Intimidad sexual en el matrimonio

La sexualidad es una dimensión del matrimonio. Digamos que es la expresión de la complementariedad entre los dos sexos, que hoy la ideología de género trata de anular y que se inculca a las nuevas generaciones con la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

La unión sexual es un verdadero acto humano y personal, sólo si se lleva a término según su auténtico significado. La actitud ante esta unión íntima es “jugarse la vida en el amor”, por eso deben aprender los cónyuges a hacer de la unión de los cuerpos un acto de donación completa y sin reservas de su ser íntimo y personal, la consumación de un amor llamado a la eternidad y a la fecundidad. Como bien se anuncia en los pasajes del libro bíblico del Cantar de los Cantares, que retrata a dos amantes que disfrutan de la presencia y del afecto mutuo: “yo soy para mi amado, y él se siente atraído hacia mí”. (Ct 7:11)

Como vemos, mantener una relación sexual es siempre algo importante, y como todo lo importante debe ser algo meditado, y bien preparado. La sexualidad no afecta solamente a mi parte genital, ni tan solo a mi cuerpo, sino a toda mi persona (emociones, sentimientos, expectativas) Es por ello que conviene descubrir cómo en la sexualidad se ven distintas áreas implicadas: la psicológica -afectiva, física y espiritual; y de esta manera tener una buena y completa vivencia de la sexualidad.

Por el contrario es imposible disfrutar de una buena relación sexual cuando existen sentimientos negativos en los aspectos no sexuales de la relación, cuando se reduce exclusivamente a una de sus dimensiones obviando el resto, se banaliza la sexualidad, etc. En definitiva todo ello puede frustrar la finalidad de la sexualidad humana, que significa muchas veces poner en grave peligro la continuidad del compromiso interpersonal.

Alguien, no algo

La sexualidad no desea algo sino a alguien, reconocimiento del otro, pues el otro desea ser deseado y reconocido. Porque como bien dice Víctor Frankl: “un amor sólido y verdadero es aquel que no sólo desea la capa externa de la persona, sino que ama, sobre todo, lo espiritual que hay en ella, su persona espiritual; eso que hay de único e irrepetible en el ser humano, o que existe detrás de las apariencias sexuales y puramente psíquicas”.

Queda claro que fortalecer y vivir la sexualidad en el matrimonio no es cuestión de técnicas. Enriquecer la vida sexual pasa por enriquecer la intimidad de la relación de la pareja y para ello cómo no, hay que cuidarla centrándonos en lo siguiente:

– Trabajar sobre aspectos olvidados en la relación: lucha de poderes, miedos relacionados con la intimidad, bloqueos en la comunicación, etc.

– Atender a las expresiones de afecto y cariño mutuos.

– Mantener vivo el romanticismo: encontrar aquellas formas que puedan revitalizar la relación como pasar cierto tiempo juntos a solas, etc.

– Cultivar el amor sosegado y sin prisas, que la pareja pueda profundizar en la intimidad sexual aprendiendo a desarrollar sus propios comportamientos.

– Cultivar el deseo y la pasión: revitalizar la relación.

– Afrontar los mensajes negativos sobre el cuerpo y el sexo puede interferir en la intimidad sexual. Reconocer que a veces estas actitudes proceden de nuestro aprendizaje de vida, y empezar a afrontarlos de manera que podamos darnos mensajes más positivos sobre nuestros cuerpos y la sexualidad.

– Fortalecer el compromiso mutuo. Otra cualidad necesaria para una relación sexual en el matrimonio es el compromiso. Si los cónyuges están completamente comprometidos uno con el otro, su relación es fortalecida. Sin un compromiso mutuo, ninguno podrá tener una gran confianza en que la relación sea segura.

– La comunicación, porque la relación sexual también es comunicación, ¿como obviarla en cualquier relación sexual?

– Integrar a Dios con nuestra sexualidad. La sexualidad es un regalo del Señor que si arranca de una buena comprensión de la naturaleza del hombre y de la mujer les puede llevar a estos a una comunicación especialmente intensa y privilegiada, que hace del matrimonio algo grande y especialmente valioso en la apuesta arriesgada a favor de la vida.

