Encuentro mundial de las Familias 2012

Presentado el Encuentro Mundial de las Familias Milán 2012

ROMA, miércoles 25 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Ha empezado la cuenta atrás para la cita que verá a Milán transformarse del 29 de mayo al 3 junio de 2012 en la capital de la familia. De hecho, en esos días tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias, un acontecimiento querido en 1994 por Juan Pablo II, y que para esta edición tendrá como tema “La familia: el trabajo y la fiesta”.

Es precisamente la voluntad del Papa polaco fallecido de promover esta jornada ha permitido a los organizadores buscar un espacio de visibilidad con ocasión de la beatificación celebrada en Roma, durante la cual se ha proyectado un breve spot de cara al acontecimiento de Milán.

A un año del acontecimiento, la Sala de Prensa vaticana acogió ayer martes una conferencia de presentación del documento publicado por la Libreria Editrice Vaticana, que recoge el tema del encuentro y proporciona las pistas de reflexión para la preparación del mismo.

El documento ha sido publicado en italiano, inglés, español, francés, alemán, portugués y polaco, y reúne en total diez catequesis bíblicas, modeladas sobre la forma de la lectio divina, acompañadas con textos del magisterio y que se cierran con las preguntas para las parejas y para los grupos familiares o comunidades.

Todo ello junto a obras artísticas dirigidas a visualizar los principales contenidos: desde la Sagrada Familia de Rembrandt, al Grupo Familiar de Henry Moore, o las Bodas de Caná de Paolo Veronese.

Los textos de las catequesis, realizados por la diócesis de Milán y por el Consejo Pontificio para la Familia, se articulan en tres grupos, relativos por orden a la familia, al trabajo y a la fiesta, y se introducen con una catequesis sobre el estilo de la vida familiar.

Intentan sobre todo arrojar luz sobre la relación entre la experiencia de la familia y la vida cotidiana en la sociedad y en el mundo.

Durante la rueda de prensa, el cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Milán, afirmó que este subsidio “representa una ocasión propicia para relanzar y ‘afirmar’ los desafíos que hace treinta años la exhortación apostólica Familiaris Consortio y la encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II nos entregaron” y al mismo tiempo “articular el camino de tantas diócesis en todo el mundo y ser un instrumento útil no solo para las iniciativas de la pastoral familiar y del trabajo”.

“La cuestión – explicó – es que el trabajo y la fiesta son dimensiones antropológicas de todo lugar y de todo tiempo e inciden sobre todo en la estructuración de la familia. Nuestro ser católicos se convierte así en el modo singular y original – según la verdad del Espíritu del Señor Jesús – de vivir retos que son exactamente los de cada familia”.

Por eso, prosiguió el cardenal Tettamanzi, “Milán es fuertemente invitada a ser medio-lanum, tierra de medio, encrucijada de pueblos que buscan en el Dios vivo la única respuesta verdadera a la propia vida y lugar de cuestionamiento recíproco entre Iglesia y sociedad”.

En su intervención, monseñor Franco Giulio Brambilla, obispo auxiliar de Milán y coordinador del grupo para la redacción de las catequesis preparatorias de Milán 2012, explicó que las palabras familia, trabajo y fiesta “forman un trinomio que parte de la familia para abrirla al mundo: el trabajo y la fiesta son formas como la familia vive el ‘espacio’ social y el ‘tiempo’ humano”.

Las dos novedades de este VII encuentro, prosiguió, el camino Hacia Milán en cada Iglesia local y nacional de los cinco continentes, y el Encuentro de Milán, que no implicará sólo a la diócesis ambrosiana, sino a todas las iglesias de Lombardía.

“Las catequesis – explicó monseñor Brambilla – intentan deshacer la madeja del tema de la tensión entre familia y sociedad. La familia tiende a vivir su propio mundo en la esfera privada y la sociedad se piensa y se proyecta como un conjunto de individuos”.

“A la vida civil – destacó – le cuesta tener en cuenta vínculos sociales que la preceden, y empuja a la familia a su régimen de apartamiento, mientras que la experiencia familiar experimenta su fragilidad y es particularmente vulnerable frente a los procesos sociales, en particular a los que inciden en la vida cotidiana, como el trabajo y el tiempo libre. Por tanto las catequesis parten de la vida cotidiana para abrirla al mundo, insistiendo en la familia como lugar de vínculos libres”.

