Iglesia, mujer, hogar

Pbro. Dr. Pablo Prieto

La dimensión mariana de la Iglesia. La riqueza espiritual de las labores domésticas.

En la última página de la Biblia, que lo es también de la Historia, Dios propone a la mujer como la señal que separa este mundo que acaba de aquel otro que comienza: HE AQUÍ QUE HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS (Apocalipsis 21, 1-5).

En toda mujer, en efecto, resplandece esta luz, siquiera levemente; ninguna puede sustraerse a este misterio. Asociada a María, toda mujer es Ianua Coeli, puerta por la que Dios y el hombre entran el uno en el otro. En cada mujer recomienza el mundo.

UNA MUJER HACENDOSA ¿QUIÉN LA HALLARÁ? VALE MUCHO MÁS QUE LAS PERLAS… (Proverbios 31, 10) == El trabajo doméstico expresa y realza admirablemente el genio femenino, pues la mujer personifica el hogar, y lo convierte en prolongación de su regazo.

Ahora bien, esto que atribuimos a la mujer en el plano de lo simbólico e ideal nos incumbe a todos en el plano de lo práctico e inmediato. Cada uno a su modo y según sus circunstancias, está implicado en esta trama de servicio, respeto y delicadeza que son las tareas del hogar. ¿Cómo responder si no a esta llamada que Dios nos dirige a través de todo corazón materno? ¿Cómo ingresar en el regazo de Él sin comprometerse activamente en de ella?

El frasco de alabastro está en manos de la mujer; sin embargo es responsabilidad de cada miembro de la familia el que su perfume se difunda y extienda HASTA LLENAR TODA LA CASA (cf. Jn 12, 3).

Bendito el que en ti viene a mí. Así alaba un antiguo autor a la Ciudad-Esposa, Jerusalén, en el domingo de Ramos. Aquel día Jerusalén sale gozosa a recibir a su Esperado, que llega entre vítores a lomos de un borriquillo: ALÉGRATE, HIJA DE SION, SALTA DE JÚBILO, JERUSALÉN: HE AQUÍ QUE VIENE A TI TU REY, JUSTO Y VICTORIOSO (Zacarías 9, 9).

Nosotros, ciudadanos de la nueva Jerusalén, también deseamos cantar a esta Ciudad nuestra, que es la Iglesia, donde Cristo está siempre trayéndonos su victoria: Bendito el que en ti viene a mí.

Y lo mismo exclama el varón honesto, limpio de corazón, cuando encuentra a una mujer hermosa, pues toda mujer es figura de la Iglesia: bendito el que en ti viene a mí.

“Creí haberme casado con una mujer, pero me he casado con muchas”. El amigo que me decía esto no es que sea polígamo, simplemente está comenzando a conocer a su esposa. Ella es como un río: incesante novedad en la permanente identidad.

Ahora te toca, le dije, remontar su curso, hasta encontrar la fuente.

¡ESTA ES LA MORADA DE DIOS CON LOS HOMBRES! (Apocalipsis 21, 3). No se anuncia aquí una mansión cualquiera, por admirable que sea, sino la definitiva: ¡ESTA ES!, ¡por fin!, ¡llegó la hora! ¿Y por qué es definitiva? Porque no se presenta como un edificio que se inaugura sino como una novia que llega, rutilante de esplendor: DESCIENDE DEL CIELO COMO UNA NOVIA ADORNADA PARA SU ESPOSO, como la enamorada que, toda ella, alma y cuerpo, está pronta y preparada para la boda. Y llegado el momento, cuando los invitados aguardan, ella se hace esperar con un secreto regocijo, pues sabe que la expectación forma parte de su adorno. Y cuando por fin hace cruza la puerta, la gente exclama: ¡ESTA ES!

¿Y quién va a ser esta mujer sino la Iglesia? Sí, sólo una mujer en el colmo de su hermosura, o sea una novia, puede simbolizar adecuadamente la morada de Dios. Esta esposa deslumbrante, en trance siempre de llegar, está latente en toda mujer, quienquiera que sea. Y nuestro corazón siente el deber apremiante de celebrarlo: ¡ESTA ES!

De los cuatro, el evangelio más femenino es el de Lucas. En él figuran muchas mujeres, y principalmente María. ¡Cómo se nota que Lucas, investigador serio, acudió a buenas fuentes! Se pone a escribir, dice en el prólogo, DESPUÉS DE HABERME INFORMADO CON EXACTITUD DE TODO DESDE LOS COMIENZOS (Lc 1, 3). ¿Y qué comienzos? ¿dónde comienza Aquel del que se dice que fue ENGENDRADO, NO CREADO? En María. Pues aunque no fuera creado, Cristo sí fue criado: que se lo pregunte a Ella. En Ella comienza, de Ella sale, por Ella se llega. Si quieres investigar al Hijo haz como Lucas, comienza por la Madre.

Y AHÍ TIENES A TU PARIENTE ISABEL, QUE HA CONCEBIDO EN SU ANCIANIDAD… PORQUE PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE (Lc 1, 36). Para ilustrar el milagro de María, el Ángel propone el milagro de Isabel: una anciana que concibe. ¿Pero por qué este milagro y no otro? Después de los prodigios grandiosos e incontestables de la Sagrada Escritura, ahora que llega la plenitud de los tiempos, ¿basta este signo tan discreto para realzar un momento tan sublime? Y sin embargo el Arcángel insinúa que es precisamente en la concepción de Isabel donde resplandece el colmo de la omnipotencia divina, sólo superada por la Encarnación del Verbo: PORQUE PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE. Para Dios, en efecto, ser poderoso es ante todo ser fecundo. De ahí que, en el orden natural, la mayor gloria que puede alcanzar un ser humano es ser madre.

