Familia, adolescentes y consumo de drogas

Los estudios sobre drogas señalan tres grandes grupos de factores que intervienen en el consumo o en la prevención: factores personales, sociales y familiares.

La familia centrándonos en el último grupo es un agente clave en la prevención de conductas de riesgo ya que en ella, como ámbito natural de socialización primaria de la persona, se desarrollan los comportamientos, actitudes y valores básicos que el individuo perfeccionará a lo largo de su existencia.

La experiencia muestra que las interacciones que se producen entre los miembros de una familia acaban repercutiendo en su funcionamiento general. La piedra lanzada al lago y las ondas que van recorriendo toda la superficie del agua es una socorrida metáfora de cómo actúan las interacciones en el sistema familiar. ¿Pero cómo puede influir la familia en conductas de consumo de drogas de sus miembros adolescentes? Sin perder de vista que la adolescencia, como etapa evolutiva específica, se convierte en un periodo que favorece la experimentación con sustancias. La percepción de su invulnerabilidad, característica del adolescente, puede inducirle a probar sustancias peligrosas en un estado anímico de aparente control o de ausencia de problemas

Previamente, conviene recordar algunos conceptos sobre la utilización de las drogas.

Modelos de consumo

El consumo de sustancias puede responder a los siguientes patrones:

•Uso: Consumo que no produce consecuencias negativas en el individuo porque no las utiliza habitualmente o las cantidades ingeridas son mínimas.
Hábito: Consumo repetido que, aunque no implica el incremento de la dosis, sí puede conducir a la dependencia.
Abuso: Uso excesivo o inapropiado de una sustancia.
•Los adolescentes españoles que consumen drogas se mueven entre el uso y el hábito, y no tienen por qué estar relacionados con el mundo de la marginalidad y la delincuencia, como ocurría en los años ochenta. En la actualidad, el consumidor adolescente de drogas apenas consume heroína, que es la sustancia más estrechamente relacionada con entornos de marginalidad social.
Tipo de sustancias

Según el Plan Nacional de Drogas, en lo que se refiere a las sustancias legales, en el año 2000 un 68’5 % de los adolescentes consumió alcohol y un 25’3 % tabaco. Entre las drogas ilegales destaca el cannabis con un 28’5% de jóvenes que lo habían probado, seguido de la cocaína y de las drogas de diseño. Frente a patrones tradicionales de consumo, que primaban una sustancia principal en alternancia con esporádicas pruebas con otras, los adolescentes actuales son policonsumidores: suelen ingerir diversas sustancias en función del contexto de ocio en el que se encuentren.

Factores de riesgo en las familias

Los estudios sobre factores de riesgo asociados al consumo, señalan los siguientes factores relacionados con la familia.

•Sobreprotección: Exceso de protección por la angustia que sienten los padres ante unos hijos cada vez más autónomos. Ésta produce en el adolescente poca autonomía, irresponsabilidad, escaso sentido crítico y dificultad para tomar decisiones ya que en todo momento va a necesitar la aprobación, deseada o no, de sus progenitores. Un adolescente que acaba asumiendo las consecuencias de esta sobreprotección puede presentar una seria dificultad para establecer relaciones grupales o hacerlo de forma dependiente, porque estará excesivamente vinculado a sus padres o asumirá que él, como individuo, debe ser objeto de aprobación en toda relación y tratará de cumplir expectativas aunque no tengan nada que ver con su escala de valores.
•Falta de comunicación: Dificultad para escuchar o responder adecuadamente por parte de los padres. El adolescente suele quejarse de lo “poco comprendido” que es por sus progenitores, pero no es a esto a lo que nos referimos cuando hablamos de esa dificultad en escuchar o responder. El problema aparece cuando el adolescente, por su lado, y los adultos, por el suyo, perciben que se mueven en mundos totalmente incomprensibles para el otro. Entonces los padres tienden a establecer un paralelismo continuo entre sus experiencias y las que no acaban de entender en su hijo. La situación genera introversión, inseguridad y ansiedad en el joven puesto que percibe que su mundo emocional es cuestionado constantemente. Que el adolescente asuma esto como natural supondrá dependencia en las relaciones sociales, problemas de integración y excesiva subordinación al grupo ya que necesitará ganar ese lugar que no encuentra en su familia.
•Dificultad para fijar límites: La permisividad o rigidez de los adultos son igualmente dañinos para el adolescente y aún más nociva será la oscilación entre ambos sin un motivo definido. La permisividad acarrea dificultades para interiorizar normas debido a que la ausencia de ellas en el entorno familiar impedirá, al no comprender su necesidad social, la generalización a otros medios. La rigidez genera falta de flexibilidad en el cumplimiento de las normas o una tendencia a la transgresión de las mismas, además de condenar al adulto a una actividad permanente para normativizar todo. La oscilación entre ambos extremos expone al adolescente a una situación de indefensión, en la que no sabe qué es lo que se espera de él. Esto se traduce en un liderazgo impositivo o en una inhibición relacional, dos extremos desequilibrados y despersonalizantes que impiden que el sujeto se manifieste como realmente es.
•Situación familiar conflictiva: La relación conflictiva entre los padres produce cambios bruscos de comportamiento e incremento de la ansiedad en los hijos. Aunque el proceso evolutivo del adolescente le lleva a diferenciarse de su familia, ésta sigue siendo -aun por contraposición- la referencia central en su proceso de maduración. Una relación familiar conflictiva conlleva en el adolescente la dependencia del grupo que así intenta conseguir su amparo o la dificultad para establecer relaciones grupales que eviten el compromiso relacional que tanto dolor le causa en su familia.
•Consumo excesivo de drogas por parte de los padres: No nos referimos exclusivamente a las drogas ilegales, el alcohol consumido por los padres puede ser una importante fuente de problemas en la familia. Asimismo hay que enfatizar que una actitud permisiva o el mismo consumo de sustancias tóxicas en los progenitores puede promover un aprendizaje por modelado y facilitar la incorporación del adolescente a grupos de consumidores.
•Sobreexigencia: Exceso de expectativas sobre el adolescente. El afán de que los hijos obtengan éxito y logren las mejores oportunidades puede ocultar a los padres las verdaderas capacidades, necesidades y deseos de sus hijos. Y, en consecuencia, quizá estos pueden llegar a sentirse infravalorados. La sobreexigencia favorece la falta de motivación y añade dificultades para aceptar los fracasos. En las relaciones sociales, podría implicar rivalidad porque el joven sometido a sobreexigencia tenderá a pensar que se es bueno si se es mejor que otro.
Todos estos factores citados se correlacionan con el consumo de droga pero no lo implican necesariamente. Aun en el caso de que se diesen todas estas situaciones, el muchacho expuesto a ellas no está abocado a consumir, ni tan siquiera a probar, sustancias tóxicas. Es decir, no puede negarse la influencia de los factores de riesgo en el entorno familiar, pero no son los únicos, estos confluyen con otros factores individuales y sociales en el inicio y mantenimiento de las conductas de consumo.

