Comienza el cole: ¿cómo ayudar a nuestro hijos?

Nuestros hijos disfrutan de unas vacaciones escolares que son bastante largas, de ahí que a veces les sea difícil adaptarse al inicio de un curso que se aproxima de nuevo.  Es por ello que os recomendamos los siguiente puntos:
  • Entender que el periodo de adptación al cole lleva unos cuanto de días. Tanto para nuestros hijos como para los padres.
  • Preparar a nuestros hijos, y mucho más a los más pequeños para mentalizares de “la vuelta a cole” de una forma positiva (ej. reencuentro con sus amigos).
  • Hay que ir introduciendo de nuevo rutinas y horarios del curso con flexibilidad. Acompañar los padres, si puede ser a su primer día de clases. Y fomentar desde ahí su confianza y seguridad.
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Arraigados en el Amor

¿Has estado en la JMJ? Si recuerdas uno de los palabras que más han sonado es el término de arraigado. Con él nos dirigimos hacia nuestras raíces, hacia nuestros vínculos. Como un planta que esta por crecer va buscando agua, así también es necesario para desarrollar nuestro crecimiento personal tener unas bases solidas, unas raíces en las que sostenerse y apoyarse.

Nuestra identidad parte de un vínculo, de una unión, que nos remite a nuestros padres que nos dieron la vida. Hoy precisamente lo que más nos cuesta es crear vínculos afectivos, porque implican una serie de aspectos que a veces son difíciles de llevar. Los casos que se presentan en las consultas psicológicas son generalmente problemas relacionales (familiares, compañeros de trabajo, amistades, etc.).

 

Os dejamos con este diálogo escogido de la obra del “El Principito” del famoso autor Antoine Saint Exupéry (1900-1944). Entre dos de sus personajes más famosos: el Principito y el Zorro, en el que se nos indica como comenzar a establecer relaciones.

Podéis enviarnos vuestras consultas sobre qué es lo que más os cuesta en vuestras relaciones con los demás o incluso que estrategias utilizáis para solventar estas dificultades a: mcarmengr@psicovinculos.es

 

 

 

Etapas de la vida matrimonial

La relación matrimonial evoluciona con la pareja a medida que nuevas circunstancias van apareciendo. Así, por ejemplo, no es lo mismo estar recién casados y sin hijos que llevar 9 años de casados y tener niños pequeños.

Sin embargo, los cambios son causados no sólo por las circunstancias externas a la pareja tales como la presencia de los hijos, sino también por realidades internas a la relación misma: a medida que una pareja se conoce más y empieza a descubrir los retos que la personalidad o las necesidades del otro le implican, la dinámica de la relación también cambia.

Lo interesante es que todo este proceso es de alguna manera previsible y por tanto es algo a la cual las parejas pueden prepararse. Así, si una pareja sabe reconocer en qué etapa de la relación matrimonial está o a cuál está por llegar, le será más fácil saber qué puede esperar de ese momento y sacarle provecho a las posibilidades que las circunstancias le ofrecen en vez de frustrarse con expectativas irrealizables.

Por ejemplo, es importante saber que no siempre vamos a sentir el amor de la misma manera. Existen distintas etapas emocionales en el matrimonio: Cada una es una oportunidad para dar y sentir de manera diferente, pero no menos intensa o interesante.

Cada etapa matrimonial es una oportunidad para dar y sentir de manera diferente, pero no menos intensa o interesante.

Junto a este hecho se debe igualmente considerar que la relación matrimonial está afectada por las relaciones con los hijos y la vida profesional y que esto lleva a dinámicas tanto emocionales como prácticas muy concretas que se pueden describir en tres etapas claramente definibles.

Fuente: portumatrimonio.org

No hay amor sin humor

Lorena Zabala
Especialista en Relaciones Internacionales y Comunicación Audiovisual.
Es profesora de ESO y Bachiler en Ayalde Ikastetxea.

