Etiquetas psiquiatricas de trastonos inventados

<iframe width=”430″ height=”352″ src=”http://www.youtube.com/embed/P_X500l2rhQ” frameborder=”0″ allowfullscreen></iframe>

Tú… ¿Qué respuesta le estás dando a la vida?

¿Porqué no creer en mí si soy lo más cercano que existe al mismo Dios?

¿Porqué no creer en mí si Él que desde la eternidad me pensó me dotó de la maravillosa inteligencia y voluntad para poder elegir mi destino? ¿Porqué no creer en la habilidad para engrandecer mi propio ser femenino? Soy una mujer, llevo un nombre, el que me hace ser yo, sentirme yo y saberme única. ¿Porqué no creer en lo que puede llegar a ser y a hacer Andrea, Beatriz, Carolina, Dinorah, Elizabeth o cómo sea que me llame? ¿Qué espero para manifestar la vitalidad que en mí reside? ¿De qué tengo miedo? ¿Qué me detiene para liberar todo ese amor de mujer que puedo dar?

Talvez más de alguna vez te has hecho la pregunta que leíste al inicio, ¿por qué no creer en mí? Vivimos en una sociedad que no nos ama por lo que simplemente somos como personas, una sociedad que, como mujeres, nos presiona a ser eternamente lozanas, a ser envidiablemente delgadas y brillar como una estrella en el campo profesional. Bajo este pensamiento, según la sociedad, si no somos así sólo formamos parte de la masa, no somos nada. Esto, por supuesto no está bien.

Talvez serás una muchacha joven, tendrás 20 años. Puede que seas una recién casada y tu edad no pase de los 26 años. Quizá ya tienes un hijo, o dos. ¿Podría ser que eres una mujer con la juventud de los 35 años? Tal vez 45 o 60… La edad que tengas, ¿Has pensado en los tiempos que nos ha tocado vivir? Nuestra era ha sido conocida como la era de las comunicaciones y la sofisticada tecnología, pero también es la era del no saber quien se es, ni para lo que estás aquí. Y si no sabes quién eres, si no conoces el maravilloso potencial que el mismo Dios del amor te brindó al crearte mujer y si mucho menos sabes para lo que estás aquí ¿Cómo pedirte que creas en ti?

¿Cómo saber quién soy yo? Sólo sabrás quien verdaderamente eres si te metes de cabeza a iniciar una amistad con Dios. La angustia que la mujer tiene de Dios en nuestro tiempo, ni ella misma lo sabe. Piensa que el vacío que siente es porque no hay un hombre que la ame; las depresiones que experimenta las relaciona muchas veces con la carga excesiva de trabajo; si es soltera se desespera por casarse. Si pasó de los 25 años empieza a aceptar migajas con tal de no estar sola. Si ya está casada se encierra en sí misma y se martiriza pensando en que tal vez se equivocó al escoger al hombre de su vida. Puedo dar muchos más ejemplos. Pero todos nos llevarán a lo mismo. Nuestra soledad, nuestra melancolía, nuestra tristeza, nuestro desánimo, nuestra frustración es el bullir silencioso de nuestra alma, de nuestro espíritu que expresa a través de estos estados emocionales su necesidad natural de relacionarse con Dios. Piensa en esto, pues así es como se va construyendo la conciencia de nuestra relación con Él. Esta conciencia terminará llevándote a una pregunta crucial: ¿quién soy yo?

