Aprender a amar

Antonio Vázquez

Cuando Raúl leyó el capítulo anterior se ha sentido muy desconsolado porque no le saqué a él para nada. A pesar de que le he explicado que todo era para los dos, no le he visto muy conforme.

Lo malo es que me temo que esta vez tampoco va a tener muchas ocasiones de meter baza. Lo siento, Raul, pero vamos a hablar de lo que significa amar, y los hombres sabemos dar y recibir amor, pero no sabemos enseñarlo, son ellas las que tienen el dominio de este difícil arte.

-Entonces por qué te empeñas en hablar de él, siendo hombre.

Primero, porque en este duro oficio de escribir y pensar hay que entrarle a todos los trapos; en segundo lugar, porque me ha tocado en suerte escuchar a muchos matrimonios y han sido ellas las que mejor han sabido describirme sus sentimientos; y en tercer lugar, porque admito que hay aspectos que se me escaparán.

Inmediatamente Paty hatomado la palabra

-Ya el título me ha chocado, ¿qué es eso de aprender a amar?…Tú te has empeñado en que hay que hacer un master antes de casarse. Todo el mundo sabe amar, vete a la jungla y lo verás en cuanto encuentres a un hombre y una mujer.

¿Y quien te ha dicho a ti que esos seres humanos no atesoran una tradición de milenios en el arte de amar? No estoy hablando de una asignatura que se aprende en los libros. Se aprende a amar amando, y dentro de esas tribus hay una cultura amorosa que ya me gustaría verla en los refinados occidentales, en determinadas ocasiones.

-De acuerdo, sigue con lo tuyo

Quería decir que tener capacidad de amar no significa saber hacerlo. Todos nacemos con dos piernas y no andamos hasta los once meses, y tenemos lengua y oído y no hablamos hasta los tres años.

– Y,¿cuántos años hay que cursar esta asignatura para sacar un mínimo de notable?

Déjate de bromas. Es una asignatura siempre pendiente, que llevamos colgando hasta el final de nuestra vida, porque nunca se ama demasiado.

Me explico: ¿Cómo voy a saber amar hoy, igual que dentro de dos años, si en este tiempo los dos hemos cambiado mucho, y lo que nos rodea es diferente? Los que se quejan de que “las cosas han cambiado” y “nada es como antes” es que han parado la moviola y mientras tanto la película sigue su rodaje. Algunos hasta se creen muy “progres” y están fosilizados: se han convertido en una momia a los tres años de matrimonio.

-Tal como lo planteas ¡esto es un trabajazo!

Exactamente esa es la palabra. El matrimonio hay que trabajárselo todos los días. ¿Acaso no es un trabajo ir al supermercado, hacer la comida, y meter la vajilla en el lavaplatos? Si lo dejo sin hacer, está claro que, moriría de inanición.

-¡Qué poco romántico eres…?

Por ahí no paso. Todo menos que me digas que no soy romántico. Vuelvo a casa todos los días con una ilusión enorme de contar cosas a mi mujer y me entusiasma que me diga lo que ha hecho ella. Me invento cualquier historia para tomarnos una cerveza en casa con un mínimo de aperitivo, aunque sea miércoles. Disfruto yendo con ella al Super y comprando mis caprichos, sin que me vea, para que luego me eche la bronca. Se me hacen los ojos calderilla si preveo un viaje profesional al que me la puedo llevar. Y cuando la veo con cara de acelga porque está muy cansada, procuro echar una mano sin que lo note. ¡O es que sólo cabe el romanticismo bailando “El reloj no marques las horas”! ¡Pues también lo hacemos cuando viene al caso!

-Pero que requetebueno eres… los lectores se lo creerán pero yo no, porque te conozco más.

Eso lo dices porque me has visto más de una vez dar un grito, ¿verdad? Efectivamente tengo un genio que no hay quien me aguante, pero procuro que mi mujer no sea el pararrayos, y cuando no lo logro, intento pedir perdón y a barajar… que mañana será otro día.

Todo lo que te he explicado es para decirte que el amor no está en nubes rosas de algodón. Hay que mostrarlo en los mil detalles de la vida ordinaria. El que espere, para amar, momentos espectaculares en que todos los vientos soplan a favor, jamás lo logrará.

-Y, cuando le duele a uno la cabeza?…

Se toma una aspirina y pone cara de poker

-Eso es una hipocresía. Hay que mostrarse como somos

De ninguna manera, no confundamos la sinceridad con la espontaneidad. Si uno

dice y hace todo lo que se le ocurre la vida sería insufrible. Querer al “tú” más que al “yo”, es el secreto permanente del amor. Aunque se tenga que tomar una aspirina, o cortarse la lengua con una tijera.

-Acabas de poner el dedo en la llaga porque eso de querer al otro más que a uno mismo es lo más difícil del mundo.

¿Por qué crees que decía antes que el amor es una asignatura siempre abierta que hay que trabajarla todos los días? Porque el “yo” no nos lo quitamos de encima hasta un cuarto de hora después de enterrarnos. Esto no hay que verlo como algo tremendamente tenebroso. La lucha es apasionante. Llega un momento en el que te observas las propias reaccionas y te dices…: ¡pero que tonto soy!…y hasta la próxima. Es una aventura que te embebe.

-Según este planteamiento todo el tema está en el egoísmo humano

Estás muy brillante esta tarde. Ahí está la clave. Nosotros lo estamos pintando aquí muy descarnadamente pero nadie sale sin maquillar a la luz del día. Eso se viste de incomprensión, de aburrimiento –como si el matrimonio fuera un circo-, de dificultades de convivencia etc. Al final rascas y lo que encuentras en la mayoría de los casos son dos egoísmos frente a frente. Lo demás son cataplasmas. Lo que ocurre es que a la gente le gusta hacerse trampas en el solitario y mirar para otro lado.

Por ejemplo, después de este artículo los lectores se meterán conmigo y me dirán que no generalice. Vaya por delante que no lo hago porque conozco muchos matrimonios espléndidos y otros que sufren mucho porque se han equivocado y guardo para ellos no solo la comprensión sino el mayor de los afectos.

Colaboración Hacer Familia

Febrero de 2004

El arte de amar