre amigos o compañeros de clase.

También se dan situaciones de maltrato por acoso de tipo racista, cuyo objetivo son las minorías étnicas o culturales. En estos casos lo más frecuente es el uso de motes racistas o frases estereotipadas con connotaciones despectivas. Igualmente se producen situaciones de acoso sexual que hacen que la víctima se sienta incómoda o humillada. En los últimos años ha ido en aumento el acoso anónimo mediante el teléfono móvil o a través del correo electrónico con amenazas o palabras ofensivas.

Sin embargo, a veces, una pelea entre compañeros en situación de igualdad puede ser interpretada como maltrato, especialmente por parte del que ha perdido la pelea. Es difícil determinar cuándo se trata de un juego entre iguales, incluso amigos, y cuándo de acciones violentas con intención de hacer daño. Por eso, debemos entender que se considera maltrato toda “acción reiterada a través de diferentes formas de acoso u hostigamiento entre dos alumnos/as o entre un alumno/a y un grupo de compañeros – cosa que suele ser más frecuente – en el que la víctima está en situación de inferioridad respecto al agresor o agresores”. Así, una pelea entre amigos o compañeros derivada de un malentendido, aunque preocupante, puede ser abordada desde el acuerdo mutuo de no agredirse más o incluso haciendo las paces.

Esto, sin embargo, no se da nunca en las situaciones de maltrato. La intensidad del daño puede ser tal – en caso de haberse prolongado durante mucho tiempo dicha situación o de haberse realizado agresiones de gran intensidad – que exigirá una intervención más compleja y con la participación de mayor número de personas.

Del mismo modo hay que distinguir el maltrato entre compañeros de las conductas antisociales o incluso criminales, que deben ser tratadas por las instituciones apropiadas (policía, fiscalía de menores,…) Tal sería el caso de agresiones con armas u objetos punzantes, robos, abusos sexuales, amenazas graves o aquellas en que la vida de la víctima corra peligro. En cualquiera de estos casos, además de ponerse en contacto inmediato con el centro escolar, la familia no debe dudar en denunciar el hecho a la policía en cuanto tenga constancia del mismo.

www.acosoescolar.info (Iniciativa de protegeles.com)

El “bullying”, la violencia sorda

Hace unos tres años, un poco antes de mi prejubilación profesional, siendo tutor de un grupo de alumnos entre los 11-12 años, detecto que una de mis alumnas, cuyo ritmo pedagógico y afectivo durante toda la Educación Primaria había sido excelente, empieza a bajar en sus notas; le observo su cara de tristeza, hablo con ella y le pregunto cual era la causa de aquel cambio; apenas si quiere contarme algo; tiene miedo. Llamo a los padres, indago con sus compañeros y finalmente sale a la luz lo que nos temíamos: ¡estaba sufriendo un bullying!

Su propia compañera

Otra compañera, la más inteligente de la clase, con carácter de líder, había arrastrado a otro grupo de amigas y a un par de niños, haciéndole la vida imposible: boicot en los recreos impidiendo que nadie se juntara ni jugara con ella, insultos y amenazas por lo bajo, no compartir ni prestar material escolar alguno, no invitarla a cumpleaños, etc… Los padres estaban angustiados y desean cambiar de Centro para no ver sufrir a su hija. Equipo directivo, Orientador y Profesores que impartían su especialidad en el curso fueron informados para, entre todos, y con la mayor delicadeza y dedicación tratáramos de solucionar el problema. Como tutor, hablo en privado con cada una de las compañeras del grupo agresor, descubrimos a la líder del grupo, sacamos a relucir públicamente el problema en la clase, analizamos las causas de ese maltrato psicológico y las graves consecuencias que la situación estaba generando en la compañera agredida. Después de muchas sesiones de reflexión cambian su conducta hacia ella y el caso, gracias a Dios, llega a un final satisfactorio para la agredida, no así para la agresora que, desgraciadamente, a los pocos meses, ya en el Curso siguiente, cae en una anorexia de la que tardó meses en rehabilitarse. Todos sufrimos, yo como maestro y tutor me entristecí y acompañé a sus padres en el dolor, pidiendo por las dos alumnas y por su pronta recuperación.

Hay una opinión generalizada que piensa que el acoso escolar se refiere exclusivamente a algo físico y externo como peleas, agresiones, collejas…. sin embargo la mayoría de las actitudes son de acoso verbal y psicológico que tienen los mismos efectos demoledores: infundios, críticas, motes, aislamientos, vejaciones.., acoso que no sólo se produce entre alumnos sino que ocurre también hacia profesores e incluso hacia padres. Por eso, Fuensanta Cerezo, Profesora de Psicología de Educación Especial en la Universidad de Murcia y Especialista en Bullying advertía con autoridad que “el Grupo puede arrastrar de tal forma a los alumnos que éstos pueden mantener conductas que, aisladamente, nunca tendrían”. Se calcula que la media de casos de bullying en España está entre un 10-15% de la población escolar, sin embargo, se observa un aumento considerable de este fenómeno y además en edades cada vez más tempranas. Los agresores actúan movidos por el deseo de intimidar y dominar o incluso porque les divierte; son problemas de relación interpersonal, de agresividad entre iguales. La víctima se encuentra totalmente indefensa y a veces es un fenómeno muy encubierto que se percibe cuando el asunto ya es muy grave.

Antes de que sea tarde

De aquí que me permitáis dirigirme a todos: Padres, Profesores, Equipos de Orientación, Psicólogos… porque lo importante es tomar medidas preventivas y anticiparnos al problema. En el momento en que se produzca cualquier situación de maltrato hay que actuar con rapidez y contundencia siguiendo un plan que esté previamente esbozado. Por ello se hace necesario diseñar actividades dirigidas a la víctima, a los agresores, a los espectadores, con el grupo, con las familias y con toda la comunidad educativa para mejorar el clima de convivencia en las aulas. La prevención llegará desde la educación.

¿Cómo prevenir?

Una educación autoritaria en la familia en la que se tienda a dirigir las actividades de los hijos, donde las decisiones familiares sean “impuestas” en lugar de una comunicación positiva, crea en los niños reacciones y comportamientos opuestos que se acercarían a los perfiles de alumnos implicados en el bullying.

Una educación responsable, en la que haya una comunicación fluida, un interés y apoyo afectivo hacia los hijos, una motivación adecuada para que hagan frente a las obligaciones y sean capaces de tomar decisiones aceptando las consecuencias de las mismas, una educación basada, en definitiva en el reconocimiento de los éxitos y en la sanción de los errores, es lo que nos ayudará a formar una familia y una sociedad menos violenta y más fraternal.

La formación de una moral clara que guíe el comportamiento de los niños les dará seguridad en sus comportamientos y conductas que lo agradecerán el día de mañana. En eso estamos ¿no es así?

Francisco Bobadilla Guzmán
Maestro y coordinador de escuela de padres