¿La agenda de los hijos: mamá hoy qué toca?

 

 La oferta de actividades para niños y jóvenes se ha ampliado tanto últimamente, que existe el peligro que acabemos creyendo que sólo podemos dar a nuestros hijos una educación completa si tienen una agenda bien repleta después de las cinco de la tarde. ¿Tiene sentido hipotecar todos los atardeceres de nuestros hijos? ¿Buscamos actividades para ampliar sus horizontes o para ampliar el rato que están fuera de casa?

Respuesta del experto/a Txell Martí Edad: Joven, Adolescente, Preadolescente, Infancia

Valoración:

Cuando nuestro primer hijo tuvo la edad de empezar a leer letras, empezó también a estudiar música fuera de la escuela para aprender a leer notas. Además, hizo teatro durante unos años, y después vino el baloncesto. Ahora hace catequesis y cursa estudios superiores en el Conservatorio de Música. Con la segunda, compaginamos las notas musicales con la danza, más adelante gitanas y actualmente teatro, sin dejar nunca el violonchelo. También hace catequesis, y durante un par de años los dos fueron al centro de recreo de nuestro pueblo.

Esto, que dicho así parece sencillo, comporta muchas veces un ajetreo serio en la dinámica cotidiana familiar, porque cuando un hijo efectúa una actividad fuera de la escuela, hay que tener claro que además de prepararnos para hacer de acompañantes y de chóferes, hemos de estar dispuestos también a dejar que los conciertos, partidos, bailes, representaciones, salidas y encuentros ocupen parcial o totalmente nuestro fin de semana. Por eso es por lo que, como en todo, hace falta tener cordura y medida, y sobre todo hacer de padres y madres, y asesorarnos bien para poder orientar y acompañar a nuestro hijo en la elección correcta de sus actividades.

En primer lugar, los niños no pueden ir probando muchas cosas, empezar muchas actividades y no acabar ninguna. Es necesario enseñar a nuestros hijos el sentido que tiene mantenerse fiel a un compromiso, y valorar, al acabar el curso, por ejemplo, si quieren continuar o no con aquella actividad durante el curso siguiente.

Por otra parte, hace falta tener claro que los niños no tienen que hacer todas las actividades que ellos deseen. Somos nosotros quienes les hemos de orientar y ayudar a escoger, según sus preferencias y nuestro criterio, porque sabemos que realizar demasiadas tareas sin criterio lleva a la dispersión más que al enriquecimiento.

Después, hace falta compaginar los horarios de toda la familia con el fin de hacer compatible un proyecto común. Confeccionar un programa semanal que sea coherente, que responda a las expectativas de todos (!también a las nuestras!), y que no nos conduzca al caos.

Pero nos queda pendiente un aspecto a tener en cuenta, y es que debemos valorar que nuestros hijos no pueden perderse la experiencia de estar en casa y nada más. Estar en casa y descansar, o jugar un rato, o hacer un pastel con nosotros, o ayudarnos a arreglar la casa, o simplemente mirar por el balcón y no hacer nada. La mente necesita un respiro de vez en cuando y, nosotros, como padres, tenemos que velar por hacer posible que así sea.

Cada familia es un mundo y por esto tiene que distribuirse el tiempo en función de sus prioridades, pero lo que está claro es que no podemos dejar que nos asedien los horarios. La agenda de nuestros hijos no es fruto del azar. La respuesta a la pregunta ”Mamá, ¿hoy qué hacemos?”, no es simple, es más bien el resultado de todo un proceso de selección, de acompañamiento y de coordinación.

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