El trabajo del DUELO

Un duelo superado se vive con gratitud a pesar de la gran relación afectiva que se pudo haber tenido con la persona que se fue.

Antecedentes

Pedro actualmente se ha separado de su mujer. Enrique se ha quedado sin trabajo. Los padres de Luis se han cambiado de residencia y entonces, él tendrá que ir a una nueva escuela y vivirá en otra casa. Alberto, es una persona diabética y perdió su pié derecho. El abuelo de Víctor, había pasado por una larga enfermedad y recientemente falleció. Julieta, a sus treinta y ocho años fue sometida a una operación y hoy día no podrá ser madre nuevamente. Juanita se despidió por la mañana de Antonio, por la tarde le avisaron que él tuvo un accidente de trabajo y su adorado esposo perdió la vida. En plena adolescencia Fernanda llora inconsolablemente porque su novio Edgar le dijo que terminaban y que no serían más nunca novios.

¿Qué tienen en común los personajes de todas estas historias?.

¡Están pasando por un proceso de duelo!.

¡Todos tenemos la necesidad de amar y ser amados!. Una relación con otras personas genera una cercanía emocional y afectiva llamada apego, y cuando nos desapegamos de las personas, los objetos y las ideas, esto produce dolor. La pérdida, puede ser esperada, deseada o repentina.

¿Qué es el duelo?

El duelo es la aflicción, el dolor o la tristeza que sentimos cuando enfrentamos: la pérdida de un ser querido (muerte, separación o divorcio), una condición geográfica o social (quedarse sin empleo, cambiarse de lugar de residencia o jubilarse), una condición biológica (no poder tener más hijos o la pérdida de alguna parte de nuestro cuerpo o incluso el paso de la infancia a la adolescencia).

Todos los seres vivos pasamos por una serie de etapas naturales o ciclos que tarde o temprano vivimos en carne propia: nacer, crecer, reproducirse y morir. Y cada una de ellas trae una serie de conductas y estados emocionales asociados a cada una de las fases del ciclo de la vida.

¿Qué siente una persona que está pasando por un duelo?

Las personas que están pasando por un proceso de duelo viven diferentes alteraciones físicas y psicológicas:

- Síntomas emocionales

- Tristeza, melancolía o preocupación prolongada a lo largo del día

- Sentimientos de apatía, inutilidad o culpa

- Confusión o nerviosismo

- Estrés o estrés postraumático

- Pérdida de interés en las actividades que se disfrutaban

- Problemas de concentración u olvidos al tomar decisiones

- Irritabilidad, enojo y agresividad

- Pensamientos de muerte o suicidas

- Sensación de estar o sentirse vacío

Síntomas físicos

- Dolores de cabeza, espalda y cuello

- Problemas digestivos (estreñimiento, diarrea, inflamación intestinal)

- Fatiga o cansancio

- Trastornos del sueño (insomnio, sueño excesivo o terrores nocturnos/pesadillas)

- Vértigo (sentir mareo y que las cosas nos dan vueltas)

- Cambios de peso y apetito

En ocasiones puedes sentir que necesitas ayuda y en otras que tú mismo puedes superar esto. Sin embargo, todas estas reacciones son comunes cuando estas pasando por una etapa de duelo.

En general la forma como nos afecta una pérdida tiene que ver con nuestra propia personalidad y con el tipo de relación afectiva que teníamos con la persona que se fue de forma física (muerte de un ser querido) o emocional (separación o divorcio).

Analizar el contexto de la pérdida.

No todos los duelos son iguales y cada persona va a sentir de forma diferente el impacto de la pérdida. Por ejemplo, si una persona pasaba por una grave y terrible enfermedad, la muerte del ser querido puede significar dolor y alivio al mismo tiempo para los dolientes. Sin embargo, cuando la muerte o separación llega de manera inesperada, independientemente de la edad de la persona, produce un gran dolor. Una pérdida por lo tanto puede ser: esperada, deseada o repentina, y ello también va a causar un impacto distinto al doliente.

¿Por qué ante la pérdida de una persona amada hay tantas versiones de la realidad?

“No vemos las cosas como son, sino como somos”. Es bastante común que cuando una persona se va, cada uno de quienes le conoció tenga muy distintos puntos de vista sobre sus experiencias en común, los cuales están mediados por diferentes mecanismos de defensa.

Estas historias no reflejan la verdad, sino nuestra interpretación sobre ella.

“Era tan bueno (idealización)”, “no se fue, vive en nuestros corazones (negación), tuvo sus tropiezos pero en el fondo era realmente buena persona (transformación de lo contrario), “nunca le pude decir lo tanto que le amaba (represión)”. Y ello nos pone frente una lucha con el pasado. Decidimos: huir del pasado, vivir en el pasado o enfrentar el pasado.

Etapas del duelo

La médica psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004) creo toda una obra sobre la muerte y el acto de morir en donde describe diferentes fases del enfermo según va llegando su muerte, se conoce con el nombre de modelo Kübler-Ross: negación, ira, regateo, depresión y aceptación.

De ese modelo inicial, se han derivado múltiples propuestas para describir y enfrentar el duelo. Algunos otros autores sintetizan estas etapas del proceso en las siguientes fases:

“Negación”, la cual consiste en no creer la consumación del evento. En ocasiones se confunde con un mal sueño o una pesadilla, con la ilusión de que las cosas son temporales y van a mejorar.

“Frustración” acompañado de sentimientos o acciones agresivas hacia el otro, o hacia uno mismo, o hacia quién perceptualmente propicio la disolución del vínculo. Este estado sentimental, en ocasiones va acompañado de la pérdida del sentido espiritual o la “fe”, del propio sistema de creencias.

“Sustitución”, en esta etapa el doliente es capaz de ir adquiriendo nuevas habilidades sociales y ello le prepara para la fase de …

“Aceptación o resolución del conflicto”, es donde se aprende a vivir la pérdida con gratitud.

¿Cuándo un duelo si está superado y cuando no?

Un duelo no esta superado cuando las personas expresan su relación con la persona que se fue, y está cargada de dolor, llanto, tristeza, odio, indiferencia, impotencia, depresión y más. Si un duelo aún se vive con dolor, simplemente sigue atorado. Una persona puede pasar incluso “toda la vida” sin superarlo.