¿Cómo proteger dentro de la familia?

No existen fórmulas magistrales para evitar el consumo de sustancias en los hijos adolescentes. Cada adolescente es diferente. Nada arreglará que hablemos de las drogas con nuestros hijos si antes no hubo un acercamiento sincero a su mundo emocional y el deseo de hacerles notar que pueden contar con nosotros cuando lo deseen y necesiten. Como dice Jaume Funes “no habrá posibilidad de ayudarles [a los adolescentes] cuando tengan problemas con el consumo de drogas si antes no se les prestó ayuda simplemente cuando tenían dificultades, cuando estaban en crisis”

En todo caso siempre podemos reconocer el mayor número de los factores de riesgo en nuestro ámbito familiar y transformarlos en factores de protección:

Protección orientada a la autonomía. Estar pendientes para evitar riesgos innecesarios pero pretendiendo que sean ellos los que vayan formando sus propios criterios. Se trata de que nuestro hijo tenga una autoestima alta y equilibrada que le permita desenvolverse sin lanzarse a riesgos innecesarios.

Comunicación. Escuchar desde las necesidades de los adolescentes. Intentar no juzgarles, invitarles a la reflexión y respetar sus decisiones.

Establecer unos límites claros y estables. Ayudarles a ser autónomos no implica permitir que hagan lo que quieran. Los límites producen, entre otras cosas, seguridad.

Coherencia. No podemos pretender que nuestros hijos no consuman sustancias tóxicas si nosotros no somos capaces de no excedernos o de mantener una posición sin ambigüedades al respecto. Los adultos quizá seamos capaces de buscar el equilibrio pero no olvidemos que la adolescencia es una etapa de extremos.

Exigencia. No se trata de pedirles lo imposible, pero tampoco de permitirles desaprovechar sus capacidades e ilusiones.

La información sobre la peligrosidad de las drogas no es suficiente y en ocasiones resulta ineficaz. La labor de los padres ha de estar orientada a establecer vínculos familiares sanos, a ocuparse y no “preocuparse” del ocio de sus hijos e incrementar la autoestima de los adolescentes para que sean ellos, desde su propia seguridad, los que puedan decir: “no”.

José Luís Sancho acero
fuente:lafamilia.info

El Suicidio en los Adolescentes

El suicidio entre los adolescentes ha tenido un aumento dramático recientemente a través de la nación. Cada año miles de adolescentes se suicidan en los Estados Unidos. El suicidio es la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre 5 y 14 años.

Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre sí mismos, presión para lograr éxito, incertidumbre financiera y otros miedos mientras van creciendo.

Para algunos adolescentes el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de sí mismos. En algunos casos, el suicidio aparenta ser una “solución”.

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Hay que reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando hay duda en los padres de que el niño o el joven pueda tener un problema serio, un examen psiquiátrico puede ser de gran ayuda.

Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión.

Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio:

•cambios en los hábitos de dormir y de comer,
•retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales,
•pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones,
•actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa
•uso de drogas o de bebidas alcohólicas,
•abandono poco usual en su apariencia personal
•cambios pronunciados en su personalidad,
•aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar,
•quejas frecuentes de síntomas físicos, tales como: los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven,
•poca tolerancia de los elogios o los premios.
El adolescente que está contemplando el suicidio también puede:

•quejarse de ser una persona mala o de sentirse “abominable”,
•lanzar indirectas como: “no les seguiré siendo un problema”, “nada me importa”, “para qué molestarse” o “no te veré otra vez”,
•poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc.,
•ponerse muy contento después de un período de depresión, y
•tener síntomas de psicosis (alucinaciones o pensamientos extraños).
Si el niño o adolescente dice, “yo me quiero matar” o “yo me voy a suicidar”, tómelo muy en serio y llévelo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. La gente se siente incómoda y no le gusta hablar sobre la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de “ponerle ideas en la cabeza”; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas.

Si una o más de estas señales ocurre, los padres necesitan hablar con su niño acerca de su preocupación y deben de buscar ayuda profesional. Con el apoyo moral de la familia y con tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar y regresar a un camino más saludable de desarrollo.

Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente

LA INFLUENCIA PATERNA EN LA CONDUCTA SEXUAL DE LOS ADOLESCENTES

M. Ángeles Burguera

Christine Kim: autora del estudio Teen sex: the parent factor de la Heritage Foundation

La fortaleza de la estructura familiar y la comunicación fluida entre padres e hijos son factores decisivos

Aceprensa

Los padres pueden desempeñar un importante papel para retrasar la iniciación sexual de sus hijos adolescentes y reducir así el riesgo de que sufran consecuencias psíquicas o físicas, según un estudio difundido por la Heritage Foundation, basado en investigaciones recientes realizadas en Estados Unidos. Las conclusiones del informe señalan que la influencia positiva de los padres sobre el comportamiento sexual de sus hijos se relaciona sobre todo con la fortaleza de la estructura familiar, la existencia de una comunicación fluida entre padres e hijos y la claridad con que los progenitores desaprueban esas conductas.

El estudio, titulado Teen sex: the parent factor (The Heritage Foundation, “Backgrounder” n. 2194, 7-10-2008), arroja nueva luz sobre uno de los asuntos que más preocupan a las familias americanas. A juzgar por las encuestas, los estudiantes de Secundaria cada vez comienzan a tener relaciones a edades más tempranas –una tercera parte de los adolescentes de entre 14 y 15 años, proporción que crece hasta los dos tercios entre los que se acercan a los 18 años– y, simultáneamente, lamentan “esa primera experiencia y desearían haber esperado más tiempo”, según afirma Christine C. Kim, autora del informe.

Kim afirma que, ante estos datos, la tendencia generalizada entre los legisladores y los profesionales de la salud ha sido la de ampliar los programas de educación sexual y facilitar el acceso a los anticonceptivos, “porque asumen que los adolescentes son incapaces de posponer su comportamiento sexual”. Pero, según dice Kim, “estos presupuestos no solo son erróneos sino que además no tienen en cuenta factores importantes relacionados con la reducción de la actividad sexual de los adolescentes”, entre los que se encuentra la influencia paterna y materna: “Los padres son los que más influyen en las decisiones de sus hijos sobre el sexo, pues dos tercios de todos los adolescentes comparten los valores de sus padres sobre este tema”, señala.

