¡CRECE, SUPÉRATE!

Tenemos que ser personas ASERTIVAS para crecer y superarnos en la vida.

¿Qué es la asertividad?
Es la capacidad personal de:
– ser claro acerca de tus sentimientos, elecciones y actividades.
– pedir lo que quieres.
– asumir la responsabilidad de tus sentimientos y tu conducta.

– SÉ UNA PERSONA CLARA
Di sí cuando quieras decir sí, no cuando quieras decir no y quizás cuando quieras decir quizás. La asertividad significa ser claro, no necesariamente estar seguro.
Muestra abiertamente tus sentimientos, tus elecciones, y tus planes.
Revisa tus fantasías, dudas, miedos e intuiciones con aquéllos a quienes les conciernen.
Di a la gente que no es aceptable que te juzguen, hieran o culpabilicen.

– PIDE LO QUE TÚ DESEES
Mensajes claros a los demás.
Reconoce tus sentimientos.
Cariño, aprecio, y crítica constructiva.

– ASUME LA RESPONSABILIDAD
Acepta el derecho de los demás a ser asertivos contigo.
Pregunta a los otros acerca de sus sentimientos hacia ti.
Reconoce la responsabilidad de tus sentimientos.
Termina tus asuntos emocionales inacabados directamente con la gente implicada o acompañado por tu terapeuta.
Admite tus errores, descuidos y ofensas y rectifica.

No hay que confundir asertividad con agresividad.

LA AGRESIVIDAD ES…
Intentar controlar o manipular a los otros.
Menospreciar a los otros mediante insultos o culpabilizaciones. Esto incluye el sarcasmo, incluso entre amigos, o las bromas.
Hacer por los otros lo que pueden hacer por sí mismos. Esto les victimiza e infantiliza y te da dominio sobre ellos.
Violencia física o emocional.
Competitividad e intento de demostrar que la gente está equivocada.
Actuar con despecho o venganza hacia la gente que maleducada o hiriente contigo.

LA PERSONA ASERTIVA
La asertividad es afirmar tu propia verdad y recibir la verdad de los demás.
Pides lo que quieres y respetas la respuesta.
Comparte lo que sientes y aceptas lo que los demás sienten.
Eres responsable de verdad, por lo tanto, actúas en consecuencia y pides a los demás que hagan lo mismo.

Fuente:buzoncatolico.org

La asertividad: clave para las habilidades sociales

Ser asertivos facilita la interacción con otras personas, asimismo permite establecer relaciones sociales sanas, en donde se hace presente la libre expresión de sentimientos, ideas, puntos de vista, instaurando el respeto como punto de partida.

La generalidad de los espacios donde el hombre se desenvuelve -familia, trabajo, círculo social, comunidad…- suponen poner en práctica sus habilidades sociales, de ellas muchas veces, se ponen en juego las decisiones más importantes de la vida. No obstante, es poco probable nacer con todas las habilidades aprendidas, por lo que se hace necesario instruirse y ejercitar ciertas destrezas que significarán beneficios en el campo de las relaciones interpersonales.

¿Qué es la asertividad?

La asertividad es la “habilidad personal que nos permite expresar sentimientos y opiniones, en el momento oportuno, de la forma adecuada, sin negar o desconsiderar los derechos de los demás. Es un rasgo de la personalidad que puede ser entrenado y desarrollado para relacionarnos más y mejor, preservando y defendiendo nuestros derechos legítimos, sin agredir a los demás o permitir que se violen los nuestros.”*

Además Olga Castanyer autora del libro La asertividad: expresión de una sana autoestima señala: “La persona asertiva conoce sus propios derechos y los defiende, respeta a los demás, por lo que no piensa ganar en una disputa o conflicto sino que busca de forma positiva los acuerdos.”

La conducta asertiva ofrece la posibilidad de ser consecuentes entre el pensamiento y el actuar, pues por medio de esta conducta, se aprende a negociar, a expresarse francamente de buenas maneras, a negarse ante una situación que no se desea; todo ello sin herir los sentimientos del interlocutor.

Por tanto, cuando se habla de asertividad, también se refiere al aprendizaje que engloba el saber decir “no”, en especial, durante determinadas situaciones que atentan contra los principios morales de la persona o cuestiones de personalidad muy arraigados a cada quien, pues hay quienes con frecuencia responden afirmativamente cuando en realidad quieren pronunciar una negación.

Sin embargo, también es propio de la conducta asertiva, saber identificar el momento más propicio para defender los pensamientos personales, habrán circunstancias en que lo mejor será permanecer en silencio.

¿Cuáles son las conductas no asertivas?

Los expertos en el tema afirman que hay dos causas principales para que una persona no exprese sus ideas o lo haga por las vías inadecuadas.