Un duelo superado se vive con gratitud a pesar de la gran relación afectiva que se pudo haber tenido con la persona que se fue.

Tratamiento

Existen muchas estrategias de tratamiento, cada una de ellas va a estar dirigida a ir haciendo conscientes las diferentes etapas del duelo hasta llegar a la aceptación del acontecimiento, en las cuales se manejan las emociones y los apegos del paciente.

Particularmente, lo que hago es analizar el contexto y la relación del doliente con la persona que se fue. Posteriormente, les invito a escribir una carta dirigida a la persona ausente dividida en tres partes:

1) lo bueno,

2) lo malo y

3) una despedida.

La carta se escribe con el corazón y no con la cabeza, por lo tanto alguien puede ser sublime en lo bueno, muy mal hablado en lo malo y en la despedida se hace de la forma más sincera, todo ello implica un trabajo puramente emocional. El en caso de los duelos por separación o divorcio, “no se necesita la presencia de la persona que se fue”.

Es importante que esto se haga en la compañía de un terapeuta, pues ésta persona sabrá ayudarte a sacar todas las emociones atoradas, las culpas y todos los deseos inconscientes buenos y malos relacionados con la persona que se fue.

Psic. Juan Antonio Barrera Méndez

Director de Atención y Tratamiento Psicológico

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2008-04-23

Cómo afrontar el envejecimiento de los padres

 

Llega un momento de la vida, en que los hijos se convierten en los padres de sus padres, por vejez o enfermedad de éstos. Asumir esta etapa no siempre es fácil, pues se está acostumbrado a verlos llenos de vitalidad, energía e independencia. Cómo prepararse para esta situación o cómo afrontarla si ya está presente, es lo que se aborda en esta nota.

La responsabilidad como hijos adultos, es velar por el bienestar de los padres. Aunque no se debiera tomar como una forma de recompensarles todo lo que han hecho por los suyos, sí es un compromiso que deja la tranquilidad del deber cumplido, habiendo entregado todo el amor que durante tantos años se recibió de ellos. Por eso cuando llega la vejez, es cuando mejor hijo se debe ser, es el verdadero momento de servirles, de ser su apoyo y su mayor fuente de afecto.

Una nueva etapa

Son dos choques a los que se verá enfrentado: el primero, es aceptar que los padres ya no son los mismos de antes, ahora probablemente están enfermos, comienzan a tener pequeños olvidos, se quejan de algunas dolencias físicas y se pueden volver algo obstinados, lo que demandará cada vez más, los cuidados de la familia; ya no son ellos quienes sirven a los hijos, sino los hijos a ellos. Así que habrá un cambio de rol, ahora serán sus padres.

“Los hijos están acostumbrados a ser hijos: no sabemos cómo se hace, no terminamos de tener claro si tenemos que tomar decisiones por ellos o no y, a la vez, en muchos casos los padres toman decisiones que nos involucran como insistir en seguir viviendo solos, mientras muchas veces el hijo se preocupa porque les suceda algo que ponga en riesgo sus vidas”, dice Elia Toppelberg, psicóloga especializada en tercera edad.

Este cambio de mentalidad, es decir, la asimilación del envejecimiento de los padres, puede ser una realidad difícil de aceptar para algunas personas, haciéndose manifiesto mediante rabia, impaciencia, reclamos a los padres con frases fuertes como por ejemplo: “mamá no te acuerdas que ya te había dicho…”, “ya no puedes salir sola, no entiendes?”…

El otro punto y reto a seguir, es que la situación obliga a conciliar la propia vida -cónyuge, hijos, trabajo, hogar- con los nuevos requerimientos de los padres.

En numerosas casos, esta demanda de tiempo por parte de los padres, puede provocar problemas en el propio núcleo familiar del hijo(a). Así que será necesario reunirse con el cónyuge e igualmente con los hijos, y dependiendo de su edad, exponerles la situación de los abuelos. Habrá que explicarles que ahora ellos lo(a) necesitan, tanto como lo hace un bebé, dejándoles muy claro que no los abandonará y que su rol de padre seguirá siendo el mismo de siempre. También es importante pedirles su apoyo, pues esta situación será dolorosa y agotadora. Igualmente, habrá que buscar el equilibrio sin desatender ninguna de las dos familias.

Formas de prepararse y/o afrontar la situación

La vejez de los padres requiere un trabajo conjunto de toda la familia. Los hijos deben unirse y hacer un ajuste en el rol de cada integrante evaluando su disponibilidad para este fin, logrando así que todos tomen parte activa; la responsabilidad no debe caer en uno solo.

Si fuera necesario, también se pueden revisar las posibilidades económicas para buscar ayudas extras (enfermeras, auxiliares, etc.) que sirvan de soporte, pero que de ninguna forma suplirán las responsabilidades de los hijos.

Algunos estudios señalan que la carga emocional que acarrea cuidar padres mayores podría tener repercusiones negativas de una u otra forma. Por tanto, se recomienda generar espacios de esparcimiento, en donde el hijo se pueda desestresar aislándose por unos minutos de este escenario.

Si aparecen señales que lo ameriten, puede ser importante consultar con un profesional especializado en estos casos, como psicólogo, psiquiatra, geriatra, que dará apoyo y orientación para la toma de decisiones, será sostén emocional y contribuirá a aclarar las dudas en tan difícil y delicada situación.

Fuentes: enplenitud.com, vejezyvida.com

LOS NIETOS ADOLESCENTES

Analicemos algunos aspectos de cómo los abuelos podemos ayudar a los padres en la educación de los nietos adolescentes, siempre difíciles de entender, como ya decía Sócrates, -pues así se han mostrado en todas las épocas- si bien en la actualidad tienen manifestaciones, de todos conocidas, que son más preocupantes.