Me imagino que ya sabes quién fue la Madre Teresa de Calcuta. ¿Recuerdas su figura física? Pequeña, curtida por el sol, común y corriente. Como lo soy yo y talvez, como lo eres tú. Desde muy joven supo que su potencial para llegar a ser venía de Dios mismo. Vivía metida en Él, y atenta a su llamada. No tuvo miedo porque sabía quien era, una hija de Dios. Creyó en ella misma y en su misión porque su potencial era una extensión del poder creador de Él Que Es. ¿Cómo lo hizo? Interiorizando, yendo hacia adentro, quedándose quieta. Así descubrió que cada uno es egoísta, que lo llevamos en la piel, en la sangre, en los huesos, pues es nuestra propia naturaleza. Pero también descubrió que metidas en Él somos capaces de ver con los ojos del cielo que podemos amar generosamente y dejar la piel, la sangre y los huesos para transformar la sociedad en la que vivimos. La Madre Teresa lo hizo, como lo puedes hacer tú, si crees y quieres. Al hacerlo Dios te tomará de su mano que es fortaleza, que es sabiduría, que es éxito y te mostrará desde su amor infinito como las estrellas del cielo el maravilloso potencial para llegar a ser que te regalo al crearte mujer.

Estás aquí para ser la raíz del mundo. La raíz es el extremo de las plantas desde donde obtienen las sustancias nutricias indispensables para su desarrollo armónico. Si no hay raíz, no hay planta, no hay vida. Si no existiera la mujer, ¿qué sería del mundo? Es entonces la mujer lo más profundo, lo fundamental, lo esencial, lo bendito. Es la savia y la lava. Es manantial que calma la sed y es nutriente que alimenta. Es la que siembra valores o simplemente los evita. Y tú, ¿para qué vives? ¿Estás aquí viviendo egoístamente tu vida? ¿Qué respuestas le estás dando a la vida?

La autoestima a la luz de Dios

Sheila Morataya-Fleishman

La auto-estima es un campo fascinante y dentro de la superación personal todavía más, pero también es un tema profundo…

Todos hemos envidiado alguna vez ese tipo de persona que emana confianza absoluta en sí misma.

Lo percibimos a través de su forma de “estar”. Lo vemos en su forma de caminar, de saludar, de expresarse verbalmente y en lo bien que se está a su lado. Podemos decir de él o ella, que es una persona que goza de una sana auto-estima o de un sano concepto de sí mismo.

Uno de los factores psicológicos que más afecta nuestras relaciones humanas, es la auto-estima o amor ordenado por uno mismo. Una de las vertientes que más afecta la personalidad y la conquista de relaciones estables con uno mismo y el mundo es la auto-estima.

Lamentablemente de los miles de artículos y cientos de libros que existen en el Mercado sobre este tema, hay muchos que lo que han hecho es dar una orientación que confunde a las personas.

La auto-estima es un campo fascinante y dentro de la superación personal todavía más, pero también es un tema profundo y que requiere de mucha investigación y estudio para poder ser efectivos en la transmisión de la misma a los nuestros. Para nosotros los cristianos, la auto-estima o el amor que debemos sentir hacia nuestra propia forma de lucir y ser viene dada por el hecho de pertenecer a una categoría superior a la de los animales y las plantas.

Somos hijos de Dios. Seres humanos dotados de un alma que está destinada a ser eterna y en donde radican las potencias singulares que nos distinguen de los demás seres de la creación. Inteligencia y voluntad. Porque somos inteligentes, podemos pensar, reflexionar, decidir, actuar, y construir un auto-concepto que nos conduzca hacia el bien de nosotros mismos y por efecto, al bien de los demás.

La inteligencia es la chispa de Dios en nuestra alma y su propósito primero y último es conocerlo.(Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, “un corazón recto”, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios).

Para esto se nos dio la voluntad. La voluntad me empuja a decidirme a emprender una tarea del conocimiento de mí mismo. Conocerme a mí mismo y saber quien soy y que hago aquí en esta tierra, es importante para poder conocer a los demás y exprimir lo mejor de ellos a través de nuestro trato.

Se necesita voluntad para zambullirse dentro de las aguas del yo profundo. Sin Dios como Capitán en ese bucear, se nos puede llevar por caminos equivocados de egoísmo permisivo hasta hacer que terminemos creyendo que somos dioses. No lo somos.