En el orden sobrenatural sucede algo análogo, pues no hay verdadera vocación divina que no consista en cierta forma de maternidad espiritual, más intensa que la de la carne: el celibato, la virginidad, el apostolado, la dedicación a los pobres… Habituados a valorar la eficiencia por encima de la fecundidad, los hombres nos hemos vuelto miopes para Dios.

AHÍ TIENES A TU PRIMA ISABEL, dice el Mensajero, porque tú, María, sabrás entender esta señal, que a su vez esclarece la tuya. Sólo el prodigio de una maternidad puede servir de signo para otra maternidad. De ahí ese entendimiento tácito, hondo, que se da entre las madres.

VOCACIÓN DE NIDO. == Nido no es cama, ni sofá con mullidos cojines, donde uno se amuerma perezosamente. Nido es el lugar donde se está lo justo para nacer, para crecer, y para aprender a volar: para perderle miedo a la altura, y lanzarse finalmente al cielo.

De ahí que la madre tenga vocación de nido. La mujer anida a los hijos, al marido, y a todos a cuantos ella prohíja con su amor, que no es ablandarlos con mimos y comodidades. El nido es esa rara forma de ternura que cría fortaleza, de suavidad que produce reciedumbre, de protección que incita al valor: ¡al valor de volar!

Dándole el pecho, la mujer es para su hijo cocina, cocinera, alimento y recipiente al mismo tiempo. En este gesto resplandece la majestad de la mujer. ¿Y qué son las labores domésticas sino una prolongación, en el espacio y el tiempo, de esta función estrictamente materna? ¿Qué otra cosa es un hogar sino un regazo?

Aunque al varón también incumban las tareas del hogar, porque así lo dicta la justicia y la caridad, lo cierto es que el espíritu materno lo informa todo, como el ungüento del Evangelio: LA CASA SE LLENÓ DE LA FRAGANCIA DEL PERFUME (Jn 12, 3).

¡TODO ESTÁ A PUNTO! (Mt 22, 4), exclama el rey de la parábola. ¿Y cuál es el punto de la comida? Es esa feliz combinación entre el aderezo de los alimentos, el apetito de los comensales y la disposición de los corazones. Cuando falla uno de estas tres condiciones el encanto de la comida se desvanece. La comunión a que tendía decae o incluso fracasa.

TODO ESTÁ A PUNTO. Porque esta misteriosa síntesis tiene su momento y lugar precisos, que es necesario respetar. Por eso la comida es una pedagogía de aquella fiesta de bodas que es la Iglesia, donde Dios desposa a la Humanidad. La cita es aquí, en esta vida mortal, que para el Anfitrión eterno dura apenas un instante: lo justo para aceptar y dar el paso. Para nosotros cualquier momento puede ser el decisivo: TODO ESTÁ A PUNTO, VENID…

SÓLO LAS ADOLESCENTES Y LOS SANTOS ven la vida correctamente. Ellas coinciden con los santos en entender la vida como lo que es: un romance, una historia de amor.

PONGO ENEMISTAD ENTRE TI Y LA MUJER (Génesis 3, 15 ) == Aunque tiendan a complicarse más que los varones, lo cierto es que las mujeres ven antes, ven más y ven mejor que nosotros.

El diablo las odia más y las teme más porque ellas pueden más contra él.

MARIDO Y MUJER == Amarse es aprender a envejecer juntos.

“No sólo os doy lo mío, sino que os lo doy condimentado, aliñado, de modo que os guste”. Esto nos insinúa Dios con la parábola del domingo: HE PREPARADO MIS TERNEROS CEBADOS, EL BANQUETE ESTÁ A PUNTO: ¡el Cielo está a punto!, ¡venga, ahora, empecémoslo aquí abajo!, ¡la tierra es un aperitivo, un entrante!, ¿para qué he instituido la Misa sino para abrir boca? La fiesta ya se siente, su aroma percibe en este vestíbulo que es la vida terrena, ¿no lo notas? Basta un rato de oración, un roce con los sacramentos, un gesto de servicio a los demás, y presientes que lo bueno ha comenzado, y que llega a tus oídos el aviso del Rey: ¡TODO ESTÁ A PUNTO: VENID A LAS BODAS! (cf. Mt 22, 1-14).

PREPARAS UNA MESA ANTE MÍ Y MI COPA REBOSA (Salmo 22). == Tú, Señor, preparas el alimento para el comensal y el comensal para el alimento. Mediante la Encarnación del Verbo, tú cocinas lo divino para que tenga sabor humano. Y luego a nosotros, estos zarrapastrosos de los caminos, nos tomas, nos lavas y trajeas y perfumas con tus sacramentos. ¡DICHOSOS LOS LLAMADOS A LA CENA DE BODAS DEL CORDERO!, dice el Apocalipsis. No se lo pierdan, señores, todo está a punto, venid… (Apocalipsis 19, 9)

Atención a esta matrona judía que se alza entre la multitud, esta MUJER DEL PUEBLO, fogosa y enérgica (cf. Lc 11, 27-28). Su corazón materno no puede reprimirse a la vista de Jesús: “¡DICHOSO EL VIENTRE QUE TE LLEVÓ Y LOS PECHOS QUE TE CRIARON!, dichoso ese cuerpo de madre que es como el mío, en Ella, en la Virgen, también me siento madre tuya”. Esto quería decir la MUJER DEL PUEBLO, por cuya boca hablaba el auténtico Pueblo, o sea la Iglesia, a la cual personificaba sin darse cuenta. En Jesús las mujeres se entienden, las madres se solidarizan y las esposas se sienten figura de la Iglesia. ¡Bendito sea el misterio de la Iglesia, que resplandece en todas las mujeres!

