Comienza el cole: ¿cómo ayudar a nuestro hijos?

Nuestros hijos disfrutan de unas vacaciones escolares que son bastante largas, de ahí que a veces les sea difícil adaptarse al inicio de un curso que se aproxima de nuevo.  Es por ello que os recomendamos los siguiente puntos:
  • Entender que el periodo de adptación al cole lleva unos cuanto de días. Tanto para nuestros hijos como para los padres.
  • Preparar a nuestros hijos, y mucho más a los más pequeños para mentalizares de “la vuelta a cole” de una forma positiva (ej. reencuentro con sus amigos).
  • Hay que ir introduciendo de nuevo rutinas y horarios del curso con flexibilidad. Acompañar los padres, si puede ser a su primer día de clases. Y fomentar desde ahí su confianza y seguridad.
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Juan Manuel de Prada, “Sectarismo ideológico” (sobre educación diferenciada), ABC, 30.V.11

Quisiera empezar este artículo aclarando que estudié en un colegio mixto, del que guardo recuerdos muy gratos; y que a mi propia hija la llevo también a un colegio mixto, del que no puedo sino predicar bondades. Pero el trato discriminatorio que nuestras autoridades dispensan a la escuela diferenciada, a la que ahora una lunática ley de «igualdad de trato» en ciernes pretende retirar los conciertos, se me antoja uno de los atropellos más descabellados que el sectarismo ideológico pueda perpetrar. Que la ideología es aniquiladora de la razón, porque exonera al hombre de la nefasta manía de pensar, nutriéndolo de consignas desquiciadas, se comprueba fácilmente en este caso.
Sostienen sus enemigos que la escuela diferenciada atenta contra la igualdad de hombres y mujeres, y que favorece la «segregación». Ambas son afirmaciones de una irracionalidad prejuiciosa y bestial. Podría decirse que las escuelas diferenciadas atentan contra la igualdad si impartieran disciplinas distintas dependiendo del sexo de sus alumnos, o si tales disciplinas se impartieran con distintos grados de exigencia; pero nada de esto ocurre en las escuelas diferenciadas, fundadas sobre un presupuesto incontrovertible, a saber: que hombres y mujeres somos diferentes, fisiológica y psicológicamente; y que esta diferencia natural —que no debe confundirse con una capacidad intelectiva mayor o menor— configura nuestros métodos de aprendizaje. La escuela diferenciada propone métodos de aprendizaje diversos para lograr más plenamente la igualdad de hombres y mujeres, no para atentar contra ella. Y sus resultados avalan esta propuesta, como se demuestra en aquellos países —Gran Bretaña, por ejemplo— donde existe una tradición arraigada de escuela diferenciada.

La acusación de «segregacionismo» es todavía más irracional y desquiciada. Los colegios de educación diferenciada no estorban que sus alumnos, una vez concluidas las clases, puedan relacionarse libremente con chicos del otro sexo, con las limitaciones que sus padres les impongan (o traten de imponerles).

Acusar a la escuela diferenciada de favorecer la desigualdad y la segregación nos obligaría a lanzar idéntica acusación contra los campeonatos de tenis; pero yo todavía no he visto a nadie que proteste porque Nadal no juega contra Kournikova, ni tampoco a nadie que se le ocurra afirmar que Nadal no puede ligarse a Kournikova (o viceversa) porque no les dejan enfrentarse en los campeonatos de tenis. Si alguien lanzara tales protestas o afirmaciones lo tendríamos por un necio redomado; sin embargo, tales necedades, referidas a los colegios diferenciados, triunfan, en alas del sectarismo ideológico, e incluso pueden imponerse mediante leyes que les denieguen arbitrariamente los conciertos.

Uno puede entender que los poderes públicos establezcan requisitos para que los centros docentes se beneficien de ayudas; pero tales requisitos no pueden ser arbitrarios, ni regirse por el más despepitado sectarismo ideológico, que disfraza el mismo odio despechado que la zorra de la fábula dispensaba al racimo de uvas que no podía alcanzar: odio, en primer lugar, a la excelencia; y también odio hacia una escuela que se resiste a ser convertida en el corruptorio oficial y en la fábrica de votantes en que nuestros sectarios pretenden convertir la escuela pública. La escuela diferenciada es la primera pieza que estos sectarios pretenden cobrarse; después vendrá la escuela concertada católica, no importa que sea mixta o diferenciada.

Fuente:interrogantes.net

PAZ EN LAS AULAS Y AULAS PARA LA PAZ

La escuela tiene un singular papel para educar a los jóvenes y a los niños en los valores de la Paz. Todos deseamos centros educativos en los que haya paz en las aulas y aulas para la paz.
Por Mons. Agustín García Gasco

La paz en las aulas se consigue cuando se educa con claridad en que todos somos iguales, diferentes y complementarios. Son tres pasos ineludibles para comprender la paz verdadera. La igualdad de derechos entre todos los seres humanos es un principio básico de la convivencia, que responde a nuestra dignidad por ser personas. El lenguaje religioso y el anuncio cristiano explican que esa dignidad de todos los hombres y mujeres procede de nuestra condición de hijos amados por Dios.

En la práctica, sin embargo, la igualdad entre los seres humanos encuentra incomprensiones e incluso ideologías que pretenden negarla. Se preguntan si la diferencia entre el varón y la mujer, entre las razas, las culturas, las edades, las religiones, entre los modos de pensar y de vivir, hace imposible la igualdad real entre los seres humanos. Algunos, incluso, llegan a presentar las diferencias como si se trataran de contraposiciones, de enfrentamientos, y desarrollan ideologías para contenidos sexistas, machistas, racistas, fundamentalistas, nacionalistas exacerbados, sectarios, que niegan e intentan hacer imposible la convivencia armónica entre los seres humanos.