Somos hijos de Dios y es esta la razón más alta de nuestra dignidad

Se nos ha dado el regalo de ser hechos a su imagen y semejanza. Es por esto , que es importante antes de entrar en la pura psicología de la auto-estima que sepamos, que somos comos hombres a partir de Dios y las vías que nos llevan al conocimiento del mismo.

Vías para acercarse a Dios como punto de partida y la creación

El mundo: Del orden y de la belleza del mundo se pude conocer a Dios como origen y fin del universo.

Podemos ponerlo más claro con palabras de San Agustín: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo…interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión. Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza , no sujeta a cambio?

Contemplar la naturaleza, el cielo y sus diferentes movimientos de nubes; lograr asombrarse ante la caída de una catarata y la majestad de un águila en pleno vuelo, es contemplar y conocer la belleza de la Majestad y Potencia de Dios.

El ser humano

Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del deber, con su libertad y a la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La “semilla de la eternidad que lleva en sí, al ser irreducible a la sola material”, su alma, no puede tener origen más que en Dios.

Es importante que si somos solteras, solteros, esposos, esposas, madres y padres, tengamos claro que la tarea educativa de sembrar auto-estima en nuestros hijos, tenga su raíz a partir de Dios. No podemos quedarnos a nivel de psicología pura, ya que el hombre no es sólo psiquis. La naturaleza del hombre es sobre todo “espiritual”, esto, es lo que nos hace ser, seres humanos. Una educación en la auto-estima que no considere esto, a la larga hará que el hombre o la mujer tambalee ya que su fuerza estará enraizada en el hombre mismo para su funcionamiento y confianza en sí mismo, y no en Aquel que por amor lo creo. Así pues, sirva esté amplio preámbulo para entrar al mundo fascinante de la auto-estima.

Fuente: encuentra.com

La asertividad: clave para las habilidades sociales

Ser asertivos facilita la interacción con otras personas, asimismo permite establecer relaciones sociales sanas, en donde se hace presente la libre expresión de sentimientos, ideas, puntos de vista, instaurando el respeto como punto de partida.

La generalidad de los espacios donde el hombre se desenvuelve -familia, trabajo, círculo social, comunidad…- suponen poner en práctica sus habilidades sociales, de ellas muchas veces, se ponen en juego las decisiones más importantes de la vida. No obstante, es poco probable nacer con todas las habilidades aprendidas, por lo que se hace necesario instruirse y ejercitar ciertas destrezas que significarán beneficios en el campo de las relaciones interpersonales.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es la “habilidad personal que nos permite expresar sentimientos y opiniones, en el momento oportuno, de la forma adecuada, sin negar o desconsiderar los derechos de los demás. Es un rasgo de la personalidad que puede ser entrenado y desarrollado para relacionarnos más y mejor, preservando y defendiendo nuestros derechos legítimos, sin agredir a los demás o permitir que se violen los nuestros.”*

Además Olga Castanyer autora del libro La asertividad: expresión de una sana autoestima señala: “La persona asertiva conoce sus propios derechos y los defiende, respeta a los demás, por lo que no piensa ganar en una disputa o conflicto sino que busca de forma positiva los acuerdos.”

La conducta asertiva ofrece la posibilidad de ser consecuentes entre el pensamiento y el actuar, pues por medio de esta conducta, se aprende a negociar, a expresarse francamente de buenas maneras, a negarse ante una situación que no se desea; todo ello sin herir los sentimientos del interlocutor.

Por tanto, cuando se habla de asertividad, también se refiere al aprendizaje que engloba el saber decir “no”, en especial, durante determinadas situaciones que atentan contra los principios morales de la persona o cuestiones de personalidad muy arraigados a cada quien, pues hay quienes con frecuencia responden afirmativamente cuando en realidad quieren pronunciar una negación.

Sin embargo, también es propio de la conducta asertiva, saber identificar el momento más propicio para defender los pensamientos personales, habrán circunstancias en que lo mejor será permanecer en silencio.

¿Cuáles son las conductas no asertivas?