Las conclusiones de esta analista política de la Heritage Foundation, que se apoyan en una abundante investigación empírica, constatan que la influencia paterna ofrece una fuerte protección frente a la actividad sexual precoz. En concreto, la existencia de una estructura familiar bien constituida resulta altamente preventiva y también el sentido de pertenencia y de satisfacción con la propia familia que se genera en el adolescente. Otros aspectos importantes son el seguimiento de sus salidas y amistades, y la desaprobación clara de esas prácticas por parte de los padres.

Según Kim, “para aumentar la eficacia de los programas y medidas políticas dirigidas a retrasar la actividad sexual o a prevenir los embarazos y las enfermedades de transmisión sexual entre adolescentes, se debería reforzar la estructura familiar y la implicación de los padres”, puesto que se ha comprobado que es menos probable que las chicas de ese tipo de familias se queden embarazadas o tengan su primer hijo fuera del matrimonio. Por eso mismo, los programas y políticas que de manera implícita o explícita evitan la implicación de los padres, como por ejemplo, la distribución masiva de anticonceptivos sin la advertencia o el consentimiento paterno, “contradicen la evidencia de las investigaciones sociales y pueden llegar a ser contraproducentes y potencialmente dañinos para los adolescentes”.

Comunicación padres-hijos

Uno de los aspectos más difíciles de medir es el grado de comunicación real entre los adolescentes y sus progenitores, ya que ambos tienden a percibir el nivel de diálogo de manera diferente. “Mientras el 90% de los padres dicen haber mantenido una conversación con sus hijos sobre la necesidad de retrasar la iniciación sexual y de evitar el embarazo, solo el 71% de esos mismos adolescentes recuerdan tal conversación”. Otros datos aportados muestran la falta de conocimiento de los padres sobre el comportamiento de sus hijos, ya que, aun en los casos en los que los adolescentes ya reconocen la existencia de prácticas sexuales, uno de cada tres padres lo ignora.

En este ámbito, la Heritage Foundation propone que los padres manifiesten con claridad a sus hijos los valores que defienden, para asegurar que los adolescentes perciben con exactitud la desaprobación de esas relaciones durante la adolescencia. “Mensajes ambiguos o confusos disminuyen cualquier efecto positivo que los valores puedan tener en el retraso de los comportamientos precoces”. Cuando los padres expresan una negativa dudosa o con reservas, los hijos suelen entender un “sí”. Igualmente, “si las madres recomiendan un tipo de específico de control de natalidad, las adolescentes tienden a observar una menor desaprobación, y, en último término, esos consejos pueden tener un efecto de estímulo de la actividad sexual”. Una de las encuestas realizadas entre 600 estudiantes en South Bronx (Nueva York) reveló que cuando las madres explican a sus hijos las consecuencias morales y sociales de la vida sexual precoz, los adolescentes tienen muchas más probabilidades de posponer el comienzo de las relaciones.

 www.sontushijos.org

10 RESPUESTAS A PREGUNTAS COMPROMETIDAS Para padres con hijos/as adolescentes de 13 a 16 años

 

No hay hijo que no ponga contra las cuerdas a sus padres con preguntas incómodas que abordan temas peliagudos: sexo, drogas, salidas nocturnas, modo de vestir… Es frecuente no saber que contestar y optar por escurrir el bulto de la mejor manera posible.

Un buen truco para afrontar mejor la “estimulante” etapa de la adolescencia es hablar con otros padres y madres que ya la han pasado… y mejor si es con éxito. Posiblemente ellos también preguntaron a otros “expertos progenitores” para errar lo menos posible en esta época crucial del desarrollo, que se enmarca de manera genérica entre los 13 y los 16 años. A continuación os adelantamos parte de este trabajo y exponemos 10 preguntas típicas, con varias respuestas con el objetivo de que cada familia escoja la que mejor se adapte a su estilo.

¿Por qué tengo que ayudar en casa, mi obligación es estudiar?

* En esta casa vivimos todos y todos tenemos que colaborar para sacarla adelante, cada uno dentro de sus posibilidades. Nosotros también trabajamos y procuramos que la casa esté en orden para estar a gusto. ¿Y si dejamos de comprar aquello que sabemos que te gusta? Cuando lo eches en falta te diremos: ¡Ah! Es que nuestra obligación es trabajar en la oficina, entonces ¿por qué tenemos que ocuparnos de que siempre haya de tus cereales preferidos para el desayuno?

* Las obligaciones no son excluyentes. No tienes sólo una obligación, tienes varias. Una de ellas es cooperar en la casa en la que vives.

* No es que tengas que ayudar, es que es tu responsabilidad porque vives en esta casa con tu familia y todos tenemos unas responsabilidades. Entre tus obligaciones, y más si nos quieres un poco, está la de contribuir a la felicidad de la familia con tu apoyo, también material, y no sólo con tus buenas intenciones.

* Aunque es cierto que estudiar a largo plazo favorece a la sociedad en la que vives, la obligación de estudiar te favorece directamente sólo a ti, pero para un desarrollo integral de la personalidad hay que aprender a convivir. El espíritu de servicio es gratis y mejora sobre todo a la persona servicial. No lo podemos exigir de nadie. Tú tampoco.

* Porque nos queremos y los que se quieren piensan en los demás, sin hacer cálculos de quién hace más. Estudiar es una de tus obligaciones, pero no es la única. Somos una familia y nuestra primera obligación es querernos. Hoy que tienes un examen, tu hermana te hará el encargo y mañana se lo haces tú con agradecimiento. El poder ayudarnos entre nosotros sin que nadie pase factura es un regalo que nos hace felices, una maravilla que sólo se da en familia.

¿Por qué me toca a mí siempre y Pepe se escaquea de cualquier encargo?

* Nos toca a todos. Pero tú eres mayor y también puedes acostarte más tarde, o leer un rato, o tienes móvil y… él no.

* Porque no somos iguales, ni queremos serlo. La justicia no es igualdad, sino dar a cada uno lo suyo y que cada uno haga todo lo pueda según sus fuerzas.

* Que Pepe lo haga mal no te justifica ni te da derecho a nada, no te sientas mártir por hacer bien lo que te toca, es tu aportación y te enriquece como persona. A él lo seguiremos para evitar escaqueos.

¿Por qué no puedo salir con mis amigos cuando quiero sol@? Ya soy mayor. Soy el únic@ que no sale por las noches. ¿Qué pasa que sea una chica?

