CONSEJOS SABIOS PARA APRENDER A AMAR AL OTRO SEXO

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos.
Con frecuencia se escucha en matrimonios con problemas, una expresión muy significativa: “somos muy diferentes”. Y no se cae en la cuenta que el problema no está en ser diferentes, sino en comprender esas diferencias. Lo primero no se puede evitar. Lo segundo es una conquista. Una buena comprensión del sexo opuesto ha salvado muchos matrimonios.

Diferentes en los valores

La queja más frecuente respecto a los hombres de parte de las mujeres es la de que estos no escuchan. El hombre generalmente o no le hace caso o escucha sólo unas palabras y a continuación da una solución. Además el hombre termina confundido, porque a ella parece ser que eso no le basta. Y en general sucede que la mujer desea solidaridad y comprensión y el hombre piensa que ella necesita soluciones.

La queja más frecuente de los hombres respecto a las mujeres es la de que ellas siempre están intentando cambiarlos. Cuando una mujer quiere a un hombre, se siente responsable de contribuir a su crecimiento e intenta ayudarle a mejorar su modo de hacer las cosas. Por mucho que se resista a su ayuda, ella persiste y busca cualquier momento para decirle lo que tiene que hacer. Ella cree que le está ayudando y él que le está controlando. Lo que él desea de la mujer es aceptación.

¿Por qué pasa esto?

1. El hombre.

Los hombres dan valor al poder, a la competitividad, a la eficiencia, al logro. Siempre están haciendo cosas para demostrar su valía, para desarrollar su poder y sus capacidades. Eso define su sentimiento del yo. Se realizan a través del éxito y del logro. De ahí incluso sus gustos: el deporte, la caza, la acción… Les tiene generalmente sin cuidado las novelas románticas y los libros de formación personal. Se interesan más por los objetivos y las cosas que por la gente y los sentimientos. A los hombres les preocupa las cosas que pueden ayudarles a manifestar poder mediante los resultados y la consecución de sus objetivos. Y todavía mejor si lo hacen solos. La autonomía es un símbolo de eficiencia, poder y competencia.

Comprender esta característica puede ayudar a las mujeres a entender por qué los hombres muestran tanta resistencia a que se les corrija o se les diga lo que tienen que hacer. Ofrecer a un hombre un consejo que no ha pedido, equivale a suponer que no sabe lo que debe hacer o que no es capaz de hacerlo solo. Los son muy sensibles a esta cuestión. También a esta luz debe entender la mujer por qué el hombre habla poco de sus problemas y se los guarda para sí. Pedir ayuda sería una señal de debilidad. Sin embargo, cuando necesita ayuda, pedirla es una señal de sabiduría. Y en ese caso buscaría a alguien que le merezca consideración.

Finalmente, todo lo anterior es una de las razones por las que los hombres ofrecen de manera instintiva soluciones cuando las mujeres les hablan de sus problemas. El hombre en estas situaciones se pone el título de “arreglalotodo” e intenta dar consejos para demostrar su cariño. Quiere ser útil; cree que con sus consejos va a ser más valorado. No se da cuenta de que puede ayudar a una mujer con solo escucharla.

2. La mujer

Las mujeres no tienen los mismos valores. Dan importancia al amor, a la comunicación, a la belleza, a las relaciones. Dedican más tiempo a apoyarse, a ayudarse, a cultivarse. Sus sentimientos y la calidad de sus relaciones definen su sentido del yo. En esto encuentran su realización. Y, en consecuencia, todo en ellas refleja estos valores. Más que construir autopistas, les interesa convivir en armonía, en comunidad y en amorosa cooperación. Es un modo opuesto al del hombre.

Les encanta una ropa diferente cada día, según se sientan. Es para ellas muy importante la relación personal, especialmente en relación con sus sentimientos. Pueden incluso cambiarse se ropa varias veces al día según sean sus estados de ánimo.