¿Se imaginan viajar en un coche sin amortiguadores?: un horror, sobre todo cuando toca un camino pedregroso y lleno de obstáculos. Esto es lo que sucede cuando no contamos con el sentido del humor para sortear los numerosos baches con los que nos encontramos en el viaje del vivir. Nos atacan los dolores con cada piedrecita del camino porque no tenemos amortiguadores. Y es que el humor (y no la ironía, que es otra cosa) cura y ayuda a vivir, es humilde, una experiencia catártica diría yo.

La risa bien entendida aporta algo de alegria, algo de dulzura, de ligereza a la miseria del mundo y no más odio, más sufrimiento o desprecio.

Sin embargo y pese a sus bondades, el buen humor es algo casi tan raro y difícil de encontrar como una pequeña planta en un paisaje polar o un trébol de cuatro hojas. Por su escasez precisamente, creo que merece una pequeña reflexión.

¡Qué pena que sea algo tan poco abundante hoy en día! Creo que puede ser una fórmula o un camino ideal para llevar una vida plena y exitosa. Digo que escasea porque se han puesto de moda las terapias de la risa como forma para atajar los problemas y es porque las personas parece que lo hemos perdido o por lo menos, que está un poco en desuso.

Siempre se ha dicho que son cinco los sentidos, a saber: el oído, gusto, olfato, vista, y tacto. Yo, la verdad, añadiría otros dos: el sentido común y el sentido del humor.

Bertrand Russell decía que “el humor es cualidad moral que más necesita el mundo”.En el ámbito de la medicina, también se ha visto cómo la recuperación de algunas enfermedades se hace más rápida debido a la actitud del paciente “el humor purga la sangre haciendo que el cuerpo rejuvenezca, adquiera viveza y se encuentre listo para cualquier empresa”dice R.Burton. Y es que son muchos los que le han dado vueltas al asunto desde sus disciplinas, como Nietzsche, que afirma” el poder intelectual de un hombre, se mide por el humor que es capaz de utilizar” o Mark Twain “La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa”.

En cierto sentido, y pensándolo bien, carecer de humor es en realidad carecer de humildad, es estar demasiado inflamado de uno mismo ¿verdad?

Además, creo que está igualmente relacionado estrechamente con el amor porque la esencia del humor a mi entender, es al fin y al cabo la sensibilidad: es decir, la cálida y tierna también simpatía y mirada hacia a todos los seres.

El humor es una demostración de grandeza que pareciera que es mejor decir que en última instancia todo lo que nos sucede, es en cierto modo lo que nos pasa por el camino, lo anecdótico, pero no el propio camino y que es mejor reir. La risa es además, como asegura alguno, la distancia más corta entre dos personas y entre el problema y la solución.

Termino con palabras de R.Kraimer que asegura que tomarse las cosas con humor equivale al dicho de “tomarse las cosas con filosofía”.El sentido del humor es de los sentimientos más serios, gratuitos y paradójicos con que podemos cepillarnos las telarañas del alma.

fuente: sontushijos.org

La Timidez: El muchacho que no supo decir NO


Gabriel Marañon Baigorrí

Las buenas noches de tus hijos II: Virtudes

Eran cuatro amigos. Uno de ellos era rebelde, malo, perverso. Desde pequeño andaba a pedradas contra otros chicos, que los perseguía sin motivo alguno, con odio y saña. Los tres restantes no eran propiamente malos, pero sí rebeldes, excepto uno de ellos, que era realmente bueno, pero con un defecto en su espíritu que no supo vencer: su timidez. Era un muchacho que no sabia decir: “¡No!”

Un día se reunieron los cuatro en un bar y el peor de los amigos propuso a los demás asaltar y robar a un conocido suyo, hombre ya mayor, que al día siguiente tenía que cobrar en la fábrica. De los cuatro amigos, tres estaban de acuerdo. El muchacho que era tímido y formal es seguro que aquello le pareció indigno. Pero no tuvo valor para oponerse y decir: “¡Eso está mal. Yo no lo hago”. Pero no lo dijo. Se calló.

