Juan Pablo II : Sobre el amor humano

Aún resuenan muchos ecos tras la beatificación del Papa Juan Pablo II, me considero una afortunada por haber vivido un acontecimiento tan importante para nuestra Santa Madre Iglesia. Y es que hablar de Juan Pablo II es realmente algo que sale del corazón no solo por la cercanía con que se mostraba sino por todo el arrojo y valentía con la que quiso abrir la Iglesia al mundo. Lo descubrí realmente cuando hace unos años conocí y curse estudios en el Pontificio Instituto Juan Pablo II para el matrimonio y la familia que el mismo fundó. En él me tope con la sabiduría de un hombre – asistido por el Espíritu Santo- que en todo momento ha querido favorecer a la persona, ensalzar su dignidad y respetarla. Tal es así que fue transmitiéndolo en una serie de catequesis sobre el amor humano, conocida también como “la teología del cuerpo”. Según Juan Pablo II era necesario ofrecer la explicación de una antropología adecuada, aquella que busca comprender e interpretar al hombre en lo que es esencialmente humano. Y por ese motivo descubrir la verdad del amor humano. Porque la verdad del amor no puede ser separada del lenguaje del cuerpo. Aquí es donde Juan Pablo II viene a hablarnos de la corporeidad, de su valor sagrado que solo logra su finalidad en la entrega sincera del don de sí. Pues al hablar de amor, hablamos también de unión, y para que se pueda dar es necesaria aceptar la diferencia del otro como hombre y como mujer, ya que el cuerpo es sexuado. En palabras de Juan Pablo II: “El sexo en cierto modo es constitutivo de la persona, no solo atributo de la persona, demuestra lo profundo que el hombre con todo su ser espiritual, con su unidad e irrepetibilidad de la persona está constituido por el cuerpo como él o ella”.

Es cierto que la catequesis del Papa Juan Pablo II son más extensivas pero en cierto sentido van dirigidas a comprender la verdad que está inscrita en el corazón humano. A día de hoy me doy cuenta como es necesaria esta comprensión para sentar las bases de una buena construcción de la persona, de su identidad como hombre o como mujer. Si nos damos cuenta esto es difícil de verlo en nuestro días a veces y difícil de explicar sin que caigamos en el relativismo o subjetivismo imperante. Por ello el ya beato Juan Pablo II nos ha quedado entre otras muchas cosas un legado en nuestras manos sobre la belleza de un amor que se nos regala y nos redime, es toda una oportunidad.

Mª Del Carmen González Rivas

.

Educación para la ciudadania IV

Vale la pena esperar

¿Qué es la Teología del cuerpo?

What is the Theology of the Body?

The “rich patrimony” of John Paul II’s teaching “has not yet been assimilated by the Church. My personal mission is not to issue many new documents, but to ensure that his documents are assimilated.”

Benedict XVI (Interview on John Paul II’ s Legacy, October 16, 2005)

Pope John Paul II devoted the first major teaching project of his pontificate – 129 short talks between September of 1979 and November of 1984 – to providing a profoundly beautiful vision of human embodiment and erotic love. He gave this project the working title “theology of the body.”
George Weigel, author of Witness to Hope: The Biography of Pope John Paul II, calls this papal study of human sexuality “one of the boldest reconfigurations of Catholic theology in centuries” – a “theological time-bomb set to go off with dramatic consequences …perhaps in the twenty-first century.” At this point the Pope’s vision of sexual love “has barely begun to shape the Church’s theology, preaching, and religious education.” But when it does, Weigel predicts, “it will compel a dramatic development of thinking about virtually every major theme in the Creed” (pp. 336, 343, 853).

Far from being a footnote in the Christian life, the way we understand the body and the sexual relationship “concerns the whole Bible” (TOB 69:8). It plunges us into “the perspective of the whole Gospel, of the whole teaching, even more, of the whole mission of Christ” (TOB 49:3). Christ’s mission, according to the spousal analogy of the Scriptures, is to “marry” us. He invites us to live with him in an eternal life-giving union of love.

This is what the union of the sexes is meant to proclaim and foreshadow – the eternal union of Christ and the Church. As St. Paul says, quoting from Genesis, “‘For this reason a man shall leave his father and mother and be joined to his wife, and the two shall become one flesh.’ This is a great mystery, and I mean in reference to Christ and the church” (Eph 5:31-32).

By helping us understand this profound interconnection between sex and the Christian mystery, John Paul’s theology of the body not only paves the way for lasting renewal of marriage and the family; it enables everyone to rediscover “the meaning of the whole of existence, the meaning of life” (TOB 46:6).