Los expertos en el tema afirman que hay dos causas principales para que una persona no exprese sus ideas o lo haga por las vías inadecuadas.

En primer lugar, se encuentra determinada por una conducta pasiva, la cual está ligada a la baja autoestima, por lo general estas personas no están satisfechas consigo mismas y por eso mismo no pueden decir lo que piensan o sienten a los demás. La inseguridad, la evasión para la toma de decisiones y el temor a asumir responsabilidades, son características de este tipo de conducta.

Por otro lado, existe una conducta con tendencia a la agresividad, en la que predomina un comportamiento ofensivo que suele agredir a los demás. Esta situación por obvias razones, termina alejando a las personas que le rodean, como también puede suceder que las lleve a inclinarse hacia la agresividad. La manipulación y el deseo de conseguir lo que se quiere para su provecho a costa de lo que sea necesario, son propias de este tipo. La dificultad para autocontrolarse se halla como la raíz del problema.

La asertividad en acción

Como se expresó en la parte preliminar, ser asertivos le proporciona al ser humano ciertas habilidades que facilitan las relaciones interpresonales en los diferentes escenarios donde éste se desenvuelve, así como, la elección de las mejores decisiones. A continuación, veremos cómo se puede aplicar la asertividad en los diversos roles de la vida ordinaria:

La asertividad en la educación de los hijos: consiste en desarrollar la destreza para mantenerse firmes ante las decisiones o acciones educativas que se aplican a los hijos, en especial aquellas que no son de su agrado como los límites, normas y consecuencias de un mal comportamiento. Igualmente, la autoridad asertiva se basa en la capacidad de negarles a los chicos algo que les perjudica para su futuro próximo o inmediato, y lo más importante, mantenerse en esa posición, a pesar de sus lloriqueos o pretensiones de manipulación. El buen ejemplo que brindan los padres, tal como la coherencia entre lo que dicen y hacen, son puntos claves de la mencionada conducta. Empoderar a los hijos, darles seguridad y autonomía, son prácticas asertivas.
La asertividad en el matrimonio: se refiere a la comunicación entre la pareja, la posibilidad de negociación entre los gustos individuales para convertirlos en colectivos, las decisiones conjuntas, la forma de decir lo que no le agrada del otro, del mismo modo que alagarlo, son ejemplos claros de la asertividad en la convivencia ordinaria de los cónyuges.
La asertividad en el trabajo: dentro de las organizaciones se hace necesario el desarrollo de esta facultad, tanto en los niveles jerárquicos altos hacia los bajos, como en el sentido contrario. Buscar la forma adecuada de sugerirle al jefe algo que podría ser mejor o proponerle nuevas ideas, hacen parte de una comunicación asertiva. En cuanto al trato del jefe hacia sus empleados, debe ser cálido, no tosco, las funciones deben ser emitidas con cordialidad y respeto.
La asertividad en las relaciones interpersonales (amistad): en el caso de los adolescentes o jóvenes, donde la presión grupal y aprobación externa son tan fuertes, la asertividad cumple una importante misión. Muchas veces a pesar de que los chicos saben que consumir drogas, tener sexo con alguien que recién conocen o invitaciones tentativas de esta clase, no les son para nada beneficiosas, acceden por la imposibilidad de expresar sus puntos de vista contrarios a la insinuación ofrecida. Por tanto, decir “no” en estas circunstancias críticas, hace que las personas tomen las mejores decisiones en momentos que marcarán el resto de sus vidas.
Como vemos pues, la asertividad se aprende y se desarrolla, basta con la disposición para vivirla en la interacción diaria, la cual es una condición irrevocable de la humanidad.

Fuentes: *¿Qué es la asertividad? por Maricarmen Abascal – Almas.com.mx; esposiblelaesprenza.com; libro “La asertividad: expresión de una sana autoestima” de Olga Castanyer, Ediciones Desclée de Brouwer – 1997.

Fuente: www.lafamilia.info