Al día siguiente los cuatro individuos se apostaron a la entrada del túnel que atravesaba la carretera. Esperaron un buen rato. Estaban embozados. Por fin apareció el obrero, víctima elegida de ellos. Cuando el obrero entró en el túnel, camino de su casa le asaltaron los cuatro individuos e intentaron sujetarlo, pero el obrero forcejeo con tal fuerza que a uno de ellos le quitó el embozo. Quedó la víctima asombrada al ver que conocidos suyos intentaban robarle. El joven, al verse descubierto, se abalanzó contra él y a puñetazos lo derribó al suelo; se ensañaron con él. Uno de ellos trajo una estaca y dándole un fuerte golpe en la cabeza lo dejó medio muerto. Arrastraron a la víctima a unos matorrales y la abandonaron. Unas trescientas pesetas se cree que le robaron.

Al cabo de varios días encontraron el cadáver unos individuos y dieron cuenta a la Guardia Civil.

El muchacho sensato, pero tímido, que participó en el crimen no podía comer ni dormir. Su intranquilidad era enorme. Le horrorizaba lo que habían hecho. Su madre le preguntaba a ver qué le pasaba. Por fin el muchacho le declaró una mañana: “Madre, he visto matar a un hombre”. Pero el joven no manifestó a su madre ser él cómplice en el asesinato del obrero. La pobre madre quedó consternada. Y sin decir nada a su hijo, fue al cuartel de la Guardia Civil y dio cuenta de la revelación de su hijo.

El muchacho fue llevado al puesto de policía y allí, acosado a preguntas, declaró cómo fue el asesinato. Los cuatro jóvenes, que eran mayores de dieciocho años, quedaron detenidos. El Tribunal de Justicia los condenó a muerte. Uno de ellos no quiso confesar ni comulgar. Otros, en cambio, lo hicieron.

Los cuatro jóvenes recibieron en la plaza, del pueblo la muerte a garrote vil.

Explicación Doctrinal:

Es necesario que tengas amigos. Con ellos se va fraguando tu personalidad, pues te enriqueces con las ideas y sentimientos de tus amigos. Ten en cuenta que entre amigos se discute, se cuentan chistes, se habla de cultura, de estudios, etc., y todo ello contribuye a formar tu carácter varonil. Pero depende de los amigos que tengas: si son unos insustanciales, vagos y perversos, serás tú también uno de ellos. Pero si tienes amigos dignos, de ideas y sentimientos nobles, tú serás también uno de ellos. Un amigo bueno es un tesoro.

Pero con los amigos, conocidos, compañeros de trabajo, etcétera, te vas a encontrar que te van a pedir que hagas tal cosa, que va contra tu honor, o contra tus bienes y derechos, o contra lo que no te conviene, o contra la justicia. Y debes adquirir la cualidad de tener un espíritu fuerte y decir al amigo o conocido que te pide algo y no debes concedérselo: “¡No puede ser!” El que es tímido, encogido, el que no es verdaderamente hombre, ese dice, con bajeza y cobardía: “¡Conforme” El verdadero hombre dice con decisión y firmeza: “¡No!”.

La firmeza contra la timidez se adquiere repitiendo todos los días, mañana y tarde: “Al tímido le aplastan, abusan de él. Al hombre de espíritu lo respetan y le temen.” Aprovecha todas las ocasiones que te presenta la vida para fortalecer tu espíritu. Por ejemplo; vas en el metro, en el autobus, en el tren o por la calle, y un individuo dice a una joven una grosería. Aprovecha esa ocasión y dile con educación a ese individuo: “Oiga, joven, todos merecemos respeto y buen trato, pero sobre todo la mujer.” Si lo haces así adquieres una gran personalidad, y así en otras muchas cosas.