Please Click Hereto view Pope John Paul’s 129 Wednesday Audiences, which comprise his Theology of the Body.

*TOB Man and Woman He Created Then: A Theology of the Body, John Paul II’s general audience addresses on Human Love in the Divine Plan, Michael Waldstein translation (Pauline, 2006)

Más información: www.tobinstitute.org; www.amorseguro.org

Divorcio y custodia de los hijos: el eterno conflicto

Los políticos saben que hay un colectivo de partidarios de la custodia compartida y otro igual de detractores.

Soledad Michelena – La Voz de Galicia, 29 de mayo 2011.

30-05-2011

El abogado Ignacio Bermúdez de Castro intenta responder, en doce puntos, a las cuestiones más espinosas en relación a la custodia de los hijos tras una ruptura matrimonial. Aunque la Ley del Divorcio del 2005 contempla la custodia compartida de los hijos, la práctica judicial sigue concediéndola con clara prioridad a la madre.

¿Los divorcios en Galicia caminan hacia el proceso del mutuo acuerdo o hacia el contencioso?
En estos momentos, hay una tendencia de 60 contenciosos, mientras que el resto de los procesos son de mutuo acuerdo, pero muchos de aquellos se reconducen, que es lo idóneo. Ahora bien, cuando las posturas están muy encontradas es imposible. Un divorcio contencioso es, por decirlo de algún modo, el cuento de nunca acabar.

¿Quién se lleva la custodia de los hijos?
En un altísimo porcentaje se concede a la madre, salvo cuando los hijos mayores de 12 años o menores con suficiente criterio manifiesten lo contrario. Aun así, por el intervencionismo del Ministerio Fiscal en los asuntos de familia, muchas veces no se le da al padre. Aunque el artículo 159 del Código Civil concede al juez discrecionalidad para otorgarla a uno o al otro y el equipo psicosocial informe de que ambos son igual de idóneos, sistemáticamente se suele conceder a la madre.

¿Por qué se sigue otorgando a la madre?
En España, a pesar de que la Ley del Divorcio de 1981, la primera de la democracia, cumplirá 30 años el 7 de julio, aún no tenemos una cultura tan acentuada como en otros países sobre la custodia compartida. Puedo entender que se conceda la custodia a las madres de niños sin destetar o a las madres mucho más aptas; pero reclamo, como abogado, el derecho de los dos cónyuges igual de aptos de que, al menos, al juez se le cree la duda de si tiene que ser el padre o la madre. Pero como en la praxis esa duda nunca se crea, las custodias a los padres son habas contadas y siempre por manifestación expresa del hijo. Esto es, paradójicamente, machista. Cuando en 1981 se parió la Ley del Divorcio, la mujer no estaba tan incorporada al mercado de trabajo, pero hoy veo en mi despacho muchas parejas en las que la mujer es la más ocupada; por eso el gran argumento de los padres para pedir la custodia exclusiva es que ellos tienen más tiempo libre.

¿Los padres la piden?
En mi despacho, un 90% la quieren y a los que no, pocos, los convenzo para que la pidan. Es una equivocación pensar que los padres quieren desentenderse de sus hijos, porque el rol del hombre ha cambiado. Lo más inteligente es la custodia compartida, con matices: que los padres no vivan muy lejos uno de otro y que sean gente razonable.

¿Por qué interviene el fiscal en casos de mutuo acuerdo?
¿Quién más que los padres quiere lo mejor para los hijos? Igual que existe la presunción de inocencia, lo normal es presumir la coherencia de los padres y si ellos, de mutuo acuerdo, deciden que la custodia compartida es lo mejor, no lo tienen que someter al arbitrio de un tercero. Me parece ignominioso que este arbitrio esté en el propio espíritu de la ley.

¿Existe el síndrome de alienación parental?
Es corrientísimo, por desgracia. En mutuos acuerdos no se da y en custodias compartidas es prácticamente inexistente, pero en los divorcios contenciosos es el pan nuestro de cada día; ejercido, sobre todo, por el progenitor custodio con el fin de romper los vínculos del hijo con el otro progenitor.