En definitiva cuidar la sexualidad y valorarla es una parte fundamental que los cónyuges deben tener en cuenta en su matrimonio, la vivencia de esta como regalo, como don y ofrecimiento hacia el otro es lo que garantiza que se fortalezca su unión. Así lo expresa en pocas palabras la Exhortación Apostólica Familiaris Consorcio “La sexualidad es una riqueza de toda la persona -cuerpo, sentimiento y espíritu – y manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor.

María del Carmen González Rivas
Psicóloga
http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com/

La Cita

John se levantó del banco, arreglando su uniforme, y estudió la multitud de gente que se abría paso hacia la Gran Estación Central. Buscó la chica cuyo corazón él conocía pero cuya cara nunca había visto, la chica de la rosa. Su interés en ella había comenzado 13 meses antes en una Biblioteca de Florida. Tomando un libro del estante, se encontró intrigado, no por las palabras del libro sino por las notas escritas en el margen. La escritura suave reflejaba un alma pensativa y una mente brillante. En la parte del frente del libro descubrió el nombre de la dueña anterior, la señorita Hollys Maynell.

Con tiempo y esfuerzo localizó su dirección. Ella vivía en Nueva York. Él le escribió una carta para presentarse y para invitarla a corresponderle. Al día siguiente, John fue enviado por barco para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante un año y un mes, los dos se conocieron a través del correo, y un romance fue creciendo.

John le pidió una fotografía, pero ella se negó. Sentía que si a él de verdad le importaba, no importaría cómo ella fuera. Cuando por fin llegó el día en que él regresaría de Europa, ellos arreglaron su primer encuentro: a las 7:00 pm en la Gran Estación Central de Nueva York.

“Tú me reconocerás por la rosa roja que llevaré en la solapa”. Dijo ella.
Así que a las 7:00hs, John estaba en la estación buscándola.
El mismo cuenta así lo que sucedió:

“Una joven mujer vino hacia mi, su figura alta y esbelta. Su cabello rubio y rizado se encontraba detrás de sus delicadas orejas; sus ojos eran azules como flores. Sus labios y su mentón tenían una gentil firmeza y en su traje verde pálido era como la primavera en vida. Yo comencé a caminar hacia ella sin darme cuenta que no llevaba la rosa. Mientras me movía, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios: “¿Vas por mi vía, marinero?” Murmuró ella.

Casi incontrolablemente di un paso hacia ella…. y entonces vi a Hollis Maynell. Estaba parada casi directamente detrás de la chica. Una mujer, ya pasada de sus 40, con cabello grisáceo bajo un sombrero gastado. Era más que regordeta, sus pies con gruesos tobillos descansaban en zapatos de suela baja. La chica en el traje verde se iba rápidamente. Sentí como si me partieran en dos:

Mi deseo tan agudo de seguirla, y a la vez tan profundo mi anhelo por la mujer cuyo espíritu me había acompañado y apoyado, y ahí estaba ella. Su pálida y rolliza cara era gentil y sensible. Sus ojos grises tenían un brillo cálido y amigable. No vacilé. Mis dedos apretaron la pequeña y usada copia de cuero del libro que era para que ella me identificara.

Esto no sería amor, pero sería algo preciado, algo quizá mejor que el amor, una amistad por la que había y debía estar siempre agradecido. Cuadré mis hombros, saludé y le ofrecí el libro a la mujer, aunque mientras hablaba me sentí ahogado por la amargura de mi decepción.
Soy el Teniente John Farrel, y usted debe ser la Srta. Maynell. Estoy muy contento de que al fin nos conozcamos. ¿La puedo llevar a cenar? La cara de la mujer se ensanchó en una sonrisa tolerante.
-No sé de qué se trata esto hijo- respondió-, pero la señorita en el traje verde, que se acaba de ir, me rogó que usara esta rosa en mi abrigo. Y dijo que si usted me invitaba a cenar yo le dijera que lo está esperando en el restaurante de enfrente. Que era una especie de prueba!-

No es difícil de entender y admirar la sabiduría de la Srta. Maynell. La verdadera naturaleza de un corazón se ve en su respuesta a lo que no es atractivo.

Dime a quien amas,y te diré quién eres”.