Resulta imprescindible comprender que los seres humanos somos iguales y distintos porque somos complementarios. No estamos hechos para la oposición, sino para la colaboración. Nadie es más en oposición al otro, sino que somos más cuando damos la vida por los otros. Negar el carácter complementario del ser humano siembra el germen de la violencia.

El sentido religioso del ser humano hace de la paz una necesidad. Dios quiere para los seres humanos la paz. Cristo nos invita a convivir a todos como hermanos. El cristianismo predica la paz desde todos los rincones del Evangelio.

La reflexión religiosa sobre la necesidad de la paz en el mundo y en cada hogar como algo ligado a la sustancia del ser humano es una enseñanza que no debe ser censurada. La enseñanza de la religión en las aulas es muy importante para todos los que creemos que el camino seguro para la paz está en la educación. Los niños y los jóvenes tienen derecho a que se les anuncie el sentido último de los valores, su articulación última. Los padres tienen derecho a que esta explicación se desarrolle de manera acorde al estilo educativo que están desarrollando en su familia. Y la Iglesia no quiere privilegios. Sólo quiere que se respete el derecho de los padres.

La opción por la asignatura de religión recogida en los planes de estudio es una opción legítima secundada mayoritariamente. No se trata de imponer nada a nadie. Se trata de que los padres católicos ejerzan su libertad religiosa, de la misma manera que puedan hacerlo los padres con otras confesiones, o los indiferentes, o agnósticos.

La asignatura de religión en la escuela amplía la libertad y el pluralismo en la educación. El mensaje cristiano del amor fortalece las relaciones basadas en el amor cuya consecuencia necesaria es la paz. La religión habla de la paz en las aulas y ayuda a que las aulas trabajen por la paz.

Los estudios sociológicos muestran que los niños y los jóvenes reciben excesivos mensajes violentos a través de algunos medios de comunicación y la difusión sin control de determinados videojuegos que hacen apología de la violencia. En un mundo donde los padres y madres se ven compelidos a delegar cada vez más la educación de sus hijos no podemos dar por supuesto que los menores conocen el sentido completo de la paz. Ellos, como nosotros, necesitan continuamente de una reflexión que erradique de sus vidas la tensión de la agresividad y la violencia para resolver sus inquietudes y problemas.

Fuente:arvo.net

Aulas hospitalarias: no sólo para enseñar

Pasar una larga temporada en el hospital no debería frenar el progreso académico de un alumno. Bajo esta premisa nació hace una década una red de aulas distribuidas por instalaciones sanitarias públicas de varios países latinoamericanos.
No faltan expertos que insisten en que el cóctel TIC/Educación exprime todo su jugo ante circunstancias anómalas, por ejemplo cuando la asistencia a clase se antoja un reto poco probable, incluso imposible de alcanzar. Casos excepcionales en los que el universo virtual saca a relucir su increíble capacidad para romper barreras, permitiendo normalizar, sin grandes altibajos, la trayectoria académica de aquellos alumnos que han de ausentarse de su centro escolar durante un período más o menos extenso. Ejemplo cristalino de los beneficios que conlleva la inexistencia de límites espacio-temporales en las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza son las hospitalizaciones prolongadas de menores. Un trance ya de por sí complicado para familias y pacientes que, desde 2001, EducaRed trata de hacer más llevadero gracias a su proyecto Aulas Hospitalarias.

Hablamos de una iniciativa extendida por cinco países de Latinoamérica y de la que, en el último 2010, disfrutaron más de 15.000 chavales en unas 50 aulas. Siempre ubicadas en hospitales públicos. Gestionadas en su mayoría por docentes que por la mañana trabajan en colegios de la zona y dedican la tarde a procurar sabiduría y ánimos a niños y adolescentes ingresados por motivos variopintos. Destinadas en esencia a alumnos con pocos recursos para los que, sin ayudas de este tipo, la enfermedad podría suponer un auténtico parón en su evolución formativa.

Pedagogía de la ternura. Así define Sergio León, jefe del proyecto desde Fundación Telefónica Perú, el enfoque didáctico que inspira el día a día en las aulas hospitalarias EducaRed. “Resulta fundamental tomar conciencia de las particularidades del niño hospitalizado”, explica. “La dinámica del aula se centra en una lección a aprender, pero de manera lúdica y sin la presión que puede existir en una escuela normal”.
Docentes tres en uno. Profesores de Lengua o Matemáticas, sí, pero con un algo de psicólogos y un mucho de tutores TIC. Los docentes con un aula a su cargo enseñan, divierten y transmiten pasión por la cultura digital. Multiplican sus tareas y adoptan distintos roles conscientes de que su labor escapa por fuerza a los cánones del profesor al uso. Profesionales, en definitiva, inasequibles al desaliento y solidarios por vocación, con tacto para combinar lo intelectual y lo afectivo en un equilibrio variable.

Afirma León que “un concepto básico en la pedagogía hospitalaria es el de resiliencia”. Según la Real Academia, esa aptitud del ser humano para “asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. No es por tanto de extrañar que uno de los principales ejes de actuación del proyecto persiga “generar virtudes” y recursos psicoemocionales “para poder hacer frente a la adversidad a una corta edad”. En su vertiente más terapéutica, las aulas buscan también fomentar la sintonía y las actitudes empáticas entre alumnos aquejados de alguna dolencia. “En muchos sentidos”, continúa León, “son un espacio de socialización en el que el alumno-paciente comprende y asimila que otros niños están pasando por lo mismo”. Lecciones de madurez anticipadas en las que nunca “se deja de lado la alegría que generan los juegos grupales y la interacción con amigos por medio de las redes sociales o el correo electrónico, lo cual rompe con el aislamiento que puede provocar la enfermedad”.

Con el fin de que los profesores intercambien experiencias y de fortalecer vínculos entre padres y alumnos que están atravesando momentos difíciles, en 2009 el proyecto dio lugar a la conocida como Red Latinoamericana de Aulas Hospitalarias. Allí, los tres vértices del triángulo que conforma la comunidad escolar (familias, estudiantes y docentes) encuentran voces de consuelo e ilusiones renovadas, originales estrategias que aúnan didáctica y entretenimiento, quizá también almas gemelas de otras regiones y países a los que ha unido la enfermedad pero que comparten mucho más.

