Encuentro mundial de las Familias 2012

Presentado el Encuentro Mundial de las Familias Milán 2012

ROMA, miércoles 25 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Ha empezado la cuenta atrás para la cita que verá a Milán transformarse del 29 de mayo al 3 junio de 2012 en la capital de la familia. De hecho, en esos días tendrá lugar el Encuentro Mundial de las Familias, un acontecimiento querido en 1994 por Juan Pablo II, y que para esta edición tendrá como tema “La familia: el trabajo y la fiesta”.

Es precisamente la voluntad del Papa polaco fallecido de promover esta jornada ha permitido a los organizadores buscar un espacio de visibilidad con ocasión de la beatificación celebrada en Roma, durante la cual se ha proyectado un breve spot de cara al acontecimiento de Milán.

A un año del acontecimiento, la Sala de Prensa vaticana acogió ayer martes una conferencia de presentación del documento publicado por la Libreria Editrice Vaticana, que recoge el tema del encuentro y proporciona las pistas de reflexión para la preparación del mismo.

El documento ha sido publicado en italiano, inglés, español, francés, alemán, portugués y polaco, y reúne en total diez catequesis bíblicas, modeladas sobre la forma de la lectio divina, acompañadas con textos del magisterio y que se cierran con las preguntas para las parejas y para los grupos familiares o comunidades.

Todo ello junto a obras artísticas dirigidas a visualizar los principales contenidos: desde la Sagrada Familia de Rembrandt, al Grupo Familiar de Henry Moore, o las Bodas de Caná de Paolo Veronese.

Los textos de las catequesis, realizados por la diócesis de Milán y por el Consejo Pontificio para la Familia, se articulan en tres grupos, relativos por orden a la familia, al trabajo y a la fiesta, y se introducen con una catequesis sobre el estilo de la vida familiar.

Intentan sobre todo arrojar luz sobre la relación entre la experiencia de la familia y la vida cotidiana en la sociedad y en el mundo.

Durante la rueda de prensa, el cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Milán, afirmó que este subsidio “representa una ocasión propicia para relanzar y ‘afirmar’ los desafíos que hace treinta años la exhortación apostólica Familiaris Consortio y la encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II nos entregaron” y al mismo tiempo “articular el camino de tantas diócesis en todo el mundo y ser un instrumento útil no solo para las iniciativas de la pastoral familiar y del trabajo”.

“La cuestión – explicó – es que el trabajo y la fiesta son dimensiones antropológicas de todo lugar y de todo tiempo e inciden sobre todo en la estructuración de la familia. Nuestro ser católicos se convierte así en el modo singular y original – según la verdad del Espíritu del Señor Jesús – de vivir retos que son exactamente los de cada familia”.

Por eso, prosiguió el cardenal Tettamanzi, “Milán es fuertemente invitada a ser medio-lanum, tierra de medio, encrucijada de pueblos que buscan en el Dios vivo la única respuesta verdadera a la propia vida y lugar de cuestionamiento recíproco entre Iglesia y sociedad”.

En su intervención, monseñor Franco Giulio Brambilla, obispo auxiliar de Milán y coordinador del grupo para la redacción de las catequesis preparatorias de Milán 2012, explicó que las palabras familia, trabajo y fiesta “forman un trinomio que parte de la familia para abrirla al mundo: el trabajo y la fiesta son formas como la familia vive el ‘espacio’ social y el ‘tiempo’ humano”.

Las dos novedades de este VII encuentro, prosiguió, el camino Hacia Milán en cada Iglesia local y nacional de los cinco continentes, y el Encuentro de Milán, que no implicará sólo a la diócesis ambrosiana, sino a todas las iglesias de Lombardía.

“Las catequesis – explicó monseñor Brambilla – intentan deshacer la madeja del tema de la tensión entre familia y sociedad. La familia tiende a vivir su propio mundo en la esfera privada y la sociedad se piensa y se proyecta como un conjunto de individuos”.

