“Mi hijo ha llegado bebido”

Ante este tipo de situaciones es normal que cómo padres nos asustemos y pongamos el grito en el cielo cuando en alguna ocasión nuestro hijo llega bebido. ¿Qué hacer ante esto? ¿Existen soluciones o recetas como nos pide esta madre?

En primer lugar hemos de reconocer que la adolescencia marca un periodo evolutivo en donde nuestros hijos tienden a desmarcarse de los padres y no porque pretendan hacernos algún mal,  sino porque necesitan madurar su propia personalidad y comenzar a establecer relaciones con su mundo externo, en donde se encuentran principalmente sus amigos. Generalmente hoy muchos  adolescentes y jóvenes eligen como forma de diversión lugares a los que va todo el mundo o en donde uno se lo pasa “de miedo”. Estos lugares bien pueden ser discotecas light, bien que no lo sean, bien botellones, el caso es que lo padres no pueden controlar de una manera exhaustiva a donde van sus hijos aunque estos les comenten ha donde han ido, y después puedan mentirles o decirles cualquier cosa para que no se enfaden con ellos o les calmen. Ante todo eso como padres les queda la confianza. Este es el pilar fundamental en donde se asientan las relaciones entre padres e hijos. Los padres que han fortalecido su confianza, que les han dando seguridad, comprensión, etc., son padres
que ya tienen mucho trabajo hecho por delante.

A veces esta desconfianza del adolescente puede venir porque los padres no han ido “sembrando” o puede surgir como decíamos por tratarse de un cambio de etapa de la niñez a la adolescencia, que es lo más normal del mundo.

Pues bien el caso que nos presenta esta madre puede venir por algo relacionado con lo que estamos diciendo. Muchas veces el problema de drogas y alcohol no es el problema en si; ya decían los terapeutas sistémicos de que la manifestación de un problema en alguno de los miembros de la familia era signo evidente de algo más que tenía que ver con las pautas de relación familiar.

De esta manera comentar lo siguiente. Al parecer los criterios o límites con su hijo en cuanto al tema de la hora han sido vulnerados; así establecer las 12h como hora de llegada y no cumplirlo, hace pensar que su hijo primero esta vulnerando la norma, no obtiene ningún tipo de consecuencias por incumplir la norma y encima la norma la esta estableciendo él al volver cada día más tarde.

Por todo ello hablamos de que es esencial fijar y establecer normas entre padres e hijos que permitan sobre todo al adolescente obtener un marco de referencia interno al que a tenerse, fomentar su responsabilidad que tiene que ir adquiriendo como propio de la edad. Los límites a estas edades pueden ser por supuesto dialogados, flexibles pero que una vez pautados se cumplan para logran una coherencia y consistencia. Evitar en estas edades castigos infantiles, si
se pautan cómo decíamos las consecuencias que se obtendrán por incumplir las normas mejor que mejor, para obligar a reparar un daño o las consecuencias de los actos propiamente dicho para que el adolescente interiorice todo esto y no actue conforme a un posible castigo como si de un niño pudiera tratarse. Por lo cual la tarea consiste en alejarse del miedo de las amenazas para situarse en el plano de la comunicación.

Comenta esta madre lo de razonar… este vocablo a veces se menciona una y otra vez  entre los padres “es que no entra en razón “, “Es que no se puede con él “,… si partimos de esta premisa cerramos las vías de comunicación con nuestros hijos. Es mejor alentar a la comunicación positiva, escoger los momentos apropiados, escuchar que le ha sucedido, porque ha bebido más de la cuenta, (por curiosidad, presión, dificultades personales, etc). De esta forma les estamos permitiendo que se sientan escuchados y además  les ayudamos a reflexionar sobre lo sucedido.
Todo este tipo de preguntas no intentan juzgar a la primera de cambio y nos  ayudan a entender que también ellos pueden equivocarse perfectamente por las causas que fueren.

Y por último, esta madre comenta de si consultárselo a su marido. A veces la mentalidad de una madre tiende más a la protección, pensar que es mejor ocultar determinadas cosas a los padres porque sus reacciones pueden ser peores. Sin embargo no hay nada más nocivo para la propia pareja que nos aliemos con nuestros hijos. Y es que antes que padres, hay que tener claro que se es
pareja.
Ante lo cual visto lo visto es imprescindible que ambos padres estén compenetrados y compartan ciertos criterios educativos con sus hijos.
Y entre ellos lo dialoguen y lleguen acuerdos y que ante cualquier dificultad siempre lo hablen a solas y no se desautoricen en presencia de sus hijos u oculten cierta información sobre ellos.