* Hay cosas que no son malas en sí y salir sol@ no lo es cuando se tiene edad apropiada para hacerlo. Tú tienes la suerte de tener unos padres que se preocupan por ti y que no tienen problemas de llevarte y traerte cuando haga falta, hasta que tengas edad para hacerlo sol@.

* Yo confío plenamente en ti, en tu responsabilidad y en tu madurez, pero desconfío totalmente del ambiente que hay en la calle a partir de una cierta hora y no quisiera que te pasara como a tantos casos que oímos en las noticias. Lo que hagan otros padres para nosotros no es ninguna referencia. Cada familia tiene su estilo y convicciones.

* Mira… cada cosa en su momento; ya tendrás tiempo y siempre con medida. Empezar un poco más tarde te permite estar más preparado para responder acertadamente a las situaciones que te encuentres, que no todas serán buenas.

* Por ser chica: no puedes hacer lo que hacía tu hermano a esta edad porque una chica está más desprotegida, esa es la única razón por la que te llevo a ti y tus amigas, y te recojo más tarde.

¿Por qué no puedo ir a esa fiesta? ‘A todos les dejan menos a mí.

* Ah… ¿sí?… ¿Quiénes son “todos”? Dímelo que voy a llamar a sus padres a ver qué me dicen.

* Depende de dónde sea, de quién la organice, hasta qué hora; si va a haber padres pendientes o no. Lo que no se puede es ir a la aventura porque puedes acabar pasando un mal rato. Si te dejamos será siempre acompañado de tu grupo de amigos, que piensan como tú, los que son de tu estilo, porque os protegéis entre vosotros y os podéis marchar antes si hiciera falta.

¿Por qué no puedo conectarme todos los días?

* Vale, no te prohíbo conectarte todos los días. Pero primero piensa y me contestas a las siguientes preguntas: ¿a qué hora y en qué momento del día te quieres conectar?; ¿te conectarás después de haber hecho qué cosas?; ¿qué es lo que te pierdes por estar conectado y qué ganas?

* Todo es cuestión de moderación. Si eres capaz de conectarte sólo 10 minutos para comentar algún tema rápido, o contactar con alguien, adelante; pero si demuestras que no tienes la madurez suficiente para ponerte tú mismo un límite, nosotros como responsables de tu educación tendremos que hacerlo por ti. Sería una pena y esperamos que no tenga que ocurrir.

* Porque crea dependencia, como todo acto repetido y es una pérdida de tiempo.

¿Qué daño puede hacerme un porrito?

* Un porro no hace ningún daño. Uno. El problema es que cómo te guste la experiencia… te juegas la vida. Es como si tu madre o yo un día probásemos irnos de casa a dormir en un hotel donde nos dan todo hecho, para ver si nos gusta vivir así. Cómo nos guste, apañado estás. Por eso las personas sensatas no probamos cierto tipo de experiencias. Además que saldría carísimo, casi como los porros.

* ¿Qué daño te hace no fumártelo? Un porrito, ninguno, incluso puede hacerte mucho bien si te sirve para aborrecerlo de por vida… como me pasó a mi cuando, con 8 años, me dieron a probar un pitillo de un primo mayor en una fiesta de Fin de Año familiar y me tragué tanto el humo que me prometí a mí mismo que no volvería a probar el tabaco… y hasta hoy. Pero, ¿serás capaz de probar sólo una calada de por vida?

* Un porrito ningún daño, a lo sumo coges un colocón, como un pitillo. Dos porritos algo más. Un porrito o cinco cada finde llevan al porrito diario y acabas convertido en un adicto al porrito, que además de los daños físicos ya muy contrastados, en la libido entre otros, te convierten en una persona sin voluntad. El borracho del pueblo de mi infancia es ahora el porreta que también suele estar alcoholizado. Quizás sea el ideal de tu vida acabar como Amy Winehouse, un bombón adorable… con una voz maravillosa…

* Porque afecta a la memoria y a los estudios de forma directa, y porque empezar por uno es el camino de los siguientes. Porque es la vía fácil, si lo fumas porque tienes problemas y nunca es la solución. Todo lo contrario, será el principio de muchos más problemas.

¿Por qué no puedo llevar cascos cuando quiera?

* Está demostrado en estudios científicos, y te puedo buscar uno si lo dudas, que los cascos usados de forma habitual producen una importante pérdida de audición a medio y largo plazo. ¿Quieres llevar audífonos con 40 ó 50 años? Como en todo es cuestión de moderación: usarlos poco, con música a poco volumen y siempre los que tapen toda la oreja, nunca los de “pinganillo”.

* Porque es de mala educación y crea el hábito de desconectar hasta en clase cuando el profesor habla.

* Justo ahora, en plena adolescencia en que los cambios que estás teniendo te hacen estar más disperso, con menos capacidad de concentración, con los sentimientos y emociones a flor de piel… si te dejo usar los cascos a todas horas te vas a evadir todavía más, te va a resultar mucho más difícil hacer lo que debes, concentrarte en los estudios, tener autodominio en tu imaginación, controlar tus sentimientos desbordantes.

* De alguna manera los cascos te aíslan de los demás y te meten a ti solo en tu mundo interior. Precisamente esta etapa es la de los grandes ideales, sueños y proyectos, en la que haces tuyo lo que has recibido hasta ahora, y crece tu intimidad, tu interioridad para darte a los demás. Conviene elegir aquello que nos ayuda y no lo que nos pone en más dificultades.

* En muchos casos, tanto la música como la letra de las canciones son muy sensuales, provocativas. Nos metemos el enemigo por los oídos y “aislados” sin dejar que lo que nos rodea nos ayude, porque nadie se da cuenta.

* La música es maravillosa, es alegre y divertida, pero en casa hay que ponerla de manera que todos la podamos compartir. Así es más fácil elegir la que es buena y cantarla sin sonrojarnos.

* El uso de los cascos por la calle te hace ir más distraído pero, sobre todo, te impide pensar, reflexionar, organizarte o planificar lo que tienes que hacer a continuación; crecer en vida interior en el amplio sentido de la palabra. Son momentos en los que al no estar con la cabeza centrada en el trabajo, se pueden aprovechar para todo lo anterior.

* Es verdad que los cascos acompañan cuando se hace footing, pero recuerda que anulas el sentido del oído para apercibirte de un coche en marcha que va por detrás de ti, o fuera de tu ángulo de visión, o para escuchar una sirena, o simplemente para darte cuenta de que a alguien que se dirige a ti.

¿Por qué no puedo llevar minifalda?