“Así – prosiguió el obispo auxiliar de Milán – las relaciones familiares, por un lado, se deben colocar de forma realista en las formas actuales con las que trabajo y tiempo libre influyen en la vida de pareja y la educación de los hijos; pero, por el otro, podrán convertirse en ocasión para transformar el mundo mediante el trabajo y para humanizar el tiempo mediante el sentido cristiano de la fiesta, en particular del domingo”.

Por su parte, el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, explicó que los primeros tres días del Encuentro estarán dedicados al Congreso teológico-pastoral: “Por la mañana en la Feria Milano City Portello tendrán lugar las reuniones generales para la oración común y la escucha de las ponencias principales”.

“Por las tardes, el primer día se celebrará en la misma sede de la Feria, el segundo en cinco diócesis lombardas muy cercanas, y el tercero en varios lugares representativos de la ciudad, se dedicarán a temáticas particulares dirigidas especialmente a algunas categorías de personas”.

“Se dedicará una atención especial a los niños – añadió –, de modo que puedan tener casi un congreso paralelo para ellos. Como conclusión del tercer día está previsto un concierto en la Scala para las delegaciones oficiales de los diversos países, y a continuación una solemne adoración eucarística en el Duomo”.

El cuarto y quinto día, en cambio, serán alegrados por la presencia de Benedicto XVI, que presidrá las fases culminantes del Encuentro. La ciudad acogerá, de hecho, la fiesta de los testimonios del sábado 2 de junio y la solemne celebración eucarística del domingo 3 de junio.

[Más información en www.family2012.com]

Fuente:Zenit.org

Vida, familia, educación, valores escritos en la naturaleza humana, según el Papa Benedicto XVI

Benedicto XVI pide una preparación meticulosa al matrimonio

LA FAMILIA, ESPERANZA DE LA HUMANIDAD. Jornada de de la familia 2010

Nota de los Obispos de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida con Motivo de la Jornada de Familia (26 de diciembre de 2010)
JORNADA DE LA FAMILIA 2010

La Familia, esperanza de la humanidad

Con agradecimiento y alegría hemos acogido las palabras que su Santidad Benedicto XVI nos ha transmitido en su reciente visita a Santiago de Compostela y a Barcelona. El Santo Padre ha retomado el mensaje profético que tantas veces Juan Pablo II enseñó en su extraordinario magisterio sobre el matrimonio y la familia: Jesucristo, “en el silencio del hogar de Nazaret, nos ha enseñado sin palabras, la dignidad y el valor primordial del matrimonio y la familia, esperanza de la humanidad”.

Los obispos de la Subcomisión de Familia y Vida, en el marco de la próxima Jornada que celebraremos el domingo 26 de diciembre con el lema «la familia, esperanza de la humanidad», queremos invitar a todas las comunidades cristianas, movimientos y asociaciones a ser testigos y portavoces del mensaje que el Santo Padre nos ha regalado: el hogar, fundado en el don que Cristo Esposo hace a la comunión indisoluble y abierta a la vida entre un hombre y una mujer, forma parte de la esperanza de los hombres. De esta manera, el futuro de la humanidad y de la Iglesia se fragua en la familia.

1. La familia, esperanza del hombre.

a). La familia: lugar de la libertad.

Siguiendo el magisterio de su predecesor, Benedicto XVI ha insistido de nuevo en la relación necesaria que existe entre verdad y libertad. Y esta vinculación constituye una de las principales razones por las que la familia es esperanza para la humanidad.

¿Qué verdad es la que orienta y da sentido a la libertad? Se trata de la verdad del amor para el que ha sido creado el ser humano, y de un modo primero y fundamental del amor de Dios que se ha manifestado plenamente en la entrega de su propio Hijo en la Cruz. Por eso el Papa ha afirmado que el servicio más fundamental que la Iglesia debe ofrecer a Europa es proponer la verdad decisiva para el hombre: que Dios es la plenitud y la meta del ser humano y por eso el “cimiento y cúspide de nuestra libertad”.

La familia cristiana es el ambiente apropiado para reconocer el rostro paterno de Dios y su amor absoluto e incondicionado. Es, por lo tanto, el primer cauce para reconocer la verdad más fundamental en la que se basa la auténtica libertad.

Si el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza divina, no tiene otro modo de alcanzar una vida en plenitud que el amor verdadero. El don de la propia vida a imagen de Cristo mediante vínculos estables es la verdad que da sentido a nuestra libertad. Y el lugar propio para vivir ese amor fiel es la familia.