Norma de Conducta:

Seré firme en decir a mis amigos, familiares y conocidos: “¡No¡”

fuente: encuentra.com

Los buenos modales

Niños de 7 a 12 años

Es muy bueno que los niños aprendan idiomas, computación, deportes…, pero, ¿qué hay de ese joven a la hora de sentarse a la mesa?, ¿cómo recibe y despide a sus visitas? Y ¿qué tal es su conversación con sus padres y adultos?

Un segundo de distracción cuando el semáforo se ha puesto verde, basta para que los motorizados se cuelguen a la bocina o griten todo tipo de improperios con gestos ad hoc.

En el metro y en las microbuses los hombres, al ver subir a una mujer, se sumergen con pasión en su lectura o miran decididamente el paisaje -el túnel en el caso del metro- con tal de no dar el asiento.

Los jóvenes hablan a garabatos y el que no lo hace simplemente está “out”. Y para qué decir de la “sentada”. Ellas han olvidado que las piernas abiertas no son aconsejables cuando se viste falda y ellos creen que es normal que sus compañeras de estudio se sienten sobre sus piernas en vez de darles el lugar.

Existe consenso: hacen falta los buenos modales. No se trata de que añoremos un mundo de pompas y venias. Nada semejante. Consiste simplemente en que los actualmente poco ponderados buenos modales constituyen un pasaporte al éxito, porque tras el buen comer, correcto hablar y preciso comportamiento se disfraza el quid de la convivencia: el respeto a los demás.

DAR EJEMPLO

Está claro que junto con la llegada de la adolescencia, los hijos se ponen rebeldes y adoptan un aire de suficiencia. Esto es natural y demuestra el crecimiento que están viviendo al reafirmar su personalidad. Sin embargo, como parte de ese proceso es necesario que asuman tres actitudes:

- Los valores esenciales no se cambian por moda o por edad.

- Criticar es natural en estos años, pero proponer soluciones positivas es siempre mejor.

- Ponerse en el lugar del otro.

Sin estos ingredientes, los adolescentes crecerán sin haber aprendido a manejarse bien socialmente. Carecerán de lo que se ha denominado “inteligencia social” -que es saber llegar a las personas en el momento adecuado y en la forma oportuna- tan útil en la vida personal y profesional.

La adolescencia es un período en que los jóvenes necesitan cerca a sus padres y los requieren como tales: en el papel de guías y dando ejemplo. ¿Qué sacan los padres con exigir buenas maneras si “pelan” descarnadamente a otros, pelean a gritos o mienten al no querer recibir una llama- da telefónica que no se atreven a enfrentar?.

Un caso patético, ocurrió en Reñaca hace un tiempo, cuando un potente auto se desvió a propósito de su pista para golpear y volcar a una moto -conducida por una pareja joven- que lo molestaba. El auto, conducido por un padre con cinco hijos a bordo, se dio a la fuga…

TRANSAR EL” ARITO”, NO EL RESPETO

Juanita Balmaceda, encargada de la Unidad Técnica Pedagógica del Colegio Villa María Academy y profesora en esa institución, señala: “Es importante que los papás distingan entre lo que es una terquedad propia de la etapa, y lo que es ser mal educado. El aspecto estético de si usan el pelo más largo o un arito, puede disgustar, pero éstos son asuntos transables, comprendiendo que es propio de la juventud. Lo que no se debe transar nunca es el respeto a los demás. Porque en definitiva eso constituye el fondo de los buenos modales: la sensibilidad hacia los otros”.

Una experta en el tema es Sylvia Gubbins de Bustamante, embajadora de Perú en Chile hasta el año 1985. Narra su experiencia: “Soy una convencida de que los niños no nacen conociendo la buena educación y es un deber de los padres instruirlos en ella. Creo que consiste básicamente en mostrarles la manera de tratar a la gente, a todos con igual consideración, desde un rey a un mendigo. En esto, hay forma y fondo, porque el saber agradecer, comportarse y conversar con los otros, demuestra cultura y respeto hacia el prójimo”.