* Sí puedes. No debes. No puedes pedirle a un chico, al que le has puesto a cien a propósito, que luego se reprima. (…) Ahora, no les pidas que te quieran por tu inteligencia y que consideren que la belleza está en el interior. Además, ¿tú quieres casarte con un hombre que te quiera o con un rinoceronte (…)?

* Porque no es elegante ni cómoda, porque es una falta de respeto a los profesores y a la institución, pues parece que buscas un hombre que se fije en ti y no tienes otro atractivo en tu inteligencia con que gustarle.

* Porque es no valorarse como persona, sino como objeto escaparate y como tal te tratarán. Además, qué tipo de chico se fijaría en ti? Seguro que no es como el que tú quieres.

* ¿Qué prefieres que te miren a los ojos, o a las piernas? Todos juzgamos a las personas por su imagen exterior y tu forma de vestir es lo primero que ven. Si no quieres parecer lo que no eres, no vistas como si lo fueras.

¿Por qué no puedo hacerme un tatuaje o ponerme un piercing?

* Realmente me gustan, no te lo prohíbo. Pero lo que no me gustan son las horteradas y las exageraciones. Así que, antes de decidirte, dime dónde irá el piercing o qué tamaño y dibujo será el del tatuaje. Entonces hablamos.

* Los piercings en según qué lugares del cuerpo tienen un morbo sexual. El motivo de no ponerse uno en la lengua, por ejemplo, es el mismo de por qué no podemos estar continuamente excitándonos sexualmente. La sobreexcitación no es buena, ni para el verdadero amor ni para el normal funcionamiento del cerebro.

* El envejecimiento llega y un agujero en la nariz a los cuarenta es un boquete; y, a los cuarenta y cinco una tercera fosa nasal por la que se te caen los mocos. Por lo tanto, en unos años tendrás que repararlo con cirugía estética.

¿Por qué no puedo ponerme a dieta? ¿Por qué tengo que comer lo que no me gusta?

* Dieta: porque se necesita la ayuda médica para valorar y equilibrar una dieta y no caer en un trastorno alimentario. Pero te llevaré al médico y te ayudaré, harás más ejercicio y comeremos más sano. (No hay derecho tener un hijo gordo y no hacer nada).

* Comer de todo: porque la vida es como la alimentación, está llena de platos que no te gustan y has de tragar en una o en varias veces. Porque forja tu voluntad con ese pequeño sacrificio y superación.

* Dieta: porque estás en un momento clave de tu desarrollo, si lo trastocas con una mala alimentación tu metabolismo puede cambiar de forma irreversible. Si te preocupa tu peso sólo un endocrino puede ayudarnos.

* Comer de todo: si sólo comes lo que te gusta eliminas muchos nutrientes imprescindibles para una dieta completa, que influyen directamente en tu estado de salud y en tu desarrollo físico e intelectual. Además, las personas que se quejan constantemente o que sólo funcionan por el “me apetece” resultan muy poco atractivas a los demás.

Para pensar

• El secreto estrella para tener una buena relación con los adolescentes es el diálogo, busca tiempo para hablar con tu hijo, aunque las primeras conversaciones sean a base de monosílabos: no, sí, ya, va…

• Es bueno tener respuestas preparadas, porque lo normal es que los hijos te preguntan lo más inoportuno cuando estás cansado, enfadado, nervioso o justo el día que has tenido un encontronazo con el jefe. Si con tiempo hemos meditado qué contestaremos (los dos igual) a ciertas preguntas “típicas” de los adolescentes, seguramente las posibilidades de errar serán menores.

• La pregunta del millón de la adolescente perfecta es “¿qué me pongo?”. Y ante eso, paciencia, porque no tiene remedio… y no siempre se cura con la edad.

• Ante cualquier pregunta se les debe hacer pensar: “A ver, piensa ¿por qué… ? “. Porque sabemos que él/ ella tiene dentro la respuesta.

• No siempre las respuestas que les demos les convencerán, aunque las tengamos muy bien preparadas, ya que posiblemente no cuadren con sus planes inmediatos.

Y actuar

El adolescente necesita explicaciones simples y claras. Dale tiempo para que te las rebata. A medida que avanza la conversación, ni se te ocurra subir los decibelios o decirle “porque lo digo yo y ya está. Ya lo entenderás algún día”.

 Hacer familia

Forum de Jóvenes

El Suicidio en los Adolescentes

 

El suicidio entre los adolescentes ha tenido un aumento dramático recientemente a través de la nación. Cada año miles de adolescentes se suicidan en los Estados Unidos. El suicidio es la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre 5 y 14 años.

Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre sí mismos, presión para lograr éxito, incertidumbre financiera y otros miedos mientras van creciendo.

Para algunos adolescentes el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de sí mismos. En algunos casos, el suicidio aparenta ser una “solución”.

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Hay que reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando hay duda en los padres de que el niño o el joven pueda tener un problema serio, un examen psiquiátrico puede ser de gran ayuda.

Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión.

Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio:

•cambios en los hábitos de dormir y de comer,

•retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales,

•pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones,

•actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa

•uso de drogas o de bebidas alcohólicas,

•abandono poco usual en su apariencia personal

•cambios pronunciados en su personalidad,

•aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar,

•quejas frecuentes de síntomas físicos, tales como: los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven,

•poca tolerancia de los elogios o los premios.

El adolescente que está contemplando el suicidio también puede:

•quejarse de ser una persona mala o de sentirse “abominable”,

•lanzar indirectas como: “no les seguiré siendo un problema”, “nada me importa”, “para qué molestarse” o “no te veré otra vez”,

•poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc.,

•ponerse muy contento después de un período de depresión, y

•tener síntomas de psicosis (alucinaciones o pensamientos extraños).

Si el niño o adolescente dice, “yo me quiero matar” o “yo me voy a suicidar”, tómelo muy en serio y llévelo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. La gente se siente incómoda y no le gusta hablar sobre la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de “ponerle ideas en la cabeza”; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas.

Si una o más de estas señales ocurre, los padres necesitan hablar con su niño acerca de su preocupación y deben de buscar ayuda profesional. Con el apoyo moral de la familia y con tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar y regresar a un camino más saludable de desarrollo.

Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente

lafamilia.info

La música en la vida de los adolescentes

El reggaetón, el rock, la bachata, el pop, la electrónica, el rap y los demás ritmos contemporáneos que escuchan los hijos, algunas veces transmiten mensajes que no están acordes a nuestros valores o estilos de vida, ¿qué hacer como padres ante esta situación?

¿Qué significa la música para los adolescentes?

Hay que empezar por revisar el significado que tiene la música para los adolescentes, pues no es sólo cuestión de afinidades culturales o melomanía, sino que hay un trasfondo por investigar.