Importancia primordial tiene para la mujer la comunicación. Manifestar los propios sentimientos es mucho más importante que alcanzar metas o éxitos. Hablar y relacionarse entre ellas es fuente de enorme satisfacción. Al hombre le resulta difícil entender esto. Las mujeres están orientadas hacia las relaciones y no los objetivos. Les importa más expresar su bondad, su amor y su afecto. Así por ejemplo dos hombres se encuentran para almorzar porque ven en el hecho de ir al restaurante una forma práctica de conseguir alimentación y tratar un asunto. Para dos mujeres es una forma de cultivar una relación, en donde se van a dar apoyo mutuo. Tienden las mujeres incluso a ser muy francas e íntimas.

La mujer además es muy intuitiva, en el sentido de una capacidad de prever las necesidades ajenas. Entre mujeres ofrecer ayuda no es ni una ofensa ni necesitar ayuda una señal de debilidad. Lo mismo en el hombre sí puede serlo. Para ella el que alguien le ofrezca ayuda es un galardón: hace que se sienta amada y halagada.

3. Soluciones para estas situaciones

a. Para la mujer: deja de dar consejos. Un ejemplo: se hace un viaje y después de perderse, se dan cuenta que llevan dando vueltas al mismo sitio. Ella sugiere pedir ayuda. Él se enfada. ¿Qué ha pasado? El mensaje real ha sido el siguiente: ella dice: yo te quiero, me preocupo por ti y te ofrezco mi ayuda. Él entiende: no confío en que llegues a donde vamos; eres un incompetente. ¿Qué hacer? Tratar de manifestar que se comprende lo que él está haciendo por ella, aunque sea con el silencio. Cuando una mujer ofrece un consejo que no se le ha pedido e intenta ayudar a un hombre, no se da cuenta de lo crítico o poco afectuoso que puede parecerle a él su gesto. Más aún, es muy posible que el hombre se sienta más susceptible con las cosas pequeñas que con las grandes.

b. Para el hombre: aprende a escuchar. Los hombres deben recordar que las mujeres hablan de sus problemas para intimar y no precisamente para conseguir soluciones. A menudo la mujer sólo quiere manifestar sus sentimientos acerca de cómo le ha ido un día y el esposo creyendo ayudar la interrumpe y le ofrece una retahíla de soluciones. Y no entiende en consecuencia por qué esto le sienta mal a ella. Un ejemplo: no me queda libre ni un minuto (dice ella). Deberías dejar ese trabajo (dice él). El trabajo me gusta, lo que pasa es que… (dice ella). Tú haz sólo lo que puedas (dice él). Ya lo hago. Es increíble, pero hoy no he llamado por teléfono a mi mamá (dice ella). No te preocupes. Lo entenderá (dice él). Pero no te das cuenta que está muy sola (dice ella). Te preocupas demasiado, y por eso vives infeliz (dice él). Entonces se enfada y grita: es que no me escuchas. Un modo de relacionarse con la mujer es escucharla con solidaridad y comprensión.

Síntesis: los dos errores que más se cometen:

Cuando la mujer está disgustada, el hombre trata de cambiar sus sentimientos convirtiéndose en el señor “todo arreglado” y ofreciendo para sus problemas soluciones que descalifican sus sentimientos.

Cuando un hombre comete errores, la mujer intenta cambiar su conducta convirtiéndose en el comité para la mejora del hogar y ofreciendo consejos no solicitados.

4. En defensa de ambos

Al afirmar lo anterior no se dice que no haya cosas buenas en ambos en su forma de intervenir. El error realmente no es de fondo, sino de forma. La mujer aprecia la presencia del “arreglalotodo”, siempre que no aparezca cuando esté disgustada. El hombre aprecia la presencia del “comité para el arreglo del hogar siempre y cuando él lo haya pedido”. La comprensión de estas diferencias hace que sea fácil respetar la sensibilidad del otro y prestarle apoyo.

Cuando una mujer se resiste a las soluciones que le ofrece el hombre, éste siente que se está poniendo en cuestión su competencia. Por ello su disposición a escuchar también sufrirá menoscabo. Breves ejemplos de cómo el hombre puede por error invalidar sentimientos o bien ofrecer soluciones no deseadas: “No deberías preocuparte tanto”. “Pero eso no es lo que yo te he dicho”, “Muy bien, lo siento. ¿Por qué no lo olvidamos?”, “pero sí hablamos de ello”, “no deberías tomártelo así”, “muy bien, yo limpio el…”, “si vas a quejarte luego, no lo hagas”, “de ahora en adelante yo me encargo”, “te importaría ir al grano”.