¿Qué dice la ley sobre la custodia compartida?
En Galicia hay un proyecto de ley para que, como se acaba de hacer en Aragón, la norma general sea la custodia compartida, pero en 13 de las 17 autonomías rige el derecho común y esto quiere decir que basta con que uno de los progenitores no la quiera para que no se conceda, salvo esa pequeña discrecionalidad del juez, ya que se necesita el informe del fiscal. En más del 95% de los divorcios contenciosos, el juez opta por la exclusiva; normalmente para la madre. Y en los de mutuo acuerdo, el fiscal tiene gran poder de decisión para que se conceda o no la compartida. No sé a qué obedece esta animadversión de jueces y fiscales a la compartida, porque su no concesión somete a los hijos a la terrible decisión de elegir entre padre o madre. Yo pido que el derecho español le dé la vuelta y el derecho foral gallego, que sería de aplicación preferente, la recoja como norma general. Está más que acreditado que es positiva para el menor.

¿Por qué existe tanta división política sobre esta fórmula?
Los políticos saben que hay un colectivo importante de partidarios de la custodia compartida y otro igual de importante de detractores. La custodia compartida, por los daños colaterales que acarrea, supone muchos votos. Se juega con sentimientos y no solo están afectados el papá o la mamá: están el abuelo, los tíos, mucha gente. Muchas veces el progenitor custodio no se da cuenta de que no es progenitor en exclusiva, porque una cosa es la patria potestad, que casi siempre, comparten padre y madre, y otra la custodia, el día a día. Y el tiempo para poder ejercitar el SAP (síndrome de alineación parental), es decir, la manipulación del hijo en contra de los intereses y los afectos del otro progenitor.

¿La sociedad va por delante de la justicia en estos temas?
La sociedad evoluciona día a día, minuto a minuto, y va muy por delante de la Justicia. Los jueces solo aplican lo que el legislador promulgó. Estoy convencido de que muchos jueces quisieran conceder la custodia compartida, pero no pueden. Siempre digo que tenemos el peor ministro de Justicia que ha tenido el país. Nos ha prometido miles de millones y los juzgados están sin conectar, con una falta de medios materiales y humanos impresionantes. He tenido padres en mi despacho que vienen a protestar porque llevan tres años sin ver a su hijo de 6 y, cuando ha cumplido 18, todavía siguen sin verlo. Que no se enfade nadie. Me remito a los expedientes y al hecho de que la dilación judicial se ha convertido consuetudinariamente en un atenuante del Código Penal. De los tres poderes de Montesquieu: el judicial, el ejecutivo y el legislativo; el menos culpable de este caos, sobre todo en el Derecho de Familia, es el judicial.

¿La crisis económica influye en los fracasos matrimoniales?
Cuando hay una crisis matrimonial importante, ni crisis económica ni gaitas. Detrás de todo gran divorcio, normalmente hubo una gran historia de amor porque, si una persona no te importa, no pasa nada. Conozco gente que vino a divorciarse a los 70 y a los 80 años. A los 60 años está siendo muy frecuente ahora pedir el divorcio. No hay mejor CIS que un despacho de abogados de familia.

¿A qué edad es más frecuente divorciarse?
Hoy la gente se casa a los 30 y pico y se divorcian entre los 35 y los 55 años, pero como nos hacemos viejos más tarde, se empiezan a ver muchos divorcios a los 60 años. Además, la crisis de los 40 ya no existe; ahora es la de los 50 y dentro de poco será la de los 60. La ley del divorcio de 2005, con el código en la mano, es muy parecida a la de 1981 pero la praxis no tienen nada que ver porque el matrimonio no es como el de antes. Ahora con solo invocar la desaparición del affecto maritalis te dan el divorcio. En eso hemos avanzado. Actualmente se dice que la familia está en proceso de extinción. Creo que desde el punto de vista antropológico, no va a desaparecer. Solo ha cambiado el concepto. Ahora puede ser monoparental: una madre y sus hijos, que incluso pudo tener por inseminación artificial, pero será familia y la familia solo se extinguirá con el mundo. La familia es una referencia, incluso para el más desarraigado.

¿Qué papel cumplen las asociaciones de padres y madres separados?
Soy asesor jurídico de la Asociación Gallega de Madres y Padres Separados. La labor de este colectivo es muy importante, porque se han convertido en la segunda familia del divorciado. Dicen que el trauma de un divorcio es lo peor después de la muerte de un hijo. Tenemos que conceptuar el divorcio como remedio porque en muchos casos termina con situaciones insostenibles.

Fuente: Thefamlywatch

Católicos solteros encuentran amor por internet

¿Qué añade el sacramento del matrimonio?

Debate planetario sobre el matrimonio

Rafael Navarro-Valls-Religión en libertad, 1 de junio 2011.