PERO ÉL REPLICÓ: DICHOSOS MÁS BIEN LOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA DE DIOS Y LA GUARDAN. ¿Y cuál es esta palabra? Cristo, el Verbo encarnado. Por tanto ESCUCHAR LA PALABRA es concebirlo y gestarlo, como hizo María. ¿Y qué es GUARDAR LA PALABRA? Hacerla crecer, como la madre hace crecer al bebé dándole el pecho. Con su réplica Jesús quiso decir: ¡Dichosa mi Madre, que realizó con su alma lo que significó con su cuerpo!.

Fuente:encuentra.com

La ilusión de vivir y la maternidad

Blanca Mijares

Alrededor del ser madre se arremolinan muchos términos como: ilusión, amor, educación, felicidad, sentido, crecimiento. Pero, desgraciadamente también, y me da mucha tristeza, términos como esclavitud y molestia, términos estos últimos que nos hablan de un profundo egocentrismo, una profunda falta de identidad personal y de un profundo sin sentido en la vida.

Me pregunto ¿Por qué hay mujeres -pocas afortunadamente-, que gritan, que se desgarran, que se convulsionan, que luchan incluso contra su propia naturaleza? ¿No se dan cuenta de que su argumentación y lo que defienden no las hace mejores, ni más plenas, ni las ayuda a encontrar la paz interior, ni les reserva un amor verdadero?

Son víctimas de una época que ha tergiversado los valores y que quiere vivir filosofías como las de:

Schopenhauer -Tan citado por las feministas y que por lo visto no han leído- que no ha tenido rival como misógino y que concibió la vida como una maldición y la muerte como la liberación de sus desgracias.

O Nietzsche que al exaltar la voluntad sobre todas las cosas y declarar la muerte de Dios proporcionó una anti-filosofía que al alabar al yo aislado, desafiante de toda ley, ofreció un programa que justifica cualquier cosa que desee la voluntad, incluso el suicidio de su propio autor, que tras intentar convertirse en su propio Dios, cortó toda comunicación personal, y al no quedar nadie para ayudarle a descubrir quién era, se provocó la locura primero y el suicidio después.

O Rand, una mujer con tal egoísmo que se convirtió en enemiga del amor verdadero, arrogante y dogmatica, su filosofía es imposible de ser vivida, ni por ella misma; sin embargo, verdaderos fanáticos la siguen.

O la filosofía eugenésica de Darwin, Galton o Haeckel, que provocó ni más ni menos que el infierno nazi y ha influido en las prácticas eugenésicas actuales.

O la de Jean Paul Sarte que al negar la naturaleza humana, evita definir que es inhumano, punto significativo para la moralidad y de este modo, elimino un fundamento importantísimo para denunciar los crímenes contra la humanidad e incito a realizar actos brutales. La psicología de Sarte es Machista, desprecia a las mujeres de forma evidente: toma el dualismo de Descartes y lo aplica a los sexos, describiendo lo masculino y lo femenino como antagónicos, por eso, se le considera maniqueo y anti-feminista. Se opone al carácter fructífero de la mujer y a la realidad encarnada de la sexualidad. Además de degradar a la mujer al nivel de ser en sí, de materia, Sarte, crea una brecha imposible de salvar entre el Yo y el Otro. En consecuencia, el amor entendido como intersubjetividad se hace imposible y solo se pueden dar relaciones de sadismo o masoquismo. Según él, el modo fundamental de todas las relaciones humanas es el conflicto.

O la filosofía de su pareja Simone de Beauvoir que en contra de lo que se cree, nunca habló en nombre de todas las mujeres; ni el tipo de libertad que apoyó incluye la libertad para contraer matrimonio y para criar a los propios hijos, como se afirma. Su existencialismo Sartreano, desprecio a la mujer porque considero que su feminidad supone una esclavitud del “ser en si” que es. La retrata como un ser víctima de su propia biología e inmovilizada por las expectativas de la sociedad burguesa. Su propia filosofía era más horrible que cualquier otra cosa que le produjera miedo. Admitía que ella era una nada con miedo de todo, aspirando a un ideal masculino, a pesar de creer que los hombres siempre han considerado a las mujeres como el Otro que debe ser oprimido. Ella fue muy infeliz, era una bebedora, fumaba en exceso, experimentó con drogas, intentó suicidarse, sufría episodios de depresión y estaba obsesionada con la muerte.

O que decir del famoso Freud o de Reich, que se centran en la búsqueda del placer, reduciendo al ser humano a pura sexualidad, perdiendo de vista su espiritualidad y las capacidades que ella implica.

O la de todos los modernos planificadores y traficantes de la muerte: Mead, Kinsey, Sanger, Gamble, Humphry, Kevorkian o Singer.

Varios de los cuales vivieron vidas atormentadas, llenas de traumas y hasta anomalías psíquicas. Y que en términos generales se ha cometido el error de generalizar su vivencia personal o su opinión personal o su conveniencia personal sin un verdadero análisis sobre la cuestión.

No cabe duda que la ignorancia es mala cabalgadura. Sinceramente creo que aún buscando un aparente bien estas mujeres están siendo engañadas, manipuladas por personas con intereses eugenésicos y/o machistas. Cuyo único interés es rebajar a la mujer al nivel de cosa para su uso y después, botarla como se hace con un pañuelo desechable sin mayor compromiso o responsabilidad.