El adolescente necesita abuelos entrañables, que le hagamos sentirse a gusto en nuestra casa. Nuestro afecto le anima y le da seguridad, y para nosotros será un consuelo que nos hace felices. Para manifestar nuestro afecto y mejorar siempre la comunicación con un nieto, pero en especial si es adolescente, es necesario mostrar interés por sus actividades escolares y deportivas, felicitarle, si es el caso, y animarle si no salió tan bien como esperaba. La seguridad del adolescente mejorará si le elogiamos y le comprendemos todo lo que nos sea posible. Para conocer cómo el nieto adolescente va conformando su personalidad conviene tener en cuenta un lema: “Escuchar, escuchar, escuchar… y alguna vez hablar”. Los abuelos podemos cultivar nuestra paciencia aceptando escucharles… cuando ellos quieren hablar y estar siempre muy disponibles para escucharles.

Pero, hay que reconocer que en ocasiones es difícil entablar conversación con un adolescente. Ante la pregunta: “¿Qué hiciste hoy?”, la respuesta es muy probable que sea: “Nada”, pues es celoso de su intimidad y piensa que no seremos capaces de entenderle. Sin embargo, puede iniciarse una conversación con anécdotas de su infancia o de la vida de sus padres a su edad. Hablarle de lo que hemos vivido lo interpretará como una muestra de confianza en su inicial madurez humana. También así podrá valorar los esfuerzos de sus padres para educarle y sacar adelante a la familia. De este modo conocerá y valorará las tradiciones familiares. Por nuestra parte, evitaremos hacernos pesados contando “batallitas nuestras”: “Yo a tu edad… “, o hacerle demasiadas preguntas.

Sin embargo, en otras ocasiones tendrá ganas de hablar y hemos de ser pacientes para escuchar sin interrumpirle y sólo aconsejarle si lo pide. Dialogando con el adolescente le demostramos que le queremos y nos enriquecemos mutuamente, pues nos dará a conocer enfoques de (a realidad actual sobre los que, si es conveniente, podremos darle un criterio de valoración moral.

Es conocido que los adolescentes hijos de su tiempo, manejan mejor que nosotros las nuevas tecnologías. Podemos aprovechar sus habilidades para que nos ayuden a usar mejor el ordenador, el móvil y cualquier otro artilugio electrónico. Será un puente de unión con nosotros, al tiempo que hará que el adolescente se sienta útil. Valorando estas habilidades le damos seguridad y mejora su autoestima. Además, será el momento de hacerle comprender que debe controlar el tiempo que dedica a estos medios e informarle de los riesgos que conlleva navegar por Internet, sin criterios ni control del tiempo de conexión. Debemos mostrarle que los abuelos somos coherentes con lo que pensamos, decimos y hacemos. Así centraremos su idealismo y podremos comentar con este nieto adolescente, no sólo la conveniencia de la ayuda a temas humanitarios lejanos, que puede materializar con la entrega de una cantidad, aunque sea pequeña, de sus ahorros, o con su colaboración en una ONG, sino también y prioritariamente con su necesaria colaboración con el “próximo”, -sus padres y hermanos- que son para él su prójimo cercano.

La desobediencia en los adolescentes es algo normal: consecuencia del deseo de afirmación de su yo. Es negativo para resolver estas situaciones el enfrentamiento directo, que suele ir unido a la amenaza de un castigo. Los abuelos ante la posible falta de respeto de un nieto adolescente, hemos de buscar el momento mejor para escucharle y que nos exponga la causa de su rebelión. Hay que estar siempre abiertos al diálogo y tratarle con paciencia. Conviene llevarle al terreno de que la obediencia se basa en el amor a los demás y en el deseo de complacerles. La obediencia mide la capacidad de aceptación a los consejos de los padres de un hijo, que refuerza así su libertad. Enseñarle a vivir su naciente libertad con responsabilidad. Pero para ello hay que darle la opción de que pregunte razones, reflexione y tomen sus propias decisiones. Hay que lograr que diga la verdad y que obedezca convencido y así evitar que llegue a actuar por miedo.

Las confidencias del nieto adolescente

Los abuelos tenemos que “hilar fino” y no dejarnos enredar por las razones de un adolescente, que trata de demostrarnos que sus padres no tienen razón en algún aspecto que le exigen. Conviene, eso sí, escuchar sus quejas sobre el comportamiento de sus padres con él, para luego dialogar y tratar de que comprenda las razones de sus padres. Que no juzgue sólo en blanco o negro: mostrarle los matices de cada situación. Nunca desautorizaremos a sus padres. Con respecto a lo anterior, sin embargo, hay que saber mantener en secreto las confidencias de nuestro nieto adolescente. Pero, a la vez, y para algunos temas, si estimamos que necesita la ayuda de sus padres, hay que convencer al nieto para que sea valiente y se anime a contarles el asunto.

Cuando detectemos en un asunto una postura enfrentada del adolescente con sus padres, siguiendo la máxima de “escuchar siempre a la otra campana”, si al adolescente le parece bien, y no considera que lo que nos ha contado es una confidencia que no quiere se divulgue, podremos pedirle que nos deje comentar el tema con sus padres. Les informaremos de cómo ve su hijo sus planteamientos educativos, para ayudarles a comprender y aceptar mejor la postura de su hijo adolescente y propiciar así una actuación positiva para su educación.

José Manuel Cervera González

Orientador Familiar.

Secretario de la Asociación de Abuelas y Abuelos

Abuelos canguro (II)

 

Tras lo comentado la semana pasada, en un segundo lugar, me parece digno de reflexión el hecho de que formar, educar, entretener a un bebé o a un pequeño que ya empieza a caminar, exige unas cualidades a los que los abuelos por propia naturaleza ya no están obligados. Con esta situación estamos exigiéndoles a unas personas, que ya no están dotadas de forma natural, unas condiciones que seguramente desarrollaron en su momento con los padres de estos pequeños a los que se ven obligados a cuidar. Me estoy refiriendo a la paciencia, la exigencia (horarios, comidas, orden), mayor agilidad y aguante físico (ya quisieran ellos), etc.

Trato intergeneracional

 

Pero, ¿acaso esto significa que los abuelos deben desentenderse de sus nietos? En absoluto. Privaríamos a unos y a otros, entonces, del necesario y conveniente trato entre ambas generaciones. Una conexión altamente enriquecedora dotada de ingredientes no aportables por la generación intermedia: los padres. Pero en ningún modo acepto que esta relación se convierta en algo obligatorio y esclavizante. Llegado a este punto me gustaría salir en defensa de los abuelos que, a veces, por un equivocado sentido del deber, se olvidan del tipo de vida que ya se merecen vivir, para convertirse en “padres” de sus nietos.

