Los Adolescentes y sus Formas de Comunicación: Redes Sociales

Os dejamos con interesante articulo publicado en:  www.alia2.org

Dra Marta Rapado (Psicóloga) y Dr. Chiclana (Psiquiatra) 
El papel de los padres y educadores en el uso de las redes sociales.
Los adolescentes hoy están rodeados de numerosas oportunidades para relacionarse con un mayor número de personas gracias a las redes sociales. Queda patente ante los recientes hechos en Inglaterra la capacidad de los adolescentes de utilizar estas redes. De acuerdo con un estudio realizado en la Universidad Camilo José Cela entre casi 6.000 adolescentes el 78% reconocía utilizarlas, en mayor medida las mujeres (81,6%) que los hombres (74,4%).
Los padres, tutores y otros miembros de la sociedad en general pueden actuar con permisividad, con sobreproteccionismo o procurar una educación equilibrada en un uso prudente de las redes sociales.
Los nuevos estilos o formas de comunicación son una fuente inagotable que va produciendo y construyendo la subjetividad de los jóvenes. En un mundo donde prima la libertad individual, hemos de abogar por una libertad dentro de los límites necesarios para el adecuado desarrollo de la personalidad.
Límites que asienten las bases de la comunicación con los demás y de aquellas relaciones sociales adecuadas que puedan nutrir de forma recíproca tanto al adolescente como aquellos que se relacionan con él, como es el caso de los padres o de los tutores, educadores, trabajadores sociales u otros.
El distanciamiento de los mayores en materia de redes sociales, acceso a internet y accesorios portátiles hace que en ocasiones los menores se encuentren inmersos en un mundo donde las leyes son más laxas, los contactos más extensos y la vigilancia se encuentra limitada.
De este modo, los menores pueden aparecer en ocasiones desprotegidos ante la avalancha de contactos, relaciones sociales sujetas a engaños (en la red uno puede ser quien quiera ser sin necesidad de serlo realmente) y de críticas o comentarios que no desparecen y permanecen visibles a los ojos de los demás y se extienden con una rapidez aplastante.
Según el estudio referido la red preferida en estas edades es Tuenti (80%), pero existen ciertas diferencias por Comunidades. Por ejemplo, en Cataluña se prefiere Facebook (75,2%), seguida de Fotolog (15%) y, en tercer lugar, Tuenti (5,1%).
Cuando pensamos que los adolescentes poseen un móvil que les permite estar localizados y hacer o recibir llamadas, nos olvidamos de que no es solamente un teléfono, se trata de algo más. Lo que llamamos (teléfono) móvil, es un dispositivo con las capacidades de un miniordenador portátil que les permite estar constantemente conectados, colgar fotos o videos al instante, mandar mensajes, chatear y hacer o recibir comentarios e incluso ser agredidos o manipulados.
Se hace más necesaria una educación y una formación que promueva la libertad y la responsabilidad, porque pretender vigilar y limitar el uso de estas redes es una empresa inútil y dañina para la persona, además de imposible.
Muchos prefieren entrar en las redes sociales que ver la televisión. Un uso libre, responsable y coherente de las redes sociales, puede ser muy positivo para los adolescentes. De hecho el 80% de ellos refiere que para lo que más las usan es para mantener el contacto con amigos, muy por delante de “saber de gente con la que no se tiene relación habitual”, que es lo que podría dar lugar a contactos no deseados.
El estudio de la Universidad Camilo José Cela revela que “los contactos incluidos están referidos fundamentalmente a amigos con los que se mantiene una relación habitual externa a las redes, y a amigos con los que no se tiene dicha relación habitual, ya sea por vivir en otras ciudades o en los mismos municipios pero sin posibilidad de verse a menudo. En mucha menor medida se incluyen “Gente desconocida” (6,8%).”