El hijo, al acoger el don que le hacen sus padres, comienza a responder entregándose a aquellos que le han amado primera e incondicionalmente. Por lo tanto, en la familia se vive “la lógica del amor y del servicio” que Cristo ha encarnado en su propia vida y que el Papa ha propuesto en Santiago de Compostela a los jóvenes para alcanzar una vida en plenitud6.

b). La familia, santuario de la vida humana.

La familia no solo es la esperanza de la humanidad por ser lugar en el que se aprende a vivir en libertad sino, de un modo más fundamental, porque es el santuario donde la vida humana es acogida en todas sus etapas.

Con pesar asistimos en nuestro país a una época la que la vida humana más débil e inocente, la del niño que va a nacer, ha sido desprotegida. Los obispos, en comunión con el Santo Padre, pedimos a nuestros gobernantes que promuevan acciones encaminadas a defender la vida desde su concepción hasta su ocaso natural y a apoyar el ámbito donde la vida de los hijos es alumbrada y acogida: el amor indisoluble de un hombre y una mujer que contraen matrimonio y fundan la familia.

2. La familia cristiana en la Iglesia, luz para los hombres.

La familia cristiana no puede existir sin la Iglesia, ya que en ella Cristo se hace contemporáneo a todos los hombres, cada hogar recibe la gracia del Espíritu Santo y los padres disponen de la ayuda necesaria para que sus hijos descubran el sentido de su vida .

Pero la Iglesia necesita también a la familia cristiana. Y no solo porque es el primer camino de evangelización del hombre, sino porque la Iglesia es, en su dimensión más fundamental, un misterio de comunión. Por esto, la familia cristiana es el signo y el recuerdo permanente para la Iglesia de que es, esencialmente, familia de hijos de Dios, llamada a establecer auténticas relaciones familiares.

Jesucristo, nos recordaba el Papa, “nos ha enseñado también que toda la Iglesia, escuchando y cumpliendo su Palabra, se convierte en su Familia”. De este modo, todas las personas pueden encontrar en la Iglesia un hogar en el que son amadas y valoradas al margen de cualquier criterio utilitarista por la grandeza de lo que son: hijos de Dios, redimidos por Jesucristo y recreados por el Espíritu Santo.

La familia cristiana, por lo tanto, enseña a cada comunidad eclesial cual es su verdad más profunda y el modo en que está llamada a vivir. Nos lo recordaba Benedicto XVI de un modo enormemente bello en su visita a la catedral de Santiago de Compostela: la Iglesia “tiene su origen en el misterio de comunión que es Dios. Mediante la fe, somos introducidos en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos”.

En estas fiestas navideñas, pedimos al Niño Dios que bendiga cada hogar, especialmente los que sufren las consecuencias de la crisis económica. Que toda familia que sufre encuentre siempre en la Iglesia el abrazo de sus hermanos.

Fuente CEE Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida

El próximo Encuentro Mundial de las Familias, dentro de dos años en Milán

27-09-2010

Esta mañana antes de mediodía, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, ha tenido lugar la conferencia de presentación de la carta del Papa con motivo del VII Encuentro Mundial de las familias que se celebrará en la ciudad italiana de Milán del 30 de mayo al 3 de junio de 2012, con la presencia de Benedicto XVI y bajo el tema: “La familia: el trabajo y la fiesta”.


Radio Vaticano, 24 de septiembre 2010.