 

Medidas que nos ayudan a prevenir el consumo de sustancias y alcohol:

– Ignorar la situación, o minimizarla
– Tomar una posición catastrofista y de temor que no aliente a la comunicación positiva con nuestros hijos.
– Tomar una actitud de confianza y diálogo frente a una constante vigilancia ante comportamientos de nuestros hijos
– Dialogar con él y ofrecerle información adecuada sobre el consumo del alcohol y otras drogas así como los efectos que estos producen. Resulta más eficaz hablarle de estos temas antes de que se detecte su uso. Como decíamosla adolescencia pide la búsqueda de nuevas sensaciones, aventura, etc y todoeste mundo asociado  a esto lo posibilita por lo cual después será más difícil intervenir.
– Proponerle alternativas de ocio saludable.
– Y ante todo fomentar la confianza en nuestros hijos. Mostrarles nuestro apoyo y cercanía.  Mantener siempre abiertas las vías de la comunicación.

 

 

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Despierta de la Resaca: Di que NO al alcohol!

¡Padres, despertémonos de la resaca! ¡”Perdamos el tiempo” con ellos y ayudémosles a decir que NO al alcohol!

¡Despierta de la Resaca: Di que NO al alcohol!
Queridos amigos

Si, a lo mejor no es una idea muy popular en estos tiempos, pero creo que la gran inversión educativa que estamos realizando con nuestros hijos, merece ir contracorriente, especialmente en este tema. Tenemos los medios, y por tanto, la obligación de hacer de nuestros jóvenes personas diferentes, ajenas a la mediocridad y al mal gusto; sin complejos y sin vergüenza, que no es lo mismo que sinvergüenzas; libres y valientes, que se atrevan a plantar cara a la “normalidad” . En definitiva, en jóvenes extraordinarios.

Cuenta Leopoldo Abadia en uno de sus artículos que “en muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que a mí me hace tanta gracia: “¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?” (…) Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: “¡y a mí, ¿qué me importa?! Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco”.

Y “el gurú de la crisis Ninja” continua con esta anécdota: “Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo” . Chapeau!

Y esto me hace pensar que el problema del consumo excesivo de alcohol de nuestros jóvenes no radica solamente en los peligros físicos que, según lo expertos, tiene beber unas copas – adormecimiento progresivo de los centros cerebrales superiores, pérdida del autocontrol conductual y emocional, incoordinación muscular, afecciones cardiovasculares, complicaciones hepáticas, retrasos del crecimiento, microcefalias, delirios, coma etílico,…-, sino en los efectos morales que deterioran su dignidad, el respeto hacia uno mismo, a su imagen personal y social, a su autoestima; abocándolos a la tristeza, a sentimientos de culpabilidad, y a la frustración.

Pues como bien señala el filósofo José Antonio Marina, miembro de La Fundación Alcohol y Sociedad, el consumo de alcohol y drogas se ha instalado en el circuito juvenil y no sirve decirle al joven que beber de forma abusiva va a provocarle cirrosis y problemas de salud. Hay que hacerle comprender que va a ser repudiado socialmente, que no va a saber comportarse adecuadamente.

Al fin y al cabo, ¿A quién le gusta que le recuerden las barbaridades que pudo llegar a hacer con unas copas de más, las groserías que llegó a decir a sus padres y amigos, y/ o los actos vandálicos que promovió en pleno colocón?

De todos es conocido que muchos de nuestros jóvenes asocian el ocio, la fiesta y las vacaciones con el consumo de alcohol. Es más, creen que beber les hará más populares, más atractivos, más felices. Pero no son conscientes de que el alcohol no es tan divertido como parece.