02-06-2011

Las grandes contiendas jurídicas no son simplemente nacionales: son planetarias. Así ocurrió, por ejemplo, con los debates en torno a la codificación. Y así está ocurriendo ahora con la nota de heterosexualidad del matrimonio.

La tensión se percibe entre dos tendencias opuestas. La primera es lo que en términos de derecho internacional se llama “efecto dominó”. Es decir, la propensión expansiva de una institución jurídica, cuando es adoptada por un sistema político de cierta influencia sobre otros. La especial gravedad de que España aceptara – con fuertes oposiciones, todo hay que decirlo, por parte de los órganos jurídicos españoles de mayor relieve – el llamado matrimonio entre personas del mismo sexo, radicó en que produjo como reacción que algún país latinoamericano (por ejemplo Argentina, o, más limitadamente en el estado de Mexico D.F., que representa tan sólo el 8% de la población de la república de México) alteraran profundamente la estructura configurativa del matrimonio, aceptando el matrimonio entre homosexuales. En otros países (Chile, Ecuador, Perú et c) solamente se planteó a nivel político o jurídico, pero sin cambios apreciables en la configuración del matrimonio.
Junto a esta tendencia expansiva, la adopción por algunos sistemas jurídicos del matrimonio entre personas del mismo sexo, ha producido una reacción contraria. Lo que he llamado en alguna ocasión “efecto blindaje”, esto es, la defensa del matrimonio heterosexual a través de la constitucionalización de la nota de heterosexualidad. El último ejemplo en Europa de esta tendencia ha sido Hungría. Hace menos de un mes (25 de abril) se aprobó en el Parlamento húngaro por 262 votos contra 44 (bastante más de los dos tercios exigidos) una nueva Constitución, que elimina los últimos residuos comunistas de la antigua de 1990. En lo que respecta al matrimonio, expresamente se establece la protección de la “institución del matrimonio, considerado como la unión natural entre un hombre y una mujer y como fundamento de la familia”. Anteriormente, la Constitución polaca de 1997 (artículo 18) definió el matrimonio exclusivamente como “la unión entre un hombre y una mujer”. En fin, la constitución de Lituania (1992) establece que “el matrimonio debe ser efectuado con el consentimiento mutuo y libre del hombre y la mujer”, definiendo su Código civil el matrimonio como “el acuerdo voluntario entre un hombre y una mujer”.
¿Cuál de ambas tendencias progresa con mayor rapidez ? Contra lo que pudiera creerse, la realidad es que existe un equilibrio inestable modelado por reacciones y contra-reacciones que dibujan, en mi opinión, un panorama más cercano a la defensa del matrimonio heterosexual que al avance del matrimonio entre personas del mismo sexo.
Prescindiendo de la algarabía mediática de uno u otro signo, conviene circunscribirnos a los hechos. Un rápido “tour d´horizon” probablemente avalará lo que digo. Volviendo a Europa, la verdad es que si Países Bajos (2001), Bélgica (2003), España (2004), Noruega (2009), Suecia (2009) y Portugal (2010) han regulado el matrimonio entre personas del mismo sexo, la corriente mayoritaria se muestra concesora de diversos efectos a las uniones civiles de personas del mismo sexo, pero no demasiado receptiva a transformar esas uniones en verdaderos matrimonios. Ya hemos visto la tendencia de los países del Este de Europa a constitucionalizar la nota de heterosexualidad. En otros países europeos (Francia, Italia, Alemania etc), aunque el debate se plantea con mayor o menor intensidad, la posición de los órganos legislativos o jurisprudenciales mantiene una posición de equilibrio que no se inclina h acia la concesión “tout court” del estado matrimonial a las uniones civiles. Así, por ejemplo, en febrero de este mismo año, el Consejo Constitucional francés consideró que la prohibición del matrimonio homosexual, tal y como lo recoge el Código Civil, es conforme a la Constitución francesa.
Latinoamérica es un ámbito jurídico en el que las reacciones se producen con rapidez ante modelos distintos. Un ejemplo. Acabo de regresar de México, donde he debido viajar por cuestiones académicas a varios estados. El único de ellos en que se ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo es Ciudad de México. La reacción fue inmediata. Los estados de Jalisco, Morelos, Sonora, Tlaxcala y Guanajuato plantearon ante la Corte Suprema cuestión de inconstitucionalidad. Aunque esta declaró constitucionales los matrimonios aprobados en Ciudad de México (naturalmente sin imponerlos a los demás estados), inmediatamente el Congreso del estado de Baja California reformó el artículo 7 de la Constitución estatal, definiendo el matrimonio exclusivamente como “la unión entre un hombre y una mujer”. Esta tendencia a “blindar” las constituciones estatales está encontrando eco en algunos otros estados mexicanos, centroamericanos y sudamericanos.
En Estados Unidos, el matrimonio entre personas del mismo sexo es reconocido a nivel estatal por seis Estados: Massachusetts (2004), Connecticut (2008), Iowa, Vermont, New Hampshire y Distrito de Columbia (estos cuatro en 2009). Sin embargo, como reacción ante la tendencia expansiva, antes o después de esas fechas, más de 20 estados alteraron sus constituciones para definir el matrimonio como una unión entre hombre y mujer. Es decir, para blindarse frente a la tendencia expansiva.
Hace unos días, Obama ha cursado órdenes al Departamento de Justicia para que deje de apoyar ante los tribunales la ley federal aprobada en 1996 durante la Administración Clinton, en la que se define el matrimonio como la unión legal entre un hombre y una mujer. Esta “ley de defensa del matrimonio” (DOMA) , por la que ningún estado está obligado a reconocer como matrimonio una relación entre personas del mismo sexo reconocida como matrimonio en otro estado, se aprobó en su momento una amplia mayoría bipartidista en ambas cámaras del Congreso. La reacción ha sido inmediata. El presidente de la Cámara de Representantes anunció que iba a reunir a un grupo de asesoramiento legal formado por miembros de ambos partidos para defender la DOMA. “Es de lamentar –dijo– que la Administración Obama haya abierto esta cuestión tan polémica en un momento en que los americanos quie ren que sus líderes se centren en el empleo y en los problemas económicos. La constitucionalidad de esta ley debe ser decidida por los tribunales, no por el presidente de modo unilateral, y esta decisión de la Cámara quiere garantizar que la cuestión se afrontará de modo conforme con la Constitución”.
El balance final es que de los 192 países reconocidos ante la ONU (más 10 de facto, no integrados oficialmente en dicha organización) solamente reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo un total de 10 países, más algunos estados aislados de México y Estados Unidos. Entre ellos, no se cuenta ningún país asiático y ninguno africano (salvo Sudáfrica), y solamente un latinoamericano, y parte de otro. Comparando la demografía de ese pequeño grupo de países con la de todo el planeta que rechaza el modelo de matrimonio entre personas del mismo sexo, la anomalía jurídica está todavía localizada. Desde luego es una localización con tendencia a la expansión, pero al parecer la mayoría de la corriente sanguínea del organismo jurídico tiende a defenderse, buscando otras fórmulas que equilibren la concesión de algunos efectos a las uniones entre personas d el mismo sexo con el derecho de mantener en su real configuración las instituciones jurídicas, entre ellas el matrimonio como unión entre hombre y mujer.
Desde luego, la prevalencia del sentido común y jurídico en esta importante materia exige –en especial a los juristas – esa cualidad tan propia de los hombres dedicados a la defensa de la justicia que consiste en mantener la firmeza de una roca en las convicciones, moderándola con la flexibilidad de un junco en sus aplicaciones.