Cuando el hombre se resiste a las sugerencias de la mujer, ella cree que él es un orgulloso y que no la apoya. Algunos ejemplos de cómo la mujer puede molestar al hombre dando consejos o críticas aparentemente inofensivas: “¿Cómo se te ocurre comprar eso?”, “los platos están todavía mojados”, “llevas el pelo muy largo”, “hay sitio para aparcar ahí, no lo has visto?”, “no lo pongas ahí, se va a perder”, “deberías llamar al fontanero, porque…”, “deberías pasar más tiempo con los niños”, “¿Cómo puedes pensar en ese despacho tan desordenado”, “Conduces demasiado deprisa”, “deberías haber llamado, pues no sé dónde estabas”, “las patatas fritas tienen mucho aceite, no son buenas para tu corazón”, “esa camisa no va bien con esos pantalones”…

fuente: www.mujernueva.org

Ideas para enseñar a amar

Amar a otra persona significa desearle lo mejor, mirar por ella, tratarla de forma excepcional, darle lo mejor de nosotros, ayudarle a exteriorizar lo bueno que lleva dentro.

¿Cómo aprendemos a amar? Viendo como los demás aman y enseñando a amar desde que nacemos a través de la vida familiar, y según crecemos con las influencias que nos rodean, de amigos, familiares, el cine, la TV, los libros, conversaciones, y todos los detalles que surgen de la vida cotidiana.

Los padres debemos tener convicciones bien articuladas. Proporcionar a nuestros hijos una guía interna propia para actuar.

Necesitan oír, ver, equivocarse y aceptar por si mismo, y tomar una postura personal con todo lo que se le transmite.

Para ejercer los padres esta tarea, tendremos en cuenta unos principios educativos:

En todas las edades dar criterios, pues son pautas de conducta.

La educación sexual gradualmente, todo a su tiempo según las edades, no más datos de los que puede asimilar, ni responder de una vez por todas.

Con la verdad siempre aunque cueste.

De forma sistemática, planificado.

A cada hijo en particular.

Con naturalidad, nuestros hijos no preguntan con segundas. Con sencillez y claridad.

El momento crucial del desarrollo está entre los ocho y nueve años. Tienen el corazón tranquilo y dispuesto a escuchar.

Entre los diez-doce años comienzan a parecer los caracteres sexuales. No se debe dejar de hablar con nuestros hijos; tratando los cambios e impulsos que van a sentir y la forma de encauzarlos.

Las normas eliminan los malos entendidos y refuerzan en nuestros hijos su sentido de responsabilidad, fortalece la convivencia y la buena armonía familiar, y como no, el buen uso de su libertad.

Cultivar en los hijos el sentido de honor personal, diciendo la verdad aunque cueste, evitando la falsedad.

Respeto como valoración de la persona: de uno mismo y de otros.

Ayudarles a ser prudentes y moderados, sabiendo guardar su intimidad en el vestir, en el hablar, en el contacto, evitando inflamar el deseo propio y ajeno. Los chicos y las chicas no reaccionan a los estímulos de igual manera.

Popularidad y respeto. No vale la pena perder el respeto por ser “popular”. Ese respeto dará lugar a una gran estima y nos querrán por lo que somos.

Decirles lo que se espera de ellos.

Las imágenes excitan nuestra sexualidad y dejan huella en nuestra memoria. Han de aprender a orientar su sexualidad y preservarla para utilizarla plenamente en el contexto adecuado, en el que está implicada la totalidad de la persona y no solo el cuerpo. En ello va el saberse dirigir.

El amor se protege con los valores.

Amistad y compañerismo, es una manera de entrega a los demás, las ayudas mutuas.

