Padres y docentes, en el mismo barco

Por Adolfo Torrecilla
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Última actualización 16/05/2011@08:19:21 GMT+1
Cállate. Ponte en tu sitio. Siéntate. Callaos. Que os calléis. Un poco de atención… Los profesores dedican el 16% de la clase a imponer orden en las aulas, un trabajo agotador que afecta negativamente en el rendimiento académico de los alumnos y hasta en el ambiente del centro. Este constante tira y afloja y la escasa colaboración de los padres son uno de los talones de aquiles de nuestro sistema educativo.
Organizada por CEAPA y CONCAPA, se celebró recientemente en el Consejo Escolar del Estado la I Jornada de Participación. Y también hace poco tuvo lugar en Pamplona el 35º Congreso de FAPACE, organización que aglutina a los padres de los centros de Fomento. En estos foros, se ha vuelto a destacar que se necesitan padres que se involucren más en el colegio.

Y no es que los padres tengan mala voluntad o que pasen de lo que les sucede a sus hijos en las aulas. En muchas ocasiones la falta de formación les impide afrontar sus obligaciones, que dejan demasiado en mano de los profesores. De ahí la necesidad de seguir impulsando las Escuelas de Padres como eficaz herramienta para darles el apoyo educativo necesario con el fin de que sepan moverse en un territorio en el que, por desgracia, a menudo se sienten desbordados.

Escaso respaldo

Este pasotismo, sin embargo, tiene negativas consecuencias para el ambiente de los centros educativos, como confirma una encuesta de FETE-UGT. El 55% de los encuestados subrayan la falta de respaldo de los padres a la hora de afrontar los problemas que surgen en las aulas. Más aún, en muchas ocasiones la respuesta de las familias va en contra incluso de los intereses educativos, actitud que en nada contribuye a que mejoren los resultados escolares y a que, por supuesto, disminuya el fracaso escolar, el verdadero lastre de la educación española. Y es que para mejorar el clima educativo es indispensable que mejoren las relaciones entre los padres, profesores y alumnos. La extensión de un clima de desconfianza, violencia y de indisciplina, aunque no sean casos escandalosos ni trágicos como los que a veces saltan a las noticias de los medios de comunicación, empaña el trabajo y el esfuerzo que ponen los docentes para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo.

Hace falta, pues, que los padres, en todas las etapas pero especialmente en la Secundaria, la más conflictiva, asuman su papel de colaborar con la escuela. No puede ser que se alineen por sistema en el bando contrario al de los profesores, asegurando con su conducta que sus hijos mantengan una actitud desafiante. Más aún, resulta preocupante la proliferación de casos hasta ahora insólitos en la educación española, como son los actos de violencia de los padres contra los profesores.

A través de las actuaciones del Consejo Escolar, de las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, del diálogo, de las frecuentes reuniones, de las tutorías…, deben establecerse fluidos cauces de colaboración entre las familias y los docentes, pues todos deberían ir en la misma dirección. Cuando se respira un clima conflictivo en las aulas, con enfrentamientos entre los profesores y los alumnos, o entre los propios alumnos, acaba salpicando negativamente al trabajo docente.

Según el último Informe TALIS (Teaching and Learning International Survey), elaborado por la OCDE en 2009, el 16% de las clases en España se pierde en imponer orden. Pero hay datos todavía más preocupantes. Por ejemplo, España es el país donde el clima escolar es el “menos favorable” de los países participantes. El Informe reconoce que es necesario fortalecer la figura del profesor y mejorar sus condiciones sociolaborales como factor determinante para que mejore el clima educativo. En este sentido, la mejor dirección es trabajar, con la colaboración de los padres, para reforzar la autoridad y el prestigio del profesor. Sin embargo, los recientes recortes educativos, que han afectado de manera muy especial a los docentes, no parece que sean la mejor medicina de las Administraciones educativas para apoyarlos.

Fuente:padresycolegios.com

Despierta de la Resaca: Di que NO al alcohol!

