Aulas hospitalarias: no sólo para enseñar

Pasar una larga temporada en el hospital no debería frenar el progreso académico de un alumno. Bajo esta premisa nació hace una década una red de aulas distribuidas por instalaciones sanitarias públicas de varios países latinoamericanos.
No faltan expertos que insisten en que el cóctel TIC/Educación exprime todo su jugo ante circunstancias anómalas, por ejemplo cuando la asistencia a clase se antoja un reto poco probable, incluso imposible de alcanzar. Casos excepcionales en los que el universo virtual saca a relucir su increíble capacidad para romper barreras, permitiendo normalizar, sin grandes altibajos, la trayectoria académica de aquellos alumnos que han de ausentarse de su centro escolar durante un período más o menos extenso. Ejemplo cristalino de los beneficios que conlleva la inexistencia de límites espacio-temporales en las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza son las hospitalizaciones prolongadas de menores. Un trance ya de por sí complicado para familias y pacientes que, desde 2001, EducaRed trata de hacer más llevadero gracias a su proyecto Aulas Hospitalarias.

Hablamos de una iniciativa extendida por cinco países de Latinoamérica y de la que, en el último 2010, disfrutaron más de 15.000 chavales en unas 50 aulas. Siempre ubicadas en hospitales públicos. Gestionadas en su mayoría por docentes que por la mañana trabajan en colegios de la zona y dedican la tarde a procurar sabiduría y ánimos a niños y adolescentes ingresados por motivos variopintos. Destinadas en esencia a alumnos con pocos recursos para los que, sin ayudas de este tipo, la enfermedad podría suponer un auténtico parón en su evolución formativa.

Pedagogía de la ternura. Así define Sergio León, jefe del proyecto desde Fundación Telefónica Perú, el enfoque didáctico que inspira el día a día en las aulas hospitalarias EducaRed. “Resulta fundamental tomar conciencia de las particularidades del niño hospitalizado”, explica. “La dinámica del aula se centra en una lección a aprender, pero de manera lúdica y sin la presión que puede existir en una escuela normal”.
Docentes tres en uno. Profesores de Lengua o Matemáticas, sí, pero con un algo de psicólogos y un mucho de tutores TIC. Los docentes con un aula a su cargo enseñan, divierten y transmiten pasión por la cultura digital. Multiplican sus tareas y adoptan distintos roles conscientes de que su labor escapa por fuerza a los cánones del profesor al uso. Profesionales, en definitiva, inasequibles al desaliento y solidarios por vocación, con tacto para combinar lo intelectual y lo afectivo en un equilibrio variable.

Afirma León que “un concepto básico en la pedagogía hospitalaria es el de resiliencia”. Según la Real Academia, esa aptitud del ser humano para “asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. No es por tanto de extrañar que uno de los principales ejes de actuación del proyecto persiga “generar virtudes” y recursos psicoemocionales “para poder hacer frente a la adversidad a una corta edad”. En su vertiente más terapéutica, las aulas buscan también fomentar la sintonía y las actitudes empáticas entre alumnos aquejados de alguna dolencia. “En muchos sentidos”, continúa León, “son un espacio de socialización en el que el alumno-paciente comprende y asimila que otros niños están pasando por lo mismo”. Lecciones de madurez anticipadas en las que nunca “se deja de lado la alegría que generan los juegos grupales y la interacción con amigos por medio de las redes sociales o el correo electrónico, lo cual rompe con el aislamiento que puede provocar la enfermedad”.

Con el fin de que los profesores intercambien experiencias y de fortalecer vínculos entre padres y alumnos que están atravesando momentos difíciles, en 2009 el proyecto dio lugar a la conocida como Red Latinoamericana de Aulas Hospitalarias. Allí, los tres vértices del triángulo que conforma la comunidad escolar (familias, estudiantes y docentes) encuentran voces de consuelo e ilusiones renovadas, originales estrategias que aúnan didáctica y entretenimiento, quizá también almas gemelas de otras regiones y países a los que ha unido la enfermedad pero que comparten mucho más.