En primer lugar, se encuentra determinada por una conducta pasiva, la cual está ligada a la baja autoestima, por lo general estas personas no están satisfechas consigo mismas y por eso mismo no pueden decir lo que piensan o sienten a los demás. La inseguridad, la evasión para la toma de decisiones y el temor a asumir responsabilidades, son características de este tipo de conducta.

Por otro lado, existe una conducta con tendencia a la agresividad, en la que predomina un comportamiento ofensivo que suele agredir a los demás. Esta situación por obvias razones, termina alejando a las personas que le rodean, como también puede suceder que las lleve a inclinarse hacia la agresividad. La manipulación y el deseo de conseguir lo que se quiere para su provecho a costa de lo que sea necesario, son propias de este tipo. La dificultad para autocontrolarse se halla como la raíz del problema.

La asertividad en acción

Como se expresó en la parte preliminar, ser asertivos le proporciona al ser humano ciertas habilidades que facilitan las relaciones interpresonales en los diferentes escenarios donde éste se desenvuelve, así como, la elección de las mejores decisiones. A continuación, veremos cómo se puede aplicar la asertividad en los diversos roles de la vida ordinaria:

La asertividad en la educación de los hijos: consiste en desarrollar la destreza para mantenerse firmes ante las decisiones o acciones educativas que se aplican a los hijos, en especial aquellas que no son de su agrado como los límites, normas y consecuencias de un mal comportamiento. Igualmente, la autoridad asertiva se basa en la capacidad de negarles a los chicos algo que les perjudica para su futuro próximo o inmediato, y lo más importante, mantenerse en esa posición, a pesar de sus lloriqueos o pretensiones de manipulación. El buen ejemplo que brindan los padres, tal como la coherencia entre lo que dicen y hacen, son puntos claves de la mencionada conducta. Empoderar a los hijos, darles seguridad y autonomía, son prácticas asertivas.
La asertividad en el matrimonio: se refiere a la comunicación entre la pareja, la posibilidad de negociación entre los gustos individuales para convertirlos en colectivos, las decisiones conjuntas, la forma de decir lo que no le agrada del otro, del mismo modo que alagarlo, son ejemplos claros de la asertividad en la convivencia ordinaria de los cónyuges.
La asertividad en el trabajo: dentro de las organizaciones se hace necesario el desarrollo de esta facultad, tanto en los niveles jerárquicos altos hacia los bajos, como en el sentido contrario. Buscar la forma adecuada de sugerirle al jefe algo que podría ser mejor o proponerle nuevas ideas, hacen parte de una comunicación asertiva. En cuanto al trato del jefe hacia sus empleados, debe ser cálido, no tosco, las funciones deben ser emitidas con cordialidad y respeto.
La asertividad en las relaciones interpersonales (amistad): en el caso de los adolescentes o jóvenes, donde la presión grupal y aprobación externa son tan fuertes, la asertividad cumple una importante misión. Muchas veces a pesar de que los chicos saben que consumir drogas, tener sexo con alguien que recién conocen o invitaciones tentativas de esta clase, no les son para nada beneficiosas, acceden por la imposibilidad de expresar sus puntos de vista contrarios a la insinuación ofrecida. Por tanto, decir “no” en estas circunstancias críticas, hace que las personas tomen las mejores decisiones en momentos que marcarán el resto de sus vidas.
Como vemos pues, la asertividad se aprende y se desarrolla, basta con la disposición para vivirla en la interacción diaria, la cual es una condición irrevocable de la humanidad.

Fuentes: *¿Qué es la asertividad? por Maricarmen Abascal – Almas.com.mx; esposiblelaesprenza.com; libro “La asertividad: expresión de una sana autoestima” de Olga Castanyer, Ediciones Desclée de Brouwer – 1997.

Fuente: www.lafamilia.info

Educar en la asertividad

 

La persona asertiva conoce sus propios derechos y los defiende, respeta a los demás, por lo que no piensa ganar en una disputa o conflicto sino que busca de forma positiva los acuerdos

En pocas palabras podemos decir que la persona asertiva:

1.-Sabe decir “NO” o mostrar su postura hacia algo:

Manifiesta su propia postura ante un tema, petición, demanda.

Expresa un razonamiento para explicar/justificar su postura, sentimientos, petición.

Expresa comprensión hacia las posturas, sentimientos, demandas del otro.

2.-Sabe pedir favores y reaccionar ante un ataque:

Expresa la presencia de un problema que le parezca debe ser modificado.

Sabe pedir cuando es necesario.

Pide clarificaciones si hay algo que no tiene claro.

3.-Sabe expresar sentimientos:

Expresa gratitud, afecto, admiración…

Expresa insatisfacción, dolor, desconcierto…

Una vez que hemos recordado estas premisas nos toca ahora ver cómo hacemos para trasladar estos conocimientos a los hijos que como sabemos, están en formación y requieren nuestra atención y cuidados.