Después de plantear la raíz del problema a groso modo, quisiera continuar con su sintomatología en la sociedad. Vemos como se ha perdido la ilusión por vivir, a pesar de que vivimos una época en la que gozamos de más comodidades. Se respira un ambiente de descontento, de stress, de aburrimiento, de indiferencia, de depresión. Los matrimonios se resquebrajan, los jóvenes se suicidan, las mujeres se matan de hambre literalmente, se da prioridad a la imagen sobre el ser, los hombres se han vuelto incapaces para amar y se vuelcan en el tener y en el éxito profesional, se evita todo tipo de esfuerzo o compromiso, se busca el libertinaje, el placer aquí y ahora, se cree que estamos predestinados por nuestro pasado, las estrellas o cualquier otra fuerza misteriosa, o al contrario, se cree que con tan solo desear las cosas, ellas llegarán por obra de magia. La injusticia desaparece del mapa, el único que cuenta es el yo desvinculado de todo… Definitivamente estamos perdidos.

Podemos observar como no existen más los héroes, los modelos que edifican han desaparecido: Nos hemos convertido en botargas, en caricaturas de ser, que salta de una moda a otra, que creen descubrir algo valioso en los medios de comunicación o en las revistas de moda o del corazón, o en la vida de los famosos y sus escándalos. Vemos como el sentido de las palabras se ha manipulado por motivos ideológicos, así lo que durante todo la historia de la humanidad ha sido comprendido por ejemplo, como una aberración, ahora es una opción. Mucha gente nos quiere convencer, nos quiere manipular, debido a una gama de intereses enorme y variada que se insertan en la cultura actual: hedonista, consumista, permisiva y relativista, para lograr sus intereses personales o grupales.

Y me pregunto ¿Y yo donde quedo? ¿Realmente esa soy yo y eso es todo lo que la existencia me depara? ¿No soy más valiosa, no puedo lograr una vida más digna, más llena de sentido, de serenidad y de amor verdadero? Sospecho que soy y puedo mucho más de lo que se me ofrece. Te invito me acompañes por la reflexión que hice para descubrirme y descubrir el sentido de mi existencia:

1. Soy mujer. Es un dato objetivo fundamentado en la biología que dice: en todas tus células está contenida la información de tu sexo, de tu pertenencia a la especie homo sapiens y las características específicas heredadas por tus padres. Es una información proporcionada por la genética y contenida en el ADN desde el momento de la concepción: Se es hombre o se es mujer por el par 23 (XX o XY).

2. Para la concepción de un ser humano es indispensable la aportación de un padre –hombre- y de una madre –mujer-. Ninguno es sustituible porque, una parte de la información debe ser leída del cromosoma de origen paterno y otra diferente del cromosoma materno. Cada lote de cromosomas hace algo específico dependiendo de quién provenga, cada uno por separado no puede construir una imagen completa de la persona. El contenido paterno construye el envoltorio y la búsqueda de alimento (membranas y placenta), el contenido materno suministra los elementos que permiten que el individuo pueda construirse a sí mismo.

3. Por la acción organizada de las hormonas se organiza un sistema nervioso masculino o femenino, base de las diferentes fisiologías y conductas que se observan en hombres y mujeres.

4. Hombres y mujeres poseemos diferentes habilidades cognitivas. Gracias a los estudios psicométricos se ha descubierto que las mujeres muestran una mayor tendencia al uso de la mano derecha y una mayor articulación y fluidez verbal en el hablar que los varones. Las niñas normalmente aprenden a hablar antes que los hombres, tienen un vocabulario más extenso y emplean más pronto construcciones gramaticales. Los varones, tienen una mejor ejecución en tareas no verbales, cuando las relaciones espaciales son preponderantes. Muy interesantes son al respecto los estudios de Kimura sobre las diferencias entre el cerebro de varón y el de mujer en el modo de resolver problemas intelectuales. En conclusión, podemos decir que hombres y mujeres nos conducimos de forma diferente.

5. La antropología Biológica y la Etología han descubierto diferencias entre la sexualidad humana y la animal, que las hacen diversas: La sexualidad humana es capaz de ser expresión de una intimidad, y es esta dimensión, la que le da su más profundo sentido. El fin de la sexualidad humana no es exclusivamente procreativa (lo que no legitima separar sexualidad de procreación). Hay un salto cualitativo entre animales y personas tan grande que no hay punto de comparación. La espiritualidad humana: La vida interior que implica. La inteligencia y voluntad que posee. La capacidad de amar y de trascender en el otro. La capacidad de compromiso libre. La capacidad de apropiarse del futuro a través de actor dirigidos en una dirección elegida libremente. La necesidad del otro para sobrevivir durante toda la vida. La capacidad de crear sinergias y de buscar el bien común, etc, etc. que hace al ser humano totalmente diferente.

6. La Psicología ha aportado al conocimiento sobre varón y mujer, su complementariedad no sólo entre los sexos, sino en el interior de su ser, gracias al psiquiatra Jung, se ha descubierto que cada ser humano está llamado a realizar una personalidad humana completa abarcando todas las virtudes asignadas a ambos sexos, con el matiz propio de su sexo que les hace complementarios.