fuente:

“El matrimonio cambia nuestra identidad para siempre”

The Family Watch, 6 de julio 2009.

08-07-2009

Maggie Gallagher es una conocida periodista norteamericana, que publica su columna sobre temas familiares en más de 30 periódicos norteamericanos -entre los que se encuentra The New York Times, The Weekly Standard, and the Wall Street Journal- y ha escrito tres libros de gran éxito sobre el matrimonio, en los que aboga por lo que ya se conoce como el “Movimiento por un nuevo matrimonio”. El más reciente se titula “The Case for Marriage: Why Married People Are Happier, Healthier, and Better-Off Financially”. Es conocida su actitud de nunca rechazar una invitación para hablar del matrimonio, lo que le ha llevado a innumerables debates de televisión -entre los que destaca su participación en el programa de Larry King o en los principales programas de la NBC- y de radio, a numerosas universidades y entidades públicas y privadas, así como a intervenir repetidas veces como experta en el Senado de los EE UU y en varias cámaras legislativas estatales. Hace algunos años creó el Institute for Marriage and Public Policy, del que es presidenta y cuya misión es realizar la investigación y la acción educativa necesarias para que la legislación y las políticas públicas protejan y refuercen el matrimonio como institución social.

Con ocasión de su participación en un Encuentro The Family Watch en Madrid, ha respondido a nuestras preguntas. La entrevista también puede verse grabada en vídeo aquí.