Más información: www.educared.org/global/aulashospitalarias

fuente:padresycolegios.com

Padres y docentes, en el mismo barco

Por Adolfo Torrecilla
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Última actualización 16/05/2011@08:19:21 GMT+1
Cállate. Ponte en tu sitio. Siéntate. Callaos. Que os calléis. Un poco de atención… Los profesores dedican el 16% de la clase a imponer orden en las aulas, un trabajo agotador que afecta negativamente en el rendimiento académico de los alumnos y hasta en el ambiente del centro. Este constante tira y afloja y la escasa colaboración de los padres son uno de los talones de aquiles de nuestro sistema educativo.
Organizada por CEAPA y CONCAPA, se celebró recientemente en el Consejo Escolar del Estado la I Jornada de Participación. Y también hace poco tuvo lugar en Pamplona el 35º Congreso de FAPACE, organización que aglutina a los padres de los centros de Fomento. En estos foros, se ha vuelto a destacar que se necesitan padres que se involucren más en el colegio.

Y no es que los padres tengan mala voluntad o que pasen de lo que les sucede a sus hijos en las aulas. En muchas ocasiones la falta de formación les impide afrontar sus obligaciones, que dejan demasiado en mano de los profesores. De ahí la necesidad de seguir impulsando las Escuelas de Padres como eficaz herramienta para darles el apoyo educativo necesario con el fin de que sepan moverse en un territorio en el que, por desgracia, a menudo se sienten desbordados.

Escaso respaldo

Este pasotismo, sin embargo, tiene negativas consecuencias para el ambiente de los centros educativos, como confirma una encuesta de FETE-UGT. El 55% de los encuestados subrayan la falta de respaldo de los padres a la hora de afrontar los problemas que surgen en las aulas. Más aún, en muchas ocasiones la respuesta de las familias va en contra incluso de los intereses educativos, actitud que en nada contribuye a que mejoren los resultados escolares y a que, por supuesto, disminuya el fracaso escolar, el verdadero lastre de la educación española. Y es que para mejorar el clima educativo es indispensable que mejoren las relaciones entre los padres, profesores y alumnos. La extensión de un clima de desconfianza, violencia y de indisciplina, aunque no sean casos escandalosos ni trágicos como los que a veces saltan a las noticias de los medios de comunicación, empaña el trabajo y el esfuerzo que ponen los docentes para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo.

Hace falta, pues, que los padres, en todas las etapas pero especialmente en la Secundaria, la más conflictiva, asuman su papel de colaborar con la escuela. No puede ser que se alineen por sistema en el bando contrario al de los profesores, asegurando con su conducta que sus hijos mantengan una actitud desafiante. Más aún, resulta preocupante la proliferación de casos hasta ahora insólitos en la educación española, como son los actos de violencia de los padres contra los profesores.

A través de las actuaciones del Consejo Escolar, de las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, del diálogo, de las frecuentes reuniones, de las tutorías…, deben establecerse fluidos cauces de colaboración entre las familias y los docentes, pues todos deberían ir en la misma dirección. Cuando se respira un clima conflictivo en las aulas, con enfrentamientos entre los profesores y los alumnos, o entre los propios alumnos, acaba salpicando negativamente al trabajo docente.

Según el último Informe TALIS (Teaching and Learning International Survey), elaborado por la OCDE en 2009, el 16% de las clases en España se pierde en imponer orden. Pero hay datos todavía más preocupantes. Por ejemplo, España es el país donde el clima escolar es el “menos favorable” de los países participantes. El Informe reconoce que es necesario fortalecer la figura del profesor y mejorar sus condiciones sociolaborales como factor determinante para que mejore el clima educativo. En este sentido, la mejor dirección es trabajar, con la colaboración de los padres, para reforzar la autoridad y el prestigio del profesor. Sin embargo, los recientes recortes educativos, que han afectado de manera muy especial a los docentes, no parece que sean la mejor medicina de las Administraciones educativas para apoyarlos.

Fuente:padresycolegios.com

Criterios a tener en cuenta para la elección del centro escolar


Pablo Carreño Gomáriz – 11.02.2010

CRITERIOS A TENER EN CUENTA PARA LA ELECCIÓN
DEL CENTRO ESCOLAR

Ante este reto de facilitaros, de alguna manera, los criterios para elegir un colegio para la educación de los propios hijos, lo primero que tenemos que hacer es empezar con qué es un niño, qué es la educación. Después de tener claro esto, hablaremos de los cuatro fundamentos esenciales para mí a la hora de elegir un colegio.

¿Qué es un niño? Voy a ser muy empírico porque yo soy sociólogo. Supongamos que tenemos en esa silla a un niño, mejor dicho al que yo voy a describir ahora no estará sentado. Un niño es algo que al padre y a la madre le da el médico o la monja, recién nacido y le dice, aquí tiene padre feliz, aquí tiene tres kilos y medio de peso, absolutamente ignorante y absolutamente egocéntrico. Dicho de otra manera, tiene aquí un encantador cochino egoísta. El reto que se le pone al padre y a la madre cuando se le da ese niño es, aunque no lo veamos así, ahora usted tiene que convertirlo en 70 kilos de peso, si es varón, 45 si es chica, licenciado en derecho o en ingeniería de telecomunicaciones y que sea capaz de dar algo a los demás. Este es el reto.