La música es el medio que usan los adolescentes para expresarse, es parte de su identidad y es la herramienta que usan para manifestar sus insatisfacciones con el mundo que los rodea; la música es una fragmento de su universo.

Las letras de las canciones son una representación de sus propias vivencias o de las que añorarían tener, pues además la música -al igual que la televisión y la publicidad- también cumple ese papel de “idealización” de una vida basada en “falsos modelos”.

Prohibir no es la solución

La música es una realidad imposible de abstraer, no podemos criar hijos en esferas de cristal, la sociedad les inserta sin su autorización estos ritmos sin ellos tener opción alguna de participar o no. Desde pequeños escuchan canciones que no son aptas a su nivel de comprensión y menos a su formación personal. Pero sólo durante las primeras edades los padres tienen parte del control, pues una vez crecen, es casi que imposible que no se topen ante esta música inadecuada. Sin embargo, los padres deben orientar a sus hijos, mas no impedir que se desarrollen normalmente en un grupo social.

Por tanto, hay que enseñarles a los hijos a reconocer los mensajes que la música nos transmite y que no están acordes con nuestros valores, nuestra educación y nuestra familia. Pero cuidado; hay que ideárselas para invitarlos a reflexionar sobre su música sin caer en discursos tediosos que lo único que logrará será aburrirlos produciendo el abandono de la comunicación.

Tampoco es recomendable prohibirles que escuchen sus melodías preferidas, eso sería coartar sus gustos y preferencias, y lo único que se logra en este caso es volverse los enemigos de sus hijos, siendo este el peor error que todo padre puede cometer.

¿Puede la música “deteriorar” a los chicos?

Como vemos, siendo la música tan importante para los jóvenes y muchas veces inadecuada para su formación, no se puede afirmar tampoco que ésta los “contamine” haciéndolos cambiar rotundamente su conducta.

Si en casa han recibido una formación integral rica en valores y principios morales, se cuenta con un ambiente familiar sano, equilibrado, en donde hay normas, límites, disciplina, respeto y está liderado por unos padres amorosos y responsables, la música no tiene por qué hacer estragos en los adolescentes. En este caso, simplemente la música será su hobbie preferido y pasará como una moda pasajera la cual tuvimos todos a su misma edad.

Pero, no existe la menor duda, que si en el hogar a faltado una figura materna o paterna que cumpla con los deberes principales de formadores de la persona, es muy posible que la música tenga algún papel influyente en el adolescente. Pues en este escenario, la música hace las veces de mamá, papá o familia cercana que está ausente en la vida del joven.

Postura de los padres

A los adolescentes hay que hablarles con argumentos, explicarles con razones de peso por qué ese mensaje vulgar y mal trato a la sexualidad -en el caso de algunas canciones de reggaetón-; o la violencia y negativismo -en el rock-; o el lenguaje grotesco –en el rap-; o el ambiente cargado de drogas –en el género de música electrónica-; no es conveniente para sus vidas y vayan desarrollando cada vez más la capacidad de ser autocríticos frente a estas representaciones musicales y también a las diferentes circunstancias propias de la vida diaria.

Así que los padres no deben desatender su papel de acompañantes, es fundamental que compartan tiempo con sus hijos, escuchen música con ellos (aunque terminen con dolor de cabeza), vean los videos juntos, se involucren en sus gustos, dialoguen con ellos, en fin, utilicen la música como elemento unificador; claro está que sin caer en exageraciones, es decir, nunca igualarse a ellos simulando que somos sus amigos adolescentes, ese no es el concepto, siempre debemos sostenernos en nuestro papel de padres.

Finalmente, el manejo que hagan los papás de este tema, determinará en gran parte, que esta experiencia sea beneficiosa o traumática. Recordemos que cuando los adolescentes son escuchados, se les trata con amor, comprensión y también exigencia, su respuesta será positiva y más cuando ven que sus padres quieren ser sus guías y no sus enemigos.

 (Por , LaFamilia.info, 2010-04-23)

Adolescentes ante las amenazas en la Red

 

Por Javier Guerrero Díaz

Panda Security

España

Hace algunos meses me surgió la posibilidad de impartir, en un día libre y a título personal, una charla de carácter informal sobre malware a los alumnos del instituto de Enseñanza Secundaria donde estudian mis hijos.

La idea era darles a conocer, mediante un somero resumen, las principales amenazas a las que cualquier usuario de ordenador está expuesto hoy en día (gusanos, troyanos, spyware, etc.), incluyendo además una demostración práctica: la infección de un ordenador mediante la inserción de un pendrive contaminado, de tal forma que pudiesen comprobar lo fácil que resulta quedar infectado por un ejemplar de malware.

La experiencia fue bastante interesante, aunque agotadora (no es fácil mantener atentos y callados a 120 chicos y chicas de 12 o 13 años durante una hora), y pude comprobar algunos datos bastante significativos:

Cuando mostré algunas pantallas de gusanos que se transmiten por Messenger, una gran cantidad de chavales decía “ese mensaje me sale a mí muchas veces en el Messenger, y muchas veces pulso en la opción aceptar”.

Prácticamente todos los asistentes sufrían en sus ordenadores la aparición de un buen número de pop-ups, típicos de los adware.

Muchos convivían con alguna clase de Fake o RogueAV, es decir, antivirus falsos.

Muy pocos mostraban reparos a la hora de abrir correos de remitentes desconocidos, con asuntos del tipo “Mira mis fotos nuevas”.

A raíz de esto, se pueden extraer varias conclusiones, pero quizás la más evidente, al menos para mí, sea ésta: que si bien los adolescentes han crecido con la tecnología y los ordenadores, y se sienten cómodos con su uso, su nivel de concienciación ante la amenaza del malware es, en su gran mayoría, nulo.

Aunque esto pueda parecer una generalización demasiado amplia, creo que también puede verse como una muestra de una realidad incuestionable: que existe todavía mucho desconocimiento, en el ámbito del usuario doméstico y especialmente entre los adolescentes, sobre las amenazas informáticas en general, y el malware en particular.