¿Cómo se puede explicar a los más jóvenes la importancia del matrimonio?
Voy con frecuencia a dar conferencias a universidades norteamericanas y los estudiantes me suelen preguntar cómo se puede evitar el divorcio, porque todos entienden que es algo duro y doloroso. Nadie se casa ni nadie se mete en una relación pensando en que la otra parte puede romperla un día y terminar mal, nadie se casa porque quiere terminar divorciándose. Así que, cuando me hacen esa pregunta, siempre respondo lo mismo: “¿que cómo evitar el divorcio? No yendo ninguno de los dos al juzgado para pedirlo, esa es la forma más segura de que nunca suceda”.
Entonces vuelven a levantar la mano y dicen que lo que querían preguntar realmente es cómo ser felices en el matrimonio. Les digo que es una buena pregunta y una noble intención, pero que es algo distinto, que eso se refiere al fundamento mismo del matrimonio y que, para contestarla, hay que preguntarse qué es para mí el matrimonio, si no es más que la celebración de una relación sentimental o se trata de algo que va a cambiar mi identidad para siempre.
Cuando sé que no piensan como yo, les digo que lo que creo de mi matrimonio y trato de transmitir a mis hijos es paralelo a lo que creo de la maternidad: ser esposa es como ser madre, en el sentido de que ser madre es algo muy intenso y satisfactorio, muy gratificante y que aporta amor a una relación, pero no es ese amor ni esa relación lo que define la unión con mi hijo, sino su nacimiento. Mi hijo es mi hijo siempre y, aunque en algún momento me cueste o me duela aceptarlo, no puedo ir a un juzgado y pedir que se revoque mi maternidad.
Es decir, pienso que uno de los aspectos que la nueva cultura del matrimonio debe entender es que el consentimiento que damos realmente nos cambia. Convertirse en marido o mujer supone una transformación fuerte y permanente de la realidad y de mi identidad, de manera semejante a lo que todos entendemos que supone convertirse en madre o padre.
En realidad, se trata de saber si nuestro amor es fiable, o si se trata sólo de una serie de sensaciones interiores que hacen que termine cuando se acaban. Este es el reto al que se enfrenta hoy la vida familiar y su centro es precisamente el concepto de matrimonio, qué significa para mí, cómo lo vivo, si merece la pena y si es mejor o peor que sus alternativas. Precisamente en esas alternativas encontramos la mejor defensa del matrimonio, porque lo más profundo del corazón humano necesita dar y recibir un amor que sea fiable, que sea causa de un amor renovado constantemente.
Además, el matrimonio es el mejor modo de que el amor entre un hombre y una mujer salga del contexto de lo pasajero, de lo prescindible, y adquiera una realidad pública y permanente. Eso es lo que ha hecho que el matrimonio sea diferente del simple enamoramiento y de la mera amistad, lo que lo convierte en algo admirable y digno de ser vivido.

¿Cuál es el papel del padre en la familia?
La mujer, la madre, cumple un papel clave en la relación entre padre e hijo, porque aporta información y contraste a las opiniones del hombre, del padre. Por eso, cuando ambos no se ven como partes de una misma familia, la participación del padre en la relación con su hijo se ve afectada.
Y también hay que tener en cuenta que cuando padre y madre se separan no permanecen solos, sino que tienden a buscar nuevas relaciones, que compiten con las anteriores. La nueva compañera del antiguo marido quizá no vea con hostilidad su relación con los hijos, pero le estará quitando tiempo y atención. Esos conflictos pueden manejarse mejor o peor, pero siempre están ahí.
En los ámbitos sociales donde las rupturas se han desarrollado del todo, como los ambientes más urbanos de Norteamérica, se comprueba que hay más pobreza, que los niños sufren un perjuicio económico, y también que hay una constante rotación de relaciones superficiales. ¿Cómo se puede pedir a alguien que sea un buen padre, si a sus 25 años ya tiene 3 hijos de mujeres diferentes que viven en lugares distintos, y quizá está estrenando una nueva relación que le pone mala cara cuando va a ver a las anteriores? Es fácil entender que eso no funciona, que no es un sistema familiar sostenible.
No dar importancia al valor del matrimonio significa no dársela tampoco a que los hijos puedan crecer en un ambiente adecuado, a que puedan tener un padre y una madre accesibles, a la familia como unidad, como idea, como concepto. En resumen, significa que estamos poniendo por delante de la familia otras muchas cosas.
El matrimonio nunca es un sistema totalmente perfecto y hay que estar siempre pendientes de los niños y la familia, pero si queremos tomarnos en serio el bienestar del niño, su calidad de vida y su futuro, tenemos que cuidarlo.