¡Padres, despertémonos de la resaca! ¡”Perdamos el tiempo” con ellos y ayudémosles a decir que NO al alcohol!

¡Despierta de la Resaca: Di que NO al alcohol!
Queridos amigos

Si, a lo mejor no es una idea muy popular en estos tiempos, pero creo que la gran inversión educativa que estamos realizando con nuestros hijos, merece ir contracorriente, especialmente en este tema. Tenemos los medios, y por tanto, la obligación de hacer de nuestros jóvenes personas diferentes, ajenas a la mediocridad y al mal gusto; sin complejos y sin vergüenza, que no es lo mismo que sinvergüenzas; libres y valientes, que se atrevan a plantar cara a la “normalidad” . En definitiva, en jóvenes extraordinarios.

Cuenta Leopoldo Abadia en uno de sus artículos que “en muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” (…) Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me importa?! Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco”.

Y “el gurú de la crisis Ninja” continua con esta anécdota: “Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo” . Chapeau!

Y esto me hace pensar que el problema del consumo excesivo de alcohol de nuestros jóvenes no radica solamente en los peligros físicos que, según lo expertos, tiene beber unas copas – adormecimiento progresivo de los centros cerebrales superiores, pérdida del autocontrol conductual y emocional, incoordinación muscular, afecciones cardiovasculares, complicaciones hepáticas, retrasos del crecimiento, microcefalias, delirios, coma etílico,…-, sino en los efectos morales que deterioran su dignidad, el respeto hacia uno mismo, a su imagen personal y social, a su autoestima; abocándolos a la tristeza, a sentimientos de culpabilidad, y a la frustración.

Pues como bien señala el filósofo José Antonio Marina, miembro de La Fundación Alcohol y Sociedad, el consumo de alcohol y drogas se ha instalado en el circuito juvenil y no sirve decirle al joven que beber de forma abusiva va a provocarle cirrosis y problemas de salud. Hay que hacerle comprender que va a ser repudiado socialmente, que no va a saber comportarse adecuadamente.

Al fin y al cabo, ¿A quién le gusta que le recuerden las barbaridades que pudo llegar a hacer con unas copas de más, las groserías que llegó a decir a sus padres y amigos, y/ o los actos vandálicos que promovió en pleno colocón?

De todos es conocido que muchos de nuestros jóvenes asocian el ocio, la fiesta y las vacaciones con el consumo de alcohol. Es más, creen que beber les hará más populares, más atractivos, más felices. Pero no son conscientes de que el alcohol no es tan divertido como parece.

Al contrario, esta especie de ritual incorporado, desgraciadamente, a la “normalidad”, es uno de los peores compañeros de diversión que se puede elegir. De hecho provoca muchos dolores de cabeza.
En primer lugar, porque el consumo de alcohol esclaviza, y sin advertirlo, crea una dependencia física y psíquica de la que es difícil salir, incluso para los adolescentes, puesto que cuanto más joven se es, más sensible resulta a los efectos del alcohol y más vulnerable a los posibles riesgos

Y en segundo lugar, por los peligros que conlleva: de la euforia inicial se pasa a la confusión y la incoordinación motora. Luego viene el estupor, la pérdida de voluntad, y la pérdida de reflejos que puede provocar un coma etílico, o lo que es peor, la ausencia de reflejos que te lleva, irremediablemente, a la muerte.

De ahí que, y a pesar de que muchos padres nos encontramos desbordados ante este fenómeno, y aceptamos con “resignación” o con “ignorancia” que nuestros hijos se reúnan con sus amigos para beber, e incluso, “toleramos”, con un “pacto de no agresión”, que para superar sus complejos, vencer la timidez para hacer nuevas amistades, pasar un rato alegre y divertido bailando, necesitan una copa para inhibirse; no podemos seguir justificándolo con comentarios como que “es algo por lo que hay que pasar, ya pasará…”,¡yo también lo hacía a su edad!, ¡por beber un poco no pasa nada!,…

¡Padres, despertémonos de la resaca! ¡”Perdamos el tiempo” con ellos y ayudémosles a decir que NO al alcohol!