Más información: www.educared.org/global/aulashospitalarias

fuente:padresycolegios.com

Terapia escrita para mejorar la autoestima de alumnos con problemas

 Una sencilla intervención a tiempo puede evitar que se perpetúen estereotipos negativos

MARÍA VALERIO

MADRID.- Las situaciones en la que uno es juzgado y estereotipado negativamente por los demás pueden tener importantes consecuencias psicológicas. Si esto ocurre en el entorno del aula, los alumnos ‘etiquetados’ pueden empeorar su rendimiento y entrar en un círculo negativo que afecte a su autoestima. Un trabajo publicado en la revista ‘Science’ demuestra que una sencilla intervención psicológica puede romper esta dinámica.

Los resultados obtenidos por Geoffrey Cohen y Julio Garcia, de la Universidad de Colorado (EEUU), son en realidad la actualización de un proyecto cuyos primeros resultados aparecieron en la misma revista, pero que lleva ya dos años en marcha con éxito.

La terapia consistía en poner a chavales de 12 a 14 años a escribir sobre lo mejor de sí mismos y sus buenos valores en algún momento del curso (resaltando las relaciones con la familia, amigos, sus intereses, gustos musicales…). Otro grupo control únicamente tuvo que poner por escrito sus ideas sobre otros temas intrascendentes.

Una intervención “aparentemente así de sencilla”, explican, permitió a los chavales con peor autoestima escapar “de la perpetuación de pensamientos negativos”. Un círculo, explican, por el que los chicos que se valoran poco sienten una especie de estrés psicológico que les hace rendir peor en la escuela, lo que sirve como refuerzo negativo para que presten menos atención en clase, sean peor valorados por los profesores y, todo ello en cadena, empeore su rendimiento académico. “No es que sean menos capaces, es que no muestran todo su potencial porque están atenazados”, explica Garcia a elmundo.es.

Sencilla pero eficaz

“Este trabajo demuestra que cualquier herramienta de solución de problemas aplicada en el momento adecuado, en fases tempranas, puede ser muy eficaz”, destaca María Mayoral, psicóloga clínica en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. “Lo importante es intervenir antes de que una cosa se perpetúe; no sólo para alumnos de minorías étnicas, sino también para cualquier chaval en riesgo de entrar en ese círculo”. Es decir, antes de que los adolescentes se lleguen a creer las expectativas que los demás tienen sobre ellos.

Mayoral también subraya la sencillez de la terapia. “Iniciativas de este estilo podrían ahorrar mucho dinero a los sistemas de salud, mientras que a veces se invierte en intervenciones mucho más sofisticadas. Estrategias sencillas pueden ser muy eficaces; sólo hay que intervenir en fases tempranas, cuando hay más posibilidades de tener éxito”.

El ejercicio fue especialmente beneficioso para los adolescentes de origen afroamericano, cuyo promedio de calificaciones mejoró 0.24 puntos. En esta minoría, incluso los que tuvieron un descenso en sus notas empeoraron menos que los que no habían participado en la autoafirmación. De hecho, la intervención no tuvo ningún efecto en los chicos negros que tenían altos niveles de autoestima antes de comenzar el ensayo, ni tampoco en los chicos de origen europeoamericano. “Podría ser útil en cualquier entorno donde haya un estereotipo que provoque estrés y afecte al rendimiento”, apunta el doctor Garcia.

Esto demuestra, a juicio de los especialistas, que esta autoafirmación positiva puede tener ventajas a largo plazo, y que es importante poner remedio a tiempo a este círculo vicioso. Como explican en su trabajo, teniendo en cuenta que los estados psicológicos y el rendimiento en los primeros años puede tener grandes consecuencias a largo plazo “las intervenciones tempranas pueden romper los pensamientos negativos recurrentes y promover mejores resultados durante largo tiempo”.