¿Qué cometido tienen las entidades como The Family Watch en la sociedad actual?
En los últimos cinco años, han surgido unos cuantos think tanks en distintos países. Lo único malo es que su nacimiento se debe a un problema que se ha generalizado. En el mundo desarrollado, en los lugares donde la sociedad humana crece porque se consolida el estado de derecho y la sociedad de las oportunidades, han surgido al mismo tiempo problemas para el desarrollo de la familia.
Mientras la tribu africana más pequeña sabe como lograr que hombre y mujer se unan para dar origen a la siguiente generación, en nuestras sociedades, que son tan buenas para tantas cosas, algo tan sencillo se ha convertido en un auténtico problema. Sin embargo, lo positivo es que, en vez de aceptarlo como algo inevitable, estamos tratando de establecer nuevas estrategias, porque nos damos cuenta de que hemos creado unas sociedades modernas que son hostiles a la familia de forma desconocida hasta ahora. No queremos renunciar a los beneficios del progreso, sino afrontar esta situación para encontrar nuevas formas de entender lo que pasa y encontrar soluciones para recuperar la familia.
Lo que The Family Watch está haciendo es muy importante, entre otras cosas porque formáis parte de una red mundial que no sólo abarca España. En todo el mundo hay gente que sabe hacer buenos coches, descubrimientos científicos y otros avances, pero ¿estamos siendo capaces de aportar lo que la sociedad necesita para acoger a los niños y hacer que el amor entre un hombre y una mujer sea estable y forme un hogar? Esto resulta cada vez más difícil, y por eso me alegra que no sea sólo en EE UU donde podemos decir que, cuando se detecta un problema, no encogemos los hombros y pensamos que no hay solución, sino que nos ponemos a trabajar para resolverlo, porque siempre hay formas de hacer que las cosas mejoren o, al menos, que no empeoren.

¿Y qué consejo nos daría?
Mi consejo es que fortalezcáis mucho las redes de intelectuales, que son extremadamente importantes, y que logréis que cada vez haya más jóvenes licenciados valiosos que se interesen por temas como la familia, el divorcio, el matrimonio, los niños que crecen sin su padre…
No podemos dejar que los intelectuales se aíslen, porque no es el genio individual el que triunfa, sino la labor de equipo. Por eso, necesitamos crear grupos selectos de personas que sean capaces de pensar sobre los problemas, definirlos y aplicar el método científico y la investigación a sus causas, de forma que propongan posibles soluciones. Creo que este es servicio importantísimo para la sociedad.
Y mi otro consejo para que esto funcione es que consigáis que haya familias sanas, para lo que necesitamos encontrar la forma, en medio de las actuales circunstancias adversas, de que haya entornos en los que la vida familiar pueda desarrollarse, en las que el matrimonio siga siendo un ideal de vida, en las que se respete el concepto de lo que significa ser marido y mujer, padre y madre, y donde estos ideales se transmitan de forma efectiva a nuestros hijos.
Si somos capaces de hacerlo, en pocas generaciones cambiaremos la cultura, porque el futuro ciertamente pertenece a los que tienen hijos: el futuro será lo que nosotros hagamos.

fuente:www.thefamilywatch.org

Visión de la relación de pareja


En este tema voy a distinguir varias partes a la hora de su análisis:

1- Concepto de amor.
2- Teatro y carnaval.
3- Caída del telón.
4- Miedo.
5- Renacimiento.

1. Concepto de amor.
Estamos hablando de un concepto multicultural y multieducacional, por lo tanto no tiene porqué coincidir en todas las personas y difícilmente en las parejas. Si se da en la pareja se llega a decir que se encuentra a la “media naranja”.

Al no tener el concepto homogeneizado en todas las personas, cosa que acabaría de un plumazo con la libertad de pensamiento humana, el encuentro de dos personas se convierte en el encuentro de dos conceptos de amor (entre otros muchos), que de forma general serán coincidentes, pero cuyos flecos actúan como dos carreteras que se encuentran en un principio y siguen sentidos distintos, y algunas veces opuestos.

Todos tenemos un concepto más o menos coincidente del amor en términos generales, pero nos diferenciamos en el “sentido” del mismo. Me refiero con el sentido al fin que pretendemos: lo mejor para uno mismo, lo mejor para mi pareja, mejora económica, tradición, miedo, etc…

Por lo tanto en un inicio de la relación cada uno mira a un punto distinto del horizonte, pero no precisamente al mismo. El horizonte es el mismo para todos pero no el punto concreto, este punto es fruto de nuestro recorrido en la vida(educación, experiencias, madurez, etc…) Hacer coincidir dos puntos en el horizonte se hace tan difícil como que dos personas nacieran con la misma cara, hasta los gemelos tienden a gesticular de forma distinta.