Cuando les ha llegado el momento del descanso con mayúsculas, cuando por fin gozan de eso que han echado en falta toda su vida: tiempo para ellos, tiempo para compartir con los demás, poder salir y entrar, conocer sitios nuevos, moverse con mayor libertad, dedicarse a sus aficiones, etc, les vienen unas responsabilidades que no les competen de forma natural. Realmente me parece una descomunal injusticia. Otra vez les toca esperar “mejores tiempos”.

Es necesaria la convivencia de los nietos con sus abuelos. Esto les ayuda a ir comprendiendo la evolución lógica de la vida. Que sientan como sus padres quieren, respetan y cuidan a su vez de sus padres. Que valoren la experiencia personal de sus abuelos. Que aprecien la relación entre las generaciones porque así valorarán la institución familiar como “correa de transmisión” entre las mismas, que proporciona a la sociedad la continuidad que ésta precisa.

Nido vacío

 

Bien es cierto que con frecuencia la situación antes descrita y que bajo mi opinión no es deseable, es suscitada o “permitida” por los propios abuelos. Pues con el paso de los años llega el momento en que el hogar se convierte en un “nido vacío”. No obstante, por este miedo a la soledad y a la nostalgia, ahora se torna el “hogar lleno”; sólo que en él conviven de forma simultánea varias generaciones, eso sí, todas ellas a expensas en buena parte, de la disponibilidad, entrega y abnegación de los más mayores.

Es muy recomendable, por tanto, que los matrimonios mayores se vayan mentalizando de que esta época de “vuelo” de los hijos ha de suceder cuando sea natural que suceda; lo que en modo alguno asegura que no aparezcan otros problemas. El primero de ellos es el de afrontar el propio vacío. Ese silencio denso y espeso que invade el hogar cuando todos los hijos se han marchado de modo definitivo. Esto suscita una profunda añoranza en los padres. También a estos sentimientos hay que hacer frente. Y se afrontan cuando se acepta la realidad tal y como es, y el presente y el futuro no son devorados por el pasado.

Si no se afronta con energía, es muy posible que los cónyuges, ya mayores, vivan como rehenes de las biografías de sus hijos ausentes, en las que tal vez deseen ellos mismos proyectarse. Esta pérdida de sentido en la vida de los abuelos facilita que se dé la situación de convertirse en abuelos canguro por no se sabe cuánto tiempo.

A modo de conclusión siento necesario mencionar que para los hijos, los verdaderos modelos educativos han de ser sus padres. Ellos son insustituibles por naturaleza. Esto es así a pesar de progresismos o ideas altamente renovadoras. Bien es cierto también que hay aportaciones personales que sólo los abuelos pueden proporcionar. Aunque me atrevería a decir que quedan relegadas a un segundo plano en lo que se refiere al ámbito formador de la persona.

“Despersonificación”

 

No obstante la nueva situación que se viene dando de forma creciente desde hace años, de la existencia de abuelos cuidadores de sus nietos, nos viene a mostrar un peldaño más de la escalera de errores y fracasos que supone una sociedad cada vez más despersonalizada. Una sociedad incapaz de aportar soluciones en el campo laboral, de desarrollo integral de la persona, de política familiar, con ayudas reales a la madre trabajadora.

En una sociedad en la que tener hijos se recompensara de manera seria, no con un aperitivo inicial e irrisorio, y además se cuidara el hecho de que el bebé pudiera estar más tiempo con su madre en el primer año de vida, u otras medidas en esta línea, seguro que no se producirían este tipo de situaciones como los “abuelos canguro”, por mucho que los abuelos amen infinitamente a sus nietos; que me consta que lo hacen.

 

Julio de la Barrera Lebrato
Profesor

Abuelos canguro (I)

 

Con demasiada frecuencia en los últimos años estamos asistiendo a un cambio, uno de tantos, que nos ha tocado vivir en nuestro tiempo. Es un cambio que afecta, ¿como no?, a la dinámica propia de la familia. Sin duda la institución más importante dentro de nuestra sociedad, y también sin duda, la que está siendo más castigada desde diversos ámbitos. Me estoy refiriendo concretamente a la aparición de la figura de los “abuelos canguro”, tema que obviamente ha de estudiarse desde una perspectiva familiar.

Como antesala a un desarrollo más general de este artículo habré de decir que me desagrada la idea de pensar en los abuelos como “canguros” de los nietos.

No me parece lo más adecuado ni para unos ni para otros. Este tema es uno de los muchos que se están derivando de la situación ilógica e irracional de una sociedad frenética que nos impide tener tiempo para reflexionar ante los aspectos que realmente importan en nuestra vida. Estamos siendo empujados a tantos comportamientos y cambios de funciones, por aspirar a un supuesto bienestar, que perdemos el verdadero sentido de las cosas.

Bien es cierto que gracias a los avances de la medicina, de una mejor alimentación, de una concepción más abierta del ocio, etc, nuestros mayores cuentan con mejor salud a la edad en la que empezamos a hacerlos abuelos. También es cierto que muchos de los abuelos a los que me dirijo en este artículo encuentran en el cuidado de los nietos una razón para seguir viviendo y encontrar sentido a su existencia.

Por otra parte, observando en otras ocasiones el trato, que por desgracia, ofrecen algunas, mal-llamadas, “cuidadoras” a bebés y niños de distintas edades, prefiero que los pequeños estén en manos de sus cariñosos abuelos que de estas personas sin ninguna cualificación ni profesional ni, sobre todo, personal. Afortunadamente, hay que decir también que dentro de este colectivo hay personas que lo hacen muy bien. No sólo se limitan a proporcionar al bebé su alimentación, higiene y descanso, sino que también son capaces de entretenerlos con juegos, e incluso acaban sintiendo afecto por ellos. Aún así no deja de ser un personaje postizo en sus vidas, bajo mi punto de vista.