Al contrario, esta especie de ritual incorporado, desgraciadamente, a la “normalidad”, es uno de los peores compañeros de diversión que se puede elegir. De hecho provoca muchos dolores de cabeza.
En primer lugar, porque el consumo de alcohol esclaviza, y sin advertirlo, crea una dependencia física y psíquica de la que es difícil salir, incluso para los adolescentes, puesto que cuanto más joven se es, más sensible resulta a los efectos del alcohol y más vulnerable a los posibles riesgos

Y en segundo lugar, por los peligros que conlleva: de la euforia inicial se pasa a la confusión y la incoordinación motora. Luego viene el estupor, la pérdida de voluntad, y la pérdida de reflejos que puede provocar un coma etílico, o lo que es peor, la ausencia de reflejos que te lleva, irremediablemente, a la muerte.

De ahí que, y a pesar de que muchos padres nos encontramos desbordados ante este fenómeno, y aceptamos con “resignación” o con “ignorancia” que nuestros hijos se reúnan con sus amigos para beber, e incluso, “toleramos”, con un “pacto de no agresión”, que para superar sus complejos, vencer la timidez para hacer nuevas amistades, pasar un rato alegre y divertido bailando, necesitan una copa para inhibirse; no podemos seguir justificándolo con comentarios como que “es algo por lo que hay que pasar, ya pasará…”,¡yo también lo hacía a su edad!, ¡por beber un poco no pasa nada!,…

¡Padres, despertémonos de la resaca! ¡”Perdamos el tiempo” con ellos y ayudémosles a decir que NO al alcohol!

Sólo así, no arriesgaremos a nuestros hijos, a nuestra familia, y podremos ayudarles a plantarle cara a una “normalidad” que, sin duda, les puede esclavizar.

Y para ello, dado que el consumo de alcohol está tan arraigado en nuestra cultura y nuestras costumbres, propongo que les demos ejemplo y consumamos con moderación, no seamos permisivos y fijemos unas normas de cumplimiento obligatorio (“si bebes no conduzcas”, “los adolescentes no deben beber”,” no se bebe en zonas comunes donde pueda ser un ejemplo nocivo para los pequeños”,…), hablemos con nuestros hijos, démosles información y expongámosles los riesgos y las posibles consecuencias de llevar unas copas de más.

fuente: catholic.net

No deje que su hijo pruebe alcohol en casa

Los adolescentes que beben en casa, con padres o amigos, tienen más riesgo de abuso

PATRICIA MATEY

Los padres que beben con sus hijos de vez en cuando para enseñarles a usar el alcohol con moderación o les permiten ingerirlo en casa con los amigos sólo persiguen educarles en el consumo responsable, pero están equivocados.

Al menos esta es la hipótesis que se desprende de un nuevo estudio que constata que los jóvenes que tienen ‘permiso’ para beber en casa poseen más posibilidades de abusar del alcohol fuera de ella y de desarrollar problemas relacionados con su abuso.

Su autor principal, Haske van der Vorst, del Instituto de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Radboud en Nijmegen (Holanda), aclara a ELMUNDO.es los motivos. “El alcohol es una droga que cuando se usa estimula al cerebro a querer más. Además, la juventud tiene un cerebro menos desarrollado, por lo menos en la parte de auto-control. Es difícil además que un adolescente no beba para poder controlar así su consumo. En segundo lugar, beber en casa les dé la impresión de que es algo que está bien, así que lo hará en otras circunstancias”.

En su estudio, publicado en el ‘Journal of Studies on Alcohol and Drugs’, recuerda que “en la mayoría de los países europeos el uso de bebidas etílicas en la población juvenil se ha convertido en un problema de salud pública, ya que incluye agresiones, delincuencia y problemas de abuso”.

Urgencias

De hecho, esta semana, y durante la celebración en Barcelona de la V Jornada de Actualización en Toxicología, se dió a conocer un estudio (realizado durante 2007 y 200), coordinado por Victoria Trenchs, del Hospital San Joan de Déu, que desvela que la mayoría de las consultas a urgencias de adolescentes sobre drogas son debido a un abuso en el consumo de alcohol. El trabajo, con pacientes de 12 a 18 años años, pone de manifiesto que del total de 26.240 atenciones urgentes realizadas al servicio de pediatría de dicho centro el 1% se debió al abuso de drogas. Un 76% por alteración de la conciencia por uso de bebidas etílicas.