Sabemos que el amar es una virtud en la que siempre se puede crecer, y cada día disponemos de nuevas situaciones para ejercitarla, y enseñar con nuestro ejemplo a ponerla en práctica.

¿Cuáles son esas situaciones educativas?. Lo que va ocurriendo en la propia familia, con los amigos y compañeros, en la calle…

La intimidad. Por ejemplo: el desnudo es bueno. Para enfocarlo adecuadamente hay que hablar de la intimidad, que es el contexto propio para que sea sin violentar la dignidad de la persona. Influencia de las modas.

El placer es un medio que Dios a puesto en nuestra naturaleza para conseguir fines muy importantes.

No distinguen el querer del sentir o el amor del placer. Tienen el corazón en bandeja por la necesidad de amar.

Tanto en la infancia como en la adolescencia, nuestros hijos necesitan ver que distinguimos entre su comportamiento y lo que son ellos mismos. Los queremos tanto que estamos dispuestos a demostrárselo.

Ángeles Carranza

Orientadora familiar

No se puede amar si no se conoce

Autor: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net

No se puede amar si no se conoce

Debemos conocernos bien para amarnos mejor.

Debemos valorar la importancia de estar en una familia donde cada día nos conocemos más y por ello nos amamos más; así nace la autentica comunidad de amor.

Así nace la unidad familiar con variados matices y formas de ser.

Todos se enriquecen con lo que todos son y ello será el fruto de un clima de diálogo frecuente y sincero.

Ello será fruto del esfuerzo de haber encontrado caminos para provocar, desarrollar y profundizar un diálogo que nos ha llevado a conocernos mejor para amarnos mejor.

Integrar es ensamblar distintas formas de ser para formar una unidad.

Desintegrar es separar esas distintas cualidades, destruyendo la unidad.

Se puede ser una familia sin formar una unidad.

Se puede compartir el domicilio y también el apellido, y aprovecharse de un sin fin de cosas que brinda una casa –ropa limpia, comida, un techo, etc.– y, sin embargo, vivir como islas sin esforzarse para que la personalidad de cada uno, formen un nosotros familiar.

Podemos estar ignorando lo más importante de una persona a quien se ve a todas horas. Podemos estar físicamente cerca y no tener una comunicación que nos haga conocer el ser profundo del otro.

Todos queremos tener una familia unidad, pero no todos lo logramos.

Veamos las diversas realidades de las familias que nos rodean:

— Unas son familias unidas, donde los problemas se resuelven con amor, comprensión y respeto.

— En otras hay un gran deseo de integrarse, pero no parecen capaces de superar los problemas que impiden esa unión.

— Otras familias, a fuerza de conflictos y desilusiones, han perdido el deseo o la esperanza de integrarse, pero continúan juntas por no desamparar a los hijos o por temor a vivir los problemas de una separación.

— Hay familias que, después de aguantar juntas la época del crecimiento de los hijos, terminan separándose.

— Otras ya se deshacen cuando los hijos son aun pequeños.

— Hay también familias en las que el padre está ausente y esa mujer tiene que ser padre y madre a la vez.

¿Cuales de estas situaciones describe mejor la familia que nos toca vivir?

¿La familia en la cual estamos viviendo?

Todas las familias nacen con la ilusión y el propósito de ser felices.

La gran mayoría hacen esfuerzos para que su hogar sea un éxito.

¿Por qué, entonces, hay tantos fracasos?

No hay matrimonio, ni familia que no tenga que vivir crisis.

Lo primero que una crisis pone a prueba es la paciencia. Porque es lo primero que queremos: que se acabe pronto. Pero un corazón paciente rara vez se equivoca.

Las crisis prueban nuestras resistencias. Demandan fortaleza. Por ello son beneficiosas. “Tener que resistir es más saludable que no tener que resistir nada ─enseñaba Víctor Frankl. De hecho, el hastío causa hoy más problemas que la tensión y, desde luego, lleva más casos a la consulta del psiquiatra”.