A juicio de Garcia y su equipo, “en una sociedad en la que el éxito económico depende en gran medida de los logros académicos, incluso un remedio parcial de la brecha racial puede tener importantes consecuencias a largo plazo”. Dos años después de comenzar con la terapia escrita, los autores siguen observando beneficios en los chicos tratados.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2009-06-03

¿Cómo podemos compartir responsabilidades la família y la escuela?

  

Vuestros hijos, nuestros alumnos, reparten su jornada entre la casa y la escuela. Padres y maestros somos los más directos responsables de su educación y formación. Sin embargo, ¿qué aspectos tienen que ser tratados desde la escuela y cuáles desde la familia? ¿Qué responsabilidades atañen a cada cual? En los últimos años parece haber una tendencia a cargarlo todo sobre la escuela y el colectivo de maestros empieza a quejarse de ello.

Respuesta del experto/a Anna Pujol Vallvé Edad: …

Valoración:

En primer lugar, y antes de repartir responsabilidades, hace falta señalar que entre la familia y la escuela debe existir una relación basada sobre todo en la confianza y la colaboración mutuas. Tanto los maestros como los padres perseguimos los mismos objetivos: la educación y el bienestar integral de los niños. Esto implica hablar, dialogar, ponernos de acuerdo. Tener una actitud de querer trabajar conjuntamente.

Uno de los primeros aspectos en los cuales nos debemos poner de acuerdo es tomar conciencia de que el niño o niña necesita unos límites, unas normas para distinguir lo que está bien de lo que está mal. Y que estas normas se las tenemos que imponer nosotros, padres y maestros. Hemos de ejercer la autoridad que nos atañe, siendo a la vez próximos y afectuosos. Es muy importante que el niño vea una coherencia entre los topes que se ponen en casa y los que se ponen en la escuela.

Es necesario hacer un esfuerzo y buscar la manera de tener tiempo para estar con los hijos. Que sepan que estamos a su lado y que pueden contar con nosotros. Quizás estaría bien disponer de un rato fijo, cada día, simplemente para hablar con el hijo, sin las prisas de la cena, de la ducha… De esta manera sentirá que puede confiar en el padre y la madre y después le será más fácil hablar de lo que le preocupa, o de lo que le hace feliz.

Cuando nuestro hijo o hija entra en la etapa adolescente, todo se hace también más difícil. Empieza a plantearse aspectos sobre su sexualidad, se muestra más rebelde, choca constantemente con las personas que son autoritarias con él, es decir, con nosotros, los padres y los maestros. Todo su mundo se cuestiona y experimenta una gran inseguridad. Ante esta inseguridad, nosotros nos tenemos que mostrar firmes y seguros. En este momento necesitará de forma especial la coherencia anteriormente mencionada entre las personas adultas que son un referente para él. Y si, como padres, tenemos dudas, consultemos con los profesionales de la educación. Estamos para ayudarnos, no para luchar ni perder el tiempo con reproches.

Familia y escuela, padres y maestros, trabajamos juntos para ayudar a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a ser personas responsables, con capacidad crítica, autónomos, solidarios, con valores humanos, ¡felices! Ellos son las generaciones futuras.

 www.familiaforum.net

Violencia y falta de autoridad

A diario recibimos noticias sobre agresiones a profesores y entre alumnos. Merecen unas reflexiones en esta sección los actos violentos en centros educativos y fuera de ellos.

No podemos hablar de una generalización de estas conductas pero sí de un incremento. En los centros de Educación Primaria la violencia suele estar controlada, pero no por ello deja de ser traumática para los profesores que la sufren. En los niveles de Educación Secundaria -de once a dieciocho años- adquiere mayor relevancia.