La asertividad se aprende, no es innata. Se aprende con la práctica y debemos reconocer que es una obligación moral enseñarles a saber estar y comportarse tanto con los iguales como con los adultos.

Existen unas ACTITUDES GENERALES a tener en cuenta para educar en la asertividad y que además influyen en la construcción de una adecuada autoestima. Estas actitudes las podemos enunciar del siguiente modo:

1. Atención a las proyecciones: los adultos tendemos a proyectar nuestros propios temores y experiencias negativas en los hijos. Protegemos a los niños cuando anteriormente hemos sufrido burlas y los hacemos desconfiados. Esta actitud la transmite el padre con sus actitudes, sus comentarios… (cuando estamos continuamente pendientes de lo que los demás dicen de nosotros…) A cambio, lo que debemos hacer es aceptar al niño con sus ideas y actitudes y dejarle tener las experiencias. El papel del adulto en este caso es transmitir al niño su opinión si éste la pide y únicamente limitarnos (mientras esto no ocurra) a aconsejar o contar nuestras propias experiencias huyendo de los planteamientos categóricos y del establecimiento de reglas.

2. No confundir un error puntual con una característica de la personalidad. Debemos cuidar los mensajes que dirigimos a los niños y la forma de hacerlo. Un niño que de forma reiterada recibe el mensaje de que es malo, termina asumiendo ese rol, creyendo que realmente es malo porque además recibe el mensaje de alguien en quien confía que puede ser su madre, su padre o su maestro.

3. Las expectativas hacia los niños deben ser razonables y adecuadas a su nivel y edad. A cada nivel madurativo le corresponden unas pautas de conducta. El problema para los niños se presenta cuando se les exigen cosas para las que todavía no se encuentran preparados (determinadas responsabilidades…)

Cuando vemos que el niño no es asertivo…

Tanto en la escuela como en casa podemos intervenir para ayudarle salvando las diferencias del medio y los factores que pueden influir. La asertividad se puede enseñar de forma indirecta (se trata de todo lo que podemos influir en el niño sin que él se dé cuenta) o directa (con técnicas concretas).

Para empezar con las formas indirectas debemos, en primer lugar, describir objetivamente el “problema” que presenta el niño y una forma sencilla es la de escucharle, dedicarle tiempo para descubrirlo, ser empáticos (ponernos en su lugar y ver el problema desde su punto de vista.

Una buena idea es reforzar las capacidades. Cuando el niño se comporte de forma correcta, es adecuado dirigir un halago hacia el chico como “muy bien, has demostrado que eres capaz para controlar la situación y decidir por ti mismo”. Ya sabemos que el halago como elogio que es, debemos aplicarlo con cuidado y no abusar de él porque puede perder el efecto deseado e incomodar al niño. Como criterio a seguir podemos considerar que cuando una conducta está instaurada no precisa ser alabada y nos debemos fijar en otra conducta más difícil o todavía por conseguir.

Por último, hay que cuidar el lenguaje con que nos dirigimos a los niños. Debemos reflexionar si nos dirigimos de forma positiva y constructiva (“la próxima vez hazlo mejor”) o negativa y destructiva (“no debes hacer así esto”) El lenguaje positivo implica expresarse de forma afirmativa y fijarse en lo positivo. El lenguaje negativo hace hincapié en lo erróneo, en los defectos…

Pasemos ahora a analizar las formas directas que tenemos a nuestro alcance para enseñar en la asertividad. En numerosas ocasiones el individuo conoce su dificultad para afrontar un problema de relación con los demás aunque sí es consciente de que ese problema existe. Es decir, sabe qué debe hacer pero no sabe cómo hacerlo. Para superar esa situación es necesario que los adultos guiemos su comportamiento, analicemos con él la situación que lleva a que el niño se sienta incómodo, los antecedentes que la caracterizan y las consecuencias que siguen. En definitiva, debemos formar “equipo” con él. Lo primero que hay que transmitir es seguridad, confianza en que el problema tiene solución y los adultos tienen que ser los primeros en creérselo.

Por tanto, el adulto debe ensayar con el niño la situación problemática, imaginarse las situaciones problemáticas y peligrosas y afrontarlas. Es importante ofrecer al niño varias alternativas de conducta. Esto conlleva que el niño amplíe su capacidad de decisión. También es bueno ponerle al niño ejemplos concretos de casos similares que el adulto conozca y, si puede ser, explicar cómo se superó la situación.

Un principio importante a tener en cuenta es que no debemos esperar avances de forma inmediata. Al contrario, debemos considerar que hay que avanzar poco a poco, con seguridad y que el niño perciba cada avance como un éxito y esto redundará en aumento de seguridad.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-10-08