Intervinieron en la presentación el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo pontificio para la Familia y sus colaboradores del dicasterio, junto a Mons. Erminio De Scalzi, obispo auxiliar de la archidiócesis de Milán y delegado de su arzobispo, el cardenal Dionigi Tettamanzi para la organización de este evento.
En la carta dirigida al cardenal Ennio Antonelli, Benedicto XVI escribe que “el trabajo y la fiesta están íntimamente relacionados con la vida de las familias, porque condicionan sus elecciones, influyen las relaciones entre los cónyuges y entre los padres y los hijos, a la vez que inciden sobre la relación de la familia con la sociedad y con la Iglesia. “La Sagrada Escritura –recuerda el Papa- nos dice que familia, trabajo y día festivo son dones y bendiciones de Dios para ayudarnos vivir una existencia plenamente humana”.
El Papa señala asimismo que en nuestros días, lamentablemente, la organización del trabajo, pensada y actuada en función de la competencia del mercado y del máximo beneficio, y la concepción de la fiesta como ocasión de evasión y de consumo, contribuyen a disgregar a la familia y a la comunidad y a difundir un estilo de vida individualista.
Por esta razón afirma el Pontífice: es necesario “promover una reflexión y un empeño tendentes a conciliar las exigencias y los tiempos del trabajo con los de la familia y recuperar el sentido verdadero de la fiesta, especialmente del domingo, pascua semanal, día del Señor y día del hombre, día de la familia, de la comunidad y de la solidaridad”.
Del próximo Encuentro Mundial de las Familias, Benedicto XVI subraya que constituye una “ocasión privilegiada para reflexionar sobre el trabajo y la fiesta en la perspectiva de una familia unida y abierta a la vida, bien insertada en la sociedad y en la Iglesia; atenta a la calidad de las relaciones, además de la economía del mismo núcleo familiar”. Y añade que este evento, para que sea verdaderamente fructuoso, no debería permanecer aislado, sino colocarse en un adecuado recorrido de preparación eclesial y cultural.
Por esta razón, el Papa desea que ya en el curso del año 2011, 30° aniversario de la Exhortación apostólica Familiaris consortio, “carta magna” de la pastoral familiar, se pueda emprender un válido itinerario con iniciativas a nivel parroquial, diocesano y nacional, a fin de destacar las experiencias de trabajo y de fiesta en sus aspectos más verdaderos y positivos, con particular atención a la experiencia concreta de las familias. El Santo Padre desea que las Familias cristianas y las comunidades eclesiales de todo el mundo se sientan interpeladas e implicadas y se pongan en camino hacia “Milán 2012”.
Por último, el Papa explica que este Encuentro Mundial de la Familia en Milán tendrá, como en los precedentes, una duración de cinco días y culminará el sábado por la tarde con la “Fiesta de los testimonios”, mientras el domingo se celebrará la misa solemne conclusiva. Celebraciones, ambas que presidirá Benedicto XVI.

Fuente:www.thefamilywatch.org

POR UNA CULTURA DE LA VIDA

Autor: Ramiro Pellitero
Fuentes: Arvo.net
Analisisdigital.com, 12-XI-2008

Muchos que defienden la vida en sus inicios y en su final, y se preocupan, con razón, del terreno que van ganando el aborto y la eutanasia en algunos países, sin embargo no son conocidos por su defensa de la justicia social o por su compromiso a favor de los pobres y necesitados. Piensan quizá que no hay tantos (porque ellos comen tres veces al día y van calientes y en coche); o al contrario, que, como son muchísimos, sólo se puede hacer muy poco, y así se van conformando con hacer ese poco, quizá demasiado poco.

Es claro –y con el Evangelio en la mano es evidente– que una cosa no va sin la otra, la protección de la vida naciente y la preocupación por la justicia social, pues la vida humana ha de ser protegida en toda su amplitud.

Benedicto XVI ha empleado, en su primera encíclica, la expresión “cultura de la vida” como opuesta a la anticultura de la muerte, en el sentido de promover la solidaridad y la generosidad con los otros. Dos semanas más tarde, en enero de 2006, se refería a la anticultura de la muerte que se expresa en la crueldad y la violencia, el mundo ilusorio de la droga, la felicidad falsa, la mentira y el fraude, la injusticia y desprecio del otro, la falta de solidaridad y responsabilidad con respecto a los pobres y a los que sufren. Anticultura que se expresa también en la sexualidad vivida como pura diversión irresponsable que cosifica a las personas, que de por sí son dignas de un amor que pide fidelidad, y por tanto no pueden convertirse en mercancías, en meros objetos.

Y proponía tomar una postura firme: “A esta promesa de aparente felicidad, a esta ‘pompa’ de una vida aparente, que en realidad sólo es instrumento de muerte, a esta ‘anticultura’ le decimos ‘no’, para cultivar la cultura de la vida. Por eso, el ‘sí’ cristiano, desde los tiempos antiguos hasta hoy, es un gran ‘sí’ a la vida. Este es nuestro ‘sí’ a Cristo, el ‘sí’ al vencedor de la muerte y el ‘sí’ a la vida en el tiempo y en la eternidad”.

¿Cómo se expresa ese “sí” a Dios que es a la vez un sí a la vida humana? Pues en los diez mandamientos, que –explicaba el Papa– no son un paquete de prohibiciones, de “noes”, sino que presentan una gran visión de la vida. Si se recorren uno a uno se percibe que son un sí a Dios y a la familia, a la vida y al amor responsable, a la solidaridad, la responsabilidad social y la justicia, a la verdad y al respeto del otro y de lo que le pertenece. En definitiva: son un “sí” a la verdadera vida que se nos da con el bautismo y con la eucaristía.