Es el amor lo más valorado entre los padres, para llegar a la conclusión de preferir dejar a sus hijos en sus manos, antes que contratar a una chica de fuera. Esto es evidente. Lo digno de preocupación al referirnos a este tema afecta a varios campos que iré exponiendo a continuación.

Dejación de funciones

 

En primer lugar por orden de importancia, en mi opinión, aparece la dejación de funciones que este nuevo planteamiento ofrece al matrimonio joven. Por supuesto, en un principio, cuando se piensa en los abuelos como las personas más adecuadas para cuidar a los nietos estoy totalmente de acuerdo. Eso sí de forma esporádica, un imprevisto, una escapadita de los padres que van de cena, el niño está enfermo durante unos días para poder asistir a la guardería, etc. Pero no estoy de acuerdo en que la solución definitiva sea la permanencia con los abuelos a todas horas. Incluso que los nietos tengan que pasar noches fuera de casa porque sus padres tienen que salir de forma habitual a divertirse con sus amigos. No. No es el planteamiento correcto.

Existen, por desgracia de manera cada vez más habitual, parejas de padres incapaces de asumir el cambio que, en sus vidas, ha de suponer tener hijos. Es natural y bueno que al ir pasando los años, se asuman nuevos roles. Que al elegir unas opciones, otras desaparezcan. Es un principio básico de madurez. Aceptar que hay decisiones importantes en la vida que no tienen marcha atrás. Uno no puede “tener y no tener” ni “ser ” y “no ser” al mismo tiempo. O sólo quedarse con aquella parte que parece mejor, pero sin aceptar lo que no es tan apetecible. Toda nueva situación tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El papel de padre/madre con todas sus consecuencias -reconfortantes y molestas- o se acepta al 100% o mejor no asumir este papel.

Esto que está sucediendo, demasiado a menudo en nuestra sociedad, no es otra cosa que una dejación y no aceptación en su totalidad, del rol de padres. Por una parte sienten la necesidad de tener hijos, aspecto además de natural totalmente loable; por otra parte no quieren perder la capacidad de poder salir y entrar cuando quieran. “Para eso se pasan la semana trabajando”- dicen.

Esta situación, más frecuente de lo que parece, está alimentada por un creciente egoísmo, una ausencia de pararse a pensar, una falta, en definitiva, de ponerse en el lugar de los abuelos. Abuelos que acaban convirtiéndose en “chachas” de los nietos, y encima “sin cobrar”, a los que cada vez se les exige más, hasta que poco a poco lo asumen como una obligación.

Julio de la Barrera Lebrato
Profesor

La hora de los abuelos

 

En otras épocas históricas la importancia e influencia de los mayores en la sociedad de su tiempo llegó a ser de gran importancia. En nuestra sociedad y por motivos distintos vuelven a tener un protagonismo del que no se debe hacer dejación. En primer lugar, y por suponer un numeroso colectivo, al ser sujetos con derecho a voto tienen la obligación de aportar a la sociedad su experiencia y sabiduría colaborando en los cambios de la sociedad. En segundo lugar, y debido a la temprana edad de jubilación, al aumento en la prolongación de la vida, a la situación de pluriempleo de los hijos y a la experiencia y sabiduría acumulada, los abuelos de esta generación estamos llamados a prestar un gran servicio a nuestros hijos y por tanto a esta sociedad, a través de la educación de nuestros nietos.

Protagonistas educativos

Si es cierto que la educación es fruto del amor y del cariño, los abuelos estamos en extraordinarias condiciones de colaborar con nuestros hijos en estos aspectos de la educación que constituyen la base y cimiento para el desarrollo armónico de la personalidad de todo individuo. Estos valores educativos se transmiten por ósmosis, por contacto físico, a través de la convivencia en el trato diario. De todos es sabido la íntima relación cariñosa y de “complicidad” y entendimiento que se establece entre abuelos y nietos.  Nuestros hijos, en la mayoría de los casos, por motivos laborales principalmente, no disponen del tiempo necesario para realizar esta labor en un clima de sosiego, paciencia y serenidad, tan necesarios en el proceso formativo. Sería una actitud demasiado egoísta plantearse esta etapa de la vida como premio y descanso al trabajo realizado hasta ahora desentendiéndose de los problemas que nos rodean. Los abuelos estamos obligados, por vocación, a seguir prestando nuestro mejor servicio para la consecución de una sociedad más justa, solidaria y humana, a través de la familia concreta en la que nos desenvolvemos.

Otra condición necesaria para educar, junto con el tiempo suficiente para poder hacerlo, es poseer y haber experimentado los valores que se pretenden transmitir, valores que ennoblecen al ser humano y le dan sentido a su existencia.

Experiencia y sabiduría

A lo largo de los años hemos ido adquiriendo la sabiduría suficiente para ser verdaderos maestros en el conocimiento de los valores verdaderos y de los caminos que llevan a la verdadera felicidad.

Por esto los ancianos siempre estuvieron revestidos de una especial dignidad en todas las culturas históricas, por considerarlos dotados del conocimiento de la ciencia de la vida, es decir, poseedores de la sabiduría. Sabiduría que es sinónimo de prudencia, tan necesaria en el actuar humano. Se dice que “sabio no es sólo el que conoce las cosas, sino el que sabe ordenarlas con vistas a su último fin”.

No podemos privar a nuestros nietos de esta riqueza que hemos ido acumulando a lo largo de los años y que constituye nuestro mayor tesoro, la mejor herencia que podemos transmitirles.

Savia y fortaleza

Pero la influencia de los abuelos en la familia no se agota con nuestra colaboración en la educación de los nietos, sino que llega más allá.

Por todo lo anteriormente dicho debemos ser para nuestras respectivas familias  lo que las raíces y el tronco son para los árboles: alimento y sostén. Lo más bonito y agradable de los árboles son las ramas, las flores y los frutos. Pero nada de esto sería posible sin la sabia que aportan las raíces y sin la fortaleza y el apoyo del tronco. En una sociedad donde todo se tambalea, la firmeza de los mayores en la defensa de los valores humanos y sobrenaturales que sostienen y enriquecen a la sociedad, se hacen actualmente imprescindibles. Nuestro testimonio de fidelidad a los compromisos  que un día, ya lejano, sellamos con un “sí quiero”, deben ser guía y orientación en la actuación de nuestros hijos y de nuestros nietos Es éste un servicio que nosotros debemos prestar y que esta sociedad demanda a gritos.