La base del fracaso de toda relación la encontramos en el egoísmo, en intentar convencer al otro de que tu punto elegido en el horizonte es el correcto y no el del otro. De lo que no nos damos cuenta es de que en los dos puntos del horizonte se dan las mismas sensaciones, amanece y atardece de la misma manera. Lo realmente importante es respetar el punto de vista de tu pareja y que ella respete el tuyo e intentar ver las cosas como el otro las ve para así generar una evolución conjunta.

Ahora bien, para poder tener esta experiencia es necesario adoptar un sentimiento amoroso global, es decir aceptar las imperfecciones propias y las del otro, que en un principio serán completamente ocultadas o camufladas por miedo a no ser aceptado.

2. Teatro y carnaval.
El inicio, el primer contacto se produce en el gran “carnaval” o “teatro” de la vida. El miedo social a ser reconocidos de forma real hace que todo el mundo ande por el mundo disfrazado o con alguna mascara teatral que represente el papel que queremos transmitir.

Por lo tanto en un principio se da un esfuerzo de ocultación de nuestros defectos (e incluso de nuestras virtudes). Con el objetivo de ser querido y aceptado para poder llevar a cabo nuestro “sentido” anteriormente explicado. El problema fundamental de esta teatralidad es que se da en los dos miembros de la pareja a la vez (en un 90%) y cuando nos cansamos de dicho esfuerzo empiezan a aparecer los problemas ya que ni uno ni el otro se ven como al principio, evidentemente…

3. Caída del telón
El carnaval, el teatro… termina con la caída de un telón que no se puede contener más tiempo. La función acaba como todas las funciones, cuando acaban los recursos imaginativos de ambos, y la idealización empieza a agrietarse. La verdad pasa a través de esas grietas y ambos acceden a la realidad de la persona que tienen delante, y es en este momento cuando se empieza a mostrar la verdad, antes camuflada. La verdad no idealiza a nuestro favor, es como es, creando sorpresa (por lo que vemos) e inseguridad (por lo que mostramos). Aquí se presenta el verdadero reto, cuando ambos se ven sin mascara teatral.

4. Miedo
Es aquí cuando empieza el verdadero conocimiento de la pareja y es aquí cuando la gran mayoría no vuelve a verse; prefieren y eligen libremente teatralizar las relaciones amorosas ocultándose tras máscaras teatrales que ofrecen seguridad ante el miedo al fracaso o la inseguridad.

Alguien diría que es un tipo de “amor” válido, como un juego que nos entretiene. Pero de ahí no pasa, no busquemos en este juego el acceso a la verdad o a la sinceridad absoluta. Encumbrar la apariencia nos aleja de lo verdadero. Es como si nos dan un regalo y no lo abrimos hipnotizados por el papel que lo envuelve, puede ser muy bonito, no lo dudo, pero ¿porqué nos cuesta tanto abrirlo y aceptar lo que hay en el interior? El teatro es bonito, pero el conocimiento de la verdad por poco que veamos o que sintamos siempre será más real, y esto a la larga llena más porque en esta infinitud, el telón nunca cae.

Si nos quedamos en la superficialidad de saltar de una relación a otra sin abrirnos, seremos como la rana que salta de piedra en piedra sin bucear. Perder el miedo a nosotros mismos y la confianza se convierten en la llave hacia una conocimiento superior.

5. Renacimiento
El grado de aceptación debe ser bastante elevado en la pareja para afrontar este “renacimiento” de la relación, en el que se prescinde de máscaras teatrales. Una aceptación tanto de la persona que tenemos delante como de nosotros mismos. A partir de esta aceptación se abre un nuevo campo de conocimiento en ambas direcciones, e incluso introspectivamente, viéndonos reflejados en la sinceridad de nuestra pareja.

Es evidente que el que no esté predispuesto desde un principio a dar este salto (¿al vacío? Entendiendo vacío como desconocido) tiene muchas papeletas de seguir en una indefinida teatralización de las relaciones dentro de un bucle constante. Este bucle nos hará felices e infelices de manera constante y cíclica, pero sin transcenderlo, sin ir más allá. Este más allá es lo que nos puede llenar completamente al trascender esa prisión formada por un bucle imaginario e idealista.

Rubén González

Fuente:terapiayfamilia.blogspot.com/