La agresividad es el conducto por el que se produce el escape del sujeto agresor. En ella pone de manifiesto sus frustraciones, su estrés, su incertidumbre en el futuro y su falta de seguridad en sí mismo. El estrés está tomando tanta presencia en nuestra sociedad occidental que ya no se libran de él ni los más jóvenes. Incluso los niños de corta edad empiezan ya a ser sufridores de este mal. Todo un problema.

El colegio, reflejo social

La institución escolar es en general un fiel reflejo de la sociedad. De nada vale echar las culpas a los demás sobre esta situación que padecemos. Todos, padres, profesores y ciudadanos en general tenemos que ser realistas. El problema de la violencia es algo que va anejo a estos tiempos y tenemos la obligación de afrontarlo entre TODOS y a ser posible, que lo debe ser, de buscarle soluciones.

Pero no es el de la violencia el único problema que afecta a la sociedad en estos momentos. Junto a él nos encontramos con otro que también está ejerciendo mucha influencia, especialmente en el campo educativo, el de la falta de autoridad. Todos nos quejamos de la situación.

Si de la violencia decimos que tiene difícil solución, la falta de autoridad está ocasionando un enorme deterioro en la institución familiar y también en la educativa. Bien entendido que cuando me refiero a la autoridad lo hago bajo la consideración positiva del término, circunstancia necesaria para que cada uno pueda hacer su trabajo sin interferencias.

La falta de autoridad da lugar a actuaciones próximas al abuso y éste nunca es un buen compañero. La colaboración en las tareas familiares escasea, los hijos suelen excederse en las salidas nocturnas y especialmente en el regreso, los gastos y el consumismo aumentan de una manera notoria. En los centros educativos también se echa en falta esa autoridad con responsabilidad para que el proceso educativo no sufra girones y la actividad académica se desenvuelva con aprovechamiento.

Los docentes cada vez se quejan más del tiempo que se pierde en conseguir un ambiente propicio para desarrollar la actividad diaria en el aula. El problema es muy serio y aquí sí que es necesaria una verdadera colaboración profesores-familias. Por separado poca cosa se puede conseguir.

Es cierto que hay alumnos que no estudian porque no les interesa lo que se les ofrece. Ése es el inconveniente principal de la obligatoriedad hasta los dieciséis años. Pero ello no es óbice para que esas minorías de estudiantes impidan un normal funcionamiento de los centros educativos e impidan que los alumnos que quieren estudiar puedan aprovechar todas las oportunidades que el sistema educativo les ofrece, que son muchas.

¿El tiempo soluciona?

Y ante esta situación ¿qué hacer? Ésa es la cuestión. Hay quienes consideran que ésta es una situación pasajera y que el tiempo se encargará de ir suavizando poco a poco. Son los que podíamos llamar optimistas. Otros en cambio piensan que no hay otra solución que afrontar el problema con verdad y con ganas de solucionarlo de una vez para siempre. Son los que podríamos llamar radicales. Posiblemente, como en tantas otras ocasiones, en el justo medio esté la solución. Ni pasar olímpicamente de todo, ni violentar la situación yendo contracorriente. Sería solucionar un problema creando otro, posiblemente de mayor calibre.

Pensemos que a veces estamos exigiendo a nuestros niños y jóvenes normas que para los adultos son elementales por conocidas y practicadas, pero que ellos -jóvenes y niños- desconocen totalmente. Por ello en primer lugar deberíamos cerciorarnos de que conocen esas normas que nosotros queremos que apliquen. Una vez comprobado que las conocen debidamente, exigir su cumplimiento, razonadamente pero con continuidad. Todo menos seguir permitiendo que la violencia, la agresividad y la falta de autoridad tenga tanta presencia en el centro escolar y en la propia casa. La tarea no es nada fácil pero desde luego hay que ponerse manos a la obra, y ese ya es otro cantar. Esperar que “otros” vengan a solucionar este problema es no vivir en la realidad actual. Ánimo y suerte.

Antonio Béjar
Maestro. Licenciado en Ciencias de la Educación