Padres por primera vez

Marcela Chavarría Olarte

La primer responsabilidad de traer al mundo un hijo, es formar una persona integra e independiente a través de la educación, presencia y cariño de ambos padres.

Resulta increíble que en la actualidad se hable tanto sobre información y, sin embargo, cuando por vez primera nos convertimos en padres, muchas veces poseemos conocimientos equívocos acerca de la paternidad en general. Esto es resultado en gran parte por la influencia que los medios de comunicación llegan a tener sobre nosotros al ofrecernos un prototipo de paternidad y maternidad generalmente idealizado o hasta tiranizado.

En general, han llegado a presentarla más bien como una realidad en la cual la mujer está llamada a sufrir, por lo que muchas veces la madre se ve superada por su propia maternidad, y respecto a la cual el hombre llega a desentenderse por completo, realidades ambas que sin más, son parte de la propia naturaleza del ser hombre o mujer que los ha dotado con la capacidad para que unidos por un lazo común de entrega y amor, puedan llegar a ser progenitores.

Los hijos, no son exclusivos del padre o de la madre ya que no son realidades excluyentes entre sí, muy por el contrario, han de complementarse y sumar esfuerzos asumiendo la paternidad como una tarea en común. Desgraciadamente, en la práctica la realidad muchas veces es otra: la madre asume la responsabilidad total de la crianza y educación de la prole, mientras el padre se limita a ser quien mantenga a la familia.

Efectivamente, la figura materna en los primeros años de vida del ser humano, se ha comprobado es primordial para el óptimo desarrollo del niño. Sin embargo, esta afirmación ha hecho pensar equívocamente a muchos que la ausencia de la figura paterna no es indispensable dentro de la rutina que se vive en un hogar y en relación directa con la tarea de educar a los hijos.

Bajo esta absurda postura, todos salen perdiendo: el padre, por no compartir con sus hijos cada una de las etapas de crecimiento de éstos con la gratificación que esto implica; y los hijos, por verse privados de la compañía y enseñanzas de un padre que seguramente tendrá más cariño que dar y muchas más cosas que enseñar, que cualquier otra figura masculina a la que puedan recurrir, ya que tarde o temprano, ambos buscarán identificarse tanto con el rol masculino como con el femenino, precisamente en aquellos que les resulten más familiares y cercanos, y es ahí precisamente donde deben de encontrar no solo presentes, sino también disponibles a ambos padres.

“La experiencia, el cariño y la presencia de los padres acompañan a la persona en su biografía y aún más cuando en los primeros años de su vida depende totalmente del cuidado de sus progenitores. De ahí que para que los hijos desarrollen plenamente todas sus capacidades, han de vivir dentro de un ambiente estable y acogedor, digno de su naturaleza de persona, lo cual solo es posible dentro del núcleo familiar en donde los cónyuges uniendo esfuerzos pondrán todos los medios que estén a su alcance para lograrlo, apoyándose en el mutuo amor que se tienen y que es extensivo primordialmente a los hijos y, por ello, trascendiendo cada uno sus propios intereses, deben volcarse en busca del bienestar de sus hijos.” (1)

Paternidad y maternidad son realidades sumamente complejas. La primera y más importante responsabilidad de traer al mundo un hijo, es la de procurar formar a una persona independiente e integra a través de la educación, presencia y cariño de ambos padres. La persona comienza a formarse en esa individualidad ya desde el momento de su concepción y más activamente a partir de su nacimiento.

Paradójicamente, es precisamente cuando el ser humano depende de una forma más directa que nunca de sus padres para lograr su subsistencia a través de la satisfacción de sus necesidades más primarias como son el comer, dormir y vestirse, así como también y no menos importante el recibir atención y afecto. Luis Gadea considera que la ausencia de dichos cuidados puede llegar a ser desastrosa y afirma que “si desde el momento en que nace, el niño no está rodeado de amor genuino de sus padres, si su atmósfera familiar no le brinda la atención y los cuidados solícitos que requiere, entonces hemos de pagar nuestro fracaso frente a la próxima generación al tener que vivir en un mundo desgarrado por el miedo y el odio, poblado por seres desdichados malogrados en el amor y en la amistad”. (2)

Esta, parece ser una afirmación un tanto fuerte, pero si reflexionamos un poco nos podemos dar cuenta que efectivamente, todos los problemas y conflictos que se viven actualmente en nuestra sociedad, de una u otra forma tienen sus raíces dentro del núcleo familiar, donde su desintegración o la ausencia de alguno o ambos padres, así como la violencia intrafamiliar, pueden llegar a ser factores realmente desastrosos para el presente y futuro de cualquiera de sus miembros.

