Adictos a la Tele

Un espectador medio pasa en España cada día más de tres horas viendo televisión. Un estudio de los expertos Robert Kubey y Mihaly Csikszentmihalvy ha profundizado en el consumo excesivo de la audiencia en su trabajo La adicción televisiva no es una metáfora, cuyo título ya es por sí revelador. Carta de Ajuste resume el artículo publicado en Estados Unidos por Scientif American. Os he resumido lo más interesante:

Es asombrosa la cantidad de tiempo que la gente pasa viendo la televisión. Por término medio, los individuos en el mundo industrializado dedican tres horas al día a la búsqueda de programas –la mitad de su tiempo de ocio- y más que cualquier otra actividad para ahorrar trabajo y sueño. Sobre la base de semejante proporción, alguien que viva 75 años pasa 9 de ellos frente al aparato. Otros estudios han demostrado, de manera consistente, que casi el 10% de los adultos se denominan, a sí mismos, adictos televisivos. Como podría esperarse, cuando llamábamos a la gente que estaba viendo la televisión, nos decían que se encontraban en un estado pasivo y relajado. De manera similar, los estudios llevados a cabo con el electroencefalograma muestran una menor estimulación mental, al ser medidos por la producción alfa de ondas cerebrales, durante la visión televisiva que durante la lectura.

En 1986, Byron Reeves, de la Universidad de Standford; Esther Thornson, de la Universisdad de Missouri, más otros colegas, comenzaron a estudiar si los retos firmes y formales de la televisión –cortes, películas, zooms, vistas panorámicas, ruidos repentinos- activan la respuesta orientativa y, de aquí, que se mantenga la atención en pantalla. Mediante la vigilancia de cómo las ondas cerebrales se afectaban por rasgos formales, los investigadores llegaron a la conclusión de que otros trucos estilísticos son capaces, en verdad, de desencadenar respuestas involuntarias y “sacar su valor de atención por medio de la significativa evolución de detectar movimientos… Son las formas –no los contenidos- las que hacen única a la televisión.”

La respuesta orientativa puede, en parte, explicar las más comunes observaciones del telespectador, tales como: “Si la televisión está encendida, no soy capaz de llevar los ojos hacia otro lado o cerrarlos”, “no quiero ver tanto como lo hago, pero no me es posible defenderme” y ”me siento hipnotizado cuando veo la televisión”.

Roberto D McIlwraith, de la Universidad de Manitoba, analizó en los estudios a los que a sí mismos se califican como teleadictos. Bajo una media llamada SIPI, se encontró con que los adictos, más arriba citados, se aburren y distraen con superior facilidad, y tienen un control más pobre de la atención que los que no padecen adicción. Los adictos manifestaron que usaban la televisión como divertimento en la huida de pensamientos desagradables, así como para rellenar el tiempo. Otros estudios –en el transcurso de los años- han demostrado que los telespectadores intensos tienen una inferior probabilidad de tomar parte en las actividades comunitarias y deportivas, con una cierta tendencia a la obesidad en relación con los telespectadores moderados o que, simplemente, no lo son.

Para algunos investigadores, el paralelismo más convincente entre la televisión y los drogadictos es que la gente experimenta los síntomas de la retirada cuando dejan el visionado. Hace casi 40 años que Gary A. Steiner, de la Universidad de Chicago, coleccionó un fascinante número de familias cuyo grupo se había roto, circunstancia que retornan cuando la casa sólo tiene un conjunto: “la familia se mueve dando vueltas como un pollo sin cabeza”. “Era terrible”. “No hacíamos nada. Sólo hablar entre mi esposo y yo”. “Lloraba constantemente. Los niños me molestaban y mis nervios estaban a punto de estallar. Traté de interesarles en juegos, pero imposible. La televisión es parte de ellos”.

“En más de la mitad de los hogares, durante estos iniciales primeros días, se interrumpían las rutinas ordinarias, los miembros tenían dificultades para adaptarse al nuevo horario disponible, expresaban ansiedad y espíritu agresivo… La gente que vivía solitaria mostraba tendencia a la irritación y a aburrirse… Durante la segunda semana, era común un movimiento de adaptarse a la nueva situación.”

Aunque parezca que la televisión está en línea con el criterio de dependencia a la sustancia, no todos los analistas han llegado tan lejos como para llamar aditiva a la televisión. Mc Ilwaith dijo en 1998 que “desplazar otras actividades por la televisión puede ser significativo socialmente, pero aún se está lejos de la exigencia clínica para un importante deterioro”. Argumentó que tal vez no sea necesaria una nueva categoría de “teleadicción”, si los espectadores intensivos se contienen de condiciones tales como depresión y fobia social. No obstante, si diagnosticamos que alguien sea teledependiente, o no, de manera formal, millones de personas notan que no pueden controlar, fácilmente, la cantidad de televisión que ven.

Para una creciente mayoría del público, la vida online que llevan puede, no pocas veces, parecer más importante, inmediata e intensa que la que llevan en un cara a cara. Mantener el control sobre los hábitos medios de uno mismo es hoy –más que nunca lo ha sido- un auténtico reto. Los aparatos de televisión y ordenadores están en todas partes, pero la pequeña pantalla e internet necesitan no interferir con la calidad del resto de la propia vida. En su fácil suministro de relajación y escape, la televisión es capaz de ser beneficiosa a dosis limitadas. Ahora bien, cuando la costumbre obstaculiza la capacidad de interferir el crecimiento, aprender nuevos temas y conducir a una vida activa, entonces sí que constituye un tipo de dependencia y, así, debería tomarse muy en serio.

fuente: sontushijos.org

No deje que su hijo pruebe alcohol en casa

Los adolescentes que beben en casa, con padres o amigos, tienen más riesgo de abuso

PATRICIA MATEY

Los padres que beben con sus hijos de vez en cuando para enseñarles a usar el alcohol con moderación o les permiten ingerirlo en casa con los amigos sólo persiguen educarles en el consumo responsable, pero están equivocados.

Al menos esta es la hipótesis que se desprende de un nuevo estudio que constata que los jóvenes que tienen ‘permiso’ para beber en casa poseen más posibilidades de abusar del alcohol fuera de ella y de desarrollar problemas relacionados con su abuso.

Su autor principal, Haske van der Vorst, del Instituto de Ciencias del Comportamiento de la Universidad Radboud en Nijmegen (Holanda), aclara a ELMUNDO.es los motivos. “El alcohol es una droga que cuando se usa estimula al cerebro a querer más. Además, la juventud tiene un cerebro menos desarrollado, por lo menos en la parte de auto-control. Es difícil además que un adolescente no beba para poder controlar así su consumo. En segundo lugar, beber en casa les dé la impresión de que es algo que está bien, así que lo hará en otras circunstancias”.

En su estudio, publicado en el ‘Journal of Studies on Alcohol and Drugs’, recuerda que “en la mayoría de los países europeos el uso de bebidas etílicas en la población juvenil se ha convertido en un problema de salud pública, ya que incluye agresiones, delincuencia y problemas de abuso”.

Urgencias

De hecho, esta semana, y durante la celebración en Barcelona de la V Jornada de Actualización en Toxicología, se dió a conocer un estudio (realizado durante 2007 y 200), coordinado por Victoria Trenchs, del Hospital San Joan de Déu, que desvela que la mayoría de las consultas a urgencias de adolescentes sobre drogas son debido a un abuso en el consumo de alcohol. El trabajo, con pacientes de 12 a 18 años años, pone de manifiesto que del total de 26.240 atenciones urgentes realizadas al servicio de pediatría de dicho centro el 1% se debió al abuso de drogas. Un 76% por alteración de la conciencia por uso de bebidas etílicas.

Para los científicos holandeses, “la prevención es la vía más importante para disminuir las posibilidades de que los chicos y chicas abusen de él. Muchos programas están encaminados a que los menores resistan las presiones de los amigos, aunque también en los últimos años han surgido otras tendencias como es que los padres supervisen el consumo, enseñándoles el uso social y racional del alcohol en casa con el fin de limitar los excesos fuera de ella. Sin embargo, muchas de estas medidas no tienen un respaldo científico suficiente”.

Los autores mandaron un e-mail a las 5.000 familias de 20 municipios holandeses que están participando en el estudio Familia y Salud [destinado a examinar los distintos procesos de sociabilización de la población, según los comportamientos saludables durante la adolescencia]. Finalmente, la muestra del trabajo se compuso de 428, todas con ambos padres y dos hijos de entre 13 y 15 años. Se las siguió durante dos años.

Tras medir a través de cuestionarios el consumo de bebidas etílicas en casa y fuera de ella, además de la existencia de problemas por su consumo [como ‘no hago los deberes por culpa de la ingesta], los autores encontraron que un 53% había ingerido alcohol en el mes previo al estudio con su padre, de los que un 73% lo habían hecho dentro del hogar. Un 43% había tomado ‘alguna copa’ con su madre, la mayoría de ellos en casa. En cuanto al consumo con los amigos, un 79% de los adolescentes reconoció haberlo ingerido, en la mitad de estos casos, también, dentro del domicilio familiar.

Ejemplo paterno

Y los hijos siguen el comportamiento de los padres. “El hecho de que ellos beban predice que sus vástagos también vayan hacerlo dentro y fuera de casa”, comentan los investigadores.

Tras computar todos los datos, los autores comprobaron que los adolescentes que más alcohol tomaban en casa eran, también, los que más consumían en los bares. Y más preocupante aún, los que ingerían mayores cantidades de etanol eran los que dos años más tarde tenían más posibilidades de desarrollar problemas asociados a esta ingesta.

“Las conclusión es fácil de dibujar. Si, primeramente, bebes en casa es probable que en un principio tengas menos problemas de consumo elevado de alcohol. Pero nuestros datos sugieren que su consumo en el hogar predice tanto el incremento de los niveles de ingesta dentro y fuera del mismo a corto plazo como un aumento de las consecuencias negativas asociadas a su uso”, concluye el estudio.

Recomendaciones

Haske van der Vorst aconseja a los padres que no quieran “que sus hijos desarrollen patrones de consumo en la adolescencia que mantegan restricciones estrictas sobre el mismo y vigilen sus actividades diarias”.

Pese a estos datos, los autores hacen hincapié en la necesidad de “que se lleven a cabo más trabajos que repliquen estos resultados y proponen que se evalúen los efectos de los moderadores (beber o no con los padres y hacerlo con amigos o no) en el consumo de los adolescentes por separado”. Recuerdan, sobre todo, que los progenitores son los que debe ser más conscientes de su papel fundamental en la prevención del inicio en el consumo. Y para los menores, un consejo: “El consumo de alcohol es para adultos. No bebas nunca, al menos hasta cumplir los 16 años”, reflexiona el doctor autor principal de la investigación .

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2010-04-29

EL INTERÉS DE LOS PADRES POR TENER MÁS CONTROLES SOBRE CONTENIDOS TELEVISIVOS E INTERNET

Carmen de Andrés

Coordinadora de Comunicación del Grupo Educativo COAS.

Miembro de ATELEUS (Asociación de Telespectadores y Radioyentes de Euskadi).

Original para sontushijos

Una encuesta en EE.UU desvela

En el pasado mes de abril se publicó una encuesta en Estados Unidos muy interesante, ya que desvela opiniones muy reveladoras de los encuestados, como que los padres mayoritariamente utilizarían, si fuera posible, más y mejores controles para hacer más difícil el acceso de los hijos a determinados contenidos televisivos e internet.

Una de las preocupaciones más significativas que exponen los padres en este trabajo es el grado de indefensión al que están sometidos los niños de entre 2 y 14 años. Los padres demandan más ayuda de las empresas audiovisuales y del Gobierno para cumplir con la normativa relativa a la protección del menor en emisiones desapropiadas para su edad.

Esta encuesta se realiza por encargo de la Conferencia Episcopal Católica de Estados Unidos (The United Stated Conference of Catholic Bishops). La justificación de este trabajo de investigación, según aparece en el documento, es la preocupación de muchos padres ante los contenidos televisivos que se emiten sin clasificación previa y fuera del horario de protección. La Conferencia Episcopal hace un llamamiento a los progenitores advirtiendo que éstos son esenciales a la hora de establecer criterios sobre el buen uso de la televisión en familia. Asimismo, insta a la Administración para que mejore la clasificación de los contenidos y dote a los padres de más recursos para bloquear contenidos no deseados.

En la encuesta aparece como abrumador (más del 80% de los encuestados) que los padres de hijos entre 2 y 14 años demandan un mayor control sobre los medios de comunicación, que muestren violencia, sexo, consumo de drogas ilegales, abuso de alcohol y un idioma malsonante. Hubo particular preocupación en señalar la imagen de consumo de drogas y alcohol, ya que estos contenidos no son considerados en muchos sistemas de clasificación.

Los padres por su parte hacen lo que pueden y está en su mano. La encuesta mostró cómo éstos tratan de controlar lo que sus hijos ven, y más del 90% informó sobre las reglas caseras que utilizan para el buen consumo de los medios. Pero, alrededor de dos tercios cree que usarían más los controles parentales si tuvieran: más información sobre la capacidad de bloquear contenidos poco apropiados y una mayor disponibilidad de productos multimedia con este recurso.

Lo relevante de esta encuesta, en mi opinión, es que los padres demandan de los organismos gubernamentales más controles y recursos tecnológicos para hacer más efectivo el control parental sobre televisión e Internet. Son muchas las voces, en Estados Unidos y en Europa que reclaman una mayor protección de niños y jóvenes ante la exposición a las pantallas. Sin ir más lejos, en España, son muchos los padres y otros organismos los que han denunciado reiteradamente esta cuestión a las asociaciones de telespectadores y la empresa televisiva. Sin embargo, la solicitud de recursos tecnológicos para llevar a cabo este control me parece muy novedoso.

Esta nueva solicitud, en mi opinión, no debe ensombrecer lo primordial: la educación de los hijos en el buen uso de las pantallas. Los padres deben formar a los hijos en “competencia televisiva” para que los hijos adquieran criterio y sean capaces de diferenciar los valores positivos y negativos que difunden determinados programas. La tecnología no puede ni podrá suplir nunca la enseñanza que aportamos los padres, ésta no caduca nunca, la tecnología sí.

CUANDO EL AMOR SE CONVIERTE EN ADICCIÓN

Cuando una persona no logra liberarse de una relación sentimental que le produce daño y perjudica su salud física y mental, la relación se convierte en obsesión.

La persona no es feliz ni con la pareja ni sin ella, pues ha ingresado a un círculo vicioso similar al que ingresan aquellos individuos adictos al alcohol, las drogas, el juego u otras. Así como aquellos necesitan y toleran cada vez más cantidad de tóxicos para poder funcionar, la persona “adicta al amor” soporta increíbles cantidades de sufrimiento en la relación que ha establecido.

Estos individuos que por una u otra razón tienden a manejar sus problemas a través de la manipulación y el control de otros, se “enganchan” en una relación sentimental con personas inadecuadas que por lo general son incapaces de comprometerse emocionalmente en la relación. El individuo la percibe desvalida, necesitada o que requiere de alguna transformación y se erige como responsable de su “salvación” o de su transformación, creándose así una codependencia o adicción.

En base a esta premisa falsa, tiene la creencia de que con el “poder de su amor” logrará retener a la pareja, satisfacer sus carencias o lograr su transformación y busca cualquier pretexto para mantener la relación, a pesar del maltrato y rechazo que recibe. Temen enfrentar la realidad y las consecuencias que un cambio de actitud o de comportamiento produciría en sus vidas.

Relaciones de este tipo se caracterizan por ser dramáticas, caóticas, llenas de excitación, sufrimiento y un alto grado de erotismo y sexualidad.

Por lo general, la seducción, y la sexualidad definen la relación. Hay una supuesta “buena sexualidad en una mala relación sentimental”. El esfuerzo por complacer se centra particularmente en esta área, que probablemente es utilizada como “disfraz” para esconder carencias afectivas y la necesidad de ser abrazado, protegido, amado. Por esta razón los encuentros sexuales, especialmente al inicio de la relación o después de un distanciamiento o cuando no hay formalidad en la relación (amantes) , se suelen distinguir por el encanto, romanticismo, erotismo y sensualidad En la dinámica de la “adicción al amor”, los intentos por retener y/o cambiar al otro, vinculados con el manejo y el control, se convierte en una lucha continua en la que uno es el que “soporta” ser herido, humillado, violentado, mientras el otro desprecia, maltrata, se deprime, llora, suplica o provoca mayor alejamiento emocional. Muchos siguen juntos pero distantes, sin romper totalmente la relación, causando con esto, mayor dependencia y adicción.

La relación adictiva es progresiva. El intento de controlar y dirigir la transformación de la pareja, va haciendo que poco a poco quede a merced de ésta. El controlador pasa a ser controlado, mientras va abandonando sus intereses personales.

En este estado, siente enojo, ira, impotencia, frustración. Sus pensamientos se vuelven obsesivos, con celos irracionales, ideas de venganza, planes imaginarios para someter a la pareja o lograr su atención, inclusive puede realizar actuaciones que provoquen o estén encaminadas la atención o el acercamiento de la pareja. No logra manejar sus emociones ni resolver sus conflictos y presenta síntomas físicos y psíquicos de estrés. Baja su autoestima, pierde la confianza en sí mismo, reprime sus emociones, no logra poner límites, se muestra poco asertivo, no logran comunicar lo que piensan y siente. Pierde el control de su vida y funciona alrededor de las decisiones y la voluntad del otro.

Si la pareja se distancia o romper la relación, puede presentarse el “síndrome de abstinencia” similar a cualquier adicto, con un estado físico y mental de profundo dolor, sensación de vacío, insomnio, llanto, angustia, culpa, humillación, creada por el miedo a la soledad, al abandono, a ser rechazado e ignorado. La autoestima se encuentra gravemente lesionada, la salud deteriorada, mientras la dependencia se va haciendo mayor y más perjudicial.

Recuperarse o prevenir esta adicción es posible con voluntad y esfuerzo. A modo general señalamos algunos pasos a seguir:

  1. Acepta que tienes un problema y que debes buscar la solución.
  2. Enfrenta la realidad de la situación con honestidad, sin fantasías, engaños o mentiras.
  3. Procesa y resuelve el dolor que llevas por dentro.
  4. Libérate de la carga que tienes por dentro, hablando de tus sentimientos y emociones con alguien de tu confianza. Busca ayuda profesional si es necesario.
  5. Analiza tus patrones de conducta y ten la disposición y el valor de cambiar aquellos comportamientos que te perjudican y perjudican a otros.
  6. Ten siempre presente que cada persona es responsable de sí misma y no necesita cambiar o controlar a los demás para sentirse bien, pues para sentirnos bien solo necesitamos controlarnos y cambiarnos a nosotros mismos.

ALEJANDRA PALACIOS BANCHERO. Psicóloga clínica experta en familia