Para los científicos holandeses, “la prevención es la vía más importante para disminuir las posibilidades de que los chicos y chicas abusen de él. Muchos programas están encaminados a que los menores resistan las presiones de los amigos, aunque también en los últimos años han surgido otras tendencias como es que los padres supervisen el consumo, enseñándoles el uso social y racional del alcohol en casa con el fin de limitar los excesos fuera de ella. Sin embargo, muchas de estas medidas no tienen un respaldo científico suficiente”.

Los autores mandaron un e-mail a las 5.000 familias de 20 municipios holandeses que están participando en el estudio Familia y Salud [destinado a examinar los distintos procesos de sociabilización de la población, según los comportamientos saludables durante la adolescencia]. Finalmente, la muestra del trabajo se compuso de 428, todas con ambos padres y dos hijos de entre 13 y 15 años. Se las siguió durante dos años.

Tras medir a través de cuestionarios el consumo de bebidas etílicas en casa y fuera de ella, además de la existencia de problemas por su consumo [como ‘no hago los deberes por culpa de la ingesta], los autores encontraron que un 53% había ingerido alcohol en el mes previo al estudio con su padre, de los que un 73% lo habían hecho dentro del hogar. Un 43% había tomado ‘alguna copa’ con su madre, la mayoría de ellos en casa. En cuanto al consumo con los amigos, un 79% de los adolescentes reconoció haberlo ingerido, en la mitad de estos casos, también, dentro del domicilio familiar.

Ejemplo paterno

Y los hijos siguen el comportamiento de los padres. “El hecho de que ellos beban predice que sus vástagos también vayan hacerlo dentro y fuera de casa”, comentan los investigadores.

Tras computar todos los datos, los autores comprobaron que los adolescentes que más alcohol tomaban en casa eran, también, los que más consumían en los bares. Y más preocupante aún, los que ingerían mayores cantidades de etanol eran los que dos años más tarde tenían más posibilidades de desarrollar problemas asociados a esta ingesta.

“Las conclusión es fácil de dibujar. Si, primeramente, bebes en casa es probable que en un principio tengas menos problemas de consumo elevado de alcohol. Pero nuestros datos sugieren que su consumo en el hogar predice tanto el incremento de los niveles de ingesta dentro y fuera del mismo a corto plazo como un aumento de las consecuencias negativas asociadas a su uso”, concluye el estudio.

Recomendaciones

Haske van der Vorst aconseja a los padres que no quieran “que sus hijos desarrollen patrones de consumo en la adolescencia que mantegan restricciones estrictas sobre el mismo y vigilen sus actividades diarias”.

Pese a estos datos, los autores hacen hincapié en la necesidad de “que se lleven a cabo más trabajos que repliquen estos resultados y proponen que se evalúen los efectos de los moderadores (beber o no con los padres y hacerlo con amigos o no) en el consumo de los adolescentes por separado”. Recuerdan, sobre todo, que los progenitores son los que debe ser más conscientes de su papel fundamental en la prevención del inicio en el consumo. Y para los menores, un consejo: “El consumo de alcohol es para adultos. No bebas nunca, al menos hasta cumplir los 16 años”, reflexiona el doctor autor principal de la investigación .

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2010-04-29

BEBER NO ES UN JUEGO

 Adolescentes: 13 a 16 años

Hacer familia

Los niños y los adolescentes absorben el alcohol más rápidamente que los adultos y sus hígados lo metabolizan con menos eficacia. Los propios adolescentes reconocen que no beben de manera social, como lo hacen los adultos normalmente, sino para cogerse el puntillo o emborracharse.

La atracción por lo prohibido

La adolescencia y preadolescencia es el tiempo en el cual la persona crece y se desarrolla física, psicológica, emocional y socialmente. Es un periodo dinámico de renovación y de continuos cambios, una auténtica revolución hormonal y una tormenta de sentimientos contradictorios. Está considerada como una etapa emocional y nutricional inestable, con fuerte atracción por lo que se considera prohibido, peligroso y susceptible de riesgo. La vulnerabilidad psíquica del adolescente es muy influenciable por los medios de comunicación sobre las tendencias, las modas, la música, las dietas, las bebidas refrescantes o alcohólicas, que inciden en las pautas de conducta, nutricionales y de comportamiento de estilo de vida.