La crianza y educación de un hijo aún siendo un gran gozo para los padres, ciertamente no es tarea fácil, y menos aún cuando se trata de una experiencia nueva tan llena de responsabilidades como cuando se es padre o madre por vez primera. Muchos afirmaran que para ser padres no hace falta prepararse, puesto que la vida misma se encargará de hacerlo.

Efectivamente, tanto la mujer como el hombre llevan arraigado desde el momento del nacimiento dentro de su natural forma de ser femenino o masculino, esa posibilidad de algún día poder llegar a ser partícipes de la grandeza de la paternidad; para eso tan solo se necesita la unión de los cuerpos. Sin embargo, tampoco puede negarse que una cosa es procrear y otra muy diferente acompañar y ayudar a los hijos en su tarea de crecer y llegar a desarrollar día a día su potencial para llegar a ser personas de bien.

“Tal es la razón por la que urge que los padres de familia se preparen para serlo, cuidando en primer lugar lo que reflejan como matrimonio ante sus hijos y después tratando de afinar en todas aquellas cualidades y virtudes que les caracterizan y que inculcan de modo natural en los hijos. Por tales motivos “la casa”, ese “techo común”, es el sitio ideal para introducir a los hijos en el universo de las realidades esenciales: el amor a la verdad, el bien, la justicia, la belleza, la armonía, la paz, la responsabilidad, el trabajo, la alegría… etc., en un clima de libertad. Es allí donde, de modo propio, se vela amorosamente por las necesidades de orden material y corporal de los niños, y donde entran en contacto primariamente con la dimensión espiritual y los valores trascendentes.” (3)

Así, los padres tenemos la obligación de prepararnos y adquirir las herramientas que nos permitan hacer frente a los obstáculos naturales que la vida nos ha de presentar al ir tratando de educar a nuestros hijos. No es lo mismo enfrentar una situación determinada sabiendo de antemano que posiblemente podía suceder, que recibirla totalmente de sorpresa.

En ambos casos se ha tenido que vivir lo mismo; la diferencia está en la forma de enfrentarlo. La angustia que muchas veces pasamos con respecto de lo que le sucede a los hijos, muchas veces no tiene razón de ser ya que tomamos como fuera de contexto situaciones que en realidad son normales que ocurran en ciertos periodos concretos de madurez y desarrollo de la persona en sus distintas etapas de crecimiento. De ahí la importancia de estar informados y conocer las diferentes etapas por las que los hijos han de pasar para alcanzar la edad adulta.

La vida nos convierte en aprendiz de padres con el nacimiento del primer hijo, y la enseñanza y aprendizaje no terminan ni aun después de haberlo experimentado por más de una vez y los hijos se hayan convertido en adultos.

Paternidad y maternidad son realidades que se arraigan en nuestro ser y no dejan de existir nunca, ni aún después de la muerte se deja de ser el padre o la madre de tal o cual hijo y es una cadena interminable que va de generación en generación estrenándose siempre en esta experiencia única de ser padres por primera vez.

Y lo cierto es que existe una realidad que no se puede negar: Cada hijo, sea el primero o el último de una familia numerosa o no, cada uno por su indiscutible individualidad e irrepetible singularidad y valía, es único y siempre serán recibidos al momento de su nacimiento como si fueran siempre los primeros.

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1 URDANETA Casas, Maria Isabel y VELASCO Gómez Alejandra. La importancia de la comunicación interpersonal entre madre e hijo para el óptimo desarrollo del bebé. Introducción p. IV Tesis de licenciatura, México, 1994.

2 GADEA de Nicolas, Luis. Escuela para padres y maestros. P22 Ed. Cedi, México, 1991.

3 CUELLAR, Hortensia. El niño como persona. P. 192 Ed. Minos, México, 1990.

Fuente:encuentra.com

Padres por primera vez

Resulta increíble que en la actualidad se hable tanto sobre información y, sin embargo, cuando por vez primera nos convertimos en padres, muchas veces poseemos conocimientos equívocos acerca de la paternidad en general. Esto es resultado en gran parte por la influencia que los medios de comunicación llegan a tener sobre nosotros al ofrecernos un prototipo de paternidad y maternidad generalmente idealizado o hasta tiranizado.