7. Desde la Antropología cultural, interesa desmascarar a Margaret Mead quien manipulo los resultados de su investigación para auto-justificar sus comportamientos sexuales desviados, la ligereza de su vida y de sus declaraciones. Derek Freeman demostró de forma apabullante como todas las afirmaciones hechas por Mead en su libro eran completamente falsas o estaban gravemente distorsionadas; demostró que la cultura en Samoa estaba profundamente influenciada por el cristianismo y por lo tanto, opuesta a lo que ella se atrevió a afirmar y degradaba a sus pobladores.

8. La Sociología constata que se ha superado, en muchos lugares, la concepción que articulaba la diferencia entre varón y mujer entorno a diferentes roles sociales. Actualmente, el acceso a la cultura y la independencia económica son dos bienes al alcance de más mujeres. Además, se comienza a reconocer su aportación femenina como enriquecedora en las diferentes esferas laborales.

9. La Filosofía tiene la tarea de elaborar una teoría antropológica que engarce la igualdad y la diferencia, que supere la subordinación y el igualitarismo, que son los extremos en los que se han plantado los diferentes pensadores. Necesitamos un término medio donde no se lesiona a nadie y todos podamos realizarnos como lo que somos y podamos aportar a la riqueza de la humanidad con nuestro propio ser masculino y femenino, y nos ayudemos a crecer y a vivir una sociedad más humana. Es necesario volver a hablar de reciprocidad y de complementariedad. De la diferencia en unidad.

10. Ya la filosofía nos ha aportado sobre la igualdad: varones y mujeres somos personas, seres dotados de espiritualidad, por lo tanto, compartimos una misma naturaleza y una misma dignidad y nos compete por igual la responsabilidad de sacar adelante a nuestras familias y a nuestra cultura cooperando y aportando lo que es más propios de cada uno.

11. Sobre esto tiene mucho que decir la Antropología Teológica, que hunde sus raíces en el Cristianismo. Ilumina el entendimiento cuando nos ayuda a descubrir como Dios nos ha querido: Imagen suya, en dos variantes: varón y mujer, y con una misión común: crecer, multiplicarnos, llenar la tierra y dominarla. Aquí la clave es ser imagen suya: Dios es Amor y es Trinitario: es unidad en la diversidad, es comunidad de vida y amor. Esa es nuestra vocación es la razón de nuestro ser sexuado y de nuestro existir.

12. La humanidad entera está llamada a vivir en concordia, en unidad, en la diversidad y en la riqueza que eso implica, en una cooperación que rebase la justicia, que hable sobre todo de amor. Sólo así se logrará la paz y la justicia tan añoradas. Ya basta de experimentos que has resultados tan dolorosos para tantos millones de personas como, por ejemplo, los regímenes comunistas o la propagación del aborto que no sólo es la más grande de las injusticias porque afecta al más indefenso de la sociedad y es ejecutado por quienes deberían de protegerlo, sino también son víctimas todas las mujeres que por ignorancia o por miedo lo han realizado, acorraladas por la presión de hombres irresponsables o de una sociedad con rasgos esquizofrénicos, y que por no poder perdonárselo nunca, ya que va en contra de su propia naturaleza, incluso han llegando al suicidio. En contraste, otras mujeres necesitan justificar su vida libertina y por eso, promueven una supuesta libertad sin límites, que sólo las encadena a sus pasiones, a su egoísmo, a la forma más empobrecedora y triste de vivir la existencia. Estas mujeres han perdido de vista que la moral nos enseña el arte de vivir bien, con dignidad, con belleza, con estilo, con serenidad, con sentido.

13. Somos seres superiores, somos hijos de Dios, podemos y debemos comportarnos como tales y reflejar esa imagen Divina impresa en nuestro ser corpóreo-espiritual. Tanto como varones, como mujeres. Ya basta de sentirnos amenazados por nuestra propia naturaleza sexuada, así somos y lo más sano es asumirnos, aceptarnos, como somos y también aceptar y asumir el fin para el que fueron ideados: Mostrar la imagen Divina aquí en la Tierra, de amor total, incondicional, indiviso y fecundo.

Afortunadamente, si nos fijamos bien, todavía existen modelos a seguir en las mujeres que nos rodean, en las que no aparecen en los medios de comunicación, son aquellas heroínas silenciosas que con su trabajo cotidiano, con su alegría de vivir, con su dedicación, con la entrega de su vida entera a su familia y a su sociedad se realizan. Son mujeres maduras, coherentes, con estabilidad psicológica que con ilusión de vivir, saben el valor que tienen, el valor de su aportación femenina y el sentido de su vida. No importa su nivel económico o cultural, su origen o rango. Lo que les une es la ilusión de ser mujeres y de vivir su feminidad, de aportarla al mundo y complementarse con la masculinidad, para enriquecer la realidad. Aunque reconozcan que todavía haya mucho trecho por recorrer y las contrariedades surjan de la misma cultura en la que vivimos. Son mujeres a las que no les da miedo ser mujeres y realizarse como tales, disfrutan siendo femeninas y humanizan su entorno.

Son mujeres que han tratado de elegir un buen hombre para realizar un proyecto biográfico común, para casarse –comprometiéndose de forma mutua y reciproca-, para amarse y formar una familia. Para formar núcleos familiares dinámicos a lo largo del tiempo, donde se acoge al desvalido, al enfermo, al viejo, al necesitado, y que por lo tanto, ayudan a sus miembros a crecer como personas, que a su vez, al lanzarse a la sociedad la humanizan, la enriquecen.