En presencia de Dios

Poniendo a Dios por testigo iniciamos esta gran aventura de crear una familia. Y se multiplicaron los frutos: primero, los hijos, y después los segundos frutos del amor matrimonial, los nietos. Y se llenaron de vida y alegría nuestros hogares. Me alegra comprobar que se cumplió lo que en aquel momento, el Sacerdote que representaba a Dios en ese acto, nos deseó con palabras de la Sagrada Escritura:

“Que vuestra unión sea fecunda, que seáis padres de probada virtud, y que veáis, ambos, los hijos de vuestros hijos hasta la tercera y cuarta generación”.

Manuel Caballero
Padre de familia y Orientador Familiar

10 Lecciones para construir una familia fuerte

 

El verdadero motivo de la existencia y de los artículos ofrecidos en la Escuela para Padres, es “Enseñar a vivir”. Si se aprueban las asignaturas, se abren las puertas a la construcción de una familia fuerte, feliz, fiel, fraternal, etc.

Los padres tienen la ineludible obligación de construir una familia llena de amor, dentro de un matrimonio fiel, unido, con buena comunicación entre todos sus miembros. Además de educar a los hijos con el ejemplo en las virtudes y valores humanos, incluyendo la enseñanza de ayudar y respetar a los abuelos y llevarse bien con los otros familiares.

El noviazgo, el matrimonio y el haber engendrado hijos, no son razones para creer que todo va ha llegar por añadidura, por inspiración y no por transpiración. No es así, construir una familia requiere mucho esfuerzo, muchas energías, enorme voluntad, perseverancia, tenacidad y constancia de querer hacer las cosas bien.

Es incongruente, irresponsable y muy mala decisión, pretender construir una familia, dejando al azar lo que pueda suceder, por no haber estudiado con mucha profundidad, lo que es una familia y todas las cosas que esto conlleva, que se pueden aprender en las escuelas para padres. No es suficiente preparación para construir una familia, aunque sea muy conveniente, asistir a un cursillo prematrimonial, leer algunos libros y asistir a varias conferencias. Puede ser un equívoco, pensar que leyendo algunos artículos semanales, de la Escuela para Padres distribuidos por Internet, leyendo algunos libros o asistiendo a algunas charlas de una hora de duración durante 10 días, ya han aprendido lo que tiene que saber, para construir una familia fuerte, que aunque es muy difícil, no es imposible, depende en gran parte, de los conocimientos que se aprendan, la experiencia que se adquiera y las energías que se apliquen.

Para construir una familia fuerte, algunos creen que pueden dejarlo todo, a expensas de la suerte o de lo que han aprendido de la vida, en sus años de juventud o de lo que les han enseñado sus padres, hermanos o familiares. Pero la realidad es que así, no se puede construir la familia, sin tomar el riesgo irreversible, de que se derrumbe total o parcialmente, por no haber puestos los medios para que no ocurra.

Para hacer una carrera de ingeniero, arquitecto, abogado, etc. se necesita un mínimo de cuatro años de estudios superiores, equivalente a 10,000 horas de gran dedicación y aprenderse 40 o 50 libros de texto. Pasar todos los exámenes y entonces, empezar a pensar como se puede ejerce esa carrera. Todos estos estudios son muy dignos y necesarios, pero nunca comparables, a lo que se necesita para formar una familia fuerte, con hijos bien educados en las virtudes y valores humanos. Si para pretender construir una casa, necesitan haber estudiado durante 10,000 horas mínimo, como no va a tener que estudiar profundamente, durante muchas horas para construir

una familia, que es un millón de veces más importante. La casa es un bien material que se construye con dinero, pero una familia fuerte, no se puede construir con dinero, tiene que ser con conocimientos, dedicación, sacrificios, amor y mucho amor.

Si se cae una construcción, a su arquitecto o ingeniero le investigarán, para comprobar si la había construido bajo las normas técnicas de calidades establecidas, que había tenido que estudiar previamente. Si no ha cumplido las normas estudiadas, le exigirán responsabilidades penales, civiles y posiblemente criminales, e incluso, podrán anularle la licencia para seguir construyendo.

Algunas familias se derrumban, desgraciadamente, porque los matrimonios se divorcian o los hijos se tuercen y terminan de mala manera, fracasados socialmente, perdidos en las pandillas o consumiendo drogas. En estos casos, nadie achaca ese fracaso a que los padres no supieron, no quisieron o no pudieron construirla, de acuerdo a las mínimas normas. Construyeron la familia, sin conocimientos previos de lo que tenían que hacer, por lo que no pueden achacar a la mala suerte el fracaso.

A los padres nadie les pide cuentas si sus familias fracasan, aunque hayan sido producidos por su dejadez, al no estudiar como se construye una familia fuerte. Piensan que el azar, la buena disposición de la vida o que cada uno de la familia se las arreglará para salir adelante, sea por el camino que sea. Aunque sean ellos los responsables, de cumplir con la obligación de tener una familia fuerte, bien constituida y consolidada. Lo que nada más se puede conseguir con mucha fuerza de voluntad, practicando continuamente las virtudes y valores humanos, para poder así dar ejemplo a los hijos y enseñarles a practicarlas. Eso es lo que deberían haber pretendido y prometido, el día que se casaron y si no lo cumplen ahora, será porque no quieren hacer el esfuerzo de aprender.

En el supuesto de que la familia se esté derrumbando o se haya derrumbado total o parcialmente, los padres ya no pueden argumentar disculpas ni lamentaciones, por haber construido mal la familia. No hay justificaciones ni excusas para ello. Tenemos dos oídos para oír, dos ojos para ver y leer todo lo que hay alrededor sobre la forma de construir la familia, así como el libre albedrío, para elegir dar a la familia continuamente, la formación y mantenimiento moral y espiritual que necesita.

10 Lecciones para construir una familia fuerte, dentro de la educación continua de la familia.

1.