En general, han llegado a presentarla más bien como una realidad en la cual la mujer está llamada a sufrir, por lo que muchas veces la madre se ve superada por su propia maternidad, y respecto a la cual el hombre llega a desentenderse por completo, realidades ambas que sin más, son parte de la propia naturaleza del ser hombre o mujer que los ha dotado con la capacidad para que unidos por un lazo común de entrega y amor, puedan llegar a ser progenitores.

Los hijos, no son exclusivos del padre o de la madre ya que no son realidades excluyentes entre sí, muy por el contrario, han de complementarse y sumar esfuerzos asumiendo la paternidad como una tarea en común. Desgraciadamente, en la práctica la realidad muchas veces es otra: la madre asume la responsabilidad total de la crianza y educación de la prole, mientras el padre se limita a ser quien mantenga a la familia.

Efectivamente, la figura materna en los primeros años de vida del ser humano, se ha comprobado es primordial para el óptimo desarrollo del niño. Sin embargo, esta afirmación ha hecho pensar equívocamente a muchos que la ausencia de la figura paterna no es indispensable dentro de la rutina que se vive en un hogar y en relación directa con la tarea de educar a los hijos.

Bajo esta absurda postura, todos salen perdiendo: el padre, por no compartir con sus hijos cada una de las etapas de crecimiento de éstos con la gratificación que esto implica; y los hijos, por verse privados de la compañía y enseñanzas de un padre que seguramente tendrá más cariño que dar y muchas más cosas que enseñar, que cualquier otra figura masculina a la que puedan recurrir, ya que tarde o temprano, ambos buscarán identificarse tanto con el rol masculino como con el femenino, precisamente en aquellos que les resulten más familiares y cercanos, y es ahí precisamente donde deben de encontrar no solo presentes, sino también disponibles a ambos padres.

“La experiencia, el cariño y la presencia de los padres acompañan a la persona en su biografía y aún más cuando en los primeros años de su vida depende totalmente del cuidado de sus progenitores. De ahí que para que los hijos desarrollen plenamente todas sus capacidades, han de vivir dentro de un ambiente estable y acogedor, digno de su naturaleza de persona, lo cual solo es posible dentro del núcleo familiar en donde los cónyuges uniendo esfuerzos pondrán todos los medios que estén a su alcance para lograrlo, apoyándose en el mutuo amor que se tienen y que es extensivo primordialmente a los hijos y, por ello, trascendiendo cada uno sus propios intereses, deben volcarse en busca del bienestar de sus hijos.” (1)

Paternidad y maternidad son realidades sumamente complejas. La primera y más importante responsabilidad de traer al mundo un hijo, es la de procurar formar a una persona independiente e integra a través de la educación, presencia y cariño de ambos padres. La persona comienza a formarse en esa individualidad ya desde el momento de su concepción y más activamente a partir de su nacimiento.

Paradójicamente, es precisamente cuando el ser humano depende de una forma más directa que nunca de sus padres para lograr su subsistencia a través de la satisfacción de sus necesidades más primarias como son el comer, dormir y vestirse, así como también y no menos importante el recibir atención y afecto. Luis Gadea considera que la ausencia de dichos cuidados puede llegar a ser desastrosa y afirma que “si desde el momento en que nace, el niño no está rodeado de amor genuino de sus padres, si su atmósfera familiar no le brinda la atención y los cuidados solícitos que requiere, entonces hemos de pagar nuestro fracaso frente a la próxima generación al tener que vivir en un mundo desgarrado por el miedo y el odio, poblado por seres desdichados malogrados en el amor y en la amistad”. (2)

Esta, parece ser una afirmación un tanto fuerte, pero si reflexionamos un poco nos podemos dar cuenta que efectivamente, todos los problemas y conflictos que se viven actualmente en nuestra sociedad, de una u otra forma tienen sus raíces dentro del núcleo familiar, donde su desintegración o la ausencia de alguno o ambos padres, así como la violencia intrafamiliar, pueden llegar a ser factores realmente desastrosos para el presente y futuro de cualquiera de sus miembros.

La crianza y educación de un hijo aún siendo un gran gozo para los padres, ciertamente no es tarea fácil, y menos aún cuando se trata de una experiencia nueva tan llena de responsabilidades como cuando se es padre o madre por vez primera. Muchos afirmaran que para ser padres no hace falta prepararse, puesto que la vida misma se encargará de hacerlo.