Se ponen en evidencia ante sus amigos

La mayoría de los chicos y chicas que beben alcohol lo hacen porque les ayuda a relacionarse con los demás, o lo utilizan para celebrar los momentos alegres o superar los tristes. Cuando uno se intoxica con el alcohol resulta evidente para todos, incluso si se empeña a gritos en asegurar que él no está borracho. Eso no se sostiene a la mañana siguiente, cuando se sufre un terrible dolor de cabeza, se tiene los ojos inyectados en sangre, con sudores, náuseas, temblores, pérdidas de memoria y los síntomas extremos del efecto diurético del alcohol. Al contrario de otras drogas como la marihuana y el LSD, el alcohol tiene la virtud de proporcionarnos numerosas señales del daño que está provocando. Inicialmente, el alcohol puede hacer del mundo un lugar mejor; tras un rato, sin embargo, los efectos sedantes le ganan la batalla a los estimulantes y los efectos placenteros se cancelan.

Un síntoma de envenenamiento: la resaca

El acetaldehído es un veneno. Actúa como irritante celular y en altas concentraciones causa daño, vertiéndose en la corriente sanguínea y viajando al cerebro, donde interfiere con los aminoácidos del cerebro que actúan como neurotransmisores. Los variados síntomas del envenenamiento por acetaldehído se conocen por todos como resaca. Un envenenamiento persistente por esta sustancia hace que las células del hígado funcionen pobremente: algunas mueren y se reemplazan con grasa y fibra. Esto es la cirrosis del hígado.

Los estudios más recientes muestran que con el tiempo, el etanol reduce la actividad metabólica del cerebro. Deprime directamente las neuronas del centro respiratorio en el tronco encefálico, reduciendo la toma de oxígeno y haciendo la respiración menos eficiente. Cuando los niveles de oxígeno en sangre se empobrecen progresivamente, la primera etapa es la euforia. Después llega la sedación, la somnolencia, el sueño, la insensibilidad, el coma y, en ocasiones, la muerte. Como disminuye el sentido de responsabilidad, nos hace más imprudentes y puede elevar la agresividad; la intoxicación es potencialmente una amenaza para la vida, especialmente cuando entra en juego con la testosterona, la hormona masculina de la agresividad.

Otros efectos del alcohol

El alcohol es un depresivo, lo que significa que hace más lento el funcionamiento del sistema nervioso central. En realidad, bloquea algunos de los mensajes que intentan llegar al cerebro, alterando las percepciones, las emociones, los movimientos, la vista y el oído de una persona. El alcohol reduce nuestro tiempo de reacción entre un 10% y un 30%. Lo que ocurre es sencillamente que los mensajes tardan más tiempo en llegar de nuestros ojos al cerebro. El procesamiento de la información se hace más difícil y las órdenes a los músculos no circulan tan rápido. Además, reduce la capacidad para hacer dos o más tareas a la vez y la capacidad de ver los objetos distantes. La visión nocturna puede reducirse en un 25% y es posible que se produzca visión borrosa, visión doble o que se pierda la visión periférica. Por otro lado, el alcohol hace que tengamos un falso sentido de seguridad, de sobre confianza y de que todo está controlado, por lo que la gente bebida es la que se pone en más riesgo. Los jóvenes también tienen una menor tolerancia al alcohol, con lo que la curva de riesgo se agudiza enormemente cuando se bebe más de la cuenta.

Asimismo, los adolescentes que beben también tienen más probabilidades de engordar o padecer problemas de salud. Un estudio realizado por la Universidad de Washington reveló que las personas que consumían normalmente cinco o más bebidas alcohólicas, una detrás de la otra, desde los 13 años, eran más propensas al sobrepeso o a la hipertensión a la edad de 24 años, que aquellas que no bebían alcohol. Las personas que continúan bebiendo mucho alcohol durante la edad adulta corren el riesgo de dañar órganos tales como el hígado, el corazón o el cerebro.