Como estudiar, analizar y practicar los padres, las virtudes y valores humanos hasta convertirlos en hábitos. Empezando por la: Fe, la esperanza, la caridad, la fortaleza, la justicia, la prudencia, la templanza, la generosidad, la honestidad, la honradez, la paciencia, la puntualidad, la tolerancia, la austeridad, etc.

2.

Cómo enseñar los padres a los hijos, primeramente con el ejemplo, el conocimiento y la práctica de las virtudes y valores humanos, en función de cada una de sus edades y circunstancias.

3.

Cómo prevenir a los hijos, ante los graves problemas externos de las drogas, falta de pudor y abstinencia, abortos, bullyng, sexting, pandillas, amistades tóxicas, responsabilidad en los estudios, etc.

4.

Cómo mantener buenas relaciones con el cónyuge, soportadas en el amor, el diálogo y en la educación, para tener matrimonios felices y duraderos, vigilando la llegada de las banderas rojas, que anuncian los divorcios.

5.

Cómo tratar bien a los abuelos y otros familiares, para que sirva de ejemplo a los hijos, para el futuro, fomentando, respetando, vigilando y haciendo cumplir sus derechos adquiridos.

6.

Cómo elegir el mejor centro de enseñanza y mantener buenas relaciones con los maestros, sacerdotes y sociedad, en beneficio de la educación personal, académica y religiosa de los hijos, para conseguir el mejor aprovechamiento de los estudios y formación de los hijos. Estudiando las ventajas e inconvenientes del cheque escolar o voucher, homeschooling, prestamos estudiantiles, escuelas mixtas o separadas por sexos, etc.

7.

Cómo informarse bien, para aprovechar las ventajas y prevenir los posibles peligros de algunos medios de comunicación o entretenimiento modernos, como el Internet, la televisión, los teléfonos, otras pantallas digitales, etc.

8.

Cómo preparar y hacer el seguimiento del presupuesto familiar de ingresos, gastos y ahorros a plazo corto, medio y largo. Y compartirlo con los hijos, dependiendo de sus edades.

9.

Cómo estudiar la forma de alimentar bien, a todos los miembros de la familia, de forma sana, económica, práctica, apetecible y nutritiva, intentando evitar despilfarros y las enfermedades que conllevan la mala alimentación en función de las tablas y pirámides de nutrición.

10.

Cómo administrar bien el tiempo de la familia, fomentando la calidad del dedicado a la educación religiosa, escolar y social, así como el dedicado a la familia, diversión, descanso, formación física, voluntariado, etc.

Cada uno de estos capítulos, está dividido y desarrollado en subcapítulos o artículos monográficos, de forma que los padres, pueden elegir el orden de preferencia o necesidad, que consideren se ajusta mejor a sus objetivos y prioridades de formación familiar, en función del formato de cada familia o de los consejos que reciban de sus tutores de vida. Estas lecciones, no son similares al formato de los grados académicos, como se estudian las profesiones de abogado, ingeniero, medico, etc. Están en módulos o artículos, con diferentes profundidades o intensidades.

La carrera de ser esposos y padres es de un solo curso, con muchas asignaturas. No se puede decir “eso lo aprenderé el año que viene”, porque a lo mejor será ya demasiado tarde. Las actitudes ante la vida, el conocimiento y la práctica de las virtudes y valores humanos, que los padres tienen que aprender y lo que tienen que alcanzar entre los matrimonios para construir una familia, no pueden reflejar las clásicas expresiones de “voy en el primer o segundo curso” de construir la familia, es una asignatura única y total.

Como la Escuela para Padres es virtual, es mucho mejor que estén todos los temas monográficos disponibles y bien organizados, para que los padres puedan ver todo el programa completo. Así los padres podrán buscar él o los artículos que más le convenga a su situación, con el ánimo de estudiarlos todos, pues casi siempre están concatenados.

Otra variante es írselos enviando poco a poco a los padres, según las necesidades y conocimientos que tengan y la experiencia del tutor. Si por ejemplo, tienen un hijo metido o metiéndose en drogas o pandillas, o los cónyuges pasan por malos momentos

en sus relaciones matrimoniales, los padres querrán artículos específicos para esas situaciones, pues su prioridad estará encaminada específicamente, a solucionar ese problema y estarán muy poco interesados, en ese momento, en estudiar, poner en práctica e inculcar otras virtudes a los hijos, que aunque sean muy necesarias, no son tan urgentes.

Construir una familia, necesita tener un proyecto previo muy bien planeado, desarrollado y controlados sus resultados, donde no falte ninguna de las enseñanzas que están a disposición de los padres, en los innumerables medios de comunicación disponibles. Las energías, medios y tiempo que los padres no gasten en construir la familia, después los tendrán que gastar con creces, en intentar arreglar los problemas creados, por lo que de forma activa o pasiva hicieron mal o no hicieron.

No se trata solamente de tener unos hijos bien educados, en la práctica de las virtudes y valores humanos, se trata de educarlos también, para que ellos puedan formar en el futuro una familia que tenga hijos fuertes, bien educados. Por eso la formación de los padres, son los cimientos que soportarán la educación de sus hijos y por lo tanto, de la sociedad en general. La educación de los hijos comienza con la de sus padres y abuelos.

francisco@micumbre.com

Abuelos y nietos: enseñar o malcriar

24 Abril 10 – Jaime Echagüe Compártelo: «Le consientes todo», «Tu padre le deja hacer lo que le da la gana»… Estas frases suelen tener como protagonistas a los abuelos y abuelas. Los pediatras y expertos avisan: los mayores han de cuidarse mucho de que sus nietos los quieran más a ellos que a los padres.

Si usted es abuelo, puede poner en práctica el «test de la mirada indiscreta». Cuando llame al timbre y lo reciba su nieto, existen dos posibilidades: que el pequeño le mire a los ojos o que le mire directamente sus manos. Si ocurre lo segundo, es que está acostumbrado a que le traiga algún regalito. Y, por tanto, esto es lo primero que el niño espera. Se trata de una de las enseñanzas que el doctor Paulino Castells, especialista en Psiquiatría, Pediatría y Neurología, imparte en su libro «Queridos abuelos» (Ediciones Ceac). Y es que, ¿qué padre no ha pronunciado alguna vez la célebre frase: «Lo estás malcriando»? Lo cierto es que es un aspecto que hay que cuidar. «No se puede comprar el cariño de los niños. Los abuelos que se limitan a dar regalitos y se mantienen distantes no serán queridos por sus nietos. Los que interactúan, juegan y hablan con ellos se los ganarán», resume el doctor Castells.