Efectivamente, tanto la mujer como el hombre llevan arraigado desde el momento del nacimiento dentro de su natural forma de ser femenino o masculino, esa posibilidad de algún día poder llegar a ser partícipes de la grandeza de la paternidad; para eso tan solo se necesita la unión de los cuerpos. Sin embargo, tampoco puede negarse que una cosa es procrear y otra muy diferente acompañar y ayudar a los hijos en su tarea de crecer y llegar a desarrollar día a día su potencial para llegar a ser personas de bien.

“Tal es la razón por la que urge que los padres de familia se preparen para serlo, cuidando en primer lugar lo que reflejan como matrimonio ante sus hijos y después tratando de afinar en todas aquellas cualidades y virtudes que les caracterizan y que inculcan de modo natural en los hijos. Por tales motivos “la casa”, ese “techo común”, es el sitio ideal para introducir a los hijos en el universo de las realidades esenciales: el amor a la verdad, el bien, la justicia, la belleza, la armonía, la paz, la responsabilidad, el trabajo, la alegría… etc., en un clima de libertad. Es allí donde, de modo propio, se vela amorosamente por las necesidades de orden material y corporal de los niños, y donde entran en contacto primariamente con la dimensión espiritual y los valores trascendentes.” (3)

Así, los padres tenemos la obligación de prepararnos y adquirir las herramientas que nos permitan hacer frente a los obstáculos naturales que la vida nos ha de presentar al ir tratando de educar a nuestros hijos. No es lo mismo enfrentar una situación determinada sabiendo de antemano que posiblemente podía suceder, que recibirla totalmente de sorpresa.

En ambos casos se ha tenido que vivir lo mismo; la diferencia está en la forma de enfrentarlo. La angustia que muchas veces pasamos con respecto de lo que le sucede a los hijos, muchas veces no tiene razón de ser ya que tomamos como fuera de contexto situaciones que en realidad son normales que ocurran en ciertos periodos concretos de madurez y desarrollo de la persona en sus distintas etapas de crecimiento. De ahí la importancia de estar informados y conocer las diferentes etapas por las que los hijos han de pasar para alcanzar la edad adulta.

La vida nos convierte en aprendiz de padres con el nacimiento del primer hijo, y la enseñanza y aprendizaje no terminan ni aun después de haberlo experimentado por más de una vez y los hijos se hayan convertido en adultos.

Paternidad y maternidad son realidades que se arraigan en nuestro ser y no dejan de existir nunca, ni aún después de la muerte se deja de ser el padre o la madre de tal o cual hijo y es una cadena interminable que va de generación en generación estrenándose siempre en esta experiencia única de ser padres por primera vez.

Y lo cierto es que existe una realidad que no se puede negar: Cada hijo, sea el primero o el último de una familia numerosa o no, cada uno por su indiscutible individualidad e irrepetible singularidad y valía, es único y siempre serán recibidos al momento de su nacimiento como si fueran siempre los primeros.

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1 URDANETA Casas, Maria Isabel y VELASCO Gómez Alejandra. La importancia de la comunicación interpersonal entre madre e hijo para el óptimo desarrollo del bebé. Introducción p. IV Tesis de licenciatura, México, 1994.

2 GADEA de Nicolas, Luis. Escuela para padres y maestros. P22 Ed. Cedi, México, 1991.

3 CUELLAR, Hortensia. El niño como persona. P. 192 Ed. Minos, México, 1990.

Fuente:encuentra.com

Voy a tener un hermanito

La llegada de un nuevo bebé a casa conmociona a todos, pero muy especialmente al hermano mayor, despertándole un sentimiento nuevo: los celos. Como papás, podemos ayudar a transitar la situación de la mejor manera y a sentar las bases de un vínculo perdurable: el fraternal .

Margarita había cumplido ya los tres años, cuando recibió la noticia de que tendría un hermanito. Durante los meses del embarazo, cada noche mirando una estrella que adorna el techo de su cuarto, repetía: “Estrellita, estrellita, por favor, que nazca mi hermanito”. Felipe tenía cuatro meses, cuando Margarita lo abrazó con todas sus fuerzas y dijo: “¡Qué hermoso hermanito, maldita estrellita!”

El nacimiento de un hermano es un acontecimiento familiar que cada niño inscribe en su propia historia de manera particular. El embarazo de su mamá dispara una serie de cuestionamientos en los más pequeños con respecto al lugar que se le asignará en la estructura familiar al recién nacido. Así, surgen los sentimientos de celos, como expresión del temor a la pérdida del amor de sus padres y al desplazamiento.