Al mes siguiente (febrero de 2006) volvía a insistir en que la cultura de la vida se basa en la atención a los demás, sin exclusiones o discriminaciones. “Toda vida humana, en cuanto tal, merece y exige ser defendida y promovida siempre”. El hedonismo de las sociedades del bienestar exalta la vida mientras es agradable, pero rebaja el cuidado y el respeto cuando está enferma o experimenta la discapacidad. Desde la coherencia del Evangelio se hace preciso, y posible, servir eficazmente a la vida, “tanto a la naciente como a la que está marcada por la marginación o el sufrimiento, especialmente en su fase terminal”.

En la catedral de San Patricio (Nueva York), en abril de 2008, confirmó que los cristianos estamos llamados a proclamar el don de la vida, proteger la vida y promover una cultura de la vida, que va unida a “la alegría que nace de la fe y de la experiencia del amor de Dios”.

Parece llegado, por eso, el tiempo en que los “pro vida” promuevan también la justicia social, y que los defensores de la justicia se preocupen por los no nacidos y los que se ven amenazados por su debilidad o ancianidad. Quizá se responda que no se llega a todo, que en el propio grupo se encuentran las dificultades. Pero lo cortés no quita lo valiente. Sobre todo de los cristianos, y más en tiempos de crisis, se espera esa valentía.

Ramiro Pellitero,
Instituto Superior de Ciencias Religiosas,
Universidad de Navarra

El Papa beatifica al cardenal John Henry Newman en Birmingham

Benedicto XVI: “De matrimonios santos florecen y maduran las vocaciones”

Autor: Benedicto XVI 31 de agosto de 2009.- Al presidir ayer al mediodía el rezo del Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI resaltó que cuando los esposos “se dedican generosamente a la educación de los hijos, guiándolos y orientándolos en el descubrimiento del plan de Amor de Dios, preparan el terreno fértil en donde florecen y maduran las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada”. Por su interés ofrecemos el texto integro de la intervención del Santo Padre.


Queridos hermanos y hermanas:

Hace tres días, el 27 de agosto, celebramos la memoria litúrgica de Santa Mónica, madre de San Agustín, considerada modelo y patrona de las madres cristianas. Sobre ella, su hijo nos da muchas informaciones en el libro autobiográfico “Las confesiones”, obra maestra entre las más leídas de todos los tiempos. Aquí aprendemos que San Agustín bebe el nombre de Jesús con la leche materna y fue san_ag1.jpgeducado por su madre en la religión cristiana, cuyos principios mantendrá impresos en él también en los años de desliz espiritual y moral. Mónica no deja nunca de rezar por él y por su conversión, y tuvo el consuelo de verlo volver a la fe y recibir el bautismo. Dios recompensa las oraciones de esta santa mamá, a la que el obispo de Tagaste había dicho: “Es imposible que un hijo de tantas lágrimas se pierda”. De hecho, San Agustín no sólo se convirtió, sino que decidió abrazar la vida monástica y, al volver a África, fundó él mismo una comunidad de monjes. Conmovedores y edificantes son los últimos coloquios espirituales entre él y su madre en la tranquilidad de una casa de Ostia, a la espera de embarcarse para África. En aquel momento, Santa Mónica se convertía, para su hijo, en “más que madre, la fuente de su cristianismo”. Su único deseo había sido durante años la conversión de Agustín, a quien en ese momento veía orientado incluso hacia una vida de consagración al servicio de Dios. Podía por tanto morir contenta y efectivamente murió el 27 de agosto del 387, a los 56 años, después de haber pedido a los hijos no preocuparse por su sepultura sino acordarse de ella, donde quiera que se encontrara, en el altar del Señor. San Agustín repitió que su madre lo había “engendrado dos veces”.

La historia del cristianismo está llena de innumerables ejemplos de padres santos y de auténticas familias cristianas que han acompañado la vida de generosos sacerdotes y pastores de la Iglesia. Piénsese en los santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, ambos pertenecientes a familias de santos. Pensamos, muy cerca de nosotros, en los cónyuges Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini, que vivieron entre el final del siglo XIX y la mitad del 1900, beatificados por mi venerado predecesor Juan Pablo II en octubre de 2001, coincidiendo con los veinte años de la Exhortación Apostólica Familiaris consortio. Este documento, además de ilustrar el valor del matrimonio y las funciones de la familia, solicita a los esposos un particular compromiso en el camino de santidad, que, sacando gracia y fuerza del sacramento del matrimonio, les acompaña a lo largo de toda su existencia (cf. N. 56). Cuando los cónyuges se dedican generosamente a la educación de los hijos, guiándoles y orientándoles en el descubrimiento del plan de amor de Dios, preparan ese fértil terreno espiritual en el que florecen y maduran las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Se revela cuán íntimamente están ligadas y se iluminan mutuamente el matrimonio y la virginidad, a partir de su común arraigo en el amor esponsal de Cristo.

