Noviazgo en la adolescencia

Por Elizabeth Aguilar Lizano

En la adolescencia, el mundo se abre de una manera diferente para los y las jóvenes y muchos aspectos se vuelven sumamente atractivos: la libertad, la autonomía, el sexo opuesto, el amor…

En esta edad se vivencia el primer amor, ese amor que llevamos prendado a nuestros recuerdos, y sentimos que nos “enamoramos” no una, sino muchas veces. Esta sensación es maravillosa, de adultos la seguimos experimentando, y es uno de los estados más sublimes que puede vivir un ser humano.

Pero el enamoramiento es una experiencia que debe vivirse de manera consciente, lo cual resulta sumamente difícil cuando se tiene 13 o 14 años. Resulta contradictorio afirmar que el enamoramiento (lo cual alega a emociones) debe vivirse de una manera deliberada; sin embargo, es necesario que las personas distingan las repercusiones de una ilusión pasajera y las de un verdadero amor.

El amor inmaduro

Ahora veamos ciertas características del amor inmaduro. En primer lugar, es egocéntrico, busca el beneficio y la satisfacción propia. Dos personas enamoradas, desean estar todo el tiempo juntas, necesitan sus llamadas constantes y no conciben su vida sin su “media naranja”; y aunque esto parezca muy romántico, lo que enmascara es la necesidad de compañía, revela el deseo que tenemos los seres humanos de ser una persona significativa e indispensable en la vida de otros.

Asimismo, el enamoramiento comprende una ilusión pasajera pues se basa exclusivamente en emociones, y éstas son dinámicas, cambian según las circunstancias y se modifican a través del tiempo. Por esta razón, se vuelve casi imposible mantener la intensidad inicial a lo largo de la relación.

Según lo expuesto hasta ahora, el enamoramiento pareciera ser un estado no muy positivo… ¡todo lo contrario! Estar enamorado es una de las mejores experiencias que puede vivir el ser humano, el problema radica en confundir ilusión con amor y tomar decisiones precipitadas, y muchas veces inadecuadas.

Relaciones sexuales

Una de las decisiones más comunes entre los y las adolescentes que creen haber encontrado al “amor de su vida”, es iniciar las relaciones sexuales. Cada día los y las jóvenes inician sus prácticas sexuales a más corta edad, y muchos lo hacen por miedo a perder a la persona amada. Sin embargo, la vida íntima es una extensión del amor verdadero, y éste difiere mucho del amor inmaduro que se experimenta en el enamoramiento.

De esto deriva la importancia de que los y las adolescentes comprendan que su vida sexual debe postergarse hasta el matrimonio, pues asumir esta responsabilidad cuando no se está preparado para ello, acarrea consecuencias poco placenteras para los involucrados. Los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual, el SIDA, los abortos y sus secuelas se encuentran a la orden del día.

Otra de las decisiones aceleradas es el matrimonio. Algunos jóvenes enamorados creen haber encontrado a la persona perfecta, aquella con quien nunca tendrán discusiones ni conflictos, la que nunca les hará sentir mal y con quien compartirán todos los aspectos de su vida; bajo este velo de fantasía el matrimonio aparece como el próximo paso a seguir.

Sin embargo, un enlace matrimonial no debe llevarse a cabo con fundamentos únicamente ilusorios y emocionales, pues como ya se anotó, las emociones son fluctuantes y cambian según las circunstancias. Los y las jóvenes que contraen matrimonio por estar “locamente enamorados”, usualmente terminan en divorcio.

La cotidianidad, los problemas económicos y familiares, las discrepancias en cuanto a la disciplina y educación de los hijos, y muchos otros conflictos acabarán con la imagen idealizada de la pareja; ya no será la persona perfecta, sino que se verá como el ser humano con defectos que es, y probablemente esta nueva imagen no provoque el mayor agrado.

Amor verdadero

Ahora bien, si estar enamorado no es suficiente para sostener una relación ¿qué más se necesita?

Algunos jóvenes (y adultos también) necesitan comprender que lo que diferencia las relaciones triunfadoras de las no exitosas, se llama amor verdadero. Este tipo de amor, se caracteriza porque no es egocéntrico, no hiere ni lastima, y quizá lo más importante: pone a prueba las emociones.

El amor maduro se desarrolla a lo largo del tiempo, con la convivencia mutua, en los tiempos de prosperidad y en los tiempos de calamidad. Se inicia con el enamoramiento, pero al pasar este “encantamiento”, se comienza a amar la esencia de la persona, no su belleza física ni su popularidad, se aman sus defectos y virtudes, se le respeta en momentos de discrepancia, se le escucha en medio del agobio; en resumen, se le ama cuando parece imposible amarle.

No se trata aquí de decir que los y las adolescentes no saben amar, de lo que se trata es de educarles (y también a sus padres) en cuanto a la diferencia entre amor e ilusión, para que vivan la adolescencia de forma plena y satisfactoria, sin tener que arrepentirse por decisiones tomadas a la luz de una quimera.

