La Timidez: El muchacho que no supo decir NO


Gabriel Marañon Baigorrí

Las buenas noches de tus hijos II: Virtudes

Eran cuatro amigos. Uno de ellos era rebelde, malo, perverso. Desde pequeño andaba a pedradas contra otros chicos, que los perseguía sin motivo alguno, con odio y saña. Los tres restantes no eran propiamente malos, pero sí rebeldes, excepto uno de ellos, que era realmente bueno, pero con un defecto en su espíritu que no supo vencer: su timidez. Era un muchacho que no sabia decir: “¡No!”

Un día se reunieron los cuatro en un bar y el peor de los amigos propuso a los demás asaltar y robar a un conocido suyo, hombre ya mayor, que al día siguiente tenía que cobrar en la fábrica. De los cuatro amigos, tres estaban de acuerdo. El muchacho que era tímido y formal es seguro que aquello le pareció indigno. Pero no tuvo valor para oponerse y decir: “¡Eso está mal. Yo no lo hago”. Pero no lo dijo. Se calló.

Al día siguiente los cuatro individuos se apostaron a la entrada del túnel que atravesaba la carretera. Esperaron un buen rato. Estaban embozados. Por fin apareció el obrero, víctima elegida de ellos. Cuando el obrero entró en el túnel, camino de su casa le asaltaron los cuatro individuos e intentaron sujetarlo, pero el obrero forcejeo con tal fuerza que a uno de ellos le quitó el embozo. Quedó la víctima asombrada al ver que conocidos suyos intentaban robarle. El joven, al verse descubierto, se abalanzó contra él y a puñetazos lo derribó al suelo; se ensañaron con él. Uno de ellos trajo una estaca y dándole un fuerte golpe en la cabeza lo dejó medio muerto. Arrastraron a la víctima a unos matorrales y la abandonaron. Unas trescientas pesetas se cree que le robaron.

Al cabo de varios días encontraron el cadáver unos individuos y dieron cuenta a la Guardia Civil.

El muchacho sensato, pero tímido, que participó en el crimen no podía comer ni dormir. Su intranquilidad era enorme. Le horrorizaba lo que habían hecho. Su madre le preguntaba a ver qué le pasaba. Por fin el muchacho le declaró una mañana: “Madre, he visto matar a un hombre”. Pero el joven no manifestó a su madre ser él cómplice en el asesinato del obrero. La pobre madre quedó consternada. Y sin decir nada a su hijo, fue al cuartel de la Guardia Civil y dio cuenta de la revelación de su hijo.

El muchacho fue llevado al puesto de policía y allí, acosado a preguntas, declaró cómo fue el asesinato. Los cuatro jóvenes, que eran mayores de dieciocho años, quedaron detenidos. El Tribunal de Justicia los condenó a muerte. Uno de ellos no quiso confesar ni comulgar. Otros, en cambio, lo hicieron.

Los cuatro jóvenes recibieron en la plaza, del pueblo la muerte a garrote vil.

Explicación Doctrinal:

Es necesario que tengas amigos. Con ellos se va fraguando tu personalidad, pues te enriqueces con las ideas y sentimientos de tus amigos. Ten en cuenta que entre amigos se discute, se cuentan chistes, se habla de cultura, de estudios, etc., y todo ello contribuye a formar tu carácter varonil. Pero depende de los amigos que tengas: si son unos insustanciales, vagos y perversos, serás tú también uno de ellos. Pero si tienes amigos dignos, de ideas y sentimientos nobles, tú serás también uno de ellos. Un amigo bueno es un tesoro.

Pero con los amigos, conocidos, compañeros de trabajo, etcétera, te vas a encontrar que te van a pedir que hagas tal cosa, que va contra tu honor, o contra tus bienes y derechos, o contra lo que no te conviene, o contra la justicia. Y debes adquirir la cualidad de tener un espíritu fuerte y decir al amigo o conocido que te pide algo y no debes concedérselo: “¡No puede ser!” El que es tímido, encogido, el que no es verdaderamente hombre, ese dice, con bajeza y cobardía: “¡Conforme” El verdadero hombre dice con decisión y firmeza: “¡No!”.

La firmeza contra la timidez se adquiere repitiendo todos los días, mañana y tarde: “Al tímido le aplastan, abusan de él. Al hombre de espíritu lo respetan y le temen.” Aprovecha todas las ocasiones que te presenta la vida para fortalecer tu espíritu. Por ejemplo; vas en el metro, en el autobus, en el tren o por la calle, y un individuo dice a una joven una grosería. Aprovecha esa ocasión y dile con educación a ese individuo: “Oiga, joven, todos merecemos respeto y buen trato, pero sobre todo la mujer.” Si lo haces así adquieres una gran personalidad, y así en otras muchas cosas.

Norma de Conducta:

Seré firme en decir a mis amigos, familiares y conocidos: “¡No¡”

fuente: encuentra.com

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