Quer idos hermanos y hermanas: en este Año Sacerdotal oramos para que, “por intercesión del Santo Cura de Ars, las familias cristianas se conviertan en pequeñas iglesias, en las que todas las vocaciones y todos los carismas, dados por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorados” (de la oración del Año Sacerdotal). Nos obtenga esta gracia la Virgen María, que ahora juntos invocamos.

El próximo martes, 1 de septiembre, se celebrará en Italia la Jornada para la salvaguarda de lo creado. Es un acontecimiento significativo, de relevancia también ecuménica, que este año tiene como tema la importancia del aire, elemento indispensable para la vida. Como lo hice en la Audiencia general del miércoles pasado, exhorto a todos a un mayor compromiso por la tutela de lo creado, don de Dios. En particular, animo a los países industrializados a cooperar responsablemente por el futuro del planeta y para que no sean las poblaciones más pobres las que paguen el mayor precio del cambio climático.

Acojo con gozo a los peregrinos de lengua francesa reunidos para la oración del Ángelus. La liturgia de este domingo nos invita a escuchar con atención la Palabra de Dios para mantenernos fieles en la puesta en práctica cada día. Ella es para benedictoxvi1.jpgnosotros fuente de sabiduría, de luz, de inteligencia y de vida. Vamos entonces a tomar tiempo para acoger esta Palabra y para meditarla para que ella pueda arraigarse en lo más profundo de nuestra vida cotidiana. Entonces nuestra existencia podrá dar fruto y expresar el amor de Dios por todos. ¡Que el Señor os acompañe cada día de vuestra vida!

Saludo cordialmente a los peregrinos de habla inglesa y visitantes en este Ángelus, incluyendo a los seminaristas de primer año del Colegio Pontificio Norte Americano. Que vuestro tiempo aquí en Castel Gandolfo y en Roma os haga profundizar en vuestra comprensión integral de nuestra fe y fortalezca en vosotros el deseo de ser coherentes de palabra y obra, siguiendo el corazón y la mente de nuestro Señor. ¡Para cada uno de vosotros aquí presentes y vuestras familias, invoco la bendición del Dios de la paz y la alegría!

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en especial a los fieles de la Diócesis de Tortosa. En el evangelio proclamado este domingo vemos cómo la gente, asombrada ante las palabras y los hechos de Jesús, decía de Él: “Todo lo ha hecho bien”. Pidamos por intercesión de la Virgen María poder gozar igualmente de una experiencia viva y real del misterio y de la Persona de Cristo, que nos colma de su amor y su vida a través de la liturgia, la Palabra Divina y la oración. Muchas gracias y feliz domingo.

El vídeo del Angelus

La cultura de la vida

Benedicto XVI administró el 8 de enero de 2006, el sacramento del Bautismo a diez recién nacidos. Dirigió una espontánea y bellísima homilía en la que nos invita a decir «sí» a la cultura de la vida, «no» a la cultura de la muerte.

Homilía de Su Santidad Benedicto XVI

en la Santa Misa y Administración del Sacramento del Bautismo
Capilla Sixtina, Fiesta del Bautismo del Señor, 8 de enero 2006,

Queridos padres, padrinos y madrinas,
Querido hermanos y hermanas!

¿Qué sucede en el Bautismo? ¿Qué se espera del Bautismo? Vosotros habéis dado una respuesta: esperamos para nuestros niños la vida eterna. Esta es la finalidad del Bautismo. Pero ¿cómo puede realizarse? ¿Cómo puede dar –el Bautismo- la vida eterna? ¿Qué es la vida eterna?

Se podría decir con palabras más sencillas: esperamos para nuestros niños la vida buena; la verdadera vida, la felicidad, aunque el futuro nos sea todavía desconocido. Nosotros no estamos en condiciones de asegurar este don para todo el arco del futuro desconocido y, por eso, nos dirigimos al Señor para obtener de Él este don.

A la pregunta ¿cómo sucederá esto? Podemos dar dos respuestas.

