Aceptar la diferencia

El amor empieza cuando uno prefiere al otro así mismo, cuando se acepta su diferencia y su libertad.
Aceptar que otro quede habitado por otras presencias que la nuestra, no tener la pretensión de responder a todas sus necesidades, a todas sus esperas, no es resignarse a la infidelidad para con nosotros, es querer, como la más alta prueba de amor, que el otro sea fiel a sí mismo.

Incluso si esto es sufrimiento para nosotros, es un sufrimiento fecundo porque nos obliga a desprendernos de nosotros mismos, a vivir intensamente este desposeimiento enriquecedor: en el más amoroso abrazo, es un ser libre a quien abrazamos, con todos sus posibles, hasta los que se nos escapan.

Roger Garaudy