Afrontar el cáncer

Tengo la dicha de contar con el permiso de muchas personas para colarme en sus vidas y conocer sus interioridades y secretos más íntimos, los cuales me han enriquecido como profesional y, sobre todo, como persona. Unas me abrieron sus mentes y compartieron ideas y creencias, otras hicieron consultas relacionadas con el mundo de los sentimientos y la inmensa mayoría pusieron sus penas entre ellos y yo. En ese proceso de relación profesional se establecieron vínculos de todos los tipos, de cariño mutuo, de penas y tristezas, y también hubo algunos de cierta rabia, y todos ellos repletos de respeto y aceptación.

Y llega el momento en estas páginas de Escuela de padres de escribir de una de esas historias, con algunos cambios que preserven su más estricta confidencialidad. Son líneas que pretenden dar un sencillo homenaje anónimo a todas las personas que están afrontando la enfermedad, cuyo nombre nos da miedo pronunciar, con coraje y valentía.

Día del diagnóstico

El día que le diagnosticaron el cáncer de mama llegó a la consulta con mirada ausente y ojos llorosos, se sentó con lentitud diciendo que traía malas noticias de la biopsia, se confirmaba de esta forma la sospecha inicial y ello a una persona que ya tenía la pena y la tristeza arraigada en su espíritu desde hacía varios años. A partir de ese instante mágico, salieron palabras de fuerza y de ánimo, recuerdo su “esto no va a poder conmigo y me tienes que ayudar”. Después vinieron las sesiones de quimioterapia con sus molestas náuseas y sus vómitos, con algunos hongos bucales que precisaron su propio abordaje médico, la temida y poco estética caída de su pelo y un ingreso hospitalario por bajada de defensas. Y terminaron esas sesiones con gran alegría para ella y consuelo para los muchos que le acompañamos de una u otra forma. Después vinieron las 33 sesiones de radioterapia, algo menos agresiva y que precisaron de delicados y constantes cuidados de la piel afectada con cremas y jabones especiales.

Sensaciones variadas

En este largo y penoso proceso se han experimentado las más variadas sensaciones, desde la impotencia del que se enfrenta a una enfermedad agresiva, pasando por las situaciones de gozo proporcionadas por las muchas muestras de afecto recibidas, o las lágrimas del dolor o las palabras afectivas de sus familiares, o la sorpresa por la aparición reciente de un sombreado de pelusa incipiente. Esta persona, joven y buena, tiene una familia que arropa y empuja, que sabe acompañar y animar, con un marido que lleva desde el silencio su apoyo incondicional, o los hijos que han crecido varios años en pocos meses y pasaron de niños a adolescentes responsables.

Su lucha en el presente, con esa inmensa capacidad que está mostrando para compartir con orgullo los momentos familiares y de los amigos, hace de esta mujer un ejemplo para todos los que la conocemos. Sus respuestas desde la aceptación y el afrontamiento son verdaderas lecciones de madurez y es una manera de decirle al cáncer que se le respeta pero que se le combate desde la esperanza en una vida que tiene sentido, aunque no siempre se encuentre. Esa enfermedad que a nadie discrimina y que atemoriza, podrá acabar con muchas sensaciones pero no con el poder del amor y de la vida. A todas esas personas que viven en la realidad de un cáncer que les ha cambiado su estilo de vida les dedico mis palabras de ánimo y les deseo, en medio del dolor, la dicha de sentirse querido.

José María Fernández Chavero

Psicólogo Clínico

chavero@correo.cop.es