Las crisis prueban la prudencia. No es fácil saber qué hacer, qué decir, cómo comportarse

Las crisis prueban la humildad. No rara vez son marginadoras y humillantes. “La prosperidad hace amigos, la adversidad los prueba”, dice un anónimo

Las crisis prueban nuestra fe. Son sinónimo de inestabilidad, inseguridad e incertidumbre. Pero la fe es compatible con las situaciones más adversas. “Creer es ser capaz de soportar dudas”, decía Newman. Ahora bien, la fe no se improvisa. Muchas crisis al inicio tampoco tienen nombre. Pero con el tiempo corroboran nuestra fe. Lo intuyó Lacordaire: “La adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir”.

Las crisis prueban la austeridad. Nos obligan “a bajarle” y a agudizar el sentido de lo esencial.

Porque, decía Renan, “los golpes de la adversidad pueden ser amargos, pero nunca estériles”.

Las causas de desintegración familiar pueden ser internas o externas.

En las externas pueden surgir de una extrema pobreza económica con el gran peso que tiene en la vida humana esta circunstancia.

También en la otra punta puede ser un ambiente de excesiva riqueza que facilita influencias dañinas del ambiente.

Hoy nos centraremos en algunas de las causas internas.

— Vivir una actitud irreal con exceso de romanticismo.

Creer que para ser feliz basta desearlo. No ver la unidad como una meta a lograr. Vivir pensando que esta integración es algo que nos caerá del cielo o que los demás la harán, sin poner de nuestra parte un esfuerzo constante.

— Inmadurez emocional. Esperar la perfección en los demás mientras pretendemos que nos acepten como somos, sin hacer gran cosa por superarnos. Dejarnos llevar por los sentimientos en forma exagerada, como son la ira, la tristeza, el entusiasmo o la decepción sin fijarnos en el efecto que produce en los demás mi actitud desenfrenada.

— Egoísmo. Vivir para nuestros intereses o gustos individuales, no teniendo en cuenta la comunidad familiar. Poner a los otros, cónyuge, hijos, hermanos, padres, en función de nosotros mismos, de nuestra conveniencia.

— Actitudes de superioridad. Enorgullecerse de la propia virtud, de la capacidad de trabajo que se tiene, alardear de la propia inteligencia, etc. Y considerar que los otros no están a tu nivel.

— Vicios como pueden ser el alcoholismo, la pereza, mal carácter, ser irresponsable.

— Indiferencia religiosa. Dejarse absorber en su totalidad por actitudes materialistas sin dejar espacio para lo espiritual. Con actitudes agresivas o irónicas hacía el otro u otros por su religiosidad.

— Permitir que la influencia de terceras personas desuna la familia.

— Actitudes dominantes. Pretender que el cónyuge, los hijos o los padres hagan lo que uno desea. Pensar y decidir por los demás. Que amistades hay que tener, que estudios deben seguir sus hijos, disponer en que se debe gastar el dinero, sin tener en cuenta otras opiniones.

— Dejarse absorber demasiado por el trabajo, no solamente el trabajo fuera de casa, sino también el doméstico y quitarle tiempo a la convivencia.

Vivir absorbido en ganar y ganar, simplemente para juntar cosas en vez de disfrutar en familia lo que se va logrando. Vivir absorbido en tener una casa impecable pero que no se usa, que no se disfruta.

— Incapacidad para demostrar cariño. Dar la impresión de que se está cumpliendo con un deber hacía los hijos, los hermanos, el cónyuge o los padres, en vez de hacerles sentir que son amados e importantes y necesarios.

Todas estas actitudes producen desintegración familiar.

Pero, ¿por qué razón actúan así las personas? Actúan así porque les falta desarrollo humano. No han tomado conciencia de quienes son, cómo funcionan, que esperan de ellos los demás. Hay una falta de crecimiento personal.

Creciendo como persona se ataca la causa profunda que separa a las personas, desaparecen los síntomas y se construye diariamente una familia sólida.

No se puede pretender que una relación tan cercana como la que hay en una familia exista armónicamente sin un esfuerzo serio de todos sus miembros.

Todos nacimos en una familia, pero la vida de familia no es para todos, sino para aquellos que no sólo aman sino que saben amar, saben necesitar a los demás y dejarse ayudar por ellos.