Si un día los abuelos iniciaran una huelga de brazos caídos, se colapsaría el planeta. Ésta es la importancia que, según el doctor, han adquirido los mayores en la sociedad. Y más en tiempos de crisis, en los que la solidaridad intergeneracional ha revelado que son más imprescindibles que nunca, con unos padres desbordados por sus obligaciones. ¿Cómo son los abuelos de hoy? «Son tremendamente jóvenes, vitalistas. No aceptan el designio de la jubilación para estar parados, sino que quieren hacer más cosas», afirma Castells. Y cuando «se pone a un niño en sus manos y se les dice “aquí tienes a tu nieto” es para ellos la mayor de las energías».

Es decir, tanto ellos como los nietos se benefician en una suerte de simbiosis: los mayores «se rejuvenecen al estar más activos», mientras que los pequeños adquieren unos valores que sólo la sabiduría puede transmitir. En su compañía, los niños asimilan que no se precisa en la vida rapidez y competitividad, aprenden a escuchar mejor y se benefician de las enseñanzas de la «memoria histórica familiar». «Les encanta cuando su abuelo les dice eso de que “a tu edad, tu padre era más travieso que tú”», dice Castells.

Pero cuidado con intercambiar los roles. «Los abuelos no tienen por qué suplantar a los padres si no hay motivos. Su función ha de ser complementaria a la de los padres», comenta el doctor

La Asociación Edad Dorada-Mensajeros de la Paz elaboró en 2008 una encuesta a miles de nietos. Un 81% reconoció que les gusta «estar con sus abuelos», y el 72,73% afirmó que les gusta «vivir» con ellos. ¿Las razones? La más elegida, porque en un 29% de los casos les «dan caprichos», seguida de cerca por «hago cosas con ellos» (21,75%) y «porque me cuidan» (21%). «Existe un vínculo emocional muy alto entre los niños y sus abuelos», afirma Javier García, director de la ONG Edad Dorada-Mensajeros de la Paz. Y advierte: «Muchos niños pasan más tiempo con ellos que con sus padres. Y ese tiempo es de ocio. Los abuelos juegan con ventaja, pero deben ser cautos para que el niño no le quiera a él más que a su padre. Como, por ejemplo, no darle de comer siempre lo que quiera». Y aunque la abuela es la que parece la más permisiva, en realidad es el abuelo el que les consiente más.

Desde la ONG, avisan de que no se puede ejercer de abuelo educador sin haber «creado un vínculo para seguir la línea de los padres. Puede crear tensiones en la pareja, debido a los cuidados excesivos de los abuelos. Como cuando se dice aquello de “¡es que le deja hacer lo que le da la gana!». Afortunadamente, la encuesta revela otros beneficios. El 24% reconoce que aprende valores como ser bueno, compartir, respetar, ser responsable, etc.; el 21% descubre costumbres, tradiciones e historias familiares, y el 20,3% se acerca a la religión gracias a ellos.

«Los abuelos son los colaboradores en la tierra de los ángeles de la guarda», sentencia Castells, que lamenta que «la sociedad los tenga marginados, arrinconados en un asilo o en un hospital». Para el doctor es «espantoso» que «no se contemple la muerte como la continuación de la vida», y «muy triste que los mayores se vayan de este mundo sin estar cogidos de la mano». ¿Y qué ocurre si un niño crece sin sus abuelos? «Verá que después de sus padres no hay nada, que su árbol genealógico está amputado». Especialmente triste es el caso de los abuelos que, tras separarse los padres, quedan apartados del niño. El doctor aventura: «Lo normal es que esos niños, de mayores, aparten a su vez a sus padres».

PREGUNTAS CON RESPUESTA

¿Qué puedo hacer para mejorar la relación con mi nieto?

En Mensajeros de la Paz pusieron en práctica una Escuela para Abuelos en la que se trabajaba tanto con los mayores como con sus nietos. Ya no está activa, pero son varias las enseñanzas que se impartieron. Por ejemplo, ambas partes deben aprender a respetarse y a escucharse, porque tanto unos como otros tienen tendencia a querer mandar.

El niño quiere hablar y el mayor imponerse hablando. Escuchándose mutuamente se aprende y se respetan ambas partes. También se han de realizar acciones conjuntas por interés común como que un niño acerque a su abuelo a las nuevas tecnologías. Por ejemplo, «chatear» con un pariente lejano. Por otro lado, el abuelo no necesita poseer una gran cultura para que ayude a su nieto a reforzar conocimientos a través de lo que pueden ser anécdotas de su vida.

¿Cómo se pueden evitar los «roces» entre abuelos y padres?

Javier García, director de la ONG Mensajeros de la Paz, aboga por que los abuelos aprendan a respetar las opiniones de sus hijos, pues «son éstos los que han de educar a los pequeños». Así, por ejemplo, los abuelos no han de «prohibir» nunca a sus nietos que se queden hasta las diez de la noche viendo la televisión. En todo caso, los mayores podrán «sugerir» a los padres que se lo prohíban a los pequeños. Y es que los progenitores son los que deben marcar siempre la línea educativa. En todo caso, es necesario que los abuelos y los padres sigan una línea común de educación.

¿En qué estamos fallando las familias con nuestros hijos en esta sociedad? Por Jorge García Troyano

La familia no falla tanto por ella misma como por consecuencias de la estructura de la sociedad. Está el problema de conciliar familia y trabajo. Tenemos mucho menos tiempo para dedicar a la educación de nuestros hijos, y eso repercute en la transmisión de valores. Además, existe otro problema: la falta de querer ejercer el rol del padre y de la madre. Se inculca que tenemos que ser amigos de nuestros hijos, y no es así: somos sus padres. Además, el padre ya no ejerce esa transmisión de confianza y esfuerzo. Al perder eso, se ha delegado la responsabilidad en otras instituciones, colegios y demás. Es una falta de responsabilidad por no disponer de tiempo.

Eduardo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Familiar

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