La eduación consiste esencialmente en sacar al niño de sí mismo y hacerle ver que los demás existen y que no existen porque han venido aquí para utilizarlos él, para servirse de ellos, para amarlo porque me gusta o no me gusta. Han venido aquí con ellos que es otra cosa distinta. Conseguir que ese niño de tres kilos y medio de peso absolutamente ignorante y egocéntrico, ese adorable cochino egoísta, se convierta en alguien capaz de donar, de donarse, esa es la gran aventura de la educación. Luego, si el niño es licenciado en exactas o es ingeniero de caminos, o es albañil, eso es lo de menos, lo importante es que haya aprendido a ser y hacer feliz. Porque además, el que no es capaz de hacer feliz no es capaz de serlo. El que va por la vida buscando cosas no es capaz de dar nada.

Os lo voy a probar de una manera muy gráfica. Un vaso, como cualquier ser humano, tiene una capacidad. El vaso, aunque esté casi al borde, aunque tuviera de todo, y no debiera tener un motivo para quejarse de nada, la única manera de que este vaso dé algo es que se sienta lleno. Por eso, una pieza fundamental de la educación, y este es un criterio fundamental para la elección, es que el niño aprenda a ser feliz. Sin necesidad de depredar a los demás.

Dentro de este marco tenemos a este niño, un yo que acaba de nacer y que tiene un padre, una madre, una abuelita, un hermano y, a todos ellos, el niño los pone a su servicio con la herramienta que tiene, llorar. Este niño como un pedazo de madera o de piedra hay que convertirlo en alguien, para introducirlo en la sociedad 25 años después o los que sean, para que sea capaz de moverse, de salir de él, al menos en una determinada proporción. La educación no consiste en hacer un producto perfecto. Pero si consiste en hacer un producto lo suficientemente bueno para que tenga un porcentaje de salida hacia fuera, de instrumentalizarse él para otro, de darse, este es el proceso. Empezar con una materia prima y terminar con un producto capaz de introducirse en la sociedad sin que hayamos metido un habitante de la selva. Porque esta es la diferencia entre un habitante de la ciudad y uno de la selva. En la selva cada uno de ellos sale por la mañana con una mano a cada lado y mirándose, o son depredadores o depredan.

La única manera de que en éste que acaba de nacer puedan confiar los que hay alrededor de él, es que este niño merezca la confianza y desde luego si no le ha enseñado nadie no habrá manera de vivir al lado de él. Este es el proceso de la educación. En realidad, la ecuación para un sociólogo se llama algo mucho más amplio. Me gusta hablar de socialización. La socialización es precisamente el proceso que tienen en los grupos, en las organizaciones humanas de hacer civilizados, asequibles, confiables a sus ciudadanos nuevos.

Qué herramientas hay para hacer esto. Se hace a voleo, no. En toda actividad humana profesional hay unas herramientas, unos útiles. ¿Qué herramientas hay para esto? Aquí tenemos al cochino egoísta, adorable por supuesto, que no estaba dispuesto a ceder en nada, es un yo genético, con el que tenemos que hacer algo. El bloque de granito se transforma con tres herramientas: disciplina. Sin disciplina no saldrá nunca de ahí. Si este niño durante los siete primeros años de su recorrido de socialización ha podido hacer todo lo que le gusta y no ha tenido que hacer nada de lo que no le gusta, no hemos estado socializando un ser humano, hemos estado socializando un dios. Porque cuando llegue a los 18 años, este ser humano, se siente omnipotente. Y la omnipotencia es de Dios, no del ser humano. Hasta entonces todo lo que le gustaba ha podido hacerlo, con más o menos llanto o más o menos rabieta. Lo que no le gustaba no ha tenido necesidad de hacerlo. Tenemos un dios de 7 años. Ahora a los 7 años si tiene un hermano y lo tiene que depredar, lo hará.

Este egocentrismo se convierte en egoísta en la medida en que cuando llega aquí no ha tenido ninguna necesidad de reprimirse. El ser humano para llegar a convertirse en un auténtico ser humano necesita disciplina, necesitan que le digan que no. Aunque eso, al que más trabajo le cueste sea a su entrenador, ya sea su padre o su madre, los entrenadores están en el sitio en el que están no para decir que sí, que eso lo puede hacer cualquiera, el entrenador está para decir que no. La disciplina, la disciplina sensata, consiste en decir pocas veces que no, cuando se dice que no en un tema importante, y hacérselo ver.

Este es mi ideal de la disciplina. La disciplina consiste sencillamente en no abusar de la autoridad. Porque tan abuso de la autoridad es pasarse como quedarse corto. No somos dioses, por lo tanto, toda extremosidad, todo reduccionismo, es una manera de salirse del tiesto. Sin disciplina no hacemos hada. Cuando el niño se nos da pequeñito es 100% disciplina y 0% instrumento, autonomía y libertad. Autonomía y libertad que no se puede entender como, haga usted lo que quiera, sino como, decida usted y sea responsable de lo que usted ha decidido. Libertad sin responsabilidad es arbitrariedad. La libertad no consiste en que yo hago lo que me gusta. El hombre está continuamente entre un cruce de camino entre el me gusta o no me gusta y debe o no debe. Tal vez el debo o no debo coincida con el gusta o no gusta, y hay veces que no coincide. Aquel que cuando no coincide nunca opta por el debo o no debo, no es todavía un hombre ni una mujer aunque tenga 80 años. Y esto va evolucionando en la medida que el niño va respondiendo hasta que los 18, a los 22, depende de cada niño, llega un momento que es 0% disciplina y 100% autonomía. Qué pena el que cae en esa estupidez provinciana de cuando sea mayor ya haré. Eso es absurdo, si el primer proceso, la primera fase de la educación es “domesticarle”, antes de que conozca los afluentes del Danubio, con mucho amor, pero “domesticarle”. Este ser maravilloso hay que “domesticarlo”. Para que lo pueda “dejar suelto” con su hermanito y con su vecino sin que quiera “bebérselo” o utilizarlos.