Tomado de: enfoquealafamilia.com

Cómo educar hijos seguros de sí mismos

“Si brindas seguridad, enseñarás confianza”

Una persona segura de sí misma denota firmeza, positivismo, alta autoestima y determinación. Además, se caracteriza por ser independiente, autónoma, convincente y generar confianza en los demás. Todas estas cualidades las podemos cultivar en nuestros hijos dependiendo de la educación que les demos.

Todo padre desea que sus hijos tomen decisiones asertivas, se desarrollen socialmente, tengan la seguridad para expresar adecuadamente sus sentimientos, posean el suficiente valor para enfrentar situaciones complejas, y así poco a poco vayan ganando autonomía. No obstante, cuando se educa bajo un contexto de inseguridad y miedos, lo único que logramos es que nuestro hijo no pueda desarrollar las capacidades que en un futuro le serán determinantes.

Seguridad y autoestima

El pedagogo José María Lahoz García dice: “la seguridad en uno mismo es fruto del convencimiento de que se tiene la capacidad suficiente para manejar algunas situaciones con éxito y que se puede ofrecer algo valioso a los demás. Esta seguridad es consecuencia de lo que comúnmente llamamos autoestima”.

La autoestima le permite a la persona actuar con seguridad y afrontar la vida desde una perspectiva positiva y emprendedora. Además, proporciona la capacidad de resolver problemas graves porque se afrontan con optimismo. Asimismo, una alta autoestima certifica mayor tolerancia al fracaso.

Lo que debemos lograr con nuestros hijos, es que se sientan valiosos y queridos, haciendo un trabajo basado en el reconocimiento del logro, en el elogio y en la estimulación.

“El desarrollo de la autoestima, es considerado por psicólogos infantiles como la puesta en marcha del `motor´ que impulsará al pequeño para que establezca y cumpla objetivos propios, pues se ha comprobado que un niño que se aprecia a sí mismo es físicamente más sano, tiene considerable motivación para aprender, actúa con responsabilidad y cuenta con mayor tolerancia en caso de que las cosas le salgan mal… Ayudarle al hijo a tener confianza en sí mismo, facilitará su convivencia con otras personas, le permitirá convencerse de que tiene capacidad para actuar con éxito en la vida y le hará entender que su amistad e ideas son tan valiosas como las de cualquier otra persona”, afirman María Elena Moura y Lorena Rodríguez en su artículo de saludymedicinas.com

Indicadores de inseguridad

Los niños inseguros suelen sentirse limitados porque no se atreven a hacer algunas cosas por cuenta propia, les cuesta establecer vínculos afectivos con otros chicos de su edad, no progresan en sus primeros aprendizajes escolares, se rinden al primer intento, se sienten frustrados cuando fallan y tienen muy presente la posibilidad de “hacer el ridículo”.

Un niño que carece de seguridad propia, tendrá muchos problemas en el futuro, debido a que sentirá angustias y preocupaciones innecesarias, que además se pudieron haber evitado. Todo esto lo pone en clara desventaja.

Las principales señales de un niño inseguro son:

Muestra temor excesivo a errores y fracasos.

Tiene poca motivación para jugar o convivir.

Carece de entusiasmo y presta poca atención a las clases.

Es muy sensible a las críticas u observaciones.

Invierte varias horas al estudio, pero su desempeño escolar es deficiente.

Puede ser muy tímido en el aula o, por el contrario, ruidoso y conflictivo.

Evita cualquier reto a sus hábitos.

Se siente frustrado en la escuela.

Tiende a descalificarse y a decir que no tiene habilidad para ciertas cosas.

A diferencia del niño seguro:

Es muy curioso.

Le gustan los desafíos.

Tiene muchas ganas y facilidad para aprender de sus diferentes materias escolares o actividades.

Los fracasos y errores representan oportunidades para aprender.

Conoce sus puntos “fuertes” y “débiles”.

Acude con gusto a clases.

Admite críticas.

Es muy sociable con sus compañeros.

Padres seguros, hijos seguros

Educar hijos seguros requiere que los padres también sean seguros. Recordemos que los padres educamos con el ejemplo. Si los hijos nos perciben seguros de nosotros mismos, ellos reflejarán esa firmeza en su conducta.

Los padres, familiares, profesores y amigos, son los principales entes influyentes en la personalidad del niño. “Estas personas actúan como espejos en los cuales el niño ve reflejada la imagen de sí mismo, y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona” indica José María Lahoz García.

No sobra decir que la percepción que tienen los niños de las reacciones de sus padres no se alimenta exclusivamente de las palabras que dicen, la comunicación no verbal y los sentimientos, le permitirán al niño percibir una realidad existente.

¿Cómo brindarles seguridad en sí mismos?

La comunicación padre e hijo es fundamental para ayudarle a incrementar la confianza en sí mismo. Igualmente, establecer fuertes lazos afectivos sin dejar a un lado las normas y la autoridad, ello con el fin de enseñarle a comprender que la vida tiene límites y debe valerse de sus fortalezas para afrontarlas. No obstante, es necesario comprender que no basta con que los padres sientan amor por su hijo, sino que deben aprender a transmitírselo.

Fuentes: solohijos.com, saludymedicinas.com

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