Afecta más a las mujeres

El alcohol tiene una masa molecular baja. Se disuelve fácilmente en agua, pero menos en la grasa. Una vez que se consume, el alcohol se distribuye por todo el agua del cuerpo. Las mujeres, que tienen menos masa muscular y más tejido adiposo que los hombres, tienen menos agua en el cuerpo para disolver el alcohol, por lo que queda en la corriente sanguínea en más altas concentraciones que las que tendría un hombre del mismo peso. Una asociación médica británica mostró que una jarra de cerveza eleva el nivel de alcohol en sangre hasta un mínimo de 60mg. en los hombres, pero hasta por encima de 135mg. en las mujeres. Cuando se ingiere oralmente, se absorbe rápidamente dentro de la corriente sanguínea desde el estómago y el intestino delgado y viaja directamente al hígado, donde la mayor parte se descompone en acetaldehído. Si se toma seis bebidas en una hora, una de ellas se convierte en acetaldehído en el hígado, mientras que las otras cinco chapotearán como etanol en la sangre.

Pero… ¿por qué bebe mi hijo?

Desde que son muy pequeños, los niños ven mensajes publicitarios con gente “guay” que disfruta de la vida… y del alcohol. Además muchos padres y otros adulto beben alcohol en reuniones sociales, por ejemplo, se toma cerveza o vino durante una cena; sin quererlo se trasmite el mensaje a los hijos de que el alcohol es inofensivo. Durante la adolescencia e, común que se experimente cor el alcohol. Algunos de los motivos por los que los adolescentes beben alcohol o prueban las drogas son los siguientes:

~ Por curiosidad.

~ Para sentirse bien, reducir el estrés y relajarse.

~ Para no sentirse diferentes.

~ Para parecer mayores.

Explica a tu hijo cómo le ataca el alcohol

• Lugares del cerebro afectados: la corteza cerebral, el cerebelo y el tronco encefálico, particularmente el centro de la respiración. Alteración inicial: euforia suave, relajación y sedación.

• Efectos colaterales agudos: intoxicación, se disminuye el sentido del oído y el sentido de responsabilidad, resaca.

• Efectos colaterales crónicos: adicción, cirrosis en el hígado, pérdida de memoria, razonamiento poco equilibrado, síndrome de Korsakoff, síndrome fetal alcohólico.

• Efectos irreversibles: daños permanentes en la capacidad de aprendizaje y la memoria, ya que las neuronas que se destruyen en el hipocampo no se reemplazarán jamás.

• El 8% de las personas que beben alcohol desarrollan algún tipo de problema y cada una de esas víctimas afectará en alguna medida al menos a otras seis personas.

PARA PENSAR…

• Habla con tu hijo y pídele que no beba en ninguna circunstancia. Pon tu confianza en él y dale una oportunidad si bebió por primera vez la noche de fin de año.

• Explícale que ni el café, ni la ducha fría, ni vomitar, ni hacer ejercicio le ayudarán a perder una borrachera. Son falacias, solo el tiempo hace que el cuerpo pueda liberarse del alcohol.

• Si de verdad quieres plantar cara al consumo precoz de alcohol, proponte recuperar la cultura del “no” y del “castigo responsable”, frente a las extendidas posturas de permisividad absoluta de los padres.

• Si tu hijo va a acudir a una fiesta en la que sabe que habrá bebidas alcohólicas, debe pensar en una estrategia de antemano. Por ejemplo, él y un amigo podrían ponerse de acuerdo en alguna señal que indique que es hora de retirarse.

• Observa cómo “anda” la autoestima de tu hijo. Quienes poseen una autoestima elevada tienen menos posibilidades de convertirse en bebedores con problemas, que quienes la poseen baja.

• Pero sobre todo, hazle ver que todos decidimos si bebemos y cuánto; incluso los adultos. Que compruebe por sí mismo que puede disfrutar de una fiesta o de otro evento con la misma intensidad, o más intensamente, si no consume alcohol. Y como su sistema nervioso central estará trabajando como debe, recordará mejor lo bien que se lo pasó.

Puedes hablar con tu hijo para ayudarle a resolver el momento en el que sus amigos le inviten a beber alcohol, ya que puede resultar difícil decir simplemente: “No, gracias”. Nadie quiere arriesgarse a sentirse rechazado o dejado de lado. Podrá tener preparados distintos argumentos como: “Tengo un partido mañana “, “Mi tío murió a causa del alcohol”, “Mis padres me vendrán a buscar muy pronto”, “Ya me metí en serios problemas por beber alcohol, no puedo volver a hacerlo” o “El entrenador me mataría”.

Ana Aznar

Asesor: Fundación Alcohol y Sociedad