Y si bien iniciativas como la campaña “Menores en la red” auspiciada por Panda Security son pasos en la dirección adecuada, resulta evidente que es necesario seguir trabajando en este sentido, para lograr una mayor concienciación frente al malware.

http://soporte.pandasecurity.com/blog/2010/03/16/adolescentes-ante-las-amenazas-en-la-red/

Adolescentes y contexto de recepción de contravalores

 

http://www.lavanguardia.es/premium/epaper/20100408/53902790110.html

Susana Quadrado

Ahora no se viven riesgos morales educativos mayores que antes: es más fácil culpar a la televisión o a internet que asumir compromisos

Los casos de niños que agreden a sus iguales son tan poco frecuentes como reales. Sólo el 5% de los delitos de menores son graves, aunque cuando ocurren golpean conciencias. Ya no matan sólo los marginados. A la lista de rafitas,carcaños y demás canallas precoces se incorpora ahora la presunta agresora de Cristina Martín, protagonista del último drama adolescente que ha saltado a las portadas estos días, relegando a un segundo plano otros asesinatos, diarios, como los de la violencia de género. Son crímenes de niños dignos de estudio, rodeados de circunstancias que los hacen excepcionales. A la hora de analizar qué se esconde detrás, busquemos un problema de socialización, pero, por favor, no caigamos en los tópicos ni en las generalizaciones.

No podemos simplificar las cosas aduciendo que la adolescencia está hecha unos zorros, que todos son iguales…, ¡encendamos las alarmas porque está creciendo una manada de monstruos asesinos, en el peor de los casos, ode tarambanas estúpidos, en el mejor! Este catastrofismo militante respecto a la adolescencia no aporta nada y distorsiona la realidad. Quizás sí que sea el momento de preguntarnos si el edificio moral que estamos construyendo para los jóvenes tiene una base lo bastante sólida como para resistir las embestidas propias de la adolescencia. No es el momento, sin embargo, para abatir sobre la cabeza de los niños la responsabilidad de todos los males de esta edad. A veces pienso que a algunos habría que recordarles que la adolescencia no es un invento cultural moderno, sino un fenómeno biológico presente en el reino animal, y que nosotros – ustedes y yo-también fuimos odiosos, insoportables y difíciles.

Tampoco creo que ahora se vivan riesgos morales educativos mayores que antes.

Es más fácil señalar como chivo expiatorio a la televisión, los videojuegos o internet que asumir los compromisos. Que si banalizan la violencia, que si trivializan las relaciones sexuales, que si legitiman el consumo de drogas… Es cierto que algo de todo eso hay en algunos contenidos televisivos que se dedican a exaltar la estupidez y el borreguismo. Aunque de ahí a establecer un paralelismo directo entre la cultura de masas y la conducta de los niños hay un gran trecho. Ni es la primera vez que se ha escrito esta frase ni es mía: en lo que se refiere a los contenidos morales, lo que importa es el contexto de recepción. Dicho con otras palabras, si nos desentendemos de nuestros hijos, si estamos ausentes en su vida, apechuguemos luego con las consecuencias y no nos lamentemos.

Los sociólogos que han estudiado la respuesta de los menores violentos ante situaciones que no digieren yque resuelven con la violencia advierten que la mayoría de ellos dio señales previas de alarma. A unos niños les faltaron los mecanismos psicológicos para controlarse; otros tenían un trastorno de base. Pero en todos los casos su problema pasó inadvertido a sus padres.

“Educación afectivo-sexual de niños y adolescentes”

 

Dios, que es amor y vive en una comunidad de amor, al crear al hombre a su imagen y semejanza le ha conferido una vocación como la suya: una vocación al amor. Este amor es siempre don de sí mismo.

«El hombre y la mujer pueden llevar a cabo esa llamada, o como personas individuales, o unidos con carácter permanente en una pareja que forma una comunidad de amor. Si lo hacen individualmente vivirán la virginidad; cuando establecen una comunidad de amor, la viven en el matrimonio. Pero en ambos casos es la totalidad de la persona la que hace el don de sí» (Engracia A. Jordán, La educación para el amor humano).

Siendo el hombre un compuesto de cuerpo y alma, su radical vocación a amar abarca también el cuerpo humano, que se hace partícipe del amor espiritual. El hombre ama con todo su ser, en cuerpo y alma.

Educación de la afectividad

La sexualidad no puede reducirse a un fenómeno puramente biológico: a la experiencia genital, a la unión carnal hombre–mujer. La sexualidad alcanza categoría humana cuando se enlaza en el misterio del amor, esencial en la existencia del hombre. Por esta razón, la educación sexual ha de estar incluida en el marco de la educación de la afectividad, es decir, en la educación de los sentimientos y tendencias humanas, entre las que el amor tiene carácter primordial.

Cuando el sexo no se entiende enmarcado en la espiritualidad se vuelve inhumano, y lo inhumano es más bajo que lo puramente animal. El sexo aislado del mundo espiritual –del contexto global del hombre– ve en el otro un «objeto sexual», no «una persona amada». La pura unión carnal, desprovista de espíritu, rebaja las personas a la condición de cosas que sólo tienen sentido en cuanto producen satisfacción o placer.

«Dado que la vida se hace específicamente humana en la medida en que se utiliza la razón –afirma Víctor García-Hoz–, la educación empieza por una acción sobre la inteligencia. De aquí la consecuencia de que toda educación en le aspecto sexual tiene que apoyarse en la formación de una conciencia clara del papel que desempeñamos cara a Dios en nuestra vida».

Esta educación afectivo-sexual debe ser, por tanto, una educación para el amor, que oriente a cada uno, según su vocación específica, hacia la virginidad o hacia el matrimonio. La primera es una vocación al amor, al don de sí mismo primero a Dios y en Él a todos los hombres. La segunda requiere una sana educación para el amor conyugal, que es un amor de totalidad.

Actualidad y urgencia

«En la actual situación socio–cultural es urgente dar a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes una positiva y gradual educación afectivo–sexual, ateniéndose a las disposiciones conciliares. El silencio no es una norma absoluta de conducta en esta materia, sobre todo cuando se piensa en los numerosos «persuasores ocultos» que usan un lenguaje insinuante» (S. C. para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educación sexual, nº 106).

La razón es obvia: el tema del sexo está en la calle y entra en el hogar a través de los medios de comunicación social, que con gran frecuencia emplean un lenguaje destinado únicamente a estimular el instinto y a provocar manifestaciones sexuales desconectadas con el sentimiento y el espíritu, con el don de sí, con la apertura a los otros, a la vida y a Dios. Es ésta «una cultura que banaliza en gran parte la sexualidad humana –afirma Juan Pablo II–, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacionándola únicamente con el cuerpo y el placer egoísta» (Familiaris consortio, nº 37).

Por eso es preciso oponer, a esta acción deformadora y corruptora, la verdadera educación afectivo-sexual, centrada en el concepto cristiano de la sexualidad humana.