Sólo así, no arriesgaremos a nuestros hijos, a nuestra familia, y podremos ayudarles a plantarle cara a una “normalidad” que, sin duda, les puede esclavizar.

Y para ello, dado que el consumo de alcohol está tan arraigado en nuestra cultura y nuestras costumbres, propongo que les demos ejemplo y consumamos con moderación, no seamos permisivos y fijemos unas normas de cumplimiento obligatorio (“si bebes no conduzcas”, “los adolescentes no deben beber”,” no se bebe en zonas comunes donde pueda ser un ejemplo nocivo para los pequeños”,…), hablemos con nuestros hijos, démosles información y expongámosles los riesgos y las posibles consecuencias de llevar unas copas de más.

fuente: catholic.net

La familia un lugar donde tomar fuerzas para enfrentarnos al mundo

 

Vittorino Andreoli uno de los psiquiatras más prestigiosos de Italia anima a los padres a no tener miedo de mostrarse frágiles.

 

¿Cómo ve a la familia actual, goza de buena salud?

La institución de la familia está muy enferma, sólo hay que fijarse en el índice de separaciones, que es altísimo.

¿Y de que adolece?.

Principalmente de una enfermedad social. Hoy en día se está generalizando el usar y tirar los sentimientos, como ya nos hemos acostumbrado a hacer con los objetos de consumo.” Hoy te amo, pero mañana no lo sé”, se dicen los jóvenes y se abandonan con muchísima facilidad, como si eso no tuviese un coste tremendo en términos de su felicidad personal.

¿Se ha puesto de moda abandonarse?

En gran medida. La sociedad actual nos ha vendido el mito de que hay que ser fuerte, autosuficiente, independiente, que no debemos necesitar a los demás. Y eso, además de ser prácticamente imposible, genera violencia.

¿Violencia? ¿Por qué?

Porque además nos pide un nivel exagerado de éxito. Si no tienes éxito no eres nadie. Si te crees todo esto tienes muchos puntos para frustrarte, para ver las relaciones principalmente como una lucha. Y eso nos hace violentos e intransigentes.

¿Qué salida tenemos?

Reconocernos como seres frágiles, que es lo que somos relamente. Reconocer que nos necesitamos los unos a los otros. Eso es mucho más realista y hermoso, desde mi punto de vista.Si lo hacemos así, estableceremos vínculos que incluyan el dolor, la frustración, las desilusiones, precisamente para superar todo eso que trae la vida.

También dice que como padres es bueno mostrarse frágiles.

Sí ,el peor error de un padre es querer parecer perfecto ante su hijo. Cuando mis hijos eran pequeños, algunos días les decía a la hora de cenar:”Hoy no quiero oir vuestros problemas, dejadme que os cuente los míos”. Así les transmitía que nos necesitamos los unos a los otros.

¿Y cómo reaccionaban ellos?

Pues me escuchaban con empatía y solidaridad. Luego, siempre han acudido a mí cuando han tenido conflictos.

¿Y la opción de la soltería?Cada vez hay más solteros por vocación, los llamados singles

Yo, que ya soy viejo , tengo algo que decírles a los jóvenes solteros: que no pierdan la ocasión de constituir una familia, porque es algo muy hermoso. Además, la soledad cuando se es mayor, es algo demasiado duro.

Usted dice que la familia debe entenderse como algo sagrado.