 Conviviendo con los celos

En general, cuanto mayor es el niño, los sentimientos de celos pueden ser mejor manejados. En el caso de Margarita de tres años, los celos son explicitados verbalmente, pero pueden manifestarse a través de regresiones (en la alimentación, en el control de esfínteres), caprichos, llantos, agresiones. Como con cualquier otro sentimiento que surge en un niño, no hay que tratar de evitarlo, sino permitir que aparezca y trabajar en ello para manejarlo. ¿Qué podemos hacer?

 Escucharlos y estar atentos a sus inquietudes al respecto es la manera de acompañarlos en este proceso.

Darles un lugar en los preparativos y adecuación del espacio en la casa para el hermano que va a nacer, así como también hacerlos partícipes de los cuidados de la panza contribuye a anticipar la importancia del nuevo acontecimiento.

Recordar y compartir anécdotas de su nacimiento y primeros meses; advertir sus logros y crecimientos puede ayudarlos a seguir construyendo su propio espacio en la estructura familiar.

Una vez que haya nacido el hermano, permitirle que colabore en sus cuidados, siempre que sea de su interés hacerlo, ya que es un modo de incluirlo en la nueva escena familiar.

Sostener sus espacios de exclusividad y respetar sus lugares y pertenencias, lo que contribuye a afianzar su vínculo con los padres.

Lo más importante es la actitud que los padres asumen en relación al hecho. Si se incorpora el embarazo y nacimiento como algo natural y grato, los niños podrán expresar con espontaneidad sus sentimientos. El “disimular” las demostraciones de afecto del adulto al recién nacido delante del hermano mayor, por brillante que resulte la actuación, genera contradicciones y tiende más a la evitación que a la aceptación de los celos. En este sentido, es bueno tener en cuenta que los celos se relacionan con la capacidad de amar. El recién nacido despierta también en su hermano sentimientos de afecto que caracterizarán un nuevo vínculo.

Transitar esta etapa favorablemente puede ser una experiencia enriquecedora ya que preparará a los niños a tolerar y superar futuras situaciones que generen sentimientos de celos y rivalidad a lo largo de su crecimiento.

 Autor: Lic. Guillermina Petit de Meurville, Licenciada en Psicología (UBA), Coordinadora de Recursos Expresivos (Instituto de la Máscara) – Psicóloga Clínica. Fuente: Revista El Nido

La lactancia, el mejor regalo para su bebé

 

Mucho se ha hablado de la importancia de la leche materna en la salud del recién nacido y de su calidad como nutriente. Organizaciones como la OMS y la UNICEF la recomiendan en forma exclusiva hasta los 6 meses de vida aproximadamente.

Los beneficios que tiene la leche materna varían desde proteínas, grasas que proveen energía, lactosa y vitaminas, hasta los minerales necesarios a la capacidad metabólica del bebé. Tiene además componentes que influyen en la acción inmunológica del niño, lo que la hace un alimento insuperable. A continuación presentamos algunos de los aspectos que se deben tener en cuenta a la hora de amamantar:

•Amamántelo lo antes posible, preferiblemente dentro de la primera hora siguiente al parto.

•No confunda su patrón de succión con chupetes o biberones, pues no se parecen en nada al pezón materno. El chupón, además, calma su instinto de succión y puede provocar falta de apetito en el niño.

•Olvídese del agua azucarada o suero glucosado, salvo prescripción médica. El niño que es amamantado por su madre no necesita agua, zumos o infusiones hasta alrededor de los 6 meses.

•Amamante a su hijo a libre demanda. La leche materna es la ideal para el bebé y se digiere muy rápido, de forma que permite que el bebé coma más y se desarrolle perfectamente.

•Permita que su hijo marque el tiempo de cada toma, la cual varía del principio al final. La primera contiene más agua para saciar la sed del niño, en tanto que la última es más rica en grasa para saciar su hambre. Espere que el niño se suelte por sí solo; de no hacerlo, cámbielo al otro pecho después de 25 minutos más o menos, y deje que tome lo que desee.

¿Cómo saber si el bebé recibe suficiente alimento?