Este es el proceso. ¿Criterio para elegir un colegio? Este es uno. Tenemos tres herramientas: disciplina, autonomía y amor. Autonomía y disciplina de acuerdo con la realidad, no se trata de idealismos ni de izquierdas ni de derechas, ni totalitario ni permisivo. Se trata que en función de lo que tenga delante, depende del niño, depende de la edad pero siempre sabiendo que estas dos herramientas tienen que estar utilizadas empezando por el 100% 0% y, en cuanto se pueda, ya que este proceso es largo. Es curioso que muchas veces no sabemos y pretendemos dejarlo para luego y con el niño o la niña casados es cuando intentamos meternos con su vida, cuando ya nos han hecho abuelos. Es un proceso. Empezamos con un niño de tres kilos, egocéntrico e ignorante y lo tenemos que dejar en alguien con quien se pueda vivir sin necesidad de que tenga que mirar a su espalda.

Los hombres tienen que aprender de nuevas, No aprenden de generación en generación. Los seres humanos pensamos todos que venimos a este mundo a inventarlo. Pero no, hemos venido a descubrir cómo funciona. Esta información se la pedimos a la gente que ya ha pasado por allí. Entonces, que es lo que pasa. Pues pasa que hay zonas periódicamente de máxima vida civilizada y hay otras zonas periódicamente de vida salvaje. ¿Y en que se diferencian estas dos cosas? La diferencia está esencialmente, en que lo civilizado está fundamentalmente en que las relaciones entre los seres se basan en el respeto. Cuando no hay respeto en las relaciones no hay vida civilizada. Y el respeto genera el amor. Pero sin respeto, sin una dosis suficiente en la relación, no hay posibilidad, se rompe todo. Cuando el respeto se pierde, lo que amanece en las relaciones entre los hombres es el desprecio. La frontera que marca la vida civilizada y la vida selvática es un índice de confianza suficiente como para darle la espalda al que tengo al lado. Cuando baja el respeto, el índice de respeto, baja el índice de confianza. Estas situaciones conllevan casi siempre una degeneración moral.

Así, tenemos otro criterio. ¿El colegio debe infundir respeto, confianza o competitividad? Ya nadie sensato piensa que la competitividad tenga ningún porvenir.

Otro criterio es la organización familiar. La organización familiar es un criterio que marca. La organización familiar es una organización que por naturaleza es bicéfala. Lo dirigen dos personas, padre y madre. Ahora, esta organización para funcionar necesita convertirse, aunque sea intermitentemente, en monarquía. Es decir, necesita decidir quien de ellos dos dice la última palabra y en qué temas. Si no se hace así y se vive el mito, de tenemos que estar siempre los dos de acuerdo, se pueden dar las cosas más paradójicas del mundo. Nos ponemos de acuerdo en que tú seas quien diga la última palabra en este campo. Y esto evitará una de las grandes tragedias en la educación, que es los conflictos más o menos latentes, a base de repartir previamente las funciones. Este es otro criterio para elegir colegio. ¿Quién tiene que elegir?

En la organización familiar lo que buscamos es la satisfacción máxima de tres. Buscamos sentirnos más admirados dentro que fuera. Porque los que tienen problemas con su familia son huérfanos. Después según el sexo o la edad hay más o menos hambre de una u otra cosa. Segundo valor, ternura. Vamos a la organización familiar a sentirnos tratados con mayor dedicación y ternura. Es incuestionable que la mujer pide más ternura. Pero todos tienen que dar el máximo de ternura a los demás. Y el tercer valor, es la seguridad. Entramos, cerramos la puerta, y decimos, aquí sí estamos a gusto. Necesitamos todos, esa seguridad. Si esa organización familiar no nos ofrece esto es una chapuza.

Sintetizando todo esto. Tenemos que tener en cuenta que el colegio hay que elegirlo con realismo, que sea un colegio que no esté anclado en el futuro ni en el pasado, sino ahora. Que impere el sentido existencialista. Tiene que ser un colegio que tenga los mismos ideales que tenga tu familia sino al niño le vamos a destrozar, le vamos a hacer un esquizofrénico, con una doble vida. Cuidado con criterios bastardos: elegirlo porque se puede conocer a personas importantes o porque se puede aprender mucho inglés. Eso son asuntos residuales, a considerar después de. El criterio tiene que hacerse teniendo en cuenta que estamos en una sociedad con un criterio declive del respeto y pasando esa frontera de la confianza de forma acelerada. Habrá que buscar un colegio que tenga criterio y que sepa despertar criterio y libertad en el alumno. La mayor libertad que podemos buscar para nuestro hijo no es que haga cosas o que diga cosas sino que piense. En este momento, el mayor peligro no es que no tengamos libertad para hacer o para decir, sino libertad para pensar. La instrumentalización que se puede hacer en la libertad, según el mundo en el que vivimos, es impresionante.

El último gran criterio para elegir un colegio, es que se busca siempre para algo. Hay tres maneras de buscar el colegio. Yo puedo educar con Dios, hablando del absoluto real.

fuente:vivirenfamilia.net

Las ventajas de ser bilingüe

• Varios estudios muestran las ventajas que tiene para el cerebro ser bilingüe

María Valerio | Madrid

Hace décadas que los investigadores indagan en los efectos que tiene en el cerebro humano el conocimiento de dos lenguas distintas. En la última reunión de la Sociedad Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS según sus siglas en inglés), que acaba de comenzar en Washington (EEUU), el bilingüismo tampoco ha pasado desapercibido.

Varias investigaciones presentadas en Washington, en el contexto de una jornada sobre ‘¿Qué nos dice el bilingüismo sobre nuestro cerebro?’, echan por tierra décadas en las que se temía que aprender dos lenguas podía crear confusión en el cerebro, sobre todo en el caso de los niños.

Uno de los estudios procede de los laboratorios de la Universidad de Granada, donde los profesores María Teresa Bajo y Pedro Macizo han trabajado con varios voluntarios que hablaban perfectamente tanto español como inglés (aunque no habían crecido necesariamente entre ambas lenguas).