“A la vida civil – destacó – le cuesta tener en cuenta vínculos sociales que la preceden, y empuja a la familia a su régimen de apartamiento, mientras que la experiencia familiar experimenta su fragilidad y es particularmente vulnerable frente a los procesos sociales, en particular a los que inciden en la vida cotidiana, como el trabajo y el tiempo libre. Por tanto las catequesis parten de la vida cotidiana para abrirla al mundo, insistiendo en la familia como lugar de vínculos libres”.

“Así – prosiguió el obispo auxiliar de Milán – las relaciones familiares, por un lado, se deben colocar de forma realista en las formas actuales con las que trabajo y tiempo libre influyen en la vida de pareja y la educación de los hijos; pero, por el otro, podrán convertirse en ocasión para transformar el mundo mediante el trabajo y para humanizar el tiempo mediante el sentido cristiano de la fiesta, en particular del domingo”.

Por su parte, el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, explicó que los primeros tres días del Encuentro estarán dedicados al Congreso teológico-pastoral: “Por la mañana en la Feria Milano City Portello tendrán lugar las reuniones generales para la oración común y la escucha de las ponencias principales”.

“Por las tardes, el primer día se celebrará en la misma sede de la Feria, el segundo en cinco diócesis lombardas muy cercanas, y el tercero en varios lugares representativos de la ciudad, se dedicarán a temáticas particulares dirigidas especialmente a algunas categorías de personas”.

“Se dedicará una atención especial a los niños – añadió –, de modo que puedan tener casi un congreso paralelo para ellos. Como conclusión del tercer día está previsto un concierto en la Scala para las delegaciones oficiales de los diversos países, y a continuación una solemne adoración eucarística en el Duomo”.

El cuarto y quinto día, en cambio, serán alegrados por la presencia de Benedicto XVI, que presidrá las fases culminantes del Encuentro. La ciudad acogerá, de hecho, la fiesta de los testimonios del sábado 2 de junio y la solemne celebración eucarística del domingo 3 de junio.

[Más información en www.family2012.com]

Fuente:Zenit.org

Vida, familia, educación, valores escritos en la naturaleza humana, según el Papa Benedicto XVI

Benedicto XVI pide una preparación meticulosa al matrimonio

LA FAMILIA, ESPERANZA DE LA HUMANIDAD. Jornada de de la familia 2010

Nota de los Obispos de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida con Motivo de la Jornada de Familia (26 de diciembre de 2010)
JORNADA DE LA FAMILIA 2010

La Familia, esperanza de la humanidad

Con agradecimiento y alegría hemos acogido las palabras que su Santidad Benedicto XVI nos ha transmitido en su reciente visita a Santiago de Compostela y a Barcelona. El Santo Padre ha retomado el mensaje profético que tantas veces Juan Pablo II enseñó en su extraordinario magisterio sobre el matrimonio y la familia: Jesucristo, “en el silencio del hogar de Nazaret, nos ha enseñado sin palabras, la dignidad y el valor primordial del matrimonio y la familia, esperanza de la humanidad”.

Los obispos de la Subcomisión de Familia y Vida, en el marco de la próxima Jornada que celebraremos el domingo 26 de diciembre con el lema «la familia, esperanza de la humanidad», queremos invitar a todas las comunidades cristianas, movimientos y asociaciones a ser testigos y portavoces del mensaje que el Santo Padre nos ha regalado: el hogar, fundado en el don que Cristo Esposo hace a la comunión indisoluble y abierta a la vida entre un hombre y una mujer, forma parte de la esperanza de los hombres. De esta manera, el futuro de la humanidad y de la Iglesia se fragua en la familia.

1. La familia, esperanza del hombre.

a). La familia: lugar de la libertad.

Siguiendo el magisterio de su predecesor, Benedicto XVI ha insistido de nuevo en la relación necesaria que existe entre verdad y libertad. Y esta vinculación constituye una de las principales razones por las que la familia es esperanza para la humanidad.