Típicamente durante los primeros días, mientras el bebé está recibiendo el calostro, el recién nacido mojará solamente uno o dos pañales diarios. Una vez que la leche “baje”, generalmente el tercer o cuarto día, el niño comenzará a mojar 5 a 6 pañales desechables cada 24 horas. La mayoría de los bebés de esta edad deben tener por lo menos 2 -5 deposiciones diarias durante las primeras semanas. Recuerde que lo que sale = a lo que entra. También asegúrese que el bebé esté alerta y contento. Los bebés muy dormilones o que se muestran letárgicos pueden necesitar ser vistos por el médico para asegurarse que no se deshidraten por falta de tiempo al pecho.

Del nacimiento a los cuatro meses un bebé que recibe solo pecho típicamente subirá entre 113 – 226 gramos por semana (4 – 8 onzas). De los 4 a los 6 meses el bebé subirá entre 85 – 142 gr. por semana (3- 5 onzas). De los 6 a los 12 meses el niño subirá de 42 – 85 gr. por semana (1.5 – 3 onzas).

¿Cómo aumentar la producción de leche?

•Ofrezca el pecho con mayor frecuencia. Su leche se produce a base de oferta y demanda. Entre más estimulación reciba el pecho (al amamantar más y vaciarse el pecho a menudo) el cuerpo recibirá la señal para hacer más leche.

•Ofrezca ambos senos cada toma y cambie de lado frecuentemente durante la misma toma.

•Deje que su bebé satisfaga todas sus necesidades de succión al pecho.

•Asegúrese de que usted esté recibiendo nutrición y líquidos adecuados junto con suficiente descanso.

Problemas que se presentan en la lactancia

Pezones adoloridos o agrietados: Lo primero que se debe hacer es revisar la forma en que se coloca al bebé. El pezón debe estar centrado en la boca del niño y el bebé debe afianzarse a una mayor cantidad del pezón y la areola (la parte obscura alrededor del pezón). Si el bebé solo se afianza de la punta del pezón, puede causar pezones adoloridos y a veces hasta grietas que sangran.

Otra causa es el congestionamiento de los pechos, ya que le puede hacer difícil al bebé afianzarse bien al pezón. Use paños calientes para suavizar el pezón y la areola antes de dar el pecho o sáquese un poco de leche para suavizar el pezón y facilitar el afianzamiento del niño al pezón.

Pezones invertidos: Los pezones invertidos lo son porque tienen “adherencias” o ligamentos más cortos o más largos de lo habitual. Hay distintos grados de inversión de pezones. Algunos están apenas invertidos, y un bebé con succión normal puede traer el pezón hacia fuera sin dificultad. Otros pezones son invertidos moderada o severamente, lo que significa que cuando son comprimidos se retractan profundamente, al mismo nivel o por detrás de la areola. Un pezón muy retraído puede hacer la prendida y el amamantamiento más difícil. En estos casos se debe hacer tratamiento antes o durante el embarazo

La intervención más efectiva para tratar pezones invertidos es estimular y formar el pezón justo antes de amamantar. Para un pezón invertido, es aconsejable formar el pezón colocando tu pulgar detrás del pezón (los demás dedos debajo) y empujarlos hacia tu pecho. Esto trabaja mejor en una posición de lado. La bomba extractora puede ser usada para ayudar a sacar el pezón inmediatamente antes de alimentar al bebé.

Mastitis: La madre que sufre del conducto obstruido encontrará una parte dura y adolorida en el seno. En algunas ocasiones esa parte del seno se enrojece. La madre que sufre de una infección del seno puede sentir estos mismos síntomas junto con malestar general, cansancio y fiebre.

El tratamiento para los conductos obstruidos y la infección en los pechos básicamente es el mismo. La lactancia frecuente ayuda bastante tanto como alivio al dolor y para reducir la inflamación. El ponerse paños húmedos calientes o tomar una ducha tibia además de hacerse masaje suave en el pecho antes de amamantar, puede asistir para que se vacíe el seno.

Si se tiene una infección en el pecho no es necesario destetar. Si la infección está presente, el bebé está libre de los gérmenes debido a las propiedades antibacteriales de la leche materna. Si la fiebre no se resuelve en 24 horas después de implementar el descanso, calor húmedo, masaje, lactancia frecuente, y si la madre sigue con malestar, entonces es recomendable que ella se ponga en contacto con su médico.

Cómo prevenir mastitis:

•No tener períodos demasiado extensos y repentinos entre cada mamada.

•No use sostén que aprieta (tales como los que tienen varillas)

•No cargue pañalera pesada

•Cuide que el bebé esté amamantando bien afianzado al seno.

Fuente: Revista Samborondón de Guayaquil; Liga de la Leche