Juanita Balmaceda señala “Sin duda hemos vivido un cambio impresionante en los últimos años. Notamos un problema concreto: los niños no son formados en los buenos modales por sus familias, ante lo cual los colegios hemos tenido que ir asumiendo un rol que nunca antes nos había tocado y que incluye hasta el cómo comen los alumnos. Los papás deben poner atajo a los malos modales. Tienen que entender que ellos son conductores de sus hijos. Esto, además de ser una experiencia excepcional, también significa estar dispuesto a llevarse el mal rato y no sólo a ser siempre el compadre, sino un orientador”.

SENSATEZ y SENTIMIENTOS

El adolescente tiende a vivir apasionadamente, pero hay que encauzar toda esa energía. Ellos en ocasiones, con- funden la filosofía con que se toman la vida con la mediocridad. Por eso resulta apropiado ayudarles a llenar la vida con algo que les dé sentido, útil para ellos mismos y la sociedad. Todo lo contrario a una vida arrastrada y vulgar.

Sin duda, cada día la espontaneidad cobra un rol más preponderante en todo el proceso social. Gracias a ella, padres e hijos están más próximos, las generaciones se han acercado y comprendido mejor, e incluso es un valor que ayuda a la formación del propio carácter: hoy se considera fundamental moverse en un clima de confianza. Pero no es menos cierto que a veces, escudados en el “ser uno mismo”, se atropella a los otros, sus sentimientos y su espacio. De ahí el sabio consejo: “Conviene añadir sensatez a la sinceridad para no caer en la idiotez sincera, que no por ser sincera, deja de ser idiota”.

Lo anterior, en términos de diccionario, significa moderación, reflexión, cautela, ponderación… es decir, usar el sentido común y simplemente, ponerse en el lugar del otro. En otras palabras, el equilibrio del carácter exige una cuidadosa compensación entre los extremos.

Hay modales que se han hecho humo:

- Saludar con respeto a una persona mayor, lo que implica ponerse de pié cuando ésta entra a donde estamos.

- Dar el asiento a las personas mayores o mujeres embarazadas.

- Estar limpios a la hora de comer y comer bien, usando servilletas y cubiertos como se debe.

- Saber escuchar y no interrumpir a alguien cuando habla.

- Respetar la autoridad del profesor.

- No secretearse en público ni comentar las intimidades de la familia.

- Golpear ante una puerta cerrada.

- Colocar la televisión o la radio a volumen moderado.

- Ofrecer ayuda.

Fuente:

EL ARTE DE EDUCAR
Adolescencia, solos frente al camino
Fundación Hacer Familia
Santiago-Chile
2a. edición

Sí, hablemos de sexo


La táctica del silencio en estos temas es siempre deplorable.

El hecho de que se plantee una cuestión es señal de que está ya en edad de contestarle.

Deben acertar a captar ahora, cuando todavía no está despierto en ellos con toda su fuerza el instinto sexual, la naturaleza de ese amor humano.

Los niños ya desde pequeños muestran curiosidad por las cosas relacionadas con el origen de la vida y suelen hacer preguntas en este sentido. Y son los mayores quienes a veces pueden proyectar lo turbio de su propia sexualidad en la pregunta del niño o la niña, en la que no hay sino curiosidad sencilla, pasmo, sorpresa o, como mucho, ligera picardía.

Si los mayores no obran con naturalidad, los chicos cazan al vuelo que en su pregunta hay algo raro, que no se les contesta de la misma manera que otras veces, e incluso que no se les contesta. Entonces la curiosidad aumenta, y como ven que en sus padres no van a encontrar respuesta adecuada, preguntan por otro sitio. Y les llega el descubrimiento a través de otras personas que, casi siempre, lo hacen de forma torcida, maliciosa, causándoles una impresión que será difícil borrar y que, en muchos casos, puede influir negativamente en su futura vida afectiva y moral.

¿Cómo se logra la naturalidad?