¿Qué verdad es la que orienta y da sentido a la libertad? Se trata de la verdad del amor para el que ha sido creado el ser humano, y de un modo primero y fundamental del amor de Dios que se ha manifestado plenamente en la entrega de su propio Hijo en la Cruz. Por eso el Papa ha afirmado que el servicio más fundamental que la Iglesia debe ofrecer a Europa es proponer la verdad decisiva para el hombre: que Dios es la plenitud y la meta del ser humano y por eso el “cimiento y cúspide de nuestra libertad”.

La familia cristiana es el ambiente apropiado para reconocer el rostro paterno de Dios y su amor absoluto e incondicionado. Es, por lo tanto, el primer cauce para reconocer la verdad más fundamental en la que se basa la auténtica libertad.

Si el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza divina, no tiene otro modo de alcanzar una vida en plenitud que el amor verdadero. El don de la propia vida a imagen de Cristo mediante vínculos estables es la verdad que da sentido a nuestra libertad. Y el lugar propio para vivir ese amor fiel es la familia.

El hijo, al acoger el don que le hacen sus padres, comienza a responder entregándose a aquellos que le han amado primera e incondicionalmente. Por lo tanto, en la familia se vive “la lógica del amor y del servicio” que Cristo ha encarnado en su propia vida y que el Papa ha propuesto en Santiago de Compostela a los jóvenes para alcanzar una vida en plenitud6.

b). La familia, santuario de la vida humana.

La familia no solo es la esperanza de la humanidad por ser lugar en el que se aprende a vivir en libertad sino, de un modo más fundamental, porque es el santuario donde la vida humana es acogida en todas sus etapas.

Con pesar asistimos en nuestro país a una época la que la vida humana más débil e inocente, la del niño que va a nacer, ha sido desprotegida. Los obispos, en comunión con el Santo Padre, pedimos a nuestros gobernantes que promuevan acciones encaminadas a defender la vida desde su concepción hasta su ocaso natural y a apoyar el ámbito donde la vida de los hijos es alumbrada y acogida: el amor indisoluble de un hombre y una mujer que contraen matrimonio y fundan la familia.

2. La familia cristiana en la Iglesia, luz para los hombres.

La familia cristiana no puede existir sin la Iglesia, ya que en ella Cristo se hace contemporáneo a todos los hombres, cada hogar recibe la gracia del Espíritu Santo y los padres disponen de la ayuda necesaria para que sus hijos descubran el sentido de su vida .

Pero la Iglesia necesita también a la familia cristiana. Y no solo porque es el primer camino de evangelización del hombre, sino porque la Iglesia es, en su dimensión más fundamental, un misterio de comunión. Por esto, la familia cristiana es el signo y el recuerdo permanente para la Iglesia de que es, esencialmente, familia de hijos de Dios, llamada a establecer auténticas relaciones familiares.

Jesucristo, nos recordaba el Papa, “nos ha enseñado también que toda la Iglesia, escuchando y cumpliendo su Palabra, se convierte en su Familia”. De este modo, todas las personas pueden encontrar en la Iglesia un hogar en el que son amadas y valoradas al margen de cualquier criterio utilitarista por la grandeza de lo que son: hijos de Dios, redimidos por Jesucristo y recreados por el Espíritu Santo.

La familia cristiana, por lo tanto, enseña a cada comunidad eclesial cual es su verdad más profunda y el modo en que está llamada a vivir. Nos lo recordaba Benedicto XVI de un modo enormemente bello en su visita a la catedral de Santiago de Compostela: la Iglesia “tiene su origen en el misterio de comunión que es Dios. Mediante la fe, somos introducidos en el misterio de amor que es la Santísima Trinidad. Somos, de alguna manera, abrazados por Dios, transformados por su amor. La Iglesia es ese abrazo de Dios en el que los hombres aprenden también a abrazar a sus hermanos”.

En estas fiestas navideñas, pedimos al Niño Dios que bendiga cada hogar, especialmente los que sufren las consecuencias de la crisis económica. Que toda familia que sufre encuentre siempre en la Iglesia el abrazo de sus hermanos.

Fuente CEE Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida