“hacer pequeñas mezquindades a tu ex pareja es una gran faena para tus hijos”.

Javier Guillenea – Diario Vasco, 21 de mayo 2010.

Priscila Comino forma parte del grupo de investigación Harremanak de la Facultad de Psicología de la UPV, dirigido por la profesora Sagrario Yarnoz. El grupo ha puesto en marcha el programa Gurasoak, destinado a padres y madres que se hallan en los inicios de un proceso de divorcio. Su objetivo es minimizar los efectos de la separación tanto en la pareja como en sus hijos. La entrevista es a Priscila, aunque en la conversación interviene Sagrario Yarnoz. Ambas forman parte de un mismo equipo, por eso sus voces son la misma en estas páginas.

¿El dolor de los hijos por la separación de sus padres se puede evitar o sólo se minimiza?

Los hijos se van a un cambio importantísimo. Va a haber un cambio de situaciones, de rutinas. En ese sentido van a estar dolidos y hay que dejarles cierto espacio para que expresen ese dolor y para que puedan muchas veces nombrar los sentimientos que les pasan por la cabeza. El dolor es algo que va a estar ahí pero sin duda se puede minimizar, se puede hacer que dure menos o que sea menos intenso.

¿Una separación puede dejar secuelas en los hijos?

Las investigaciones nos dicen que a los dos años de la separación el 80% de los niños ya han superado esas primeras reacciones iniciales, que son absolutamente normales, y vuelven a su nivel de funcionamiento normal. Pero sí es cierto que hay un 20% de niños que van a padecer consecuencias a más largo plazo. Depende del nivel del conflicto entre sus padres.

¿Cuáles son los síntomas del sufrimiento del niño durante la separación?

Depende mucho de su edad. Los niños pequeños hablan mucho de las fantasías de reconciliación, es muy importante dejarles claro que es una idea definitiva, que no van a perder ni a su padre ni a su madre, que van a seguir siendo elementos muy presentes en su vida; es también muy importante dejarles un espacio para preguntar aquellas dudas que les puedan surgir, porque a ellos les preocupan mucho cuestiones como dónde va a vivir la persona que abandona el hogar y si va a estar bien. Es necesario explicarles qué cosas se van a mantener igual en su vida y cuáles van a cambiar. Por ejemplo, cómo se van a celebrar las fechas especiales como su cumpleaños.

Ustedes han puesto en marcha el programa Gurasoak. ¿Qué es y qué objetivos busca?

Es un programa breve para padres y madres en los inicios del proceso de divorcio e incluso que están pensando en divorciarse. El programa consiste en dos sesiones de tres horas de duración. El objetivo que se busca es intervenir de forma precoz en el proceso de divorcio y separación. Pretendemos apoyar a esas familias intentando que el conflicto que pueda existir se minimice en la medida de lo posible. El programa es gratuito, se lleva a cabo en las tres capitales vascas y está abierto a cualquier pareja, siempre y cuando no haya habido episodios de violencia de género.

¿Qué tipo de miedos expresan los participantes en el programa?

Uno de los temas que más se repiten son los hijos. Los participantes suelen estar muy preocupados por minimizar el impacto que la separación puede tener en los niños. No es casualidad que este programa esté pensado para padres y madres puesto que uno de sus objetivos es prevenir las consecuencias del divorcio en los niños.

¿Se ‘curan’ los hijos o pueden arrastrar su dolor parte de su vida?

En la mayoría de los casos sus reacciones desaparecen con el tiempo. Es uno de los mensajes que lanzamos: todo va a ir bien, es un momento duro en el que los padres tienen su propio huracán interior, en el que los hijos participan de ese huracán y tienen el suyo propio, pero mejora. Aunque todo va a ir bien si se hace lo posible para que vaya bien. Porque hay personas que se divorcian pensando que esto es tierra quemada, que no facilitan nada a su ex pareja, lo que dificulta la vida de los hijos. Conozco casos de discusiones por un cepillo de dientes. El padre se queja de que la madre no se lo ha puesto al niño y la madre le responde que se lo compre él. Y el que se queda sin cepillo es el niño. Hacer pequeñas mezquindades es una pequeña faena para tu ex pareja y una gran faena para tus hijos.

El padre separado ve poco a sus hijos y en días festivos, es poco autoritario, siempre busca actividades para que sus hijos no se aburran con él y sean constantemente felices… ¿Ese mundo que encuentran los niños es real?

Aunque para los hijos no existe el mundo del padre o de la madre, en cierta forma sí que hay dos mundos y parece que el de la madre es el real y el otro el ideal. Muchos padres se sienten muy incómodos con eso porque se quieren implicar en la crianza de los hijos y la sociedad está siendo injusta con ellos. Lo que no se puede es poner en marcha un movimiento social para convencer a los padres de que son una pieza importante en la educación de los hijos y de pronto uno se divorcie y se convierta en un ser marginal que visita a los niños una vez cada dos semanas. Tiene que haber una cultura del divorcio, un padre divorciado no es una figura de adorno para llevar a los niños a la pizzería. El problema de los padres muchas veces es la falta de implicación, pero cuando esos padres se quieren implicar también muchas veces las madres no les dejan sitio.