La educación sexual es algo que debe darse fundamentalmente en casa, que compete en primer lugar a los padres. Una tarea en la que –se trate de un chico o de una chica– ni el padre ni la madre deben desentenderse.

No importa que no seas un gran orador ni un gran experto. Eres su padre, o su madre, y eso es lo importante, porque a los padres corresponde dar una respuesta –clara y a tiempo– en esas cuestiones. Además, no es tan difícil. Hay que documentarse un poco, quizá leer algo sobre el tema, pedir consejo, y… lanzarse. Te saldrá mejor de lo que imaginas.

Lógicamente, será mucho más fácil si has sabido ganarte la amistad y confianza de tu hijo. De todas formas, si no estás muy satisfecho a este respecto, quizá sea ésta una buena ocasión para empezar a resolverlo, porque hablándole de cosas serias, que le interesan, aumentará tu confianza con él o con ella. Puede ser un paso importante en ese afianzamiento de vuestra amistad.

Ponerse a su nivel

Hay que saber ponerse a su nivel, contestar a todas sus preguntas, y facilitarles que hablen con confianza. A esta edad están muy receptivos ante estas cosas, y muy interesados. No rehuirán –al contrario– una conversación orientadora al respecto.

Como se trata de algo muy vinculado al mundo afectivo de cada persona, es preferible tratarlo de modo individual. Y cuando hay que entrar en más detalle, nadie mejor que papá para explicar todo al chico, con palabras que entienda, y mamá a las niñas. De uno en uno, a la edad adecuada y con naturalidad.

No seas ingenuo: es mayor de lo que parece

Es curioso observar con qué facilidad algunos padres olvidan su propia infancia y consideran a sus hijos almas cándidas e ingenuas, libres de todo peligro o tropiezo. Son quizá poco conscientes del desarrollo sexual de sus hijos y de cómo han cambiado las cosas en los últimos años.

No hay que olvidar que se ha pasado en poco tiempo de una época en la que se daba muy escasa información sexual, al extremo contrario, en el que es raro encontrar un chico o una chica de esta edad que no haya contemplado en la televisión o por la calle escenas que sin duda le habrán impresionado bastante y le habrán abierto muchos interrogantes.

Hay que lograr que pregunten, y que se lancen a hablar con claridad. No hay miedo de que pregunten algo inconveniente: sienten curiosidad y se plantean preguntas precisamente sobre los temas que conviene aclararle a cada edad.

Ojo a la terminología

Un primer problema es que puedes emplear palabras que ellos no entiendan. Háblale con precisión, sin evadirte, y sin faltar a la verdad.

Empieza por traducirle el argot a términos más correctos y todo irá mejor. Procura emplear desde el principio las palabras que se emplean en anatomía y fisiología para determinar los miembros y actos relacionados con el sexo. Cuando lea u oiga hablar sobre estas cuestiones, le alegrará comprobar que desde el principio ha sabido bien las cosas, que no le han ocultado nada y ya lo sabía todo, incluso con las mismas palabras.

El síndrome del manual de instrucciones

Hemos dicho que hay que hablarles con verdad, a fondo, y empleando los términos más exactos que sea posible. Pero no es cuestión sólo de explicarle todo de modo aséptico, como si fuera una información técnica, haciendo las veces de una enciclopedia.

Tan grave sería el angelismo de las explicaciones irreales e ingenuas, como el error opuesto, que se limita a un biologismo puramente científico, como quien hablara de la síntesis de la glucosa en el hígado o de la circulación de la sangre: es evidente que estos temas requieren un tratamiento distinto.

No podemos reducir la formación afectivo-sexual a leerle un manual de instrucciones sobre la facultad generadora. Para eso hace falta poco ingenio. Hay que hacerlo –por supuesto–, pero reducirse a eso sería olvidarse de la trascendencia de su maduración afectiva, por la que llegará a ser dueño de sí y aprenderá a comportarse correctamente en sus relaciones con los demás. Lo que requiere arte y tiempo es formar correctamente, no simplemente informar.