La agresión y manipulación a través de estos medios es más frecuente y está más despersonalizada de lo que pensamos. En ella se pierde la empatía ante el sufrimiento ajeno, ya que no somos capaces de ver al instante la reacción del otro. El adolescente reenvía videos y fotos que corresponden a un alguien lejano, distante.
La sensibilidad social y la atención a las consecuencias que estos comportamientos pueden tener, nos resultan ajenas y extrañas; “es sólo una foto/video”, “es muy gracioso”, “todo el mundo lo hace”. Se trata de un mundo donde se vulnera la intimidad de forma constante y las heridas que este hecho suponen para el adolescente pueden tener numerosas repercusiones en su forma de ser y su desarrollo en la relación con sus iguales. Esto se refleja en casos de absentismo escolar o casos extremos de suicidio en adolescentes, que se encuentran en parte mediados por el acoso que sufrían en la red.
Para los padres y educadores, la adolescencia es una etapa de transición, pero para los jóvenes el mundo está anclado en su presente y lo más importante es vivir lo mejor posible el momento actual. Por esto, todo lo que ocurre en su momento presente, tienden a vivirlo con la mayor intensidad y los eventos ocurridos en esta etapa dejarán una huella importante que puede condicionar sus interacciones de aquí en adelante.
Muchos adolescentes utilizan las redes sociales como forma de huida o evitación, bien porque se trata de un lugar donde sentirse aceptados, bien porque no disponen de las vías de comunicación adecuadas en su entorno más cercanos.
Una sobreimplicación de los padres, presión excesiva por su parte a la hora de controlar o actitudes sobreprotectoras pueden marcar un punto de huida hacia una realidad donde los adolescentes pueden adoptar distintas personalidades o caracteres sin ser juzgados pero también pueden poner en marcha conductas que no serían aceptadas en su entorno más cercano y por esto estar sujetos a presiones y chantajes.
Es importante en este sentido examinar las causas y establecer una correcta educación en el uso de estas herramientas que se pueda regir por las mismas normas de comportamiento social de las que disponemos cuando establecemos una relación cara a cara.
Lo ideal sería que los padres estuviéramos al día de las nuevas tecnologías y las redes sociales de forma que fuéramos la fuente de información más fiable. Esto es difícil, pero siempre podremos ser la persona de confianza más fiable y a la que acudir en caso de dudar, de sentirse intimidados, de no saber si algo e beneficioso para él o para otros.
Somos responsables de dónde están nuestros hijos menores y si no les dejaríamos solos por las calles de Nueva York o de Trípoli ¿les dejaremos solos por las avenidas de Facebook o Tuenti? Podemos acompañarles y compartir experiencias con ellos en la red, disfrutar de las cosas buenas que hay e incluso crear con ellos redes, blogs o webs sanas, divertidas y de interés. Al estar con ellos les podremos enseñar a defenderse de posibles engaños, a usar su libertad para elegir lo que les viene bien o a protegerse de contenidos inconvenientes (violencia, racismo, pornografía), archivos equívocos o descargas ilegales.
Tener con ellos estas vivencias nos puede facilitar un mayor contacto con ellos que luego favorezca conversaciones cara a cara sobre los “mares” por los que se ha “navegado” (periódicos on-line, redes sociales, blogs, webs monotemáticas) y en los que han aparecido paisajes maravillosos (amistad, sexualidad, familia, sociedad, aficiones) y también “tiburones” (pornografía, publicidad engañosa, pérdida de tiempo…).
La importancia de establecer bases y principios de comportamiento en la red, de escuchar atentamente al adolescente antes de hablar y de no minimizar sus sensaciones resulta crucial cuando se aborda el uso de estos recursos en red. No se trata de suspender su uso o de vigilar sus contactos, o colarse en el chat pretendiendo ser un compañero, sino de educar en la forma más adecuada de hacer uso de estas herramientas y en el respeto hacia uno mismo y hacia los demás en este medio.
Envíanos tus comentarios a: mcarmengr@psicovinculos.es

Dibujos para niños y nada para adolescentes

Por Mariano González
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Última actualización 16/05/2011@08:19:41 GMT+1
La medida para valorar un programa de televisión suele ser cuánta gente lo ve. Pero también se puede preguntar a los profesionales del Medio qué piensan ellos mismos de los gustos del espectador. En concreto ¿piensan los profesionales que dos segmentos de la audiencia, niños y adolescentes, se identifican con los modelos sociales y la oferta de los Medios?
Si la pregunta se refiere a la televisión que más ven los adultos, la generalista, la respuesta de los profesionales es que a los menores de 13 años esa televisión no les gusta. Y los adolescentes (14-18 años), ¿qué opinan de la tele en general? Pasan de ella. Solo se fijan en algunas series, la mayoría fabricadas para adultos, pero que les atraen porque están protagonizadas por actores de 30 años, disfrazados de alumnos de Instituto. Eso es todo. La industria carece de productos audiovisuales para ese target.

Porque las cosas cambian. Hasta 1986, la única televisión era TVE. Su programación enganchaba a todos y trasladaba bien sus modelos sociales. No había alternativa. Hoy, con una copiosa oferta, los más pequeños sí han encontrado su hueco en los canales infantiles –como Clan y Disney Chanel–, mientras que los adolescentes no se identifican con lo que ven. La oferta selvática de la TDT les resbala. Se van a contenidos más interactivos y los encuentran en el marasmo de las nuevas tecnologías.

La ventana de los canales temáticos tiene una pega: el exceso de dibujos animados, por un lado; y la abundancia de producciones muy americanas, por otra. Muy reductiva. Los programas específicamente infantiles, y de factura española, son habas contadas: el éxito mundial de Pocoyó, El club de Pizzicato (TVE2) y la esporádica aparición de programas con menores en el plató.

Aprender el medio

El canal Teleclip.tv enseña a chicos de 7 a 16 años a realizar reportajes, video-clips, telediarios, guiones, etc. A ser creativos. Su directora, la profesora de Ciencias de la Información (Complutense) Loreto Corredoira, hizo el primer diagnóstico en una reciente jornada sobre televisión y menores de edad: “Los niños han encontrado contenidos especializados con los que se identifican; los adolescentes, no. La televisión no responde a sus expectativas. Quieren sentirse más protagonistas que los niños y por eso se intercambian contenidos”.

En ese mismo acto de iCmedia (federación de asociaciones de usuarios de medios), una solución para el público infantil la dio Yago Fandiño, subdirector de la Web de Contenidos de RTVE. Consiste en desagregar contenidos, según edades. Es un esfuerzo del Medio, que falta en muchas cadenas.

Fandiño apunta dos problemas para los niños: los modos de acceso (móviles, webs, consolas, portátil) son abundantes y los contenidos también. Y como no todos son válidos para ellos, la elección se complica.
En cuanto a los adolescentes, gran despiste. “No les vale el modelo unidireccional. Incluso a partir de los 12 años ya no sabemos qué contenidos les interesan”.

Niños mayores

Sí, el período de infancia se acorta, apostilla Fernando Barrenechea, Responsable de Marketing de Zinkia, productora de Pocoyó. Los niños utilizan ya más de un soporte para ver contenidos, muchas veces diseñados para un público más mayor, “lo que no sé si es bueno”, se lamenta.

En cuanto a los gustos de los adolescentes: “Van por delante del modelo que ofrecemos. Los productos de animación se les quedan cortos, y las series juveniles, que siguen con pasión, tienen un código de valores inapropiado para su edad”.

Una ley muy laxa

Arturo Canalda, Defensor del Menor en Madrid, centró el tiro en los contenidos inadecuados para menores, que una Ley Audiovisual “muy laxa” permite a las cadenas difundirlos. Igualmente culpables son el miedo del espectador y de las instituciones a criticar y sancionar al Medio que así actúa, el morbo de verlos –lo que sube la audiencia– y la actitud de los padres que, con su pasividad, no dan criterio a sus hijos para elegir ofertas de calidad.

Fuente:padresycolegios.com

EL BOMBARDEO SEXUAL DESATA LA VIOLENCIA DE LOS MENORES

Coquetean con el alcohol y las drogas y hablan de sexo con sus amigos. Con 13 años, los niños y niñas españoles reciben desde revistas, series, películas y campañas gubernamentales mensajes que frivolizan la sexualidad, pero nadie les habla de responsabilidad, de límites ni de control. El resultado: una juventud que no sabe, o no quiere, discernir entre bien y mal.

