El tamborilero. villancico

El belen en nuestros hogares

Os escribo una breve historia sobre como nace la idea de poner el belén en nuestras casas:
A las afuera del pueblo de Belén se encuentra la gruta en la que nació Jesús hace dos mil años. Esa desconocida cueva, que hasta entonces solo importaba a su dueño porque le servía para dar cobijo a unos pocos animales, ha pasado a ser un lugar importante, muy importante.
Allí se encuentra el primer suelo que tocó Dios hecho hombre. Aquel es el lugar en el que por primera vez, los hombres podíamos ver al Dios invisible. En esa habitación de animales Dios podía ser visto, oído y tocado por primera vez. Por eso, esa gruta de Belén es un lugar importante, querido y entrañable para todos los que seguimos a Jesucristo.

¡Qué suerte poder ir a Belén durante estos días en los que recordamos lo que allí ocurrió!
Como no nos resulta posible ir a Belén, traemos Belén a nuestras casas. Así nació la costumbre de poner durante las Navidades un “Belén”, en algún rincón de todos los hogares cristianos. No es una tontería. Es un modo de acercarnos al misterio que celebramos estos días. No es como el árbol de Navidad ni como cualquier otro adorno. No es sólo para dar ambiente, es mucho más lo que nos transmite. Nos asaltan recuerdos de lo que allí ocurrió, imaginamos las cosas que cuenta el Evangelio, revivimos aquella historia cargada de humildad y que da sentido a nuestras vidas. Por eso debemos empeñarnos en cuidarlo y enriquecerlo hasta el último detalle, que parezca una miniatura en vida y refleje nuestra fe y cariño hacia Jesús, Maria y José.
Ahora que quedan podos días para la Navidad, podemos pensar en cómo vivimos este tiempo tan precioso, mirando a Jesús en el pesebre. Cómo hace veinte siglos, muchos hombres le cerraron las puertas de su casa porque no había sitio para él. Nadie le recibió y tuvo que nacer en un establo, en una cueva inhóspita, lugar para animales. “Vino a su casa y los suyos no lo recibieron”. Esto se refiere sobre todo a Belén, pero en realidad, se refiere a toda la humanidad.

Que en esta Navidad Jesús pueda entrar en tu casa, que le hagas sitio en tu alma, que nazca Jesus en nuestras vidas, que se encuentre recibido y a gusto dentro de tí.

Es verdad. Dios pretende venir esta navidad y resulta que la humanidad “no tiene sitio para él”. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente, que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Y cuanto más se enriquecen los hombres, tanto más se llenan de sí mismos y menos puede entrar el otro.
Todas nuestras casas deben ser como el hogar de Nazaret, donde todos podamos perder tiempo con nuestros seres queridos, donde se practique la gimnasia cristiana de perdonar y pedir perdón, donde nuestras puertas abiertas puedan acoger al más necesitado, donde reine el amor. Cómo decía Teresa de Calcuta: “El amor comienza en el hogar, el amor vive en los hogares y esa es la razón por la cual hay tanto sufrimiento y tanta infelicidad en el mundo de hoy… Todo el mundo parece estar con una prisa tan terrible, ansioso por desarrollos grandiosos y riquezas, de tal forma que los niños tienen muy poco tiempo para sus padres, los padres tienen muy poco tiempo para ellos, y en el hogar comienza el rompimiento de la paz del mundo”.
¡FELIZ NAVIDAD!

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