La primera: el Bautismo cada niño se incorpora a una compañía de amigos que no lo abandonarán nunca ni en la vida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que porta en sí la promesa de la eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, en la cual ahora el niño se inserta, lo acompañará siempre, también en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de la vida; le proporcionará consuelo, fortaleza, luz.

Esta compañía, esta familia le dará palabras de vida eterna. Palabras de luz que responderán a los grandes retos de la vida y le prestará indicaciones justas acerca del sendero a seguir. Esta compañía, absolutamente fiable, no desaparecerá nunca. Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá en nuestro planeta o en nuestra Europa dentro de cincuenta, sesenta, setenta años. Pero de una cosa estamos seguros: la familia de Dios estará siempre presente y quien pertenece a esta familia no está nunca solo. Tendrá siempre la amistad de Aquél que es la Vida.

Y así hemos llegado a la segunda respuesta.

Esta familia de Dios, esta compañía de amigos es eterna, porque es comunión con Aquel que ha vencido a la muerte, que tiene en su mano las llaves de la vida. Estar en la compañía, en la familia de Dios significa estar en comunión con Cristo, que es vida y da amor eterno más allá de la muerte. Y si podemos decir que amor y verdad son fuente de vida – y una vida sin amor no es vida- podemos decir también que la compañía con Aquél que es el sacramento de la vida, responderá a vuestra espectativa, a vuestra esperanza. Sí, el Bautismo inserta en la comunión con Cristo y así da vida, la vida. Tenemos así interpretado el primer diálogo que hemos tenido aquí, en el umbral de la Capilla Sixtina.

Ahora, tras la bendición del agua, seguirá un segundo diálogo de gran importancia. El contenido es éste: el Bautismo –como hemos visto – es un don; el don de la vida. Y un don debe ser recibido, debe ser vivido. Un don de amistad implica un «sí» al amigo e implica un «no» a lo que no es compatible con esta amistad, un «no» a cuanto es incompatible con la vida de la familia de Dios, con la vida verdadera en Cristo. Y así, en este segundo diálogo, se pronuncian tres «sí» y tres «no». Se dice «no» y se renuncia a las tentaciones, al pecado, al diablo. Estas [tres] cosas las conocemos bien, pero quizá porque las hemos oido demasiadas veces no nos dicen mucho. Así que debemos profundizar un poco en el contenido de estos «no». ¿A qué cosas decimos «no? Sólo así podremos entender a qué cosas queremos decir «sí».

En la antigua Iglesia estos «no» se resumían en una palabra que para los hombres de aquel tiempo era muy comprensible: se renuncia –así se decía- a las «pompas del diablo», es decir, a las promesas de vida en la abundancia, de aquella vida aparente que parecía venir del mundo pagano, de su libertad, de su modo de vivir según lo que apetecía. Era, por tanto, un «no» a una cultura aparentemente de abundancia de vida, pero que en realidad era una «anticultura» de la muerte. Era el «no» a aquellos espectáculos donde la muerte, la crueldad, la violencia se habían convertido en divertimento. Pensemos en lo que se hacía en el Coliseo, o lo que se hacía aquí al lado, en los jardines de Nerón, donde se prendía fuego a hombres como lámparas vivientes. La crueldad y la violencia habían derivado en una una verdadera perversión de la alegría, del verdadero sentido de la vida. Esta «pompa diaboli», esta «anticultura» de la muerte era una perversión de la alegría, era amor a la mentira, al engaño, al abuso del cuerpo como mercancía, como comercio.

Y si ahora reflexionamos, podemos decir que también en nuestro tiempo es necesario decir un «no» a la cultura ampliamente dominante de la muerte. Una «anticultura» que se manifiesta, por ejemplo, en la droga, en la fuga de la realidad hacia lo ilusorio, hacia una falsa felicidad que se manifiesta en la mentira, en el engaño, en la injusticia, en el desprecio al otro, a la solidaridad, a la responsabilidad por los pobres y por los que sufren; que se manifiesta en una sexualidad convertida en mero divertimento sin responsabilidad, en «cosificación» -por decirlo así- del hombre, al que ya no se considera persona, digno de un amor personal que exige fidelidad, sino que se trata como mercancía, como un mero objeto.

A la promesa de aparente felicidad, a la «pompa» de vida aparente -que en realidad es sólo instrumento de muerte-, a esta «anticultura» decimos «no», para cultivar la cultura de la vida. Por eso, el «sí» cristiano, desde los tiempos antiguos hasta hoy, es un grande «sí» a la vida. Este es nuestro «sí» a Cristo, el «sí» al vencedor de la muerte y el «sí» a la vida en el tiempo y en la eternidad.

Como en este diálogo bautismal el «no» se articula en tres renuncias, también el «sí» se articula en tres adhesiones:

-un «sí» al Dios vivo, esto es, a un Dios creador, a una razón creadora que da sentido al cosmos y a nuestra vida;

-un «sí» a Cristo, esto es, a un Dios que no ha permanecido escondido, sino que tiene un nombre, que tiene una palabra, que tiene cuerpo y sangre; a un Dios concreto que nos da la vida y nos muestra el camino de la vida;

-«sí» a la comunión de la Iglesia en la que Cristo, el Dios vivo, entra en nuestro tiempo, entra en nuestra profesión, entra en la vida de cada día.

Podremos decir también que el rostro de Dios, el contenido de esta cultura de la vida, el contenido de nuestro grande «sí», se expresa en diez Mandamientos, que no son un paquete de prohibiciones, de «no», sino que presentan en realidad una gran visión de vida. Son un «sí» a un Dios que da sentido al vivir (los tres primeros mandamientos); «sí» a la familia (cuarto mandamiento); «sí» a la vida (quinto mandamiento); «sí» al amor responsable (sexto mandamiento); «sí» a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la justicia (séptimo mandamiento). Esta es la filosofía de la vida, es la cultura de la vida, que deviene concreta, practicable y bella en la comunión con Cristo, el Dios viviente, que camina con nosotros en compañía de sus amigos, en la gran familia de la Iglesia.

El Bautismo es don de vida. Es un «sí» al reto de vivir verdaderamente la vida, diciendo «no» al ataque de la muerte que se presenta con la máscara de la vida; y es «sí» al gran don de la verdadera vida, que se ha hecho presente en el rostro de Cristo, el cual se da a nosotros en el Bautismo y después en la Eucaristía.

He dicho esto como breve cometario a las palabras que en el diálogo bautismal interpretan cuanto se realiza en este sacramento. Además de las palabras, tenemos los gestos y los símbolos, pero seré muy breve al indicarlos.

El primer gesto lo hemos ya cumplido: es el signo de la cruz, que se nos da como escudo que debe proteger a este niño en su vida; es como un «indicador» para el camino de la vida, porque la cruz es el resumen de la vida de Jesús. Después están los elementos: el agua es símbolo de la vida: el Bautismo es vida nueva en Cristo. El óleo es símbolo de la fuerza, de la salud, de la belleza, porque realmente es hermoso vivir en comunión con Cristo. Después, el vestido blanco, como expresión de la cultura de la belleza, de la cultura de la vida. Y finalmente, la llama de la vela, como expresión de la verdad que resplandece en la oscuridad de la historia y nos indica quiénes somos, de dónde venimos y a dónde debemos ir.

Querido padrinos y madrinas, queridos padres, queridos hermanos, demos gracias en este día al Señor, porque Dios no se esconde dentro de la nube del misterio impenetrable, sino, como ha dicho el Evangelio de hoy, ha abierto el Cielo, se ha manifestado, habla con nosotros y está con nosotros; vive con nosotros y nos guía en nuestra vida. Damos gracias al señor por este don y rogamos por nuestros niños, para que tengan realmente la vida, la verdadera, la vida eterna. Amén.

[Traducción de Arvo Net]

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10 consejos de Benedicto XVI a los jóvenes

Dentro de un año, miles de personas se reunirán en Madrid con Benedicto XVI. Es un encuentro que el Papa reserva para estar con la gente joven de todo el mundo. Desde el inicio de su pontificado, el Papa ha dirigido muchos mensajes a los jóvenes. Este es un resumen de frases suyas con especial fuerza.

1) Dialogar con Dios
«Alguno de vosotros podría tal vez identificarse con la descripción que Edith Stein hizo de su propia adolescencia, ella, que vivió después en el Carmelo de Colonia: “Había perdido consciente y deliberadamente la costumbre de rezar”. Durante estos días podréis recobrar la experiencia vibrante de la oración como diálogo con Dios, del que sabemos que nos ama y al que, a la vez, queremos amar».

2) Contarle las penas y alegrías
«Abrid vuestro corazón a Dios. Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el “derecho a hablaros” durante estos días. Abrid las puertas de vuestra libertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que él ilumine con su luz vuestra mente y toque con su gracia vuestro corazón».

3) No desconfiar de Cristo
«Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo él da plenitud de vida a la humanidad. Decid, con María, vuestro “sí” al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que dije al principio de mi pontificado: “Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera”. Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo».

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