Viven la ilusión de ser buenas esposas y buenas madres, sin complejos, sin sentimientos de culpa, con coherencia, sin luchas internas que no llevan a ninguna parte. Son felices con tan solo tener la ilusión de hacer feliz a su familia, a sus compañeros de trabajo, de sacar adelante un proyecto de vida, etc. de forma realista y objetiva. Son mujeres que se saben situar en su realidad tanto material como espiritual, y se manejan con una contabilidad que cuida las cosas pequeñas bien hechas, hechas con amor, con generosidad y con sentido trascendente.

Son mujeres ejemplares que aunque las tormentas y los vientos contrarios las visiten, no se dan por vencidas de antemano. Son mujeres que aunque el hombre no haya resultado lo que ellas esperaban, han sabido salir adelante, que han sabido sacar adelante a sus familias, no sin mucho esfuerzo y sacrificio de por medio. Ellas son las que al final de la vida, cuando haya que hacer un recuento de lo realizado y logrado puedan sentirse satisfechas, aunque algunas cosas no se hayan logrado como hubieran querido. Sin embargo, se podrán sentir felices y podrán presentar algo al Creador: Su amor, que al final es de lo único de lo que se nos tomara cuenta: de cuánto y cómo hemos amado.

Vivamos nuestra feminidad y nuestra maternidad con amor, con ilusión, con alegría. Les aseguro no hay mayor satisfacción que ver crecer a los hijos, compartir con ellos sus logros y sus derrotas. No los hagamos inútiles, enseñémosles el valor de la entrega, del sacrificio gozoso por los demás, del servicio compartido dentro y fuera del hogar, sobre todo por los más necesitados, además, es importante que tengan una vida espiritual profunda, que se sepan Hijos de Dios, creados a Imagen Suya, y sepan que el mejor modelo a seguir es Jesucristo: Dios-Encarnado, Carne-Divina. El nos muestra junto con su Madre la Santísima Virgen María el ideal de unidad Corpóreo-Espiritual que somos y que debemos realizar para lograr la plenitud en el existir humano.

Mi deseo más profundo en este día de las Madres es este: Que su mayor ilusión siempre sea luchar, a pesar de las caídas o los problemas, para reflejar esa imagen Divina, que somos, de la forma más perfecta que podamos, sin complejos, sin culpas, al contrario, llenas de entusiasmo, con empeño, con voluntad férrea y un inmenso amor alegre. ¡Feliz día!

Fuente:encuentra.com

Culto a la figura, sexualidad femenina y moda

Sheila Morataya-Fleishman

El culto a la figura ha llegado a nuestras madres jóvenes y no tan jóvenes y a nuestras hijas.

Dicen las revistas de moda que dentro de sus páginas se puede encontrar todo lo que se necesita para lograr la figura ideal que cada mujer quiere tener. Los artículos y anuncios nos hablan de cremas que queman la grasa, pastillas para acelerar el metabolismo y, hasta la famosa dieta de repollo. Claro, las revistas promueven el culto a la figura. ¿En qué te hace pensar esto? Yo pienso en mujeres delgadas, mujeres jóvenes, mujeres sin una gota de grasa en sus cuerpos y vestidas a la última moda. Se me vienen también a la cabeza cinturas de avispa a fuerza de mucha ensalada, manos que no envejecen y, mujeres que sacrifican todo por la belleza volviéndose anoréxicas, bulímicas y compulsivas. A la cabeza de esta lista están las modelos y los modelos, pues ellos también padecen y son quizá los dioses de este culto. “De hecho yo fui modelo”.

El culto a la figura inunda rabiosamente todos los medios de comunicación, la prensa, la radio y la televisión. Nadie se ha salvado. El culto a la figura ha llegado a nuestras madres jóvenes y no tan jóvenes y a nuestras hijas de 8 años y un poco más. Créame, le estoy diciendo la verdad. En nuestro tiempo no es la muñeca Barbie el modelo, hoy es la muñeca Bratz que, con la misma delgadez de la Barbie pero con labios carnosos y sensuales, ojos que hechizan a cualquiera y vestimenta que seduce, le dicen a nuestras niñitas: mira, así somos las mujeres hoy, 5 libras de más y olvídate, pues no pasarás la prueba.

Necesidad de despertar y actuar.

¿Hasta cuándo seguiremos durmiendo y apoyando todo esto, nosotras mujeres que hacemos y defendemos la cultura? ¿Le parece amigo lector que son estos modelos la noción de feminidad que queremos transmitir a las niñas? ¿Cómo evitar caer en estas trampas que inclusive muchas de nosotras como mujeres nos hemos creído? ¿Quién se animará a reinventar las muñecas? Supongamos que es cada una de nosotras la que trabaja para proveer a nuestras hijas y nuestras mujercitas una nueva mirada hacia lo que realmente significa ser mujer y estar a la moda.

¿Mujer o género?

La mujer es más que un género. ¿Y qué es el género? Es el vocablo utilizado que no contiene en sí mismo el significado de ser mujer. Este vocablo se queda corto para expresar lo que la mujer es en toda su profundidad. Por su constitución ontológica, la persona es una unidad substancial de cuerpo y espíritu. La naturaleza humana existe de dos modos distintos como varón y como mujer, de aquí que ambos posean la misma dignidad. La mujer es un ser sexuado. Cuando hablamos de sexualidad hablamos de la totalidad de la persona como hombre o mujer. Es por esto que la mujer debe defender esa dignidad propia que radica en ella, siendo muy celosa y cuidadosa a la hora de vestirse.