Tras medir su tiempo de respuesta y actividad cerebral ante una pregunta, los investigadores observaron que las personas bilingües son capaces de activar dos idiomas al mismo tiempo, incluso en situaciones en las que sólo necesitan uno. Como explica su univeridad en una nota de prensa, el blingüismo no sólo mejora la atención sino que también es entrena la memoria de estas personas, como si fuese una especie de ‘gimnasia mental’.

Desde la infancia
Más sorprendente es el hallazgo de Nùria Sebastián-Gallés, de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. En sus trabajos con varios niños de cuatro, seis y ocho meses, criados en hogares donde se hablaba indistintamente el catalán o el castellano, detectó que los pequeños bilingües son inculso capaces de discernir entre dos idiomas que no conocen.

A los pequeños se les pusieron varios vídeos sin sonido en los que aparecían personas hablando en inglés o francés (dos idiomas desconocidos en el hogar de los bebés). Incluso aunque nunca habían escuchado dichas lenguas, los investigadores aseguran que los niños fueron capaces de distinguirlas únicamente por las expresiones faciales de quienes aparecían en el vídeo. Una evidencia, a su juicio, de que el bilingüismo amplia la capacidad perceptiva del cerebro.

Otras ventajas
Aunque como ha reconocido en el mismo foro Judith Kroll, de la Universidad de Pensilvania (EEUU), todas estas ventajas no significan que las personas bilingües sean más inteligentes, ni que aprendan mejor. En su caso, sus hallazgos muestran que son, eso sí, personas ‘multitarea’, capaces de procesar varias tareas al mismo tiempo y despreciar rápidamente la información irrelevante que percibe su cerebro.

Recientemente, un estudio sobre el mismo tema publicado en la revista ‘Neurology’ por Elen Byalistok (de Toronto) mostró que usar dos lenguas cada día conseguía retrasar una media de cuatro años la aparición de Alzheimer. Y aunque las mayores ventajas se observaron en las personas que usabanambas lenguas a diario, la investigadora canadiense destaca que incluso practicar en verano esa segunda lengua aprendida en el colegio puede ser beneficioso contra la demencia.

Cambiar de un idioma a otro, explicaba Byalistok, parece ser un estímulo para el cerebro, de manera que éste se fabrica una especie de ‘reserva cognitiva’. Su siguiente paso va a ser comprobar si, además de una mejora cognitiva, el bilingüismo también provoca cambios físicos en la estructura del cerebro.

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-02-21

Valorar al profesor

Por Enrique Marcos Pascual – Sontushijos.org

Cada día aborda el profesor su labor en el aula con renovada ilusión, a pesar de que en muchas ocasiones sufre situaciones difíciles y problemáticas e su ámbito de trabajo por la conflictividad existente en las aulas por las enormes dificultades que minan su capacidad para impartir con normalidad la tarea docente. Pero los profesores que ejercen su profesión vocacionalmente intentan con creatividad, imaginación, ilusionar a los alumnos con recursos e iniciativas atendiendo a los dos significados etimológicos de la palabra “Educación” – educare (llevar, nutrir, alimentar) y educere (sacar, hacer, salir) términos claves en el papel de los docentes en la escuela.

El profesor en el aula intenta contagiar de su actitud al alumno, con el buen ánimo para preparar una clase, estando siempre ahí para atender a las familias de los alumnos.

Los profesores son personas a quienes todos debemos algo, por ello la sociedad deben estarles agradecidos y a los poderes públicos recordar que la educación es uno de los principales activos de la educación y que desde la educación debemos afrontar y superar todos los retos que se nos presenten. El profesor pone todo su interés en el aula, busca una complicidad amable con padres y alumnos.

Por ello los profesores se merecen un reconocimiento diario a su labor, un “gracias por haber enseñado a modelar con mis manos el mundo que luego gobernaré”, el profesor por su parte aportará su valor en sí mismo como persona, aprovechando el potencial de los alumnos, siendo capaces de entresacar, de hacer sacar los mejor de cada alumno, recuperando el auténtico sentido de la educación.

Para reflexionar…

“Un profesor trabaja para la eternidad:
nadie puede predecir dónde acabará su influencia”
H.B. Adams

“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”
Pitágoras

“La educación consiste en enseñar a los hombres,
no lo que deben pensar, sino a pensar”
Calvin Goolidge

fuente:lafamilia.info

Infancia y adolescencia: Familia y escuela

Hay que reordenar la familia en clave personal y reorganizarla en clave social, jurídica y fiscal, de manera que pueda asumir su papel educativo

Por OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

Cada ser humano tiene su lugar de nacimiento personal, donde sus raíces arraigaron o donde quedaron al aire, sin humedad y sin jugo. Arraigo o desarraigo, confianza fundamental en la vida o distancia resentida frente a ella, ¿quién nos los da? ¿De qué somos al final hijos: de la calle, de la escuela, de la familia? ¿De la compañía que suscita y sostiene la libertad o del aislamiento y abandono que nos dejan desvalidos ante el futuro?

La infancia y adolescencia del hombre se forjan entre esos tres ámbitos de realidad y de sentido: familia, calle y escuela.

El rostro personal de la madre y el maestro otorgaban antes las fibras primarias del tejido de la vida, en el que se insertaban otras secundarias, hoy la situación se ha invertido.

Es la calle la que arrastra orientación y determina convicción. A la situación de la familia y de la calle debemos mirar a la hora de comprender el logro o fracaso escolar. La escuela era antes factor configurador; hoy, en cambio, es factor derivado.

¿Tiene fuerza en el orden psicológico para ser creadora de actitudes personales y personalizadoras?

Ya no es posible recluirse en los contextos naturales de origen, familia, religión, raza, despreciando lo que la historia, cultura y racionalidad han conquistado como saberes, derechos y responsabilidades.

Ni el capitalismo ni el socialismo, ni el cristianismo ni el islam pueden pretender ser forjadores de identidades cerradas.

La abertura a la alteridad, el ensanchamiento a la historia y el diálogo como búsqueda cooperativa de la verdad son los caminos de lo humano y de lo divino.