En menos de 20 días, dos niñas de 13 y 12 años han sido amedrentadas, amenazadas y violadas en Andalucía. Sólo uno de los 13 implicados, de 22 años, ha sido sometido a la justicia adulta. Los otros 12, uno por ser discapacitado psíquico y el resto por no alcanzar la mayoría de edad, están ahora internados en centros de tutela o en sus casas, como si nada hubiera pasado.

Se les aplica la Ley Orgánica 8/2006, de 4 de diciembre, que regula la Responsabilidad Penal de los Menores, según la cual los menores de 14 años son inimputables – no responden ante la Justicia- y los menores de entre 14 y 18 años deben ser castigados de acuerdo con las penas establecidas en la ley, que nunca contemplan la cárcel.

Casos como el de las niñas violadas en Andalucía, la muerte de Marta del Castillo -violada y asesinada presuntamente a manos de un menor de edad- o la tortura y asesinato de Sandra Palo reabren siempre el mismo debate: ¿debe reformarse la ley?, ¿deben responder ante la justicia en casos de delitos graves como asesinato o violación, los menores de 13 años? Paralela al debate discurre casi siempre la misma reflexión de expertos: no se puede reformar la ley por casos concretos; no se debe legislar con la carga emocional que implican hechos tan trágicos y, sobre todo, no se puede buscar la solución a esta terrible realidad en un castigo de mayor gravedad, sino en la prevención de unas conductas incomprensibles en chicos de esa edad.

¿Cuáles son las causas?

Para tratar de prevenir y frenar esta violencia sexual en los menores hay que ahondar en las causas. Ya en 2008 la Memoria de la Fiscalía alertaba del aumento de la delincuencia juvenil y se refería a la “desestructuración de las familias”, a la influencia de los “medios de comunicación que inciden en la adquisición de valores en los que la violencia es un recurso aceptable socialmente” y a la “ausencia de límites y control parental” como causas.

Señala también la “permisividad e inconsistencia de pautas educativas” y la “falta de transmisión de valores pro sociales”, las “actitudes tolerantes y las reformas legales que socavan la autoridad de los padres en el ejercicio razonable de la necesaria corrección y sanción a los hijos” y recuerda que la cultura del todo vale, en ocasiones “incitadora o justificadora de la violencia”, está vez cada vez más presente en la juventud.

Además los menores viven hoy en una sociedad mediatizada por el sexo. Experimentan un auténtico bombardeo de mensajes que frivolizan las relaciones sexuales desde series de televisión, campañas de salud sexual, revistas adolescentes y un largo etcétera. El sexo se presenta como algo normal entre niños de 13 o 14 años. Se habla del preservativo, pero no de las implicaciones emocionales que supone mantener relaciones sexuales e incluso alguna revista ofrece pistas para gozar del «sexo sin compromiso».

Una juventud sexualizada y a la que no se ha inculcado responsabilidad ni autocontrol es caldo de cultivo para actos violentos. Si se añade que los menores consumen alcohol desde edades muy tempranas y consideran normal fumar porros, según señala la Fiscalía, empieza a entenderse que las páginas de sucesos se llenen de noticias como las de Huelva y Córdoba. En 2004 más de 200 menores (de 14 a 18 años) fueron condenados por delitos contra la libertad sexual; esta cifra aumentó en 2005, año en que la Fiscalía conoció más de 1.300 cuestiones criminales de este tipo. En 2007, últimos datos oficiales de la Fiscalía y el INE, 109 menores fueron condenados por los mismos delitos y se produjeron, en total, 1.500 agresiones contra la libertad sexual.

¿Qué ha llevado a esos chicos a cometer delitos tan graves?, se pregunta el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, en el diario El Mundo. “A lo mejor nos damos cuenta de que la falta de valores, la banalización de las relaciones sexuales y la violencia que día a día ven nuestros hijos en las series de televisión, el relativismo moral y la falta de atención por parte de los padres tienen algo que ver en todo esto”, señala Canalda. “¿Qué ocurre para que los menores tengan valores tan dislocados?”, decía el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, quien también apelaba a una mejor educación, pero que insiste en imponer una asignatura como Educación para la Ciudadanía, gran trivializadora del sexo. “A lo mejor es el momento de que, como padres y como sociedad en general, digamos basta ante tanto desatino. Las reformas legales vendrán luego”, concluye Canalda.