Derecho y deber de los padres

Como toda educación, también la afectivo-sexual corresponde principalmente a los padres. La familia es la primera comunidad de amor y en ella se forman los hijos en el verdadero amor, como un servicio sincero y solícito hacia los demás. Es en la familia donde surgen numerosas ocasiones para entablar el diálogo sobre distintos temas relacionados con el sexo y la afectividad: la llegada de un nuevo hijo, la gestación del niño en el seno de la madre, el desarrollo sexual en la pubertad, la atracción de los adolescentes hacia amigos y conocidos de distinto sexo, etcétera. Son momentos oportunos para conversar sobre el tema.

Sobre esta materia, el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer aconseja: «Que sean los padres los que den a conocer a sus hijos el origen de la vida, de un modo gradual, acomodándose a su mentalidad y a su capacidad de comprender, anticipándose ligeramente a su natural curiosidad; hay que evitar que rodeen de malicia esta materia, que aprendan algo, que es en sí mismo noble y santo, de una mala confidencia de un amigo o de una amiga» (Conversaciones, nº 100).

Para esta importante labor educativa los padres cuentan con la gracia de estado recibida en el sacramento del Matrimonio, que «los consagra en la educación propiamente cristiana de los hijos (…) y los enriquece en sabiduría, consejo, fortaleza y en los otros dones del Espíritu Santo, para ayudar a sus hijos en su crecimiento humano y cristiano» (Familiaris consortio, nº 38).

Existen, además, libros sencillos y apropiados, asociaciones familiares, cursillos de orientación familiar organizados por entidades de confianza, etcétera, que permiten profundizar en la mejor forma de impartir la urgente educación afectivo-sexual.

Modo de impartirla

La educación afectivo-sexual ha de ser:

— Verdadera: ha de ajustarse siempre a la realidad de las cosas, con precisión y delicadeza.

— Clara: comprensible para el niño o adolescente.

— Gradual: el conocimiento ha de adquirirse al compás del desarrollo corporal y espiritual. De este modo irá evolucionando armónicamente toda la personalidad, primero del niño y después del adolescente. –Individual, pues lo que convenga decir a un chico o una chica, quizá otro de la misma edad no esté en condiciones de asimilarlo.

— Completa: tanto en cuanto a los temas, como en cuanto a la extensión y profundidad con que se tratan.

— Oportuna: deben aprovecharse las ocasiones más favorables, que ordinariamente se presentan cuando el niño hace preguntas sobre estos temas, o en determinados períodos críticos, como son los siete años y la pubertad. Sin ir más allá de lo que pregunta, pero dejando siempre abierta la puerta para que pueda hacer nuevas preguntas.

La respuesta personal

Toda educación exige una respuesta por parte del alumno: no sólo debe ser asumirla, sino también complementarla mediante la lucha personal. Con mayor motivo cabe afirmar esto a propósito de la educación y de la vivencia afectivo-sexual. «El uso cristiano de la sexualidad –afirma García-Hoz– no se realiza sin esfuerzo, sobre todo en la época de la adolescencia y de la juventud, en las que la fuerza de las tendencias sexuales y la poca madurez de la personalidad exigen una lucha más rigurosa».

Es preciso concienciar a adolescentes y jóvenes de que la vida humana sólo se realiza a través del esfuerzo. La impureza es, en buena parte, un problema de pereza. Una y otra –o una con otra–, si se descontrolan, si no se las encauza del modo adecuado, machacan la personalidad embaucando con el goce inmediato, roban la auténtica alegría, pasan siempre amargas facturas al cabo del tiempo y pueden dejar hondas heridas para el futuro.

Resulta desaconsejable cargar las tintas en los aspectos meramente costosos y negativos, que chocan con su falta de perspectiva y sus afanes juveniles y, a veces, fomentan un insensato espíritu de rebeldía. Por el contrario, a adolescentes y jóvenes –ellos y ellas– debe animárseles a pasar al campo de los fuertes, de los generosos, de los magnánimos, que es el campo de las personas nobles y sabias, de las felices y de las que tienen porvenir.

Los medios

De igual modo es necesario descubrirles los medios, tanto humanos como sobrenaturales, para coronar con éxito el empeño.

He aquí algunos medios humanos:

— Desear de veras la pureza, y rebelarse contra el mal que intenta esclavizarles, es el primero de los medios humanos.

— Estar siempre ocupado mediante el trabajo, estudio, deporte o cualquier otra actividad, ya que «la ociosidad –como dice la Escritura–, es maestra de todos los vicios».

— Vivir el pudor y la modestia: «el pudor, afirma Max Scheller, no sólo da forma humana a la sexualidad, sino que favorece, además, su armónico desarrollo».

— Vigorizar la voluntad, venciendo pequeñas dificultades de todo estilo que se presenten, sin ceder a la pereza, la comodidad, el desorden, el capricho, etcétera.

— Despreciar o sortear las ocasiones innobles: lecturas, amistades, películas, conversaciones subidas de tono, etcétera.

Entre los medios sobrenaturales destacan:

— La oración, ya que sin ella es imposible vencer de modo habitual: «orad, dice Jesús, para no caer en la tentación».

— La mortificación, pues no sólo fortalece la voluntad, sino que –como enseña el Beato Josemaría Escrivá– «es la oración de los sentidos».

— La frecuencia de sacramentos, ya que, tanto en la Sagrada Comunión como en la Penitencia, Jesucristo fortalece el alma con su gracia y la ayuda a vencer.

— El trato frecuente con la Santísima Virgen.

— La conversación periódica con un sacerdote.

— El aprecio del cuerpo, ya que es templo del Espíritu Santo. Vale la pena tener en cuenta que el sentimiento de dignidad es uno de los rasgos fundamentales de la personalidad, que se vive con especial intensidad en la juventud, y por lo que constituye uno de los estímulos más fuertes para la educación. n

CASTIDAD Y CAPACIDAD DE AMAR

La conciencia del significado positivo de la sexualidad, en orden a la armonía y al desarrollo de la persona, como también en relación con la vocación de la persona en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, representa siempre el horizonte educativo que hay que proponer en las etapas del desarrollo de la adolescencia. No se debe olvidar que el desorden en el uso del sexo tiende a destruir progresivamente la capacidad de amar de la persona, haciendo del placer –en vez del don sincero de sí– el fin de la sexualidad, y reduciendo a las otras personas a objetos para la propia satisfacción. Tal desorden debilita tanto el sentido del verdadero amor entre hombre y mujer –siempre abierto a la vida– como la misma familia, y lleva sucesivamente al desprecio de la vida humana concebida, que se considera como un mal que amenaza el placer personal.

Consejo Pontificio para la Familia, Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia, 8-XII-1995, n. 105

Miguel Ángel Cárceles

Revista Palabra, nº 442-443, abril 2001