Visión de futuro

Tampoco está de más pensar ya en prepararle para el amor matrimonial. Quizá al lector parezca extraña semejante afirmación. ¿Hablar ahora del amor matrimonial a un chico o una chica que no ha llegado siquiera a los doce años? La razón es la misma de siempre: aunque es algo que concierne de modo más directo a edades superiores, un tratamiento excesivamente tardío o ingenuo de estas cuestiones tendría luego difícil arreglo.

PARA PENSAR:

No es recomendable recurrir a la fábula –hablar de cigüeñas, de que los niños vienen de París, o historias semejantes– para escapar de las dificultades que lleva consigo la educación sexual. La naturaleza humana aspira a la verdad y el niño o la niña, por pequeños que sean, tienen derecho a ella.

No podemos reducir la formación afectivo–sexual de los niños a una instrucción sobre el comportamiento fisiológico de los órganos sexuales, como si se tratara de una simple información biológica sobre el aparato sexual masculino y femenino y de su funcionamiento, y de cómo se origina el ser humano, o cómo nace.

Debe prestarse una gran atención a la educación de la afectividad, de modo que –a pesar de su corta edad– puedan ir intuyendo la naturaleza del amor humano: cómo dos seres humanos dan y reciben amor, y cómo el sexo pertenece a la intimidad humana y que debe ejercerse en el marco de una donación personal.

Y ACTUAR:

¿Cuándo? Hay que aprovechar las ocasiones más favorables, que de ordinario se presentan cuando hace preguntas sobre estos temas. Siempre hace preguntas que pueden dar lugar a entrar en materia, salvo que le retraigas de hacerlas por culpa de la parquedad de tus respuestas o por el aire de misterio que pones. Busca la ocasión oportuna. Y si parece que la ocasión oportuna nunca llega, ten en cuenta que se puede crear la oportunidad.

Fuente: Interrogantes.com

El concepto de familia

Saber explicar la familia

Las parejas de hecho no comprometen su futuro

Tom O’Gorman – Iona Institute, 21 de julio 2011.

05-08-2011

Un reciente estudio del Institute for Fiscal Studies británico indica que los niños criados por parejas que viven juntas lo hacen igual de bien como media que los criados por parejas casadas –una vez hechas las correcciones adecuadas según el nivel socieconómico del que proceden–, por lo que no debería haber motivos para que el Estado beneficie a éstas últimas.

Esas correcciones tienen en cuenta que los casados suelen ser personas mejor educadas y, por tanto, lo hace bien porque simplemente les “pegan” lo que son. Por eso, resulta que ese estudio ignora completamente el hecho de que la mera convivencia es por definición menos estable que el matrimonio y, por tanto, el camino más directo hacia la monoparentalidad. Existen decenas del estudios rigurosos de las distintas ciencias sociales que muestran que los hijos criados por padres solteros no lo hacen como media tan bien como los que tienes dos padres. Esto lo sabe hasta Barack Obama, que fue criado por su madre (y sus abuelos).
Los datos del estudio de la llamada British Millennium Cohort, por ejemplo, señalan que los padres que conviven tienen 2,5 veces más posibilidades de haberse separado cuando su hijo cumple cinco años que los que están casados.
Todavía más, incluso los matrimonios que terminan en divorcio duran más como media que las parejas de hecho. La duración media en el Reino Unido de un matrimonio que termina en divorcio es de 11,5 años, mientras que la convivencia media de las parejas de hecho apenas supera los 2 años.
Los escasos datos de Irlanda indican que sólo la cuarta parte de parejas de hecho siguen juntas como tales después de siete años. El resto han roto o se han casado.
Lo que los resultados que subraya el estudio del IFS muestran realmente es más bien hasta qué punto la cultura del matrimonio se ha perdido en muchas áreas económicamente deprimidas, que son precisamente las que más necesitan la estabilidad que aporta el matrimonio.

Fuente: www.thefamilywatch.org