Lo sagrado es una categoría de la mente que sirve para entender el misterio y el amor es un misterio. Cuando somos capaces de dar la vida por la persona amada, cuando somos capaces de enemorarnos de un delincuente, hacemos cosas que no tienen sentido a nivel lógico. Eso es un misterio y tiene tal fuerza que puede hacernos felices o destruirnos.Si lo tratas con la reverencia que se merece, te puede hacer feliz.
Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2007-04-12

Familias fuertes = Sociedades fuertes

(Por Emili Avilés, Colaborador de mujer Nueva, 2009-10-22)

Sabemos todos que comunicar es algo más que hablar y escuchar. En el trato humano la comunicación es un medio insustituible, es clave para resolver los problemas que se puedan plantear, en las diversas circunstancias personales y de relación.

Especialmente por lo que respecta a la familia, comunicarse y hablar para conocerse mejor es un precioso instrumento que facilita el amor, haciendo partícipes a los más próximos de los propios sentimientos, de las propias necesidades, alegrías, expectativas y esperanzas.

Pero además, somos conscientes de que en cualquier ámbito de las relaciones humanas, para robustecer y progresar en la convivencia diaria es preciso afinar la sintonía. Viene al caso recordar que para entendernos hemos de asegurar dos asuntos: Por un lado, “querer-buscar” un conocimiento efectivo de la realidad, saber de las cosas tal como son. Y de otra parte, un respetuoso reconocimiento de la dignidad de las demás personas, por encima de prejuicios y particularismos.

Ocurre que ahora, sólo lo automático, lo rápido, lo que me gusta, lo inmediato es lo que se considera bueno. Y eso no puede ser entre personas y menos si además comparten un objetivo vital o profesional. Es preciso saber esperar la reflexión de los demás, darles tiempo a una respuesta, a una mejora, a una decisión libre y responsable. Esto, aunque sea sobre algún pequeño asunto, incluso en las relaciones laborales o de vecindad, será entrenamiento de convivencia, comprensión e incluso eficacia.

La verdad que ha de haber en el respeto mutuo se convierte en mentira si hay dejadez para saber cómo se siente la otra persona a quien nos dirigimos, o si nos desentendemos de cómo interpreta las acciones o datos que recibe por nuestra parte. Afinar en la compenetración de cualquier equipo humano ha de ser ocupación diaria. Y quizás algunas veces se precisen esfuerzos extra para evitar fijaciones y susceptibilidades.

Si concretamos en las relaciones de pareja, veremos que con una buena comunicación cada uno mejora, puede conocerse mejor a sí mismo y mostrarse como don, al otro. Es de esta manera, al saberse ambos partícipes del otro y de su vida, como nace el “nosotros”.

Al principio de curso, una idea práctica en este sentido puede ser descubrir el novio o novia que todos llevamos dentro: Cultivar nuevamente aquellas largas citas, ayunas de nadie más. Eso nos facilitará ser más hombres y más mujeres, para después ser mejores padres, madres, esposas y esposos.

Es clara la necesidad de tener familias fuertes, que funcionen. De su salud o enfermedad, dependerá la sociedad entera. La mejora de la generación siguiente tiene mucho que ver con la comunicación y cohesión familiar, ya que es la familia medio eficacísimo de formación humana, más allá de lo estrictamente justo, atendiendo a las particularidades de cada uno.

Por ejemplo, la relación en el matrimonio se refuerza superando y canalizando tensiones, perdonando y aprendiendo a perdonar. Para ello, es imprescindible establecer hábitos estables de trato sincero. Facilitemos que nuestro cónyuge nos explique su opinión, sus inquietudes, que los problemas que puedan aparecer sean objeto de estudio, no de discusión, que nos adelantemos a cambiar o rectificar.

Ojalá que, cada día, todos aprendamos un poco más a avenirnos. Para ello es evidente la necesidad de más trato, de disponer de más momentos de encuentro reposado. Y sin perder ocasión para que nietos, hijos y abuelos compartan entre todos ellos tiempo libre y descanso, juegos y conversaciones, también durante nuestras ocupadísimas semanas de trabajo.

Es así que, en la familia y desde la familia, nos sabremos miembros de un maravilloso equipo que extiende su siembra de felicidad –con dificultades, pues siempre las habrá- a lo largo de la historia humana, generación tras generación.