Cuando la persona nace, nace desnuda y de inmediato se la cubre, pues se quiere proteger su intimidad. Profundizar en torno a esto con nuestras hijas es muy necesario, pues ayudará a la joven a comprender el porqué es importante vestirse y ser cuidadosa en cuanto a la moda que se lleva, pues si la mujer quiere que se la ame por el significado profundo de ser persona-mujer y por su dignidad, será necesaria la educación de una misma como mujer y madre en cuanto a la forma que se mira y se lleva la moda, pues ésta puede ayudar o ser obstáculo para alcanzar el fin que cada una tiene como mujer.

Dicen que en la moda, hoy, todo se vale. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo con esto. No se vale caer en el permisivismo y en el acomodamiento de porque esta de moda y porque todo el mundo lo lleva hay que hacerlo. No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el celo por lo moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma. ¡Piénsalo!

fuente:encuentra.com

A la caza de la utopía de la igualdad

Lucetta Scaraffia
Periodista e historiadora italiana.

En las últimas décadas del siglo XX hemos asistido en los países occidentales a una revolución conceptual fundada sobre manipulaciones del lenguaje, esto es, la sustitución del concepto de diferencia sexual con el término indeterminado gender. En sustancia, algunos intelectuales y políticos han intentado hacer concreta y compartida la afirmación del famoso libro de Simone de Beauvoir El segundo sexo: «Mujer no se nace, se hace».
Las razones que han permitido y favorecido la aparición de esta nueva ideología son muchas y de distinta naturaleza. Por un lado, la caída del muro de Berlín, a la que siguió pocos años después la grave recesión económica mundial, pusieron en crisis todos los aparatos ideológicos que habían tejido la vida política: caen de hecho todos los tipos de ideología comunista y socialista, y después también el liberalismo capitalista. En este vacío, la caza de nuevos valores para justificar las opciones políticas ha llevado a una especie de «divinización» de los derechos humanos que, como objetivo que las sociedades se debían plantear, se convirtieron en valores-guía indiscutibles, aunque frecuentemente manipulados, sufriendo una ampliación y una transformación. La utopía de la igualdad, que había animado la lucha política de los siglos XIX y XX, renace en sectores antes marginales, como el feminismo, que se vuelve así una forma ideológica central capaz de llenar el vacío dejado por el fracaso de las ideologías comunistas. Para reforzarse, el feminismo debía constituirse como ideología utópica que se remitía a la utopía de la igualdad y debía tener una confirmación «científica», igual que el comunismo de Marx se había auto-declarado «socialismo científico».
La teoría del gender es una ideología de fondo utópico basada en la idea, ya propia de las ideologías socio-comunistas y fracasada míseramente, de que la igualdad constituye el camino real hacia la realización de la felicidad. Negar que la humanidad esté dividida entre hombres y mujeres pareció un modo de garantizar la igualdad más total y absoluta –y por lo tanto posibilidad de felicidad– a todos los seres humanos.
En el caso de la teoría del gender, el aspecto negativo, constituido por la negación de la diferencia sexual, iba acompañado por un aspecto positivo: la libertad total de elección individual, mito básico de la sociedad moderna que puede llegar incluso a suprimir lo que se consideraba, hasta hace poco tiempo, un dato de constricción natural ineludible. Aquí la teoría del gender comprende un aspecto político (la realización de la igualdad y la posibilidad sin límites de elección individual), un aspecto histórico-social (la justificación a posteriori del final del papel femenino en las sociedades occidentales), y un aspecto filosófico-antropológico más general, esto es, la definición de ser humano y la relación entre este y la naturaleza.
La ideología del gender es por lo tanto una de las muchas derivas de la utopía de la igualdad. De hecho, escribe Michael Walzer: «de raíz, el significado de la igualdad es negativo»; se orienta a eliminar no todas las diferencias, sino un conjunto particular de diferencias que varía según la época y el lugar.
La transformación social actual se está moviendo hacia la supresión de todas las diferencias –también de aquella, fundamental en todas las culturas, entre hombres y mujeres– con un ritmo que se ha acelerado cada vez más tras la difusión de los anticonceptivos químicos en los años sesenta. En efecto, la separación entre sexualidad y reproducción permitió a las mujeres adoptar un comportamiento sexual de tipo masculino –que tal vez no se adapta a la naturaleza femenina y por ello probablemente no contribuye a aumentar la felicidad de las mujeres, aunque este es otro tema– y por lo tanto desempeñar papeles masculinos cancelando cualquier obstáculo: aboliendo también la maternidad.
La separación entre sexualidad y procreación provocó una separación entre procreación y matrimonio, y por lo tanto entre sexualidad y matrimonio: podemos percibir aquí las condiciones para la afirmación de los «derechos» al matrimonio y al hijo presentados por los grupos homosexuales y estrechamente ligados a la idea de gender, esto es, a la negación de la identidad sexual «natural». Como evidenció el filósofo francés Marcel Gauchet, estas transformaciones tienen profundas consecuencias en el plano social: si la sexualidad deja de ser un problema colectivo vinculado a la pervivencia del grupo humano en el tiempo, y se convierte en un asunto privado y expresión de la propia individualidad, se desprende obviamente una crisis de la institución familiar y un cambio del estatuto de la homosexualidad. Mientras que antes era la familia la que producía el hijo como obvia consecuencia de la actividad sexual de los cónyuges, hoy es cada vez más frecuente que el hijo deseado sea el que crea la familia. Y se puede considerar familia aquella de cualquiera que desee un hijo.