En una palabra, la vida familiar es para quienes son capaces de ir más allá del “yo” y del pequeño “nosotros conyugal” para llegar al gran nosotros que forman, el amor de esposos, el amor de padres, el amor de los hijos con la gran riqueza y amplitud del amor que va y viene entre todos.

Porque eso es el autentico amor, el que va y viene, el que busca hacer feliz, en vez de que lo hagan feliz.

 Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

Amarse, dialogar y reconciliarse

Autor: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net

Tres columnas para sostener un matrimonio

Amarse, dialogar y reconciliarse

Si nos amaramos, dialogaríamos, porque el amor busca intimidad y la comunión con el ser amado.

Si dialogamos nos comprenderíamos porque nos escucharíamos hasta ponernos en el lugar del otro.

Si nos reconciliamos nos amaríamos, porque solo nos amamos cuando nos amamos como somos y eso es perdonarnos y reconciliarnos.

¿Qué es reconciliarse? ¿Qué es reencontrarse?

Es rehacer el vínculo entre los dos.

Por supuesto que hay inconvenientes y las dificultades que surgen son siempre producto del orgullo y del egoísmo.

Sin embargo si tengo el firme propósito de reconciliarme y tengo la generosidad y la humildad de enmendarlo, se convierten estas dos actitudes

–generosidad y humildad — en condiciones indispensables para rehacer la común unión con el ser amado.

La reconciliación no es un acto de olvido, sino una actitud generosa que contiene una fuerte dosis de perdón.

Tengo que esperar el momento propicio para la reconciliación; es decir, siempre tengo que estar atento cuando es el momento propicio.

No importa, tener o no tener culpa, lo único que importa es la actitud de perdón.

La reconciliación tiene doble importancia en el caso de un conflicto conyugal. Cuando yo pego un portazo, es a mi mismo que me lo estoy dando.

Las horas que pasan en estado de conflicto, son horas negativas que van envenenando los años.

Porque nos amamos nos esforzamos en dialogar y es dialogando que siempre encontraremos el camino de la reconciliación.

Amarse, dialogar y reconciliarse son las tres columnas para que un matrimonio sea feliz, para que un matrimonio viva feliz.

El ser feliz, el vivir feliz, es aquel que pone su granito de arena todos los días para hacer de aquel día, mejor que el día de ayer.

Y siempre deberé hacerlo en espíritu y actitud de reconciliar, de rehacer, de mejorar.

Es frecuente que los acontecimientos mundanos nos absorban y no nos demos cuenta de cuan valiosa es la vida y del como se viva la vida con el otro.

Corremos el riesgo de que se nos pase la vida sin darnos cuenta de cuan valiosa es.

Corremos el riego de vivir sin valorar cuan importante es el seguir viviendo y contigo. Es decir el otro, el que me acompaña en mi diario vivir.

Todos quieren seguir viviendo, pero lo importante es que reflexiones, el porqué quieres seguir viviendo…..y contigo. Es decir con el otro.

Y en eso de distraernos hace que dejemos para mañana:

esa flor que regalar,

esa palabra que ofrecer,

ese perdón que obsequiar,

ese abrazo que derrochar,

esa mirada que espera ser correspondida…….

La vida feliz de todo matrimonio está salpicada de pequeños gestos, de pequeñas atenciones que debemos incorporar en nuestro diario vivir.

No hay que distraerse y dejar regar el amor que nos tenemos.

Los gestos son como el agua para las flores.

Recordemos aquella regla de oro, que tantas veces ya hemos citado.

Todo lo que me acerca a mi mujer es el plan de Dios.

Todo lo que me aleja de mi mujer, no es el plan de Dios.

Y a la inversa: todo lo que me acerca a mi esposo……

Si mis actos encajan con el plan de Dios, seguro que mi matrimonio vivirá feliz todos los días que nos toquen vivir.

Ya saben cómo ser feliz.

Sé feliz! Sean felices!

Se harán el bien, por aquello de que hacer el bien hace bien y el primero que se alegrará será el mismísimo Dios.