Todos coinciden; ahora falta actuar.

Rosa cuevas-Mons

fuente:sontushijos.org

LA PÉRDIDA DE LA FE EN LOS ADOLESCENTES (II)

María Olabarri

Aunque en el artículo anterior, me atrevo a señalar que, según mi experiencia, la principal causa de la perdida de la fe de los jóvenes que reciben una educación cristiana en el colegio, es la falta de práctica religiosa de los padres, es indudable que también jóvenes de familias seriamente cristianas tiene problemas de fe o se abandonan en su vida espiritual.

Para esos padres preocupados por ayudar a sus hijos a superar esta crisis, escribo algunos consejos:

-Es importante no dramatizar esta situación ya que es normal que personas inteligentes al llegar la adolescencia se planteen dudas de fe. Es lógico que quién empieza a pensar de forma crítica tenga inquietudes sobre verdades que no están al alcance de su inteligencia o sobre criterios morales que no coinciden con lo que hoy día se considera políticamente correcto.

-La religión no debe ser un tema tabú en el ambiente familiar. Con naturalidad conviene hablar con los hijos de Dios, de las noticias que ofrecen los medios de comunicación sobre la Iglesia. Los padres no tienen porque ser “neutros”, ni deben sentirse invasores de la intimidad o de la conciencia de sus hijos cuando les transmiten valores cristianos. ¿Quién mejor que un padre o una madre para proporcionar a su hijo una educación moral y religiosa que considera segura y valiosa?

-La labor de educar en la fe a los jóvenes requiere por parte de los adultos mucha formación. De la misma manera que hemos dedicado varios años a prepararnos para desarrollar nuestra profesión, no es exagerado que nos preocupemos por formarnos para dar siempre una respuesta razonada y competente a los que se interesan por nuestra fe.

-Para eso existen magníficos recursos. Tantas páginas de Internet (www.arguments.es que utilizan tantos profesores y catequistas) o libros inteligentes y sencillos como el que estoy leyendo actualmente “La fe es razonable” de Scott Hahn, un converso estadounidense, del que se publican muchas obras en español en los últimos años.

-Hay que tener en cuenta que con frecuencia el origen de la falta de fe, está en una vida alejada de Dios y de los sacramentos. Cuando se pierde la amistad con Dios y se difiere el recibir su gracia, es fácil que la inteligencia quede algo velada y encuentre dificultades para entender verdades sobrenaturales o el porqué de algunos mandamientos.

-Es razonable, no es un atentado contra la libertad, exigir a los hijos menores de edad que asistan a la Misa del domingo o a la clase de religión del colegio. Mientras los hijos son menores, los padres tienen la grave responsabilidad de proporcionarles la formación integral que consideran necesaria para su desarrollo personal.

-Aunque los padres no sean capaces de dar respuesta a todas las dudas de sus hijos y no consigan “convencerles” de la certeza de las verdades de fe, es importante hacer ver que la fe es un acto de confianza en Dios. Creer siempre supone dar un salto en el vacío y atreverse a saltar no es propio de personas poco racionales. Pretender entender todas las verdades religiosas con nuestra capacidad humana, supone pensar que Dios cuenta con una inteligencia tan limitada como la nuestra. Si no somos capaces de comprender los descubrimientos de tantos científicos, resulta imposible que desentrañemos con nuestro entendimiento la esencia de Dios o sus planes.

Un último consejo: la mayor luz que podemos aportar a la fe de nuestros hijos es nuestra oración –arma imbatible- y el testimonio de nuestra propia vida. Como nos enseñó Pablo VI “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio” y Juan Pablo II añade “Por consiguiente, hoy son decisivos los signos de la santidad: ésta es un requisito previo esencial para una auténtica evangelización capaz de dar de nuevo esperanza”. (1)

Este es el mayor y más importante reto que se nos plantea a la hora de transmitir nuestra fe a las nuevas generaciones.

(1) Exhortación apostólica La Iglesia en Europa. Juan Pablo II

fuente:sontushijos.org