Unos cincuenta años después de que Simone de Beauvoir escribiera esa frase, su idea parecía por fin triunfar. Si las identidades sexuales son sólo construcciones culturales, es posible deconstruirlas, y es lo que se proponen hacer movimientos feministas y homosexuales.
La clave de la revolución del gender es el lenguaje, como han entendido determinados ordenamientos jurídicos, cambiando por ejemplo algún término –«progenitor» en lugar de «madre» y «padre», «parentalidad» en vez de «familia»– y eliminando así en los documentos a la familia natural. Con otra operación artificiosa se sustituye «sexo» con «sexualidad» y «sexuado» con «sexual» para confirmar que no cuenta la realidad, sino sólo la orientación del deseo. Pero, como recuerda el estudioso Xavier Lacroix, sigue siendo indispensable «reconocer la aportación que lo carnal da a lo simbólico y a lo relacional»: o sea, entender que el anclaje físico de la paternidad en un cuerpo masculino y de la maternidad en un cuerpo femenino constituye un dato de hecho irreducible y estructurante que debe recibirse no sólo como un límite, sino como una fuente de significado. En síntesis, hay que admitir que más allá del espermatozoide o del óvulo hay alguien, mientras que el concepto de homo-parentalidad elimina cualquier legibilidad carnal del origen. Los distintos sistemas de parentesco que existen en el mundo han articulado diversamente lo físico y lo cultural, pero siempre los han articulado, pues el reto central de la familia consiste precisamente en mantener juntos conyugalidad y parentalidad.
Así que se trata de un verdadero desafío antropológico al fundamento cultural no sólo de nuestra sociedad, sino de todas las sociedades humanas, como demuestra la crítica emprendida por los teóricos del gender (por ejemplo, la filósofa americana Judith Butler) a Lévi-Strauss y a Freud, culpables de haber fundado sus sistemas de pensamiento sobre la diferencia sexual entre mujeres y hombres. Y la demonización de todo tipo de diferencia no sólo se basa en una utopía de igualdad propuesta como camino real hacia la felicidad –una utopía que sin duda tiene sus orígenes precisamente en aquella socialista que mostró sus desastrosas realizaciones en el siglo pasado–, sino que en este caso llega a un resultado extremo del pensamiento deconstruccionista, o sea, a la negación de la existencia de la naturaleza misma. Si cada tipo de diferencia, sancionada por una definición social, se lee como un sistema de poder, tras la estela de Foucault, se puede ver en cada superación de paradigma un momento evolutivo de liberación, según una nueva forma de darwinismo social. Así los modos más difundidos y más fácilmente vivibles de relaciones afectivas y sexuales se consideran como los evolucionados, que por lo tanto deben imponerse; mientras el «hetero-centrismo» se considera como un momento de la historia del desarrollo humano ya inadecuado y que se debe superar.
La ideología del gender se acogió con entusiasmo sobre todo en las organizaciones internacionales, porque corresponde a la política de ampliación de los derechos individuales. En sustancia significa negar que las diferencias entre mujeres y hombres son naturales, y sostener en cambio que son construidas culturalmente, y que por lo tanto pueden ser modificadas según el deseo individual. La adopción de una «perspectiva de género» fue la línea ideológica que adoptaron algunas de las principales agencias de la ONU y ONGS que se ocupan de control demográfico, con el apoyo de la mayor parte de las feministas de los países occidentales, pero con la oposición de los numerosos grupos de defensa de la maternidad y la familia.
Más elegante y neutro que «sexo», el término gender no sólo ha entrado en nuestro lenguaje, sino que incluso se usa en la denominación de un filón de investigación académica –los Gender Studies–, frecuentemente con la inconsciencia de su revolucionario significado ideológico-cultural. Sin embargo, como los estudios científicos han demostrado y siguen haciéndolo, hablar de identidad masculina y de identidad femenina tiene sentido sobre todo precisamente desde el punto de vista biológico. Además de infundada, la teoría del gender implica una visión política extremadamente peligrosa, haciendo creer que la diferencia es sinónimo de discriminación. Pero el principio de igualdad no requiere en absoluto fingir que todos son iguales: sólo en la medida en que la existencia de la diferencia se reconozca y se considere efectivamente, se podrá en verdad dar a todos, de igual modo y grado, plena dignidad e igualdad de derechos. Ninguna novedad –que quede claro–. Hace tiempo que el derecho y la filosofía están subrayando que el auténtico significado del principio de igualdad reside no en desconocer las características individuales –fingiendo una homogeneidad que no existe–, sino, al contrario, en dar a todos las mismas oportunidades. El laico Norberto Bobbio afirmaba que los hombres no nacen iguales: es tarea del Estado situarlos en condición de serlo. Como recalcan, entre otros, la Iglesia católica y parte del feminismo, la verdadera igualdad se verifica no sólo cuando sujetos iguales son tratados de modo igual, sino también cuando sujetos distintos son tratados de modo igual. La paridad de sexos no se logra ciertamente haciendo entrar a las mujeres en una categoría abstracta de individuo (categoría que, entre otras cosas, no existe, al estar calibrada sobre el modelo masculino), sino que se alcanza partiendo del presupuesto de que la sociedad está formada por ciudadanos y ciudadanas.
Con la creación de las utopías de igualdad y de autonomía individual, se han construido ficciones que nos perjudican, pues se fundan en un ideal que presupone independencia, muy lejano de la realidad.
Es conocida la postura de la Iglesia al respecto, bien clara en la Carta a los obispos sobre la colaboración entre mujeres y hombres del entonces cardenal Ratzinger. Pero es interesante constatar elementos de polémica contra el gender también en muchas feministas que contribuyen a la creación de una opinión pública crítica en cuanto a la introducción de este término en textos públicos y leyes que de ellos se derivan.

Fuente:conoze.com

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