Tenemos que conjugar identidad propia y universalidad ciudadana, verdad y libertad, afirmación del individuo y solidaridad humana.

Si la familia es la matriz primera de la identidad, la escuela es la puerta que abre hacia la verdad histórica del hombre y hacia la personalidad compleja.

Sin arraigo primigenio no hay capacidad de vuelo hacia las alturas y distancias; pero sin vuelo hacia otros mundos, el mundo propio se convierte en una cárcel.

Occidente inclina hoy a fiarlo todo a la escuela, como lugar de la razón pública y social, mientras que el islam parece inclinar a fiarlo a la familia.

La relación entre familia y escuela ha sido alterada y de su distonía derivan muchos problemas escolares. ¿Qué ha variado en la estructuración de la familia en los últimos años?

Ha cambiado casi todo, comenzando por el contexto rural en el que se forjó.

Hemos pasado de una situación local, estática, a una movilidad y dinamismo permanentes. Ha variado el orden de autoridad y las primacías de decisión, pasando a la igualdad jurídica y moral entre padre y madre.

A la familia ancha y compleja, construida por abuelos, tíos, primos, que otorgaba a sus miembros conciencia de variedad, complejidad, apoyo y confianza ha sucedido otra, recortada y mínima, con sola madre o solo padre; en muchos casos dos hijos, en otros uno solo.

Antes educaban los hermanos en compañía y choque, en reciprocidad y sostén.

La variedad de hijos llevaba consigo el recorte y el soporte entre ellos, el despego psicológico, sin que los padres los miraran como espejo de autocontemplación narcisista (la llamada «religión de los hijos»).

Han variado las condiciones de trabajo y de vivienda.

De ahí resulta también otro hecho que comienza a alterar los tejidos interiores de los hijos sobre todo en los niveles profesionales medios y altos: muchos hijos sólo ven a sus padres de nueve de la noche a nueve de la mañana.

El resto del día quedan entregados a cuidadoras procedentes de otras culturas e incluso de otra lengua, o trasferidos a esas zonas de espera impaciente, en que se convierten las guarderías, donde los educadores sustituyen a los brazos maternales, que con su ternura aportan la confianza fundamental, necesaria para existir sin difidencia en el mundo.

A la uniformidad cultural de antaño, está sucediendo la diversidad cultural, racial y religiosa; con mutaciones que no provienen sólo de hechos externos sino de convicciones internas. ¿Cómo se vive la vida naciente y cómo se acoge tanto a las madres gestantes como a los hijos que traen a este mundo?

El drama supremo de Europa es el rechazo de la vida en un sentido y su apropiación en otro.

Este giro de conciencia es el que debemos analizar, preguntándonos si él es garantía de mayor fecundidad y valor moral o si no está amenazando en la propia raíz a nuestra dignidad y con ella nuestro futuro.

Cuando se comprende la vida como don de Dios, se la acoge con agradecimiento, se la valora infinitamente y se favorece su perduración ulterior. Los venideros tienen derechos que no podemos cercenar.

La vida humana surge y crece con unas condiciones objetivas materiales y esponsales, que no podemos alterar a nuestro gusto. Están en juego las futuras personas.

La escuela sola no tiene capacidad para superar esos retos.
Hay que repensar la estructura interna de la familia, para integrar las nuevas y admirables conquistas de trabajo y profesión de ambos esposos en un marco, que no convierta a uno de ellos en víctima.
Hay que rehacer la valoración de la madre y de la familia con protección legal, apoyo económico y defensa moral frente a la trivialización maligna que ahora está padeciendo.
Hay que proveer a unas actitudes, instancias e instituciones de prevención y no sólo de curación.
Es desproporcionada la relación entre presupuestos y medios otorgados a superar el sida, la droga o la violencia en la familia, y los otorgados a prevenir esas lacras.
Educación sexual
No se puede trivializar la educación sexual ni banalizar el amor hasta el límite de su degradación personal en las relaciones entre la juventud, dejándolo todo al remedio de utilización de preservativos o la píldora del día siguiente.

¿Es posible una educación mínimamente humana, digna y con capacidad de futuro, si en privado y en público no se orienta con ideales y criterios ni se robustecen las actitudes personales y las capacidades morales con una palabra tan relegada como necesaria: las virtudes?

Reordenar la familia
Hay que reordenar la familia en clave personal y reorganizarla en clave social, jurídica y fiscal, de manera que pueda asumir su papel educativo. Hay que fijar la tarea de formación y de extensión propia de la escuela.

La colaboración crítica entre ambas logrará hacer ciudadanos, hombres, hermanos. Nos alumbrará la capacidad para la diversidad y comprensión del que viene de lejos.

La recepción de inmigrantes en Europa no debe ejercitarse desde el recelo. El que está y el que viene, ambos tienen una palabra que decir. «Oh alma mía, estate preparada para la venida del Forastero/ estate preparada para aquel que hace preguntas» (T.S. Eliot). La policía no es la primera llamada a superar los problemas de convivencia entre culturas y continentes sino la vigilancia del espíritu, la actitud fraterna, el conocimiento del prójimo en su historia, cultura y religión.

De su casa a nuestra escuela debe ir un camino de acogimiento, no de rechazo y desprecio humilladores, que siembran la simiente del resentimiento y de la venganza.

Familia como hogar, escuela y taller; reconstruida desde dentro de ella misma y apoyada por las instancias sociales para que pueda cumplir su misión. La escuela no la puede suplir.

Escuelas como familias; familias como escuelas. Escribo estas líneas cuando Juan Pablo II canoniza a José Manyanet, fundador de los Hijos de la Sagrada Familia y las Misioneras de Nazaret.

Él fue quien estuvo en el origen de «La Sagrada Familia», ese milagro de genio, de santo y de pobre que levantó Gaudí, con sus torres como llamas de luz para los hombres y de alabanza para Dios.

Olegario González de Cardedal

Recibió la ordenación sacerdotal en 1959. Doctor en Teología por la Universidad de Múnich, amplió los estudios en Oxford y Washington. Ha sido durante largos años catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca hasta su jubilación en 2004 y es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Fue colaborador de Xavier Zubiri y alumno y compañero de Karl Rahner.

Es Premio Espasa de Ensayo 1984 por su obra El poder y la conciencia.Otras obras destacadas son: La gloria del hombre (1985), España por pensar (1985), Jesús de Nazaret. Aproximación a la cristología (1993),Madre y muerte (1994), Raíz de la esperanza (1996), Cuatro poetas desde la otra ladera. Prolegómenos para una cristología (1996), Cristología(2005), El quehacer de la teología (2008) .

Autor: FAMILIAE Psicoterapia- Fecha: 2011-01-11

Prueba de amor: Hora de postular al colegio

Escrito por María Ester Roblero / Nº 137
Jueves 24 de Mayo de 2007
Elegir un colegio para el hijo, imponer la propia elección por sobre la del cónyuge, esforzarse en dar una buena impresión y evitar los “papelones” pueden transformarse en una fuente de conflicto matrimonial.
La entrada del primer hijo al colegio marca un gran cambio para el matrimonio. Implica la llegada de un nuevo personaje en su vida familiar: “la institución escolar”.

Es verdad que el colegio acompañará a los padres en un largo periodo de la vida de sus hijos, desde la infancia hasta la juventud, pasando por la pubertad y la adolescencia. Es verdad que en este lugar el hijo hará amistades, compartirá con otras familias, se relacionará en un contexto cultural, social y valórico determinado…

Pero es mentira que, llegado el momento, la elección del establecimiento mismo sea lo más importante. Lo más importante, de ahí en adelante, es la actitud que asumen los padres ante su hijo y ante el rendimiento de éste. Los mensajes conscientes o inconscientes que transmiten los padres influyen mucho más sobre la vocación, motivación y autoestima de los hijos, que los mismos profesores.

En momentos en que muchos padres están viviendo el proceso de postulación, les entregamos algunos consejos.

No transformar el proceso en una lucha de poder
A la hora de discutir sobre la elección del colegio para los hijos, se pueden decir cosas muy hirientes, que involucran no sólo al cónyuge sino a toda su familia. En este error fatal caen creyentes y no creyentes, muy cultos y poco cultos. Hay que recordar algo elemental: si no hay acuerdo en qué colegio queremos que vayan los hijos es porque hay diferencias entre los cónyuges. Y esas diferencias debieran estar aceptadas y digeridas desde antes. Si las diferencias son muy grandes -como suele ser el tema de la orientación religiosa de un colegio- es importante que uno ceda, pero siempre pensando en el bien del hijo. Es más, ésta puede ser una excelente ocasión para conversar profundamente de esas diferencias, sopesar en qué medida los distancia y en qué medida se pueden ir acercando en el futuro. La “guerra santa” en este caso no es “meter finalmente al hijo a ese colegio” sino crecer como familia, siendo ejemplares en el mensaje de unidad, mutua aceptación y respeto que existe entre los padres.

No proyectar los propios temores en el hijo
No siempre es fácil ponerse de acuerdo en el colegio que queremos para un hijo. Afloran los deseos personales más profundos (“me habría gustado ser más deportista”) y surgen los temores (“el mundo será cada vez más competitivo”). Reconocer esos deseos y temores es un buen punto de partida para entender que no podemos proyectar frustraciones ni inseguridades personales en los hijos.

De ahí en adelante, lápiz en mano, hacer un listado en conjunto, padre y madre, de los aspectos de fondo que sí nos importan para nuestro hijo. Un buen consejo dado por el educador norteamericano William Bennett es el siguiente: todos queremos que nuestros hijos sean buenos, felices y exitosos. Pero la prioridad que le damos a cada una de esas tres categorías determina nuestras decisiones.

No traicionar al otro por dar una buena impresión
Hay casos en que el marido o la esposa no se sentirá jamás cómodo en determinada comunidad escolar. Y eso se nota desde el primer minuto: no cuaja. Y no es raro que uno de los dos presione al otro, criticándole su falta de asertividad a la hora de hablar, de dar buena impresión, de participar. Incluso tras la entrevista personal de los padres con el director de un colegio surgen recriminaciones explícitas -“Siempre metes la pata” o “Tú, dale con hablar leseras”- y lo peor, pensamientos muy dañinos: “Me da vergüenza que él no sea muy inteligente”, “el resto de la gente la encuentra frívola”… Hagan todos los esfuerzos posibles por corregir esas actitudes porque son nefastas.

El colegio debe facilitar la vida familiar
Dicen que muchas veces las personas somos “constructoras” de nuestras propias cruces. Por más grandes y comprensibles que sean nuestras ganas de darle la mejor educación a los hijos, no podemos elegir un colegio mucho más caro de lo que la prudencia nos aconseja pagar, tan lejos de la casa que nos volvamos esclavos del transporte del niño, o con una comunidad escolar diametralmente opuesta en su estilo de vida a la propia. Son factores concretos que terminan por impedirnos gozar del tiempo libre, desarrollar con naturalidad el propio estilo de vida familiar o cultivar pasatiempos familiares igualmente educativos y formativos para los hijos.

Los padres siempre son los primeros educadores
Por bueno que sea un colegio, su efecto educativo será siempre inferior al de la familia. Es muy difícil que un niño sea buen alumno si en su casa no hay ambiente favorable al estudio; es muy difícil que un hijo tenga ricos intereses si en su casa no le despiertan el gusto por la vida y el mundo; es muy difícil que un niño crezca en autoestima y seguridad para salir a “comerse” el mundo si en su casa no le refuerzan la identidad y engruesan sus raíces. Por eso el colegio será siempre un segundo lugar de crecimiento, jamás el primero ni